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ASPECTOS
FISIOLÓGICOS, ANTROPOMÉTRICOS Y NUTRICIONALES
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
El fútbol aparentemente se originó en
Gran Bretaña. Las únicas reglas del juego llegaron hasta la Edad Media,
donde se lo prohibió completamente por más de 100 años pues se creía que
esto prevendría para mantener un ejército fuerte contra el francés. Se
decretó que el fútbol era un mal entrenamiento para la batalla. De todas
maneras, en el año 1500 el juego sobrevivía a pesar de todos los intentos
de represión. Todavía se catalogaba como juego peligroso.
Los problemas para el fútbol
continuaron para los siguientes 100 años, pero se aceptó cada vez más
como parte de la escena inglesa en vacaciones y tiempos festivos.
Hacia el 1800, el fútbol se volvió
parte de la tradición en toda escuela pública, aunque las reglas eran muy
diferentes en cada una de ellas, así como el tamaño de la cancha y el número
de jugadores. Recién en 1830 se codificaron algunas reglas, aunque muchas
de ellas eran las del rugby y de Harrow. En 1863 se fundó la Asociación de
Fútbol, aunque para esa fecha el fútbol estaba lejos del juego que
conocemos actualmente. Ya para el año 1886 las leyes eran básicamente como
las de hoy.
ASPECTOS FISIOLÓGICOS
Demandas fisiológicas
El fútbol es un juego complejo en el
cual las demandas fisiológicas son multifactoriales y varían marcadamente
durante un partido. Las altas concentraciones de lactato sanguíneo y las
elevadas concentraciones de amonio (NH3) durante los períodos de juego, indican que ocurren grandes cambios
metabólicos musculares e iónicos.
Las demandas pueden ser muy altas, que
ellas llevan a la fatiga, interfiriendo la performance física potencial y
la performance técnica aún a intensidades submáximas de ejercicio. Las
demandas fisiológicas varían con el nivel de competencia, estilo de juego,
posición de juego y factores ambientales (Reilly, 1994).
El patrón de ejercicio puede
describirse como intervalado y acíclico, con esfuerzos máximos
superpuestos sobre una base de ejercicios de baja intensidad (trote suave y
caminata). Los jugadores realizan tipos diferentes de ejercicios que van
desde estar parado hasta una carrera máxima.
Además de tener bien desarrollada la
capacidad física con una producción de potencia alta, los jugadores deberían
también ser capaces de trabajar durante largo tiempo (resistencia). Esto
distingue al fútbol de deportes en los que el ejercicio continuo se realiza
con una intensidad, bien alta o moderada, durante todo el evento.
Por lo anteriormente dicho, las
actividades predominantes comprometen al metabolismo aeróbico, pero los
eventos críticos en el juego dependen de las fuentes anaeróbicas de energía.
Éstos se refieren al oportunismo a la ejecución de los movimientos rápidos
y cortos para ganar la pelota y movimientos ágiles para pasar a los
oponentes, tales como trabar a un jugador, saltar, acelerar, rematar,
cambiar de dirección. También es importante la capacidad de recuperarse
entre las series de esfuerzos, para poder estar preparado para esfuerzos máximos
posteriores, cuando se presenten las oportunidades.
Existe un cambio de actividad
aproximadamente cada 4 segundos, que enfatiza la naturaleza intervalada del
deporte. Cada partido implica 1000 a 1200 acciones que incorporan cambios rápidos
y frecuentes de ritmo y dirección así como la ejecución de las
habilidades de juego (Reilly y Thomas, 1976; Bangsbo y cols., 1991).
La intensidad o tasa del esfuerzo tiende
a disminuir hacia el final del juego y refleja los procesos fisiológicos
asociados a la fatiga muscular (Bangsbo, 1994; Reilly, 1994). Esa caída del
rendimiento también está asociada a una disminución de las reservas de
glucógeno dentro de los músculos de las piernas. La característica más
evidente de la performance de jugadores fatigados fue el menor número de
sprints máximos en busca de la pelota. El aumento en el número de goles
convertidos hacia el final de los partidos, es otra muestra de fatiga en ese
momento. Una buena capacidad aeróbica puede proteger contra un descenso del
ritmo de trabajo hacia el final del partido.
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Goles
marcados en el fútbol de la liga inglesa durante la mayor parte de
la temporada 1991 - 1992. Fuente: Björn Ekblom, Fútbol. Publicación
de la Comisión Médica del COI.
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Producción de Energía
La energía anaeróbica se libera de la
degradación del adenosín trifosfato (ATP), el cual está almacenado en el
músculo o se produce por la división del fosfato de creatina (PC) o por la
degradación de hidratos de carbono (CHO) a piruvato (glucólisis), que
conduce a la formación de ácido láctico. Una contribución de energía
anaeróbica menos importante puede tener lugar por la degradación del
adenosín difosfato (ADP) a adenosín monofosfato (AMP) y después a inosín
monofosfato (IMP) y NH3. La energía aeróbica se produce en compartimentos
especiales de la célula muscular (mitocondrias) mediante la utilización de
oxígeno, que se extrae de la sangre. Los sustratos para estas reacciones se
forman a través de la glucólisis, catabolismo de las grasas y, en menor
medida, aminoácidos. El índice de producción de ATP durante el ejercicio
así como de utilización de los sustratos está controlado por la
intensidad de la actividad. En la mayoría de los casos, los procesos anaeróbicos
son muy rápidos de tal forma que los músculos son capaces de mantener
altos niveles de ATP durante el ejercicio.
La fuente de CHO para la glucólisis es
principalmente el glucógeno almacenado en los músculos activos, pero también
puede utilizarse glucosa de la sangre. La glucosa se extrae del intestino y
es liberada a sangre desde el hígado, que forma glucosa a partir de la
degradación de glucógeno (glucogenólisis) o precursores como el glicerol,
el piruvato, el lactato y aminoácidos (gluconeogénesis). Los sustratos
para la oxidación de las grasas son triglicéridos (TAG) almacenados en los
músculos y las grasas transportadas por la sangre, principalmente los ácidos
grasos libres (AGL) liberados del tejido adiposo y, en menor medida, TAG.
Distancia recorrida
La distancia total recorrida brinda una
representación de la intensidad general del ejercicio y de la contribución
individual al esfuerzo total del equipo.
Los jugadores de la Liga Premier Inglesa
completaron una distancia total de 10104 ± 703 m en los 90 minutos de juego
(primer tiempo, 5216 ± 388; segundo tiempo, 4889 ± 379 m). El juego inglés
requiere que los jugadores mantengan un alto nivel de actividad a lo largo
del juego con el fin de recibir la pelota de un compañero o presionar a un
adversario para poder ganar nuevamente el balón.
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Distancia
total recorrida (media ± DS) por jugadores sudamericanos, durante
el primer y segundo tiempo. Fuente: Futbolista sudamericano de elite
(Biosystem, 1998)
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En el estudio de Copa América 1995, la
distancia total cubierta por jugadores sudamericanos fue significativamente
menor: 8638 ± 1158 m (primer tiempo, 4389 ± 549; segundo tiempo, 4248 ±
628 m). En estas distancias, influye la táctica del fútbol sudamericano,
donde se enfatiza la posesión de la pelota y se realizan pases decisivos rápidos.
Se observa una reducción del 6% en la
distancia total recorrida del segundo tiempo con respecto al primero. Este
valor es similar a la disminución observada en el segundo tiempo por
Bangsbo y cols. (1991). Esto representó una disminución del nivel de
actividad que está relacionada con la fatiga. Ésta tiene correlación
negativa con la potencia aeróbica, el nivel de glucógeno muscular y la
acumulación progresiva de potasio en el músculo.
De todas formas, hay variaciones de
partido a partido que muestran que los jugadores no recorren siempre la
misma distancia máxima, y así probablemente no utilizan su capacidad física
totalmente en cada partido. Por ejemplo, Ekblom (1986) observó que la
distancia cubierta en alta intensidad de carrera durante los partidos a una
temperatura de 30ºC sólo estaba en la mitad (500 m) de la cubierta a una
temperatura de 20ºC (900 m). La performance física se altera en partidos
jugados a una altitud mayor de 2000 m, ya que disminuye el consumo de oxígeno
y el rendimiento de carrera. También aumentan las demandas fisiológicas en
otras condiciones como jugar en un campo barroso o cuando la humedad es
alta. Reilly y Thomas (1976) fracasaron a la hora de mostrar alguna
diferencia en la distancia recorrida por juego entre los partidos locales y
visitantes.
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Porcentajes
de la distancia total recorrida en cada categoría de actividad, por
jugadores sudamericanos (N=17). Fuente: Futbolista sudamericano de
elite (Biosystem, 1998)
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Analizando el gráfico anterior se puede
observar que la mayor parte de la distancia total es recorrida a niveles
submáximos, mostrando la importancia de la contribución aeróbica al gasto
energético. Las actividades de alta intensidad (velocidad crucero y
sprints) sumaron un 15%.
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Porcentaje
del tiempo total utilizado en cada categoría de actividad, por
jugadores sudamericanos (N=17). Fuente: Futbolista sudamericano de
elite (Biosystem, 1998)
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La importancia de la contribución aeróbica
también está representada por actividades de baja intensidad que
contabilizan el 80% del tiempo total; los trotes (hacia delante, atrás y
laterales) sumaron un 30% del total, y la caminata (hacia delante y atrás)
un 50%. El 15% restante del tiempo total se transcurre sin movimiento. Las
pausas estáticas ocurren en un promedio de 267 ± 64 veces durante un
partido, indicando la naturaleza más o menos continua del juego. La
velocidad crucero y de sprint sumaron el 4% y 1% del tiempo total,
respectivamente. Tales actividades representan la contribución anaeróbica
al partido. Los esfuerzos de alta intensidad, a pesar de ser cruciales para
la performance, son poco frecuentes (crucero, 65 ± 24; sprints, 21 ± 12) y
de corta duración (crucero, 3.3 ± 0.8 seg.; sprints, 2.8 ± 0.9 seg.). La
proporción cociente entre pausa : baja intensidad : alta intensidad fue
3:16:1.
Menos del 2% de la distancia total
recorrida por jugadores de elite se desarrolla mientras están en posesión
de la pelota. La mayor parte de las acciones desarrolladas durante un
partido son, por lo tanto, "sin la pelota", ya sea corriendo para
crear espacios, o apoyando a los compañeros de equipo que tienen la pelota
o persiguiendo a los oponentes y corriendo para luchar y conseguir la
pelota.
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Distancia
total recorrida (media ± DS) según la posición de juego (N=23).
Fuente: Futbolista sudamericano de elite (Biosystem, 1998)
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Si se relaciona la distancia recorrida
con la posición de juego, los mediocampistas completaron una distancia
significativamente mayor que los delanteros (mediocampistas, 9826 ± 1031;
delanteros, 7736 ± 929 m). Es de conocimiento general que los
mediocampistas recorren mayores distancias durante un partido que los
laterales (Ekblom, 1986 y Reilly y Thomas, 1976). Esto se puede atribuir a
que los mediocampistas tienen más flexibilidad táctica que otras
posiciones, ya que sirven como conexión entre los delanteros y los
defensores del equipo. Sus obligaciones no incluyen sólo apoyar a los
atacantes en busca de goles sino también asistir a los zagueros en sus
deberes ofensivos. Estos jugadores también están caracterizados por tener
mayores niveles de capacidad aeróbica que otras posiciones.
Los perfiles de intensidad de los
delanteros parecen estar caracterizados por arranques súbitos de esfuerzos
de alta intensidad con el fin de facilitar una creación positiva de espacio
o moverse buscando la oportunidad de convertir un gol. Estos esfuerzos de
alta intensidad están entremezclados con períodos de recuperación de baja
intensidad. Por esto, puede asumirse que los jugadores delanteros muestran
un perfil más anaeróbico de actividad que otras posiciones.
En las investigaciones sobre los
jugadores de la liga inglesa, los laterales realizaban sprints menos
frecuentemente que los centrales. La distancia general recorrida a través
de sprints era significativamente menor para los laterales y centrales que
para los delanteros y mediocampistas. Las grandes cifras para el sprint
entre los delanteros incluían fintas para atraer a los defensores fuera de
su posición o carreras inadvertidas en fuera de juego no seguidos por un
defensor.
Los defensores cubrieron una distancia
total de 8696 ± 1031 m. Ellos tienen que retroceder hacia su propio arco a
medida que avanzan los atacantes, esto requerirá que se muevan hacia los
atrás en busca de su arco. Los defensores deben "distraer" a los
jugadores en ataque que están en posesión de la pelota, con el fin de
ubicarse en una posición apropiada para tratar de "tacklear" y
posiblemente ganar el balón. Las menores distancias se observan en los
zagueros centrales, quienes tienden a poseer una alta producción de energía
pero por un período muy breve y, consecuentemente, una elevada capacidad
anaeróbica es importante para las actividades intensas y de corta duración.
El arquero recorre aproximadamente 4 km
durante el partido, el 10% de los cuales era con el balón en su poder en
los años 70 (Reilly y Thomas, 1976). Esta última cifra es apta para haber
sido reducida por cambios posteriores de la regla relativa al desplazamiento
del balón por el arquero y de la regla introducida en 1992 prohibiendo dar
un pase para atrás. Mucha de la actividad de nivel inferior del arquero
puede ser un mecanismo involuntario para mantener la excitación y la
concentración en el partido antes que una imposición directa de las
exigencias del juego. También puede ayudar a la termorregulación. Las
demandas críticas son de naturaleza anaeróbica, al saltar para atajar la
pelota y al tirarse al suelo para pararlo.
Gasto calórico
La distancia recorrida en un partido
representa ligeramente la energía gastada por las demandas de las técnicas
del juego, ya que el gasto calórico de un individuo está directamente
relacionado con el trabajo mecánico (Reilly y Thomas, 1976). Éstas
incluyen las aceleraciones y desaceleraciones frecuentes, las carreras
angulares, los cambios de dirección, los saltos para disputar la posesión
de la pelota, eludir las cargas y todos lo múltiples aspectos implicados en
el juego.
El gasto calórico durante el juego ha
sido estimado tanto a partir de los perfiles de tasas o intensidades de
esfuerzo, como de los valores de la frecuencia cardíaca (FC). Las FC
promediadas a lo largo del partido, son luego asociadas a la relación
"FC - consumo de O2", determinado para cada jugador en condiciones
de laboratorio.
Debe enfatizarse de que existen
diferencias interdividuales en la producción de energía aeróbica y anaeróbica
durante un partido, debido a la variedad de factores que influencian la
intensidad del ejercicio: motivación, capacidad física y la estrategia táctica.
El modelo del gasto se puede alterar
cuando se juegan partidos extras a mitad de la semana. También habrá
variaciones del gasto de energía diaria en las diferentes fases del período
de competencias, y con casos individuales de jugadores, durante los procesos
de recuperación de lesiones, que no pueden participar del entrenamiento
completo.
El gasto de energía durante el
entrenamiento en jugadores profesionales ingleses ha sido estimado en unos
6100 kJ (1500 kcal) (Reilly, 1979). Se debe reconocer que este valor varía
día a día, y el entrenamiento se construye hacia un pico en la mitad de la
semana con sesiones subsecuentes de menor intensidad, que ofician de
recuperación y puesta a punto para el partido del fin de semana. Los
valores típicos se pueden exceder cuando los jugadores se entrenan dos
veces por día.
Existe un consenso general entre los
investigadores que el fútbol competitivo de alto nivel supone un gasto calórico
estimado de 4000 - 6000 kJ para un jugador de 70 kg. Esto representa un
promedio de casi el 70% del VO2 máx. Los músculos activos no son los únicos órganos que necesitan
una fuente constante de energía del torrente sanguíneo: el cerebro está
involucrado íntegramente en el juego (tomando continuamente decisiones y
haciendo elecciones tácticas) siendo la glucosa su única fuente de energía.
Es probable que reiterados esfuerzos de alta intensidad durante el juego
reduzcan considerablemente las reservas de glucógeno en músculo e hígado,
lo que manifiesta la necesidad de contar con una adecuada cantidad de CHO
antes del partido y poner atención en la reposición de estos niveles luego
del mismo. Los ácidos grasos circulantes se elevan al final del partido. El
metabolismo de las proteínas no es pronunciado, ya que el aporte energético
es menor al 10% (Wagenmakers y cols., 1989), con lo cual el uso de aminoácidos
como suplemento energético no está recomendado en jugadores de fútbol.
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Media
(± DE) para la energía gastada (kJ/min) y valoraciones de esfuerzo
a tres velocidades y tres modos direccionales del movimiento (N=9).
Reilly y Bowen, 1984. Fuente: Björn Ekblom, Fútbol. Publicación
de la Comisión Médica del COI.
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Moverse hacia los costados o hacia atrás
aumenta el gasto calórico, más de lo que hace la locomoción normal.
Ejecutar destrezas tales como "driblear" con la pelota también
eleva el gasto energético y el lactato sanguíneo. Esto puede explicarse,
hasta cierto punto, por una necesidad mayor de mantener el equilibrio, por
una longitud de zancada más corta y por una frecuencia de zancada mayor que
las utilizadas en la carrera, lo que disminuye la eficiencia de la carrera
(Cavanagh y Williams, 1982). El costo energético adicional de dribling es
probablemente mayor durante un partido (que durante un test de laboratorio),
ya que el balón a menudo se toca con más frecuencia para protegerlo del
oponente, aunque el costo energético extra, influye sólo en pequeña
medida en el total del gasto energético.
Producción de NH3
La concentración de NH3 en sangre aumenta durante un partido de fútbol, lo
que indica que los músculos produjeron NH3, con lo cual parecen ser activadas las reacciones de la
adenil kinasa y la adenosin monofosfato deaminasa (Lowenstein, 1990, Tullson
y Terjung, 1990). Es probable que la deaminación de AMP sea la fuente
primaria de NH3
durante el fútbol. La baja concentración de glucógeno muscular ha sido
asociada con aumento de NH3 y producción de IMP durante ejercicio intenso
(Spencer y Katz, 1991). La concentración de NH3 es menor en el segundo tiempo, en comparación con el
primero, asociado a una bajada de la intensidad del esfuerzo y de las
concentraciones de lactato sanguíneo en el segundo tiempo.
Consumo de oxígeno
En los jugadores profesionales, la tasa
de trabajo promedio durante un partido de fútbol, al ser estimado a partir
de variables tales como la frecuencia cardíaca, es aproximadamente del 70%
de consumo de oxigeno máximo (VO2 máx). Esto corresponde a una producción de energía de unos 5700 kJ
(1360 kcal) para una persona que pesa 75 kg con un VO2 máx de 60ml/kg/min. El VO2 máx mejora significativamente en la pretemporada, en
la cual se pone énfasis en el entrenamiento aeróbico (Reilly, 1979).
Cuando se encuentran dos equipos con iguales habilidades, aquel con una
capacidad aeróbica superior tendrá una ventaja, siendo capaz de jugar el
partido a un ritmo más rápido. Apor (1988) brindó datos sobre jugadores húngaros,
que mostraron una correlación perfecta entre rango/orden entre el promedio
del VO2 máx de los equipos y la posición final en el
Campeonato de Primera División. Los VO2 máx medios para el primer, segundo, tercer y quinto equipos fueron
66.6, 64.3, 63.3 y 58.1 ml/kg/min, respectivamente.
Cociente Respiratorio (RQ)
Es difícil establecerlo durante un
partido de fútbol, pero puede hacerse durante ejercicio intermitente
estandarizado simulando el modelo de actividad del fútbol. Mediciones de
este tipo resultan en valores RQ de 0.85, 0.87 y 0.91 a tasas de trabajo que
corresponde a 55, 71 y 81% del VO2
máx, respectivamente. Esta relación entre el valor de RQ y la intensidad
relativa de trabajo es comparable a la obtenida durante un ejercicio
intermitente de larga duración (Essén, 1978; Bangsbo y cols., 1992).
Basado en estas determinaciones y en mediciones de FC durante un partido de
fútbol, de que el VO2 máx se estima, los valores R medios durante un partido
pueden calcularse en 0.88. Esto corresponde a una contribución de CHO y
grasas de 60 y 40%, respectivamente de la oxidación total. Utilizando estos
números puede calcularse la oxidación total de CHO y grasas en un partido.
Glucógeno Muscular
La información acerca de la utilización
de glucógeno muscular durante un partido de fútbol puede obtenerse de las
determinaciones de glucógeno en las biopsias musculares tomadas antes y
después del mismo. La diferencia en volumen de glucógeno representa la
utilización neta de glucógeno del músculo (turnover de glucógeno), pero
no muestra el intercambio de glucógeno total, ya que la resíntesis de glucógeno
ocurre probablemente durante el reposo y los períodos de ejercicio de baja
intensidad durante un partido (Nordheim y Vollestad, 1990).
El glucógeno intramuscular (en ambos
tipos de fibras, I y II), la degradación de los TAG, y el consumo en las
piernas de glucosa y AGL plasmáticos, es incrementado durante el ejercicio
intermitente.
En un estudio sueco, las concentraciones
medias de glucógeno muscular en el muslo de cinco jugadores fueron 96, 32 y
9 mM/kg de peso magro, en el descanso y después de un partido amistoso,
respectivamente. También se descubrió que los jugadores con un reducido
contenido de glucógeno en sus músculos del muslo al comienzo del partido
recorrían 25% menos distancia que los demás. Una diferencia todavía más
marcada se observaba para la velocidad de carrera: los jugadores con bajo
contenido de glucógeno recorrían el 50% de la distancia total caminando y
el 15% a velocidad superior, en comparación con el 27% caminando y el 24%
carrera de sprint para los jugadores con grandes niveles iniciales de glucógeno
muscular (Saltin, 1973).
La alimentación precedente, el nivel de
entrenamiento y los factores del medio ambiente también influencian la
selección del combustible durante el ejercicio. La utilización del glucógeno
muscular y de la glucosa originada en la sangre por parte de los músculos
activos se incrementa con el aumento de la intensidad del ejercicio (Romijn
y cols., 1993). Con el incremento de la duración del ejercicio, declina la
contribución del glucógeno, mientras que la de la glucosa de la sangre
aumenta (Romijn y cols., 1993).
Hay una pronunciada utilización de glucógeno
en los músculos de las piernas durante un partido. La depleción de glucógeno
es un factor potencial de contribución para la fatiga durante un partido de
fútbol, y puede limitar la capacidad de los jugadores para mantener la
performance de carrera en alta intensidad, especialmente durante los últimos
momentos de un partido. Se afirma que con una disponibilidad aumentada de
CHO anterior a, y durante el ejercicio, da como resultado una mejor
performance (Costill y Hargreaves, 1992).
Se puede concluir que un partido de fútbol
resulta en una alta dependencia de las reservas de los CHO endógenos,
factor que se relaciona altamente con la alimentación.
Niveles de lactato
La glucólisis en los músculos parece
ser activada y el lactato ser formado casi inmediatamente una vez que comenzó
el ejercicio (Hultman y Sjoholm, 1983; Boobis, 1987). Además se produce un
alto índice de lactato continuamente durante el ejercicio intenso. La
concentración de lactato en la sangre es a menudo usada como indicador de
la producción de energía anaeróbica lactácida en fútbol.
Los niveles de lactato sanguíneo varían
a lo largo del juego (de 4 a 8 mM/l), y por momentos podrían llegar a
niveles que superan los 8 mM/l: los esfuerzos por encima de esta intensidad
requerirán mayores períodos de recuperación para que el lactato producido
pueda ser removido de la sangre.
Los menores niveles de lactato
observados inmediatamente luego del partido, en comparación con los
registrados al final del primer tiempo, reflejan tanto el aumento en el uso
proporcional de grasa como combustible por parte de los músculos activos a
medida que progresa el juego, así como a la disminución en la intensidad
de esfuerzo, como evidencia de la ocurrencia de la fatiga.
Puede haber grandes diferencias entre
sujetos en la producción de lactato, ya que la cantidad de ejercicio de
alta intensidad en un partido depende de factores como la motivación del
jugador, el estilo de juego, las tácticas y estrategias. Este último
factor puede explicar también diferencias importantes entre equipos y
partidos, por ejemplo, se observaron valores medios más altos de lactato
sanguíneo cuando los equipos utilizaron marca hombre a hombre en comparación
con la defensa en zona (Gerisch y cols., 1988).
Existe evidencia creciente que el
lactato, derivado de la caída del glucógeno muscular y de la glucosa sanguínea,
es un importante intermediario metabólico, siendo potencialmente tanto un
sustrato para el metabolismo oxidativo en el músculo cardíaco y en la
musculatura esquelética, además de un precursor gluconeogénico (Brooks,
1991).
Frecuencia Cardíaca
En un estudio realizado en el Campeonato
Nacional de 1ª División de Costa Rica se vio que los jugadores se
mantuvieron a intensidades de juego en un rango de 83 a 91% de la FCmáx
como promedio. También se encontró que el jugador pasa más de la mitad
del tiempo de juego a una intensidad superior al 85% de su FCmáx, desde un
45% hasta un83% del tiempo de juego, dependiendo de la posición del jugador
y del partido analizado (Solano y cols.,2000).
La FC tiene un promedio cercano a los
170 lat/min. Ésta podría permanecer a este nivel hacia el final del juego,
a pesar de una caída en la intensidad. Esto podría reflejar el rol del
sistema circulatorio en la regulación de la temperatura corporal y la
prevención de golpes de calor, así como en el transporte de oxígeno a los
músculos activos.
La FC se elevará más allá de la
normal relación FC - VO2,
por ejemplo durante las condiciones estáticas, durante ejercicios con
grupos musculares pequeños y bajo tensión emocional y de temperatura (Ästrand
y Rodahl, 1986). Sin embargo, la sobreestimación del VO2 debido a
estos factores parece ser poco importante en el fútbol, ya que domina el
ejercicio dinámico con grandes grupos musculares y la intensidad del
ejercicio es regularmente alta. Así, el ritmo de trabajo relativo promedio
en un partido de fútbol parece ser aproximadamente el 70% del VO2 máx.
A primera vista este valor parece alto,
ya que se ha observado que el jugador está de pie o camina durante casi la
mitad del partido. Sin embargo, los jugadores realizan muchas actividades
que requieren de energía que no se detectan mediante el análisis de la
distancia recorrida en el partido, es decir, aceleraciones, cambios de
dirección, desaceleraciones, saltos y contracciones musculares estáticas.
ASPECTOS ANTROPOMÉTRICOS
Edad
La mayoría de los futbolistas
profesionales tienen una carrera deportiva activa de unos diez años, con un
pico de rendimiento que dura aproximadamente la mitad de ese tiempo. La
mayoría de los jugadores profesionales están en los 20 y los pocos que
continúan jugando al máximo nivel bien entrados los 30, son excepciones.
Hace algunos años, Hirata (1996) concluyó de su estudio de los
participantes de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 que el éxito en los
deportes de pelota, tales como el fútbol, hockey, basquet y voley, se
alcanza principalmente entre los 24 y 27 años, siendo el fútbol el más
temprano de éstos. Esto quizás todavía sea cierto, pues la media de edad
de los equipos alemanes de mayor éxito en los 70 y 80 cae en ese intervalo.
Los arqueros parecen tener carreras deportivas más largas que los jugadores
de campo y no es raro encontrar jugadores a nivel internacional cercanos a
los 40 en esta posición. Esta prolongación de la carrera puede estar
relacionada con una menor incidencia de lesiones crónicas y traumatismos
degenerativos en los arqueros, comparados con otras posiciones de campo,
pero también con el hecho de que los jugadores maduran en esta posición
con la experiencia del juego.
En el estudio realizado en la Copa América
de 1995, el promedio de edad fue de 26.1 años, con un DS de 3.96 (n=110).
Los atletas activos pueden mantener
niveles de forma hasta bien entrados los 30 antes de que las funciones
fisiológicas comiencen a dar muestra de deterioro. El hecho de que el fútbol
puede ser practicado a edades más tardías de aquellas a los que los
profesionales suelen retirarse queda en evidencia con el aumento de equipos
de veteranos en los últimos años.
Talla y peso
Los datos de altura y peso de los
equipos de fútbol sugieren que los jugadores varían enormemente en sus
dimensiones corporales, y que la talla no es necesariamente un determinante
del éxito. La falta de altura no es por sí misma un impedimento del éxito
del fútbol, aunque podría determinar la elección de la posición de
juego.
La altura es una ventaja para el
arquero, el defensa central y el delantero, usado como objetivo para ganar
la posesión de la pelota con la cabeza. En la liga inglesa, los defensores
centrales son más altos que los demás defensores, y los centrales los más
pequeños de los jugadores de campo (Reilly, 1979).
A través del método de
proporcionalidad, los arqueros mostraron un mayor peso que la mayoría de
los jugadores, con excepción de los delanteros centrales. Los arqueros
también tuvieron la mayor envergadura de brazos, lo que representa una
ventaja para esa posición de juego (SOKIP, 1995).
Composición Corporal
La composición corporal es un aspecto
importante de la condición física para los futbolistas, ya que la grasa
corporal superflua actúa como peso muerto en actividades en las que la masa
corporal es elevada repetidamente contra la gravedad en la carrera o el
salto durante el juego.
Una medición aislada de la adiposidad
es inefectiva para distinguir claramente la composición corporal, asociada
con deportes particulares. Cualquier evaluación de la composición corporal
en deportistas debería examinar al menos tres componentes: adiposidad, músculo
y hueso.
En general, la composición corporal de
los jugadores de fútbol, excluyendo a los arqueros, está dictada en gran
parte por el compromiso entre la capacidad aeróbica, con un requerimiento
de grasa corporal bajo, y algún grado de fuerza y performance anaeróbica.
El análisis de adiposidad según la
posición de juego mostró que, numéricamente, los arqueros fueron los que
tuvieron más grasa, probablemente por la carga metabólica más ligera
impuesta por el ritmo de partido y el entrenamiento a los arqueros.
Excluyendo a los arqueros, las diferencias entre las medias entre las
diferentes posiciones son todas muy pequeñas, y reflejan la magreza
característica de los deportistas de potencia y fondo de distintos
deportes. El grupo más magro fue el de los delanteros laterales.
Con respecto a la masa esquelética, lo
importante es el tamaño óseo absoluto. Las pelotas altas desde los
laterales al área penal del adversario son una estrategia común que
necesitan, por lo tanto, defensores y delanteros altos. Además de estas
situaciones, parece haber muy poca ventaja, si es que la hay, en el mayor
tamaño óseo en los jugadores que no se mueven en las zonas centrales, y
como probablemente la mayor masa esquelética inhibe o reduce la movilidad,
podría ser contraproducente para muchas de las destrezas en el fútbol.
Los arqueros, en virtud de su mayor tamaño,
tuvieron la mayor masa muscular. Es interesante observar que, numéricamente,
los delanteros, centrales y laterales, tuvieron el mayor porcentaje de masa
muscular. Esto refleja, probablemente, la potencia muscular necesaria para
la gran aceleración y velocidad de carrera.
Es útil la medición de ambos perímetros,
ya que a identificación de desequilibrios en la fuerza entre la pierna
izquierda y la derecha, o entre flexores y extensores, es útil para estimar
la predisposición a lesiones.
Somatotipo
Los futbolistas tienden a tener un buen
desarrollo muscular, especialmente en el muslo, y esto produce una forma
corporal característica o físico. El somatotipo ofrece un método
conveniente para describir el físico de los jugadores en función de tres
dimensiones: endomorfia, mesomorfia y ectomorfia.
Una comparación de los mejores
jugadores de la liga inglesa con los atletas olímpicos de 1960 estudiados
por Tanner (1964) usando procedimientos similares, muestra que los
futbolistas se asemejan mucho a los corredores de 400 m con vallas en peso y
en el perímetro de muslo, pero son más bajos y tienen mayores pliegues cutáneos
y valores de endomorfia (Reilly, 1979). El perímetro de muslo y
pantorrilla, la endomorfia y los pliegues cutáneos se aproximaban a valores
de saltadores triples, que eran más ligeros y altos.
En general, los jugadores de fútbol, de
alto nivel tienden a tener un mesomorfismo balanceado. El SOKIP, arrojó los
siguientes valores de somatotipo para los jugadores de campo: 2.0 - 5.3
-2.2, y para todos, incluidos los arqueros, 2.1 - 5.3- 2.1.
ASPECTOS
NUTRICIONALES
La nutrición ocupa, con demasiada
frecuencia, un lugar muy bajo en la larga lista de prioridades con que se
enfrentan los entrenadores y los médicos del equipo que preparan a los
jugadores. Cuando los jugadores no pueden completar las sesiones de
entrenamiento pesado o seguir el ritmo de juego, suele atribuirse esta
circunstancia a la "falta de dedicación" o en el caso de
jugadores profesionales a "demasiadas noches en que se van a dormir muy
tarde". Rara vez se relaciona el bajo rendimiento con una preparación
nutricional inadecuada para el entrenamiento.
Lamentablemente, el interés por la
nutrición se limita a algunas comidas "cábala" y cuando un
jugador debe bajar de peso. No se extiende, sin embargo, a cómo pueden
usarse los alimentos ordinarios como parte de estrategias nutricionales a
fin de prepararse y recuperarse rápidamente de la competición y el
entrenamiento.
Es importante entender que la nutrición
no sólo contribuye en el aumento de la performance en fútbol durante la
precompetencia, sino que tiene una más significativa contribución como
soporte del proceso de entrenamiento.
El entrenamiento en fútbol es muy
demandante sobre todo en la pretemporada. Por lo tanto, los deportistas
deben no sólo ser capaces de cubrir las demandas energéticas de cada una
de las sesiones de entrenamiento, sino que deben ser capaces de recuperarse
rápidamente, para estar en condiciones de responder a los entrenamientos
futuros, y alcanzar su máximo rendimiento en cada uno de los eventos
competitivos. Una rápida recuperación entre los partidos es extremadamente
importante durante los torneos, sobre todo cuando comúnmente, hay sólo dos
a tres días entre los mismos. Por lo tanto, las demandas del entrenamiento
y de los partidos de fútbol consisten en que el futbolista debe ser capaz
de responder a este tipo de situaciones, particularmente, con poco tiempo de
recuperación entre cada partido.
Los jugadores no profesionales también
tendrán las demandas adicionales de sus ocupaciones laborales, de estudio,
además de los entrenamientos y partidos que le demande la práctica de fútbol.
La estrategia alimentaria está basada
en el consumo de alimentos comúnmente disponibles que aumenten la capacidad
ante el esfuerzo. Los dos nutrientes efectivos empleados son alimentos ricos
en CHO y las bebidas de hidratación.
Hidratos de Carbono
El músculo esquelético humano tiene
una concentración de glucógeno en los márgenes de muestras de 60 - 150
mM/kg de peso húmedo, o de 258 - 645 mM/kg de peso seco. El tamaño de la
reserva de glucógeno hepático depende si la persona está alimentada o en
ayunas. Cuando está alimentado, un hombre adulto, con un hígado de
alrededor de 1.8 kg, tiene una concentración de glucógeno en el hígado de
aproximadamente 550 mM (peso húmedo), mientras que tras ayunar durante la
noche, la concentración de glucógeno baja hasta unos 200 mM. Tras un número
determinado de días siguiendo una alimentación alta en CHO, la concentración
de glucógeno en el hígado puede incrementarse hasta 1000 mM (peso seco)
(Nilson y Hultman, 1973). El cerebro y el sistema nervioso usan
aproximadamente 120 g de glucosa a la sangre cada día como su principal
combustible para la producción de energía.
La ingesta diaria recomendada de CHO
para un jugador profesional de fútbol equivale a 7 - 8 g/kg de peso
corporal/día. Este aporte se deberá cubrir por medio de una variedad de
fuentes de CHO tales como panes, pastas, arroz, cereales, frutas, vegetales
feculentos, etc.
Las demandas metabólicas del fútbol
competitivo y del entrenamiento afectarán notablemente las reservas
corporales de CHO. Por lo tanto, los jugadores de fútbol se verán
beneficiados por el consumo incrementado de CHO antes, durante y después
del entrenamiento.
Bangsbo y cols. (1992) usó un test de
campo que estimulaba el modelo de actividad de los jugadores de fútbol
durante 45 minutos y luego controlaba su capacidad para completar múltiples
sprints sobre una cinta tras tomar una carga de CHO. Los jugadores
profesionales de fútbol corrieron 0.9 km más (16.2 frente a 17.1 km)
durante el test de múltiples sprints, tras la carga de CHO, que cuando
realizaron el test tras consumir una alimentación mixta normal.
Grasas
Las células del tejido adiposo blanco
son los lugares de almacenaje a largo plazo de la grasa y es desde estas células
desde donde se movilizan los ácidos grasos para su uso como combustibles
metabólicos para el metabolismo energético.
La cantidad de AGL absorbida por los músculos
que trabajan es dictada por su concentración en el plasma y por el flujo de
sangre hacia el tejido (Gollnick, 1977). Sin embargo, los AGL no son
necesariamente usados inmediatamente después de haber sido absorbidos por
los músculos activos, porque su oxidación es controlada por la capacidad
oxidativa de los músculos (Gollnick, 1977). La capacidad oxidativa de un músculo
viene dictada por el número de mitocondrias que tiene disponible para usar
los AGL que se le ofrecen. Aquellos AGL que no son oxidados inmediatamente
en las mitocondrias se almacenan como TAG en los músculos. Estas reservas
de TAG aumentan con el entrenamiento y disminuyen durante el ejercicio
prolongado (Jansson y Kaijser, 1987). Mientras que hay una mayor cantidad de
energía producida a partir del metabolismo aeróbico de los AGL que a
partir del metabolismo anaeróbico de una cantidad igual de CHO, el ritmo de
producción es menor a partir de los AGL que a partir del glucógeno
(McGilvery, 1975). La limitación en el metabolismo de las grasas no es su
movilización o transporte ni, durante el ejercicio submáximo, el
suministro de oxígeno, sino el número limitado de mitocondrias de los músculos
esqueléticos disponibles para oxidar este combustible altamente energético
(Gollnick, 1977).
Proteínas
Las proteínas, a diferencia de los CHO
y las grasas, no están diseñadas como combustibles para la producción de
energía porque deben cumplir una función estructural. Hay ocasiones en que
los aminoácidos tienen que ser usados de modo antieconómico. Cuando las
reservas de CHO del cuerpo son bajas, se oxidan aminoácidos en los músculos
esqueléticos como contribución a la resíntesis del ATP.
Las recomendaciones de la OMS son
demasiado bajas para atletas que participan en entrenamientos pesados y
prolongados (Lemon, 1991). Su ingestión diaria debe ser el equivalente de
1.2 - 1.7 g de proteínas por kilogramo de peso. Una de las consecuencias de
comer más carnes, es que puede incrementar la ingesta de grasas. Además,
ingerir menos grasa, tiene la ventaja añadida que nos permite ingerir más
CHO en cada comida.
Vitaminas y Minerales
No existen buenas razones para
recomendar suplementos de vitaminas y minerales a los jugadores de fútbol
que comen una amplia variedad de alimentos en cantidad suficiente para
cubrir sus gastos de energía. Tampoco hay ninguna evidencia que sugiera que
los suplementos de vitaminas (Van de Beek, 1991) y minerales (Clarkson,
1991) mejoren la capacidad para el ejercicio.
Valor Calórico Consumido
Los análisis de los registros
alimentarios proporcionan una buena descripción de las ingestas de energía
de los jugadores, que incluye no sólo información sobre el consumo diario
de macronutrientes, sino también el detalle de ingestas de micronutrientes.
Hay un número escaso de estudios sobre
las ingestas de energía de los jugadores de fútbol. Se hay informado que
la ingesta energética de jugadores de fútbol profesionales de Holanda es
de 3373 kcal/día (Van Erp-Baart y cols., 1989), similares a valores
declarados para jugadores ingleses y americanos. Pero estos valores son
inferiores a las 4952 kcal declaradas para un grupo de jugadores
profesionales suecos (Jacobs y cols., 1990).
Es importante saber cuánto de la
ingesta de energía proviene de snacks, que son consumidos entre comidas. En
un grupo de jugadores jóvenes no aficionados, los snacks suponen el 22% de
sus ingestas dietéticas diarias (L. Pierce y C. Williams, no publicado).
Esta es una estrategia útil para conseguir el equilibrio energético. Al
comer pequeños snacks, con alimentos de alto contenido de CHO, o ingerir
bebidas que contengan CHO a lo largo del día, se puede asegurar que ni la
ingestión de energía ni la capacidad de entrenamiento sufran.
Recuperación
A veces los futbolistas tienen que jugar
hasta 3 partidos en 8 días. En momentos en los cuales el programa es muy
congestionado podrían tener que jugar 2 partidos en 3 días. En tales
casos, es primordial adoptar estrategias que produzcan el máximo de
recuperación entre partidos.
Inmediatamente después del encuentro,
una vuelta a la calma activa acelera los procesos de recuperación. También
deben tomarse en consideración el tipo y el horario en que se toman dichos
CHO como parte de una estrategia nutricional (Coyle, 1991). Una intervención
nutricional apropiada puede ayudar a optimizar el proceso de recuperación
asegurando que las reservas de glucógeno queden restablecidas lo antes
posible.
La reposición más rápida de las
reservas de glucógeno se produce durante las dos primeras horas después
del ejercicio (Piehl, 1974). Durante este período inicial de recuperación,
las membranas de las células musculares parecen ser más permeables a la
glucosa que antes del ejercicio. Por tanto, aprovechar estas condiciones
favorables para la resíntesis del glucógeno es evidentemente importante
para comer alimentos que proporcionen glucosa con rapidez inmediatamente
después del ejercicio (Robergs, 1991). La regeneración puede continuar con
un desayuno rico en CHO al día siguiente. Durante el día siguiente al
partido se deberían ingerir hasta 600 g de CHO. Además, se puede realizar
un entrenamiento suave a intensidades submáximas, que favorecerá la
glucogenogénesis.
Ivy (1991) demostró que sujetos que
bebieron una solución de CHO que proporcionaba el equivalente de 2 g/kg de
peso corporal de CHO inmediatamente después del ejercicio pesado tuvieron
una tasa de resíntesis de glucógeno un 300% mayor que los valores
normales. Sin embargo, cuando la ingestión de CHO posterior al ejercicio se
retrasó 2 horas, la tasa de resíntesis de glucógeno fue un 47% más
lenta. Blom y cols. (1987) descubrieron que la tasa máxima de resíntesis
del glucógeno se produjo cuando sus sujetos consumieron 0.7 g/kg de peso
corporal cada dos horas, durante las 6 primeras horas de recuperación. Por
tanto, la cantidad óptima de CHO necesaria para maximizar la rápida
reposición de las reservas de glucógeno muscular es aproximadamente 1.0
g/kg de peso (Robergs, 1991).
En la mayoría de los estudios de
reposición rápida del glucógeno se han utilizado soluciones de CHO, ya
que los líquidos tienen la ventaja no sólo de aportar glucosa rápidamente,
sino que también ayudan a reemplazar el agua perdida en forma de sudor (2 a
3 litros). Además los líquidos que contienen CHO son con frecuencia más
aceptables que los alimentos sólidos tras el ejercicio.
Incrementar el aporte de CHO es
absolutamente esencial si necesitan haberse recuperado completamente en 24
hs.
Las fibras musculares que experimentan
algún daño como consecuencia de una lesión directa o de una cantidad
excesiva de ejercicio desacostumbrado, o simplemente de un entrenamiento
intenso inusual, no recuperan sus reservas de glucógeno con la rapidez
esperada (Costill y cols., 1990).
Recomendaciones nutricionales para el entrenamiento y la competición
Es importante recordar que la contribución
más efectiva de la nutrición para mejorar el rendimiento no es, como
frecuentemente se cree, la comida anterior al partido, sino un apoyo
nutricional a lo largo del proceso de entrenamiento. Para mantener un
entrenamiento de alta calidad diariamente durante varios días, los
jugadores deben tomar suficientes CHO como para restablecer las reservas de
glucógeno muscular y hepático, y deben beber suficientes líquidos como
para asegurar la rehidratación. Idealmente, los programas de entrenamiento
deben incluir días de entrenamiento ligero, como recuperación activa, tras
días de entrenamiento pesado. Este tipo de preparación permite que los
jugadores se recuperen de lesiones menores y que repongan sus reservas de
CHO sin la innecesaria intrusión en sus hábitos alimentarios normales.
A fin de obtener el máximo provecho del
rápido ritmo de reposición del glucógeno tras el ejercicio, los jugadores
deben beber soluciones que contengan CHO inmediatamente tras su regreso a
los vestuarios e incluso antes de ducharse. Su ingesta de CHO debe ser al
menos de 1 g/kg cada dos 2 horas hasta la siguiente comida. Pueden comerse
pequeños snacks con CHO a lo largo del período de recuperación, ayudando
así a evitar las molestias abdominales que pueden presentarse cuando se
coman grandes comidas.
Además de asegurar una adecuada
disponibilidad de glucógeno muscular y hepático, previo al ejercicio,
mediante el consumo de una alimentación de moderado a alto aporte de CHO,
los jugadores de fútbol probablemente también se podrán beneficiar con la
ingestión de CHO durante el partido (Shephard y Leatt, 1987). Tal práctica
ha demostrado que reduce la utilización neta del glucógeno durante un
partido de fútbol (Leatt y Jacobs, 1989) y fortalece la performance de la
carrera durante los últimos momentos del partido (Kirkendall, 1993).
Pérdidas y Reemplazo de fluidos
Como se dijo anteriormente, las mayores
causas de fatiga durante un ejercicio con duración como en el fútbol (90
minutos) son la depleción de reservas de sustratos, especialmente el glucógeno
muscular, además de los problemas asociados con la termorregulación y el
balance de fluidos.
La reposición de líquidos es
extremadamente importante y por lo tanto hay que desarrollar estrategias
para procurar que los jugadores no se queden tan deshidratados que ello
repercuta en su rendimiento (Ekblom, 1986).
Probablemente la DH tendría un impacto
más inmediato sobre el rendimiento, al jugar o al entrenarse en ambientes cálidos
y húmedos, del que tendría la reducción gradual del glucógeno muscular.
Una DH moderada empeorará la capacidad de esfuerzo e impedirá al jugador
hacer uso de sus mejores habilidades. La DH severa puede ocasionar daños a
la salud, ya que lleva a una hipertermia.
Un adecuado consumo de fluidos antes,
durante y después del ejercicio puede ayudar para evitar los efectos
negativos de la DH. Los requerimientos de fluidos dependerán del nivel de
esfuerzo, las condiciones climáticas ambientales y también de las características
fisiológicas y biomecánicas del jugador.
La DH en el ejercicio es consecuencia de
la necesidad de mantener la temperatura corporal cercana al valor normal de
reposo, es decir alrededor de 37°C. Durante el ejercicio, la tasa de
producción de calor se incrementa por sobre el nivel de reposo, y
consecuentemente incrementa la pérdida de calor. Además las pérdidas de líquidos
por sudoración son más rápidas que la reposición de fluidos.
En un día cálido, cuando la
temperatura ambiente es superior a la temperatura de la piel, el calor también
se lo incorpora desde el medio ambiente, agregando la carga del calor del
cuerpo. A altas temperaturas ambientes, el único mecanismo por el cual se
puede perder calor corporal es por evaporación de agua de la superficie de
la piel. Esto permite que la temperatura corporal se mantenga, pero el
resultado es una DH y una pérdida de electrolitos.
Se reporta que la performance del
esfuerzo se desmejora cuando el individuo pierde tan sólo el 2% de su peso,
y que las pérdidas que exceden el 5% del peso corporal pueden disminuir la
capacidad de trabajo en alrededor del 30% (Saltin y Costill, 1988). También
se acepta que la performance cognitiva (claridad mental), la cual juega un
rol importante en el fútbol, también se desmejora cuando están presentes
la DH y la hipertermia (Gotipanathan y cols., 1988).
Se pueden obtener algunas indicaciones
sobre los requerimientos de fluidos, registrando el peso de cada jugador,
antes y después del entrenamiento y/o competencia.
La disminución en el volumen sanguíneo,
el cual ocurre cuando las pérdidas de sudor son grandes, puede ser un
factor que afecte la capacidad de trabajo: el flujo sanguíneo hacia los músculos
debe mantenerse alto para proveer oxígeno y sustratos, pero también es
necesario un alto flujo sanguíneo hacia la piel para la convección del
calor hacia la superficie corporal.
Aporte de fluidos y CHO
La performance del esfuerzo se ve
mejorada con la provisión de CHO para suplementar las reservas de glucógeno
de los músculos y del hígado, y también por la ingestión de agua para
revertir los efectos de la DH. Las tasas a las cuales los sustratos y el
agua pueden ser provistos durante el ejercicio, son limitadas por las tasas
del vaciamiento gástrico y la absorción intestinal. No está claro cuál
de estos procesos es el limitante, pero es asumido que la tasa de
vaciamiento gástrico determinará las tasas máximas de disponibilidad de
fluido y sustratos (Lamb y Brogowicz, 1983; Murray, 1987). Muchos factores,
incluido el ejercicio, afectan la tasa de vaciamiento gástrico (Reher,
1990). El ejercicio de alta intensidad (arriba del 70-75% del VO2 máx) da
como resultado un retraso del vaciamiento, pero el ejercicio a intensidades
más bajas no tiene ese efecto (Maughan, 1991).
Incrementando el contenido de CHO en las
bebidas se incrementará la tasa de envío de CHO hacia el intestino delgado
pero disminuirá el volumen de vaciado de fluido. Se activa la absorción de
glucosa, la cual es cotransportada con el sodio en el intestino delgado,
estimulando la absorción de agua: por lo tanto, las tasas más altas de
restitución de agua por vía oral, se lograrán con soluciones hipotónicas
de glucosa y sales de sodio (Maughan, 1991).
Las soluciones que contienen altas
concentraciones de glucosa o cualquier otro soluto, estimularán gracias a
su alta osmolalidad, alta secreción de agua dentro del sistema
gastrointestinal, exacerbando la DH.
La depleción de los CHO dará como
resultado fatiga y una reducción en la performance a realizar. Los
disturbios en el balance de fluidos y la regulación de la temperatura
tienen consecuencias serias en la salud por lo que se debe poner énfasis
para que los jugadores observen un adecuado mantenimiento del balance de
fluidos y electrolitos.
No hay estudios que demuestren que la
ingestión de fluidos tenga un efecto adverso sobre la performance. En el
ejercicio prolongado, donde es probable que ocurra una depleción de los
sustratos, o durante esfuerzos en el calor que sean lo suficientemente
prolongados como para ocasionar una DH, no puede haber dudas de que el
deterioro de la performance que ocurre por la DH, se reduce ante la ingestión
regular de bebidas adecuadas con glucosa y electrolitos (Lamb y Brodowicz,
1986; Maughan, 1991).
El consenso general es que la provisión
de agua durante el ejercicio es beneficiosa con respecto a la situación de
"no provisión", pero que la provisión de bebidas que contienen
CHO es más efectiva para el mejoramiento de la performance, analizando una
amplia extensión de situaciones de ejercicio.
Reemplazos de fluidos en la competición
Las oportunidades para el consumo de
bebidas durante el partido son limitadas, y los jugadores deben asegurarse
de que ellos están correctamente hidratados antes del comienzo de juego.
Para lograr esto, deberán consumir bebidas extras en el desayuno y almuerzo
los días de partido: cualquier exceso será eliminado por los riñones
antes del evento. Se debería tomar fluidos adicionales 30 minutos antes del
partido. Para asegurarse de que esto no produzca inconvenientes
gastrointestinales, los jugadores deberían acostumbrarse a beber en el
entrenamiento. Esto permitirá identificar la bebida que más prefiere y los
habituará a la sensación de correr con fluidos en el estómago. También
se deberían tomar bebidas adicionales al final del primer tiempo.
Cuando las condiciones climáticas son cálidas
y húmedas, se deben incrementar el volumen a consumir, y siempre que
hubiese un cese en el juego también se debería tomar fluido adicional.
Reemplazo de Fluidos en el Período de Recuperación
El reemplazo de las pérdidas de agua y
electrolitos en el periodo post ejercicio es de crucial importancia en el
proceso de recuperación. Esto dependerá de la extensión de las pérdidas
incurridas durante el ejercicio. Se verá influenciada por el tiempo
disponible, antes del próximo partido o sesión de entrenamiento. Las
bebidas que contienen CHO, consumidas inmediatamente después del
entrenamiento y/o competición, proveen sustratos para la resíntesis de
glucógeno en el momento mas indicado, y también para la iniciación del
proceso de rehidratación. La ingestión de agua pura en el periodo
posterior al ejercicio dará como resultado una rápida caída en la
concentración de sodio y en la osmolaridad del plasma (Nose y cols.,1988).
Esto reduce el estímulo para beber (sed) y estimula la producción de
orina, lo cual retrasará el proceso de rehidratación.
Las bebidas sabrosas al paladar ayudarán
a alentar un consumo adecuado, las bebidas alcohólicas deberían evitarse
cuando existe la posibilidad de una DH, teniendo en cuenta sus efectos diuréticos.
Si ocurre una DH severa (> 5% del peso corporal), la recuperación de
reservas de agua del cuerpo tal vez no se completen hasta 48 - 72 hs después.
En la mayoría de los casos, el reemplazo de electrolitos ocurrirá a través
del consumo normal de alimentos en las horas siguientes al ejercicio.
Reemplazo de Fluidos en el Entrenamiento
Es necesario el consumo de fluidos
durante el entrenamiento, tanto como en la competición. En el entrenamiento
también pueden ocurrir grandes pérdidas de fluidos.
Existen dos razones por las cuales es
fundamental el consumo de fluidos. La primera es para minimizar los efectos
de la DH y la hipertermia, y por lo tanto, incrementar la efectividad y la
seguridad del entrenamiento; el cuerpo no se adapta a la DH y es fútil y
peligroso intentar que lo haga. Segundo, es importante experimentar en el
entrenamiento con diferentes formas de hidratación, para que el jugador
pueda establecer su modelo de bebida más efectivo, que es el que luego usará
para el juego competitivo, con un proceso de adaptación previa.
Entrenamiento y Competición en el Calor
Los esfuerzos del ritmo de trabajo deben
distribuirse cuidadosamente cuando se juega en condiciones calurosas dado
que la subida de la temperatura corporal y la DH, debida al sudor, afectan
la intensidad del ejercicio. La aclimatación al calor previa a los torneos
y la adecuada hidratación preejercicio y durante el intermedio
probablemente favorecen la idoneidad del grupo de trabajo.
La performance en el calor se ve
mejorada por la aclimatación: al menos se requieren diez días para este
proceso. Una de las mayores adaptaciones para la exposición al calor
elevado es una respuesta de sudor incrementada al ejercicio.
Es fácil observar que la producción de
orina durante ese momento cae a su nivel mínimo. La sed no provee el estímulo
suficiente para incrementar el consumo de fluidos, a un nivel donde este
igualaría las pérdidas incrementadas.
El volumen de fluidos necesario variará
grandemente dependiendo de las condiciones del medio ambiente y variará
también entre los individuos, pero el volumen consumido debería ser
suficiente para asegurar una producción normal de orina.
Se debe recordar que en condiciones cálidas
la entrada en calor se reduce, como así también el énfasis en las
actividades aeróbicas prepartido. Todo esfuerzo que se haga no debería
elevar la temperatura del cuerpo, ni ocurrir grandes pérdidas de sudor
previo al comienzo del partido asegurando el consumo de fluidos extra en ese
período.
También el consumo de fluidos adecuado
entre partidos sucesivos debe estar asegurado ya que la total recuperación
no ocurrirá a menos que las pérdidas de agua y electrolitos sean
reemplazadas.
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