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"Una de Dos" El Programa de Walter Saavedra, los Sábados de 13 a 16 Hs. y los Domingos de 10 a 22 Hs. todo el Fútbol con "Super Olé"

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Fútbol con Humor

Por: FLOPEZ

(Ver Galeria de Comics)

 

 

El coach argentino

César Luis Menotti

y el director de El Potrero

 Enrique Amarante


Rubén Capria (El Mago) junto a Esteban Amarante

 uno de los Directores de 

El Potrero

 (Foto tomada en el Gimnasio Flex Gym  de la ciudad de Necochea, Argentina),

 este lugar es elegido por Equipos 1ra Div.

 A.F.A y nuestra Escuela de Fútbol El Potrero  

Rubén Capria es jugador de la Primera División del 

club Newlls Old Boys de la A.F.A. 

Campeón Torneo Apertura 2004

Este  equipo realizó la pretemporada en la ciudad de Necochea (Argentina)

sede de nuestra escuela de fútbol EL POTRERO


El coach argentino Julio Olarticoechea (El Vasco) y nuestro director Enrique Amarante, durante la realización de la Clínica, training y clases teórico - práctica; llevado a cabo con el equipo de fútbol Las Jerezanas 

(Puerto Rico).

Profesor Carlos Kenny y Enrique Amarante

Prof. Gustavo Arce y Enrique Amarante Director de El Potrero.

 

Programa de Capacitación e Intercambio Profesional, curso realizado sobre "Fútbol Infanto Juvenil"

 

( ampliación de la nota)

 

 

Recursos, Ejercicios y Notas, para 

Entrenadores, DT y coach 

 

ASPECTOS FISIOLÓGICOS, ANTROPOMÉTRICOS Y NUTRICIONALES

 

Lic. Karen Vanesa Cámera
Tel.: 5411-4521-8514
E-mail: kvcamera@hotmail.com
Lic. Karina Sandra Gavini
5411-4983-8344
E-mail: kgavini@hotmail.com

 

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

      El fútbol aparentemente se originó en Gran Bretaña. Las únicas reglas del juego llegaron hasta la Edad Media, donde se lo prohibió completamente por más de 100 años pues se creía que esto prevendría para mantener un ejército fuerte contra el francés. Se decretó que el fútbol era un mal entrenamiento para la batalla. De todas maneras, en el año 1500 el juego sobrevivía a pesar de todos los intentos de represión. Todavía se catalogaba como juego peligroso.
      Los problemas para el fútbol continuaron para los siguientes 100 años, pero se aceptó cada vez más como parte de la escena inglesa en vacaciones y tiempos festivos.
      Hacia el 1800, el fútbol se volvió parte de la tradición en toda escuela pública, aunque las reglas eran muy diferentes en cada una de ellas, así como el tamaño de la cancha y el número de jugadores. Recién en 1830 se codificaron algunas reglas, aunque muchas de ellas eran las del rugby y de Harrow. En 1863 se fundó la Asociación de Fútbol, aunque para esa fecha el fútbol estaba lejos del juego que conocemos actualmente. Ya para el año 1886 las leyes eran básicamente como las de hoy.


ASPECTOS FISIOLÓGICOS

Demandas fisiológicas

      El fútbol es un juego complejo en el cual las demandas fisiológicas son multifactoriales y varían marcadamente durante un partido. Las altas concentraciones de lactato sanguíneo y las elevadas concentraciones de amonio (NH3) durante los períodos de juego, indican que ocurren grandes cambios metabólicos musculares e iónicos.
      Las demandas pueden ser muy altas, que ellas llevan a la fatiga, interfiriendo la performance física potencial y la performance técnica aún a intensidades submáximas de ejercicio. Las demandas fisiológicas varían con el nivel de competencia, estilo de juego, posición de juego y factores ambientales (Reilly, 1994).
      El patrón de ejercicio puede describirse como intervalado y acíclico, con esfuerzos máximos superpuestos sobre una base de ejercicios de baja intensidad (trote suave y caminata). Los jugadores realizan tipos diferentes de ejercicios que van desde estar parado hasta una carrera máxima.
      Además de tener bien desarrollada la capacidad física con una producción de potencia alta, los jugadores deberían también ser capaces de trabajar durante largo tiempo (resistencia). Esto distingue al fútbol de deportes en los que el ejercicio continuo se realiza con una intensidad, bien alta o moderada, durante todo el evento.
      Por lo anteriormente dicho, las actividades predominantes comprometen al metabolismo aeróbico, pero los eventos críticos en el juego dependen de las fuentes anaeróbicas de energía. Éstos se refieren al oportunismo a la ejecución de los movimientos rápidos y cortos para ganar la pelota y movimientos ágiles para pasar a los oponentes, tales como trabar a un jugador, saltar, acelerar, rematar, cambiar de dirección. También es importante la capacidad de recuperarse entre las series de esfuerzos, para poder estar preparado para esfuerzos máximos posteriores, cuando se presenten las oportunidades.
      Existe un cambio de actividad aproximadamente cada 4 segundos, que enfatiza la naturaleza intervalada del deporte. Cada partido implica 1000 a 1200 acciones que incorporan cambios rápidos y frecuentes de ritmo y dirección así como la ejecución de las habilidades de juego (Reilly y Thomas, 1976; Bangsbo y cols., 1991).
      La intensidad o tasa del esfuerzo tiende a disminuir hacia el final del juego y refleja los procesos fisiológicos asociados a la fatiga muscular (Bangsbo, 1994; Reilly, 1994). Esa caída del rendimiento también está asociada a una disminución de las reservas de glucógeno dentro de los músculos de las piernas. La característica más evidente de la performance de jugadores fatigados fue el menor número de sprints máximos en busca de la pelota. El aumento en el número de goles convertidos hacia el final de los partidos, es otra muestra de fatiga en ese momento. Una buena capacidad aeróbica puede proteger contra un descenso del ritmo de trabajo hacia el final del partido.

Goles marcados en el fútbol de la liga inglesa durante la mayor parte de la temporada 1991 - 1992. Fuente: Björn Ekblom, Fútbol. Publicación de la Comisión Médica del COI.



Producción de Energía

      La energía anaeróbica se libera de la degradación del adenosín trifosfato (ATP), el cual está almacenado en el músculo o se produce por la división del fosfato de creatina (PC) o por la degradación de hidratos de carbono (CHO) a piruvato (glucólisis), que conduce a la formación de ácido láctico. Una contribución de energía anaeróbica menos importante puede tener lugar por la degradación del adenosín difosfato (ADP) a adenosín monofosfato (AMP) y después a inosín monofosfato (IMP) y NH3. La energía aeróbica se produce en compartimentos especiales de la célula muscular (mitocondrias) mediante la utilización de oxígeno, que se extrae de la sangre. Los sustratos para estas reacciones se forman a través de la glucólisis, catabolismo de las grasas y, en menor medida, aminoácidos. El índice de producción de ATP durante el ejercicio así como de utilización de los sustratos está controlado por la intensidad de la actividad. En la mayoría de los casos, los procesos anaeróbicos son muy rápidos de tal forma que los músculos son capaces de mantener altos niveles de ATP durante el ejercicio.
      La fuente de CHO para la glucólisis es principalmente el glucógeno almacenado en los músculos activos, pero también puede utilizarse glucosa de la sangre. La glucosa se extrae del intestino y es liberada a sangre desde el hígado, que forma glucosa a partir de la degradación de glucógeno (glucogenólisis) o precursores como el glicerol, el piruvato, el lactato y aminoácidos (gluconeogénesis). Los sustratos para la oxidación de las grasas son triglicéridos (TAG) almacenados en los músculos y las grasas transportadas por la sangre, principalmente los ácidos grasos libres (AGL) liberados del tejido adiposo y, en menor medida, TAG.


Distancia recorrida

      La distancia total recorrida brinda una representación de la intensidad general del ejercicio y de la contribución individual al esfuerzo total del equipo.
      Los jugadores de la Liga Premier Inglesa completaron una distancia total de 10104 ± 703 m en los 90 minutos de juego (primer tiempo, 5216 ± 388; segundo tiempo, 4889 ± 379 m). El juego inglés requiere que los jugadores mantengan un alto nivel de actividad a lo largo del juego con el fin de recibir la pelota de un compañero o presionar a un adversario para poder ganar nuevamente el balón.

Distancia total recorrida (media ± DS) por jugadores sudamericanos, durante el primer y segundo tiempo. Fuente: Futbolista sudamericano de elite (Biosystem, 1998)



      En el estudio de Copa América 1995, la distancia total cubierta por jugadores sudamericanos fue significativamente menor: 8638 ± 1158 m (primer tiempo, 4389 ± 549; segundo tiempo, 4248 ± 628 m). En estas distancias, influye la táctica del fútbol sudamericano, donde se enfatiza la posesión de la pelota y se realizan pases decisivos rápidos.
      Se observa una reducción del 6% en la distancia total recorrida del segundo tiempo con respecto al primero. Este valor es similar a la disminución observada en el segundo tiempo por Bangsbo y cols. (1991). Esto representó una disminución del nivel de actividad que está relacionada con la fatiga. Ésta tiene correlación negativa con la potencia aeróbica, el nivel de glucógeno muscular y la acumulación progresiva de potasio en el músculo.
      De todas formas, hay variaciones de partido a partido que muestran que los jugadores no recorren siempre la misma distancia máxima, y así probablemente no utilizan su capacidad física totalmente en cada partido. Por ejemplo, Ekblom (1986) observó que la distancia cubierta en alta intensidad de carrera durante los partidos a una temperatura de 30ºC sólo estaba en la mitad (500 m) de la cubierta a una temperatura de 20ºC (900 m). La performance física se altera en partidos jugados a una altitud mayor de 2000 m, ya que disminuye el consumo de oxígeno y el rendimiento de carrera. También aumentan las demandas fisiológicas en otras condiciones como jugar en un campo barroso o cuando la humedad es alta. Reilly y Thomas (1976) fracasaron a la hora de mostrar alguna diferencia en la distancia recorrida por juego entre los partidos locales y visitantes.

Porcentajes de la distancia total recorrida en cada categoría de actividad, por jugadores sudamericanos (N=17). Fuente: Futbolista sudamericano de elite (Biosystem, 1998)



      Analizando el gráfico anterior se puede observar que la mayor parte de la distancia total es recorrida a niveles submáximos, mostrando la importancia de la contribución aeróbica al gasto energético. Las actividades de alta intensidad (velocidad crucero y sprints) sumaron un 15%.

Porcentaje del tiempo total utilizado en cada categoría de actividad, por jugadores sudamericanos (N=17). Fuente: Futbolista sudamericano de elite (Biosystem, 1998)



      La importancia de la contribución aeróbica también está representada por actividades de baja intensidad que contabilizan el 80% del tiempo total; los trotes (hacia delante, atrás y laterales) sumaron un 30% del total, y la caminata (hacia delante y atrás) un 50%. El 15% restante del tiempo total se transcurre sin movimiento. Las pausas estáticas ocurren en un promedio de 267 ± 64 veces durante un partido, indicando la naturaleza más o menos continua del juego. La velocidad crucero y de sprint sumaron el 4% y 1% del tiempo total, respectivamente. Tales actividades representan la contribución anaeróbica al partido. Los esfuerzos de alta intensidad, a pesar de ser cruciales para la performance, son poco frecuentes (crucero, 65 ± 24; sprints, 21 ± 12) y de corta duración (crucero, 3.3 ± 0.8 seg.; sprints, 2.8 ± 0.9 seg.). La proporción cociente entre pausa : baja intensidad : alta intensidad fue 3:16:1.
      Menos del 2% de la distancia total recorrida por jugadores de elite se desarrolla mientras están en posesión de la pelota. La mayor parte de las acciones desarrolladas durante un partido son, por lo tanto, "sin la pelota", ya sea corriendo para crear espacios, o apoyando a los compañeros de equipo que tienen la pelota o persiguiendo a los oponentes y corriendo para luchar y conseguir la pelota.

Distancia total recorrida (media ± DS) según la posición de juego (N=23). Fuente: Futbolista sudamericano de elite (Biosystem, 1998)



      Si se relaciona la distancia recorrida con la posición de juego, los mediocampistas completaron una distancia significativamente mayor que los delanteros (mediocampistas, 9826 ± 1031; delanteros, 7736 ± 929 m). Es de conocimiento general que los mediocampistas recorren mayores distancias durante un partido que los laterales (Ekblom, 1986 y Reilly y Thomas, 1976). Esto se puede atribuir a que los mediocampistas tienen más flexibilidad táctica que otras posiciones, ya que sirven como conexión entre los delanteros y los defensores del equipo. Sus obligaciones no incluyen sólo apoyar a los atacantes en busca de goles sino también asistir a los zagueros en sus deberes ofensivos. Estos jugadores también están caracterizados por tener mayores niveles de capacidad aeróbica que otras posiciones.
      Los perfiles de intensidad de los delanteros parecen estar caracterizados por arranques súbitos de esfuerzos de alta intensidad con el fin de facilitar una creación positiva de espacio o moverse buscando la oportunidad de convertir un gol. Estos esfuerzos de alta intensidad están entremezclados con períodos de recuperación de baja intensidad. Por esto, puede asumirse que los jugadores delanteros muestran un perfil más anaeróbico de actividad que otras posiciones.
      En las investigaciones sobre los jugadores de la liga inglesa, los laterales realizaban sprints menos frecuentemente que los centrales. La distancia general recorrida a través de sprints era significativamente menor para los laterales y centrales que para los delanteros y mediocampistas. Las grandes cifras para el sprint entre los delanteros incluían fintas para atraer a los defensores fuera de su posición o carreras inadvertidas en fuera de juego no seguidos por un defensor.
      Los defensores cubrieron una distancia total de 8696 ± 1031 m. Ellos tienen que retroceder hacia su propio arco a medida que avanzan los atacantes, esto requerirá que se muevan hacia los atrás en busca de su arco. Los defensores deben "distraer" a los jugadores en ataque que están en posesión de la pelota, con el fin de ubicarse en una posición apropiada para tratar de "tacklear" y posiblemente ganar el balón. Las menores distancias se observan en los zagueros centrales, quienes tienden a poseer una alta producción de energía pero por un período muy breve y, consecuentemente, una elevada capacidad anaeróbica es importante para las actividades intensas y de corta duración.
      El arquero recorre aproximadamente 4 km durante el partido, el 10% de los cuales era con el balón en su poder en los años 70 (Reilly y Thomas, 1976). Esta última cifra es apta para haber sido reducida por cambios posteriores de la regla relativa al desplazamiento del balón por el arquero y de la regla introducida en 1992 prohibiendo dar un pase para atrás. Mucha de la actividad de nivel inferior del arquero puede ser un mecanismo involuntario para mantener la excitación y la concentración en el partido antes que una imposición directa de las exigencias del juego. También puede ayudar a la termorregulación. Las demandas críticas son de naturaleza anaeróbica, al saltar para atajar la pelota y al tirarse al suelo para pararlo.


Gasto calórico

      La distancia recorrida en un partido representa ligeramente la energía gastada por las demandas de las técnicas del juego, ya que el gasto calórico de un individuo está directamente relacionado con el trabajo mecánico (Reilly y Thomas, 1976). Éstas incluyen las aceleraciones y desaceleraciones frecuentes, las carreras angulares, los cambios de dirección, los saltos para disputar la posesión de la pelota, eludir las cargas y todos lo múltiples aspectos implicados en el juego.
      El gasto calórico durante el juego ha sido estimado tanto a partir de los perfiles de tasas o intensidades de esfuerzo, como de los valores de la frecuencia cardíaca (FC). Las FC promediadas a lo largo del partido, son luego asociadas a la relación "FC - consumo de O2", determinado para cada jugador en condiciones de laboratorio.
      Debe enfatizarse de que existen diferencias interdividuales en la producción de energía aeróbica y anaeróbica durante un partido, debido a la variedad de factores que influencian la intensidad del ejercicio: motivación, capacidad física y la estrategia táctica.
      El modelo del gasto se puede alterar cuando se juegan partidos extras a mitad de la semana. También habrá variaciones del gasto de energía diaria en las diferentes fases del período de competencias, y con casos individuales de jugadores, durante los procesos de recuperación de lesiones, que no pueden participar del entrenamiento completo.
      El gasto de energía durante el entrenamiento en jugadores profesionales ingleses ha sido estimado en unos 6100 kJ (1500 kcal) (Reilly, 1979). Se debe reconocer que este valor varía día a día, y el entrenamiento se construye hacia un pico en la mitad de la semana con sesiones subsecuentes de menor intensidad, que ofician de recuperación y puesta a punto para el partido del fin de semana. Los valores típicos se pueden exceder cuando los jugadores se entrenan dos veces por día.
      Existe un consenso general entre los investigadores que el fútbol competitivo de alto nivel supone un gasto calórico estimado de 4000 - 6000 kJ para un jugador de 70 kg. Esto representa un promedio de casi el 70% del VO2 máx. Los músculos activos no son los únicos órganos que necesitan una fuente constante de energía del torrente sanguíneo: el cerebro está involucrado íntegramente en el juego (tomando continuamente decisiones y haciendo elecciones tácticas) siendo la glucosa su única fuente de energía. Es probable que reiterados esfuerzos de alta intensidad durante el juego reduzcan considerablemente las reservas de glucógeno en músculo e hígado, lo que manifiesta la necesidad de contar con una adecuada cantidad de CHO antes del partido y poner atención en la reposición de estos niveles luego del mismo. Los ácidos grasos circulantes se elevan al final del partido. El metabolismo de las proteínas no es pronunciado, ya que el aporte energético es menor al 10% (Wagenmakers y cols., 1989), con lo cual el uso de aminoácidos como suplemento energético no está recomendado en jugadores de fútbol.

Media (± DE) para la energía gastada (kJ/min) y valoraciones de esfuerzo a tres velocidades y tres modos direccionales del movimiento (N=9). Reilly y Bowen, 1984. Fuente: Björn Ekblom, Fútbol. Publicación de la Comisión Médica del COI.



      Moverse hacia los costados o hacia atrás aumenta el gasto calórico, más de lo que hace la locomoción normal. Ejecutar destrezas tales como "driblear" con la pelota también eleva el gasto energético y el lactato sanguíneo. Esto puede explicarse, hasta cierto punto, por una necesidad mayor de mantener el equilibrio, por una longitud de zancada más corta y por una frecuencia de zancada mayor que las utilizadas en la carrera, lo que disminuye la eficiencia de la carrera (Cavanagh y Williams, 1982). El costo energético adicional de dribling es probablemente mayor durante un partido (que durante un test de laboratorio), ya que el balón a menudo se toca con más frecuencia para protegerlo del oponente, aunque el costo energético extra, influye sólo en pequeña medida en el total del gasto energético.


Producción de NH3

      La concentración de NH3 en sangre aumenta durante un partido de fútbol, lo que indica que los músculos produjeron NH3, con lo cual parecen ser activadas las reacciones de la adenil kinasa y la adenosin monofosfato deaminasa (Lowenstein, 1990, Tullson y Terjung, 1990). Es probable que la deaminación de AMP sea la fuente primaria de NH3 durante el fútbol. La baja concentración de glucógeno muscular ha sido asociada con aumento de NH3 y producción de IMP durante ejercicio intenso (Spencer y Katz, 1991). La concentración de NH3 es menor en el segundo tiempo, en comparación con el primero, asociado a una bajada de la intensidad del esfuerzo y de las concentraciones de lactato sanguíneo en el segundo tiempo.


Consumo de oxígeno

      En los jugadores profesionales, la tasa de trabajo promedio durante un partido de fútbol, al ser estimado a partir de variables tales como la frecuencia cardíaca, es aproximadamente del 70% de consumo de oxigeno máximo (VO2 máx). Esto corresponde a una producción de energía de unos 5700 kJ (1360 kcal) para una persona que pesa 75 kg con un VO2 máx de 60ml/kg/min. El VO2 máx mejora significativamente en la pretemporada, en la cual se pone énfasis en el entrenamiento aeróbico (Reilly, 1979). Cuando se encuentran dos equipos con iguales habilidades, aquel con una capacidad aeróbica superior tendrá una ventaja, siendo capaz de jugar el partido a un ritmo más rápido. Apor (1988) brindó datos sobre jugadores húngaros, que mostraron una correlación perfecta entre rango/orden entre el promedio del VO2 máx de los equipos y la posición final en el Campeonato de Primera División. Los VO2 máx medios para el primer, segundo, tercer y quinto equipos fueron 66.6, 64.3, 63.3 y 58.1 ml/kg/min, respectivamente.


Cociente Respiratorio (RQ)

      Es difícil establecerlo durante un partido de fútbol, pero puede hacerse durante ejercicio intermitente estandarizado simulando el modelo de actividad del fútbol. Mediciones de este tipo resultan en valores RQ de 0.85, 0.87 y 0.91 a tasas de trabajo que corresponde a 55, 71 y 81% del VO2 máx, respectivamente. Esta relación entre el valor de RQ y la intensidad relativa de trabajo es comparable a la obtenida durante un ejercicio intermitente de larga duración (Essén, 1978; Bangsbo y cols., 1992). Basado en estas determinaciones y en mediciones de FC durante un partido de fútbol, de que el VO2 máx se estima, los valores R medios durante un partido pueden calcularse en 0.88. Esto corresponde a una contribución de CHO y grasas de 60 y 40%, respectivamente de la oxidación total. Utilizando estos números puede calcularse la oxidación total de CHO y grasas en un partido.


Glucógeno Muscular

      La información acerca de la utilización de glucógeno muscular durante un partido de fútbol puede obtenerse de las determinaciones de glucógeno en las biopsias musculares tomadas antes y después del mismo. La diferencia en volumen de glucógeno representa la utilización neta de glucógeno del músculo (turnover de glucógeno), pero no muestra el intercambio de glucógeno total, ya que la resíntesis de glucógeno ocurre probablemente durante el reposo y los períodos de ejercicio de baja intensidad durante un partido (Nordheim y Vollestad, 1990).
      El glucógeno intramuscular (en ambos tipos de fibras, I y II), la degradación de los TAG, y el consumo en las piernas de glucosa y AGL plasmáticos, es incrementado durante el ejercicio intermitente.
      En un estudio sueco, las concentraciones medias de glucógeno muscular en el muslo de cinco jugadores fueron 96, 32 y 9 mM/kg de peso magro, en el descanso y después de un partido amistoso, respectivamente. También se descubrió que los jugadores con un reducido contenido de glucógeno en sus músculos del muslo al comienzo del partido recorrían 25% menos distancia que los demás. Una diferencia todavía más marcada se observaba para la velocidad de carrera: los jugadores con bajo contenido de glucógeno recorrían el 50% de la distancia total caminando y el 15% a velocidad superior, en comparación con el 27% caminando y el 24% carrera de sprint para los jugadores con grandes niveles iniciales de glucógeno muscular (Saltin, 1973).
      La alimentación precedente, el nivel de entrenamiento y los factores del medio ambiente también influencian la selección del combustible durante el ejercicio. La utilización del glucógeno muscular y de la glucosa originada en la sangre por parte de los músculos activos se incrementa con el aumento de la intensidad del ejercicio (Romijn y cols., 1993). Con el incremento de la duración del ejercicio, declina la contribución del glucógeno, mientras que la de la glucosa de la sangre aumenta (Romijn y cols., 1993).
      Hay una pronunciada utilización de glucógeno en los músculos de las piernas durante un partido. La depleción de glucógeno es un factor potencial de contribución para la fatiga durante un partido de fútbol, y puede limitar la capacidad de los jugadores para mantener la performance de carrera en alta intensidad, especialmente durante los últimos momentos de un partido. Se afirma que con una disponibilidad aumentada de CHO anterior a, y durante el ejercicio, da como resultado una mejor performance (Costill y Hargreaves, 1992).
      Se puede concluir que un partido de fútbol resulta en una alta dependencia de las reservas de los CHO endógenos, factor que se relaciona altamente con la alimentación.


Niveles de lactato

      La glucólisis en los músculos parece ser activada y el lactato ser formado casi inmediatamente una vez que comenzó el ejercicio (Hultman y Sjoholm, 1983; Boobis, 1987). Además se produce un alto índice de lactato continuamente durante el ejercicio intenso. La concentración de lactato en la sangre es a menudo usada como indicador de la producción de energía anaeróbica lactácida en fútbol.
      Los niveles de lactato sanguíneo varían a lo largo del juego (de 4 a 8 mM/l), y por momentos podrían llegar a niveles que superan los 8 mM/l: los esfuerzos por encima de esta intensidad requerirán mayores períodos de recuperación para que el lactato producido pueda ser removido de la sangre.
      Los menores niveles de lactato observados inmediatamente luego del partido, en comparación con los registrados al final del primer tiempo, reflejan tanto el aumento en el uso proporcional de grasa como combustible por parte de los músculos activos a medida que progresa el juego, así como a la disminución en la intensidad de esfuerzo, como evidencia de la ocurrencia de la fatiga.
      Puede haber grandes diferencias entre sujetos en la producción de lactato, ya que la cantidad de ejercicio de alta intensidad en un partido depende de factores como la motivación del jugador, el estilo de juego, las tácticas y estrategias. Este último factor puede explicar también diferencias importantes entre equipos y partidos, por ejemplo, se observaron valores medios más altos de lactato sanguíneo cuando los equipos utilizaron marca hombre a hombre en comparación con la defensa en zona (Gerisch y cols., 1988).
      Existe evidencia creciente que el lactato, derivado de la caída del glucógeno muscular y de la glucosa sanguínea, es un importante intermediario metabólico, siendo potencialmente tanto un sustrato para el metabolismo oxidativo en el músculo cardíaco y en la musculatura esquelética, además de un precursor gluconeogénico (Brooks, 1991).


Frecuencia Cardíaca

      En un estudio realizado en el Campeonato Nacional de 1ª División de Costa Rica se vio que los jugadores se mantuvieron a intensidades de juego en un rango de 83 a 91% de la FCmáx como promedio. También se encontró que el jugador pasa más de la mitad del tiempo de juego a una intensidad superior al 85% de su FCmáx, desde un 45% hasta un83% del tiempo de juego, dependiendo de la posición del jugador y del partido analizado (Solano y cols.,2000).
      La FC tiene un promedio cercano a los 170 lat/min. Ésta podría permanecer a este nivel hacia el final del juego, a pesar de una caída en la intensidad. Esto podría reflejar el rol del sistema circulatorio en la regulación de la temperatura corporal y la prevención de golpes de calor, así como en el transporte de oxígeno a los músculos activos.
      La FC se elevará más allá de la normal relación FC - VO2, por ejemplo durante las condiciones estáticas, durante ejercicios con grupos musculares pequeños y bajo tensión emocional y de temperatura (Ästrand y Rodahl, 1986). Sin embargo, la sobreestimación del VO2 debido a estos factores parece ser poco importante en el fútbol, ya que domina el ejercicio dinámico con grandes grupos musculares y la intensidad del ejercicio es regularmente alta. Así, el ritmo de trabajo relativo promedio en un partido de fútbol parece ser aproximadamente el 70% del VO2 máx.
      A primera vista este valor parece alto, ya que se ha observado que el jugador está de pie o camina durante casi la mitad del partido. Sin embargo, los jugadores realizan muchas actividades que requieren de energía que no se detectan mediante el análisis de la distancia recorrida en el partido, es decir, aceleraciones, cambios de dirección, desaceleraciones, saltos y contracciones musculares estáticas.


ASPECTOS ANTROPOMÉTRICOS

Edad

      La mayoría de los futbolistas profesionales tienen una carrera deportiva activa de unos diez años, con un pico de rendimiento que dura aproximadamente la mitad de ese tiempo. La mayoría de los jugadores profesionales están en los 20 y los pocos que continúan jugando al máximo nivel bien entrados los 30, son excepciones. Hace algunos años, Hirata (1996) concluyó de su estudio de los participantes de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 que el éxito en los deportes de pelota, tales como el fútbol, hockey, basquet y voley, se alcanza principalmente entre los 24 y 27 años, siendo el fútbol el más temprano de éstos. Esto quizás todavía sea cierto, pues la media de edad de los equipos alemanes de mayor éxito en los 70 y 80 cae en ese intervalo. Los arqueros parecen tener carreras deportivas más largas que los jugadores de campo y no es raro encontrar jugadores a nivel internacional cercanos a los 40 en esta posición. Esta prolongación de la carrera puede estar relacionada con una menor incidencia de lesiones crónicas y traumatismos degenerativos en los arqueros, comparados con otras posiciones de campo, pero también con el hecho de que los jugadores maduran en esta posición con la experiencia del juego.
      En el estudio realizado en la Copa América de 1995, el promedio de edad fue de 26.1 años, con un DS de 3.96 (n=110).
      Los atletas activos pueden mantener niveles de forma hasta bien entrados los 30 antes de que las funciones fisiológicas comiencen a dar muestra de deterioro. El hecho de que el fútbol puede ser practicado a edades más tardías de aquellas a los que los profesionales suelen retirarse queda en evidencia con el aumento de equipos de veteranos en los últimos años.


Talla y peso

      Los datos de altura y peso de los equipos de fútbol sugieren que los jugadores varían enormemente en sus dimensiones corporales, y que la talla no es necesariamente un determinante del éxito. La falta de altura no es por sí misma un impedimento del éxito del fútbol, aunque podría determinar la elección de la posición de juego.
      La altura es una ventaja para el arquero, el defensa central y el delantero, usado como objetivo para ganar la posesión de la pelota con la cabeza. En la liga inglesa, los defensores centrales son más altos que los demás defensores, y los centrales los más pequeños de los jugadores de campo (Reilly, 1979).
      A través del método de proporcionalidad, los arqueros mostraron un mayor peso que la mayoría de los jugadores, con excepción de los delanteros centrales. Los arqueros también tuvieron la mayor envergadura de brazos, lo que representa una ventaja para esa posición de juego (SOKIP, 1995).


Composición Corporal

      La composición corporal es un aspecto importante de la condición física para los futbolistas, ya que la grasa corporal superflua actúa como peso muerto en actividades en las que la masa corporal es elevada repetidamente contra la gravedad en la carrera o el salto durante el juego.
      Una medición aislada de la adiposidad es inefectiva para distinguir claramente la composición corporal, asociada con deportes particulares. Cualquier evaluación de la composición corporal en deportistas debería examinar al menos tres componentes: adiposidad, músculo y hueso.
      En general, la composición corporal de los jugadores de fútbol, excluyendo a los arqueros, está dictada en gran parte por el compromiso entre la capacidad aeróbica, con un requerimiento de grasa corporal bajo, y algún grado de fuerza y performance anaeróbica.
      El análisis de adiposidad según la posición de juego mostró que, numéricamente, los arqueros fueron los que tuvieron más grasa, probablemente por la carga metabólica más ligera impuesta por el ritmo de partido y el entrenamiento a los arqueros. Excluyendo a los arqueros, las diferencias entre las medias entre las diferentes posiciones son todas muy pequeñas, y reflejan la magreza característica de los deportistas de potencia y fondo de distintos deportes. El grupo más magro fue el de los delanteros laterales.
      Con respecto a la masa esquelética, lo importante es el tamaño óseo absoluto. Las pelotas altas desde los laterales al área penal del adversario son una estrategia común que necesitan, por lo tanto, defensores y delanteros altos. Además de estas situaciones, parece haber muy poca ventaja, si es que la hay, en el mayor tamaño óseo en los jugadores que no se mueven en las zonas centrales, y como probablemente la mayor masa esquelética inhibe o reduce la movilidad, podría ser contraproducente para muchas de las destrezas en el fútbol.
      Los arqueros, en virtud de su mayor tamaño, tuvieron la mayor masa muscular. Es interesante observar que, numéricamente, los delanteros, centrales y laterales, tuvieron el mayor porcentaje de masa muscular. Esto refleja, probablemente, la potencia muscular necesaria para la gran aceleración y velocidad de carrera.
      Es útil la medición de ambos perímetros, ya que a identificación de desequilibrios en la fuerza entre la pierna izquierda y la derecha, o entre flexores y extensores, es útil para estimar la predisposición a lesiones.


Somatotipo

      Los futbolistas tienden a tener un buen desarrollo muscular, especialmente en el muslo, y esto produce una forma corporal característica o físico. El somatotipo ofrece un método conveniente para describir el físico de los jugadores en función de tres dimensiones: endomorfia, mesomorfia y ectomorfia.
      Una comparación de los mejores jugadores de la liga inglesa con los atletas olímpicos de 1960 estudiados por Tanner (1964) usando procedimientos similares, muestra que los futbolistas se asemejan mucho a los corredores de 400 m con vallas en peso y en el perímetro de muslo, pero son más bajos y tienen mayores pliegues cutáneos y valores de endomorfia (Reilly, 1979). El perímetro de muslo y pantorrilla, la endomorfia y los pliegues cutáneos se aproximaban a valores de saltadores triples, que eran más ligeros y altos.
      En general, los jugadores de fútbol, de alto nivel tienden a tener un mesomorfismo balanceado. El SOKIP, arrojó los siguientes valores de somatotipo para los jugadores de campo: 2.0 - 5.3 -2.2, y para todos, incluidos los arqueros, 2.1 - 5.3- 2.1.


ASPECTOS NUTRICIONALES

      La nutrición ocupa, con demasiada frecuencia, un lugar muy bajo en la larga lista de prioridades con que se enfrentan los entrenadores y los médicos del equipo que preparan a los jugadores. Cuando los jugadores no pueden completar las sesiones de entrenamiento pesado o seguir el ritmo de juego, suele atribuirse esta circunstancia a la "falta de dedicación" o en el caso de jugadores profesionales a "demasiadas noches en que se van a dormir muy tarde". Rara vez se relaciona el bajo rendimiento con una preparación nutricional inadecuada para el entrenamiento.
      Lamentablemente, el interés por la nutrición se limita a algunas comidas "cábala" y cuando un jugador debe bajar de peso. No se extiende, sin embargo, a cómo pueden usarse los alimentos ordinarios como parte de estrategias nutricionales a fin de prepararse y recuperarse rápidamente de la competición y el entrenamiento.
      Es importante entender que la nutrición no sólo contribuye en el aumento de la performance en fútbol durante la precompetencia, sino que tiene una más significativa contribución como soporte del proceso de entrenamiento.
      El entrenamiento en fútbol es muy demandante sobre todo en la pretemporada. Por lo tanto, los deportistas deben no sólo ser capaces de cubrir las demandas energéticas de cada una de las sesiones de entrenamiento, sino que deben ser capaces de recuperarse rápidamente, para estar en condiciones de responder a los entrenamientos futuros, y alcanzar su máximo rendimiento en cada uno de los eventos competitivos. Una rápida recuperación entre los partidos es extremadamente importante durante los torneos, sobre todo cuando comúnmente, hay sólo dos a tres días entre los mismos. Por lo tanto, las demandas del entrenamiento y de los partidos de fútbol consisten en que el futbolista debe ser capaz de responder a este tipo de situaciones, particularmente, con poco tiempo de recuperación entre cada partido.
      Los jugadores no profesionales también tendrán las demandas adicionales de sus ocupaciones laborales, de estudio, además de los entrenamientos y partidos que le demande la práctica de fútbol.
      La estrategia alimentaria está basada en el consumo de alimentos comúnmente disponibles que aumenten la capacidad ante el esfuerzo. Los dos nutrientes efectivos empleados son alimentos ricos en CHO y las bebidas de hidratación.


Hidratos de Carbono

      El músculo esquelético humano tiene una concentración de glucógeno en los márgenes de muestras de 60 - 150 mM/kg de peso húmedo, o de 258 - 645 mM/kg de peso seco. El tamaño de la reserva de glucógeno hepático depende si la persona está alimentada o en ayunas. Cuando está alimentado, un hombre adulto, con un hígado de alrededor de 1.8 kg, tiene una concentración de glucógeno en el hígado de aproximadamente 550 mM (peso húmedo), mientras que tras ayunar durante la noche, la concentración de glucógeno baja hasta unos 200 mM. Tras un número determinado de días siguiendo una alimentación alta en CHO, la concentración de glucógeno en el hígado puede incrementarse hasta 1000 mM (peso seco) (Nilson y Hultman, 1973). El cerebro y el sistema nervioso usan aproximadamente 120 g de glucosa a la sangre cada día como su principal combustible para la producción de energía.
      La ingesta diaria recomendada de CHO para un jugador profesional de fútbol equivale a 7 - 8 g/kg de peso corporal/día. Este aporte se deberá cubrir por medio de una variedad de fuentes de CHO tales como panes, pastas, arroz, cereales, frutas, vegetales feculentos, etc.
      Las demandas metabólicas del fútbol competitivo y del entrenamiento afectarán notablemente las reservas corporales de CHO. Por lo tanto, los jugadores de fútbol se verán beneficiados por el consumo incrementado de CHO antes, durante y después del entrenamiento.
      Bangsbo y cols. (1992) usó un test de campo que estimulaba el modelo de actividad de los jugadores de fútbol durante 45 minutos y luego controlaba su capacidad para completar múltiples sprints sobre una cinta tras tomar una carga de CHO. Los jugadores profesionales de fútbol corrieron 0.9 km más (16.2 frente a 17.1 km) durante el test de múltiples sprints, tras la carga de CHO, que cuando realizaron el test tras consumir una alimentación mixta normal.


Grasas

      Las células del tejido adiposo blanco son los lugares de almacenaje a largo plazo de la grasa y es desde estas células desde donde se movilizan los ácidos grasos para su uso como combustibles metabólicos para el metabolismo energético.
      La cantidad de AGL absorbida por los músculos que trabajan es dictada por su concentración en el plasma y por el flujo de sangre hacia el tejido (Gollnick, 1977). Sin embargo, los AGL no son necesariamente usados inmediatamente después de haber sido absorbidos por los músculos activos, porque su oxidación es controlada por la capacidad oxidativa de los músculos (Gollnick, 1977). La capacidad oxidativa de un músculo viene dictada por el número de mitocondrias que tiene disponible para usar los AGL que se le ofrecen. Aquellos AGL que no son oxidados inmediatamente en las mitocondrias se almacenan como TAG en los músculos. Estas reservas de TAG aumentan con el entrenamiento y disminuyen durante el ejercicio prolongado (Jansson y Kaijser, 1987). Mientras que hay una mayor cantidad de energía producida a partir del metabolismo aeróbico de los AGL que a partir del metabolismo anaeróbico de una cantidad igual de CHO, el ritmo de producción es menor a partir de los AGL que a partir del glucógeno (McGilvery, 1975). La limitación en el metabolismo de las grasas no es su movilización o transporte ni, durante el ejercicio submáximo, el suministro de oxígeno, sino el número limitado de mitocondrias de los músculos esqueléticos disponibles para oxidar este combustible altamente energético (Gollnick, 1977).


Proteínas

      Las proteínas, a diferencia de los CHO y las grasas, no están diseñadas como combustibles para la producción de energía porque deben cumplir una función estructural. Hay ocasiones en que los aminoácidos tienen que ser usados de modo antieconómico. Cuando las reservas de CHO del cuerpo son bajas, se oxidan aminoácidos en los músculos esqueléticos como contribución a la resíntesis del ATP.
      Las recomendaciones de la OMS son demasiado bajas para atletas que participan en entrenamientos pesados y prolongados (Lemon, 1991). Su ingestión diaria debe ser el equivalente de 1.2 - 1.7 g de proteínas por kilogramo de peso. Una de las consecuencias de comer más carnes, es que puede incrementar la ingesta de grasas. Además, ingerir menos grasa, tiene la ventaja añadida que nos permite ingerir más CHO en cada comida.


Vitaminas y Minerales

      No existen buenas razones para recomendar suplementos de vitaminas y minerales a los jugadores de fútbol que comen una amplia variedad de alimentos en cantidad suficiente para cubrir sus gastos de energía. Tampoco hay ninguna evidencia que sugiera que los suplementos de vitaminas (Van de Beek, 1991) y minerales (Clarkson, 1991) mejoren la capacidad para el ejercicio.


Valor Calórico Consumido

      Los análisis de los registros alimentarios proporcionan una buena descripción de las ingestas de energía de los jugadores, que incluye no sólo información sobre el consumo diario de macronutrientes, sino también el detalle de ingestas de micronutrientes.
      Hay un número escaso de estudios sobre las ingestas de energía de los jugadores de fútbol. Se hay informado que la ingesta energética de jugadores de fútbol profesionales de Holanda es de 3373 kcal/día (Van Erp-Baart y cols., 1989), similares a valores declarados para jugadores ingleses y americanos. Pero estos valores son inferiores a las 4952 kcal declaradas para un grupo de jugadores profesionales suecos (Jacobs y cols., 1990).
      Es importante saber cuánto de la ingesta de energía proviene de snacks, que son consumidos entre comidas. En un grupo de jugadores jóvenes no aficionados, los snacks suponen el 22% de sus ingestas dietéticas diarias (L. Pierce y C. Williams, no publicado). Esta es una estrategia útil para conseguir el equilibrio energético. Al comer pequeños snacks, con alimentos de alto contenido de CHO, o ingerir bebidas que contengan CHO a lo largo del día, se puede asegurar que ni la ingestión de energía ni la capacidad de entrenamiento sufran.


Recuperación

      A veces los futbolistas tienen que jugar hasta 3 partidos en 8 días. En momentos en los cuales el programa es muy congestionado podrían tener que jugar 2 partidos en 3 días. En tales casos, es primordial adoptar estrategias que produzcan el máximo de recuperación entre partidos.
      Inmediatamente después del encuentro, una vuelta a la calma activa acelera los procesos de recuperación. También deben tomarse en consideración el tipo y el horario en que se toman dichos CHO como parte de una estrategia nutricional (Coyle, 1991). Una intervención nutricional apropiada puede ayudar a optimizar el proceso de recuperación asegurando que las reservas de glucógeno queden restablecidas lo antes posible.
      La reposición más rápida de las reservas de glucógeno se produce durante las dos primeras horas después del ejercicio (Piehl, 1974). Durante este período inicial de recuperación, las membranas de las células musculares parecen ser más permeables a la glucosa que antes del ejercicio. Por tanto, aprovechar estas condiciones favorables para la resíntesis del glucógeno es evidentemente importante para comer alimentos que proporcionen glucosa con rapidez inmediatamente después del ejercicio (Robergs, 1991). La regeneración puede continuar con un desayuno rico en CHO al día siguiente. Durante el día siguiente al partido se deberían ingerir hasta 600 g de CHO. Además, se puede realizar un entrenamiento suave a intensidades submáximas, que favorecerá la glucogenogénesis.
      Ivy (1991) demostró que sujetos que bebieron una solución de CHO que proporcionaba el equivalente de 2 g/kg de peso corporal de CHO inmediatamente después del ejercicio pesado tuvieron una tasa de resíntesis de glucógeno un 300% mayor que los valores normales. Sin embargo, cuando la ingestión de CHO posterior al ejercicio se retrasó 2 horas, la tasa de resíntesis de glucógeno fue un 47% más lenta. Blom y cols. (1987) descubrieron que la tasa máxima de resíntesis del glucógeno se produjo cuando sus sujetos consumieron 0.7 g/kg de peso corporal cada dos horas, durante las 6 primeras horas de recuperación. Por tanto, la cantidad óptima de CHO necesaria para maximizar la rápida reposición de las reservas de glucógeno muscular es aproximadamente 1.0 g/kg de peso (Robergs, 1991).
      En la mayoría de los estudios de reposición rápida del glucógeno se han utilizado soluciones de CHO, ya que los líquidos tienen la ventaja no sólo de aportar glucosa rápidamente, sino que también ayudan a reemplazar el agua perdida en forma de sudor (2 a 3 litros). Además los líquidos que contienen CHO son con frecuencia más aceptables que los alimentos sólidos tras el ejercicio.
      Incrementar el aporte de CHO es absolutamente esencial si necesitan haberse recuperado completamente en 24 hs.
      Las fibras musculares que experimentan algún daño como consecuencia de una lesión directa o de una cantidad excesiva de ejercicio desacostumbrado, o simplemente de un entrenamiento intenso inusual, no recuperan sus reservas de glucógeno con la rapidez esperada (Costill y cols., 1990).


Recomendaciones nutricionales para el entrenamiento y la competición

      Es importante recordar que la contribución más efectiva de la nutrición para mejorar el rendimiento no es, como frecuentemente se cree, la comida anterior al partido, sino un apoyo nutricional a lo largo del proceso de entrenamiento. Para mantener un entrenamiento de alta calidad diariamente durante varios días, los jugadores deben tomar suficientes CHO como para restablecer las reservas de glucógeno muscular y hepático, y deben beber suficientes líquidos como para asegurar la rehidratación. Idealmente, los programas de entrenamiento deben incluir días de entrenamiento ligero, como recuperación activa, tras días de entrenamiento pesado. Este tipo de preparación permite que los jugadores se recuperen de lesiones menores y que repongan sus reservas de CHO sin la innecesaria intrusión en sus hábitos alimentarios normales.
      A fin de obtener el máximo provecho del rápido ritmo de reposición del glucógeno tras el ejercicio, los jugadores deben beber soluciones que contengan CHO inmediatamente tras su regreso a los vestuarios e incluso antes de ducharse. Su ingesta de CHO debe ser al menos de 1 g/kg cada dos 2 horas hasta la siguiente comida. Pueden comerse pequeños snacks con CHO a lo largo del período de recuperación, ayudando así a evitar las molestias abdominales que pueden presentarse cuando se coman grandes comidas.
      Además de asegurar una adecuada disponibilidad de glucógeno muscular y hepático, previo al ejercicio, mediante el consumo de una alimentación de moderado a alto aporte de CHO, los jugadores de fútbol probablemente también se podrán beneficiar con la ingestión de CHO durante el partido (Shephard y Leatt, 1987). Tal práctica ha demostrado que reduce la utilización neta del glucógeno durante un partido de fútbol (Leatt y Jacobs, 1989) y fortalece la performance de la carrera durante los últimos momentos del partido (Kirkendall, 1993).


Pérdidas y Reemplazo de fluidos

      Como se dijo anteriormente, las mayores causas de fatiga durante un ejercicio con duración como en el fútbol (90 minutos) son la depleción de reservas de sustratos, especialmente el glucógeno muscular, además de los problemas asociados con la termorregulación y el balance de fluidos.
      La reposición de líquidos es extremadamente importante y por lo tanto hay que desarrollar estrategias para procurar que los jugadores no se queden tan deshidratados que ello repercuta en su rendimiento (Ekblom, 1986).
      Probablemente la DH tendría un impacto más inmediato sobre el rendimiento, al jugar o al entrenarse en ambientes cálidos y húmedos, del que tendría la reducción gradual del glucógeno muscular. Una DH moderada empeorará la capacidad de esfuerzo e impedirá al jugador hacer uso de sus mejores habilidades. La DH severa puede ocasionar daños a la salud, ya que lleva a una hipertermia.
      Un adecuado consumo de fluidos antes, durante y después del ejercicio puede ayudar para evitar los efectos negativos de la DH. Los requerimientos de fluidos dependerán del nivel de esfuerzo, las condiciones climáticas ambientales y también de las características fisiológicas y biomecánicas del jugador.
      La DH en el ejercicio es consecuencia de la necesidad de mantener la temperatura corporal cercana al valor normal de reposo, es decir alrededor de 37°C. Durante el ejercicio, la tasa de producción de calor se incrementa por sobre el nivel de reposo, y consecuentemente incrementa la pérdida de calor. Además las pérdidas de líquidos por sudoración son más rápidas que la reposición de fluidos.
      En un día cálido, cuando la temperatura ambiente es superior a la temperatura de la piel, el calor también se lo incorpora desde el medio ambiente, agregando la carga del calor del cuerpo. A altas temperaturas ambientes, el único mecanismo por el cual se puede perder calor corporal es por evaporación de agua de la superficie de la piel. Esto permite que la temperatura corporal se mantenga, pero el resultado es una DH y una pérdida de electrolitos.
      Se reporta que la performance del esfuerzo se desmejora cuando el individuo pierde tan sólo el 2% de su peso, y que las pérdidas que exceden el 5% del peso corporal pueden disminuir la capacidad de trabajo en alrededor del 30% (Saltin y Costill, 1988). También se acepta que la performance cognitiva (claridad mental), la cual juega un rol importante en el fútbol, también se desmejora cuando están presentes la DH y la hipertermia (Gotipanathan y cols., 1988).
      Se pueden obtener algunas indicaciones sobre los requerimientos de fluidos, registrando el peso de cada jugador, antes y después del entrenamiento y/o competencia.
      La disminución en el volumen sanguíneo, el cual ocurre cuando las pérdidas de sudor son grandes, puede ser un factor que afecte la capacidad de trabajo: el flujo sanguíneo hacia los músculos debe mantenerse alto para proveer oxígeno y sustratos, pero también es necesario un alto flujo sanguíneo hacia la piel para la convección del calor hacia la superficie corporal.


Aporte de fluidos y CHO

      La performance del esfuerzo se ve mejorada con la provisión de CHO para suplementar las reservas de glucógeno de los músculos y del hígado, y también por la ingestión de agua para revertir los efectos de la DH. Las tasas a las cuales los sustratos y el agua pueden ser provistos durante el ejercicio, son limitadas por las tasas del vaciamiento gástrico y la absorción intestinal. No está claro cuál de estos procesos es el limitante, pero es asumido que la tasa de vaciamiento gástrico determinará las tasas máximas de disponibilidad de fluido y sustratos (Lamb y Brogowicz, 1983; Murray, 1987). Muchos factores, incluido el ejercicio, afectan la tasa de vaciamiento gástrico (Reher, 1990). El ejercicio de alta intensidad (arriba del 70-75% del VO2 máx) da como resultado un retraso del vaciamiento, pero el ejercicio a intensidades más bajas no tiene ese efecto (Maughan, 1991).
      Incrementando el contenido de CHO en las bebidas se incrementará la tasa de envío de CHO hacia el intestino delgado pero disminuirá el volumen de vaciado de fluido. Se activa la absorción de glucosa, la cual es cotransportada con el sodio en el intestino delgado, estimulando la absorción de agua: por lo tanto, las tasas más altas de restitución de agua por vía oral, se lograrán con soluciones hipotónicas de glucosa y sales de sodio (Maughan, 1991).
      Las soluciones que contienen altas concentraciones de glucosa o cualquier otro soluto, estimularán gracias a su alta osmolalidad, alta secreción de agua dentro del sistema gastrointestinal, exacerbando la DH.
      La depleción de los CHO dará como resultado fatiga y una reducción en la performance a realizar. Los disturbios en el balance de fluidos y la regulación de la temperatura tienen consecuencias serias en la salud por lo que se debe poner énfasis para que los jugadores observen un adecuado mantenimiento del balance de fluidos y electrolitos.
      No hay estudios que demuestren que la ingestión de fluidos tenga un efecto adverso sobre la performance. En el ejercicio prolongado, donde es probable que ocurra una depleción de los sustratos, o durante esfuerzos en el calor que sean lo suficientemente prolongados como para ocasionar una DH, no puede haber dudas de que el deterioro de la performance que ocurre por la DH, se reduce ante la ingestión regular de bebidas adecuadas con glucosa y electrolitos (Lamb y Brodowicz, 1986; Maughan, 1991).
      El consenso general es que la provisión de agua durante el ejercicio es beneficiosa con respecto a la situación de "no provisión", pero que la provisión de bebidas que contienen CHO es más efectiva para el mejoramiento de la performance, analizando una amplia extensión de situaciones de ejercicio.


Reemplazos de fluidos en la competición

      Las oportunidades para el consumo de bebidas durante el partido son limitadas, y los jugadores deben asegurarse de que ellos están correctamente hidratados antes del comienzo de juego. Para lograr esto, deberán consumir bebidas extras en el desayuno y almuerzo los días de partido: cualquier exceso será eliminado por los riñones antes del evento. Se debería tomar fluidos adicionales 30 minutos antes del partido. Para asegurarse de que esto no produzca inconvenientes gastrointestinales, los jugadores deberían acostumbrarse a beber en el entrenamiento. Esto permitirá identificar la bebida que más prefiere y los habituará a la sensación de correr con fluidos en el estómago. También se deberían tomar bebidas adicionales al final del primer tiempo.
      Cuando las condiciones climáticas son cálidas y húmedas, se deben incrementar el volumen a consumir, y siempre que hubiese un cese en el juego también se debería tomar fluido adicional.


Reemplazo de Fluidos en el Período de Recuperación

      El reemplazo de las pérdidas de agua y electrolitos en el periodo post ejercicio es de crucial importancia en el proceso de recuperación. Esto dependerá de la extensión de las pérdidas incurridas durante el ejercicio. Se verá influenciada por el tiempo disponible, antes del próximo partido o sesión de entrenamiento. Las bebidas que contienen CHO, consumidas inmediatamente después del entrenamiento y/o competición, proveen sustratos para la resíntesis de glucógeno en el momento mas indicado, y también para la iniciación del proceso de rehidratación. La ingestión de agua pura en el periodo posterior al ejercicio dará como resultado una rápida caída en la concentración de sodio y en la osmolaridad del plasma (Nose y cols.,1988). Esto reduce el estímulo para beber (sed) y estimula la producción de orina, lo cual retrasará el proceso de rehidratación.
      Las bebidas sabrosas al paladar ayudarán a alentar un consumo adecuado, las bebidas alcohólicas deberían evitarse cuando existe la posibilidad de una DH, teniendo en cuenta sus efectos diuréticos. Si ocurre una DH severa (> 5% del peso corporal), la recuperación de reservas de agua del cuerpo tal vez no se completen hasta 48 - 72 hs después. En la mayoría de los casos, el reemplazo de electrolitos ocurrirá a través del consumo normal de alimentos en las horas siguientes al ejercicio.


Reemplazo de Fluidos en el Entrenamiento

      Es necesario el consumo de fluidos durante el entrenamiento, tanto como en la competición. En el entrenamiento también pueden ocurrir grandes pérdidas de fluidos.
      Existen dos razones por las cuales es fundamental el consumo de fluidos. La primera es para minimizar los efectos de la DH y la hipertermia, y por lo tanto, incrementar la efectividad y la seguridad del entrenamiento; el cuerpo no se adapta a la DH y es fútil y peligroso intentar que lo haga. Segundo, es importante experimentar en el entrenamiento con diferentes formas de hidratación, para que el jugador pueda establecer su modelo de bebida más efectivo, que es el que luego usará para el juego competitivo, con un proceso de adaptación previa.


Entrenamiento y Competición en el Calor

      Los esfuerzos del ritmo de trabajo deben distribuirse cuidadosamente cuando se juega en condiciones calurosas dado que la subida de la temperatura corporal y la DH, debida al sudor, afectan la intensidad del ejercicio. La aclimatación al calor previa a los torneos y la adecuada hidratación preejercicio y durante el intermedio probablemente favorecen la idoneidad del grupo de trabajo.
      La performance en el calor se ve mejorada por la aclimatación: al menos se requieren diez días para este proceso. Una de las mayores adaptaciones para la exposición al calor elevado es una respuesta de sudor incrementada al ejercicio.
      Es fácil observar que la producción de orina durante ese momento cae a su nivel mínimo. La sed no provee el estímulo suficiente para incrementar el consumo de fluidos, a un nivel donde este igualaría las pérdidas incrementadas.
      El volumen de fluidos necesario variará grandemente dependiendo de las condiciones del medio ambiente y variará también entre los individuos, pero el volumen consumido debería ser suficiente para asegurar una producción normal de orina.
      Se debe recordar que en condiciones cálidas la entrada en calor se reduce, como así también el énfasis en las actividades aeróbicas prepartido. Todo esfuerzo que se haga no debería elevar la temperatura del cuerpo, ni ocurrir grandes pérdidas de sudor previo al comienzo del partido asegurando el consumo de fluidos extra en ese período.
      También el consumo de fluidos adecuado entre partidos sucesivos debe estar asegurado ya que la total recuperación no ocurrirá a menos que las pérdidas de agua y electrolitos sean reemplazadas.


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