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Ilusiones ópticas
Por Carlos R. Capdevila
Perplejidad es
lo que la mayoría de los millones de aficionados a
la Fórmula
Uno
que hay en el mundo mostraron tras dos hechos destacados y
absolutamente atípicos que se registraron en las últimas
semanas: 1º) El caso de espionaje que involucra a McLaren en
perjuicio de Ferrari; y 2º) El insólito desarrollo del Gran
Premio de Alemania, en el Nürburgring.
Perplejidad es
el calificativo que --como eufemismo-- vino a mi mente al escribir
estas líneas. Debo aclarar –ante todo-- que me he colocado en
el papel del hombre simple, entusiasta, ávido de presenciar las
carreras de Fórmula Uno (in situ o por TV). En otras palabras, el
planteo es el que se hizo y hace el aficionado común y corriente;
el que suma dos más dos y no suele guiarse por especulaciones de
alto vuelo ni conoce desde adentro el know-how del círculo áulico
del automovilismo mundial. Hecha esta muy necesaria acotación,
pasaré a explicarme en términos de diálogo o charla de café:
-
Qué pasó? No castigaron a McLaren por el robo de
los planos del auto nuevo de Ferrari?
-
Parece que no. Dijeron que no se probó que el
material haya sido utilizado por McLaren.
-
Pero si yo leí que un ingeniero de McL tenía en su
casa una carpetita con 700 páginas de detalles técnicos del
nuevo Ferrari.
-
Sí. Eso se comprobó ya que secuestraron todo en la
casa particular del directivo de McLaren-Mercedes-Vodafone.
-
También leí que el ingeniero que robó era un inglés
y que presuntamente se lo habría vendido al otro inglés que es
“capo” en McL.
-
Parece que sí.
-
Tenía todo en su poder y no lo usó?
-
Eso dictaminóa
la FIA.
-
Y cómo lo saben? Puede ser. Pero qué casualidad
no?
-
Por qué decís “casualidad”?
-
Porque los McLaren hace cinco años que no caminan
ni para atrás, que estaban casi desaparecidos de los primeros
puestos, y ahora de golpe aparecen en primer plano absoluto.
Puntean el campeonato de pilotos y el de constructores. No te
parece extraño?
-
Y sí. Qué querés que te diga. Por lo menos es muy
sospechoso, especialmente porque todo lo que denunció Ferrari se
comprobó después.
-
Esto es como si yo no tengo nada para tomar, ni
dinero para comprar, paso por tu casa y después de irme descubrís
que te faltan dos botellas de whisky. Vas a buscarme para ver si
yo me las había llevado y me encontrás en pedo, pero yo niego
todo.
-
Ja ja... sí, es lo mismo, me parece. Te explicás
bien, pero yo estoy todavía más sorprendido con todo lo que pasó
en la carrera de Alemania, la última, la que Alonso le sacó del
buche a Massa sobre la raya.
-
A ver?
-
Lo estaba mirando por televisión y cuando se van
unos cuantos autos afuera en una curva muy jodida que estaba llena
de agua, llega una grúa, engancha el McLaren de Hamilton con el
piloto adentro y lo coloca en la pista. El auto arranca y sigue en
carrera.
-
Tenés razón. Es algo nunca visto en
la Fórmula
Uno.
Es tan claro como el agua que no se puede ayudar a los pilotos a
volver a la carrera si se van afuera. Lo pueden hacer únicamente
por sus propios medios.
-
Lo vio el mundo entero. El auto colgado y luego en
pista otra vez.
-
Y a eso agregale que mientras los autos se
desplazaban detrás del pace car o auto de seguridad, se le
permitió a Hamilton recuperar una vuelta perdida en el despiste y
adelantarse hasta al mismísimo pace car.
-
Jo jo. Está bien que el inglesito sea una figura
estelar y un conductor extraordinario, pero hacer semejante cosa
es por lo menos insólito.
-
Esdo no sería nada. Decime, vos que sabés mucho de
automovilismo, qué significa la bandera roja?
-
Detención de la carrera.
-
Exactamente. Y si se detiene la carrera –ojo, que
no es lo mismo que neutralizarla— qué se hace después?
-
Se vuelve a largar como si fuera otra carrera u otro
tramo de la misma carrera, pero el resultado final surge de la
suma de tiempo de ambas competencias.
-
Entonces, además de beneficiar asquerosamente a
Hamilton lo jodieron feo a Winkelhock, porque cuando se paró la
carrera, el alemancito debutante tenía 30 segundos de ventaja
sobre el segundo.
-
Y si querés, para agregarle la frutilla del postre
a las anomalías que se sucedieron en el GP de Alemania, fijate lo
de Alonso en los pits.
-
A qué te referís?
-
Cuando tenía prioridad Fisichella en la calle de
reabastecimiento, salió Alonso muy a lo bestia y le cerró la
linea de marcha al italiano, pero nadie lo sancionó.
-
Tenés razón. No habría ningún comisario
deportivo, ninguna autoridad, ningún control. A lo mejor se habían
ido todos por la lluvia.
-
Y no sé si te fijaste el otro disparate cuando
Massa estaba por sacarle una vuelta a Hamilton.
-
No me acuerdo o no lo ví. Qué pasó?
-
Hamilton venía como loco tratando de recuperar
cuando los banderilleros le mostraron banderas azules... pero el
brasileño venía como
200 metros
atrás. Es decir que el inglés no lo taponaba para nada. De todos
modos, obediente, Hamilton desaceleró y lo dejó pasar.
-
Pará, pará un poco. No te des tanta manija.
Acordate que estamos hablando de la entidad rectora del
automovilismo más rutilante del mundo,
la Fórmula
Uno.
Es la que tienen como modelo todas las restantes categorías en
todos los países. Es el ejemplo.
-
Me pregunto... No habrá sido una ilusión óptica?
-
Seguro. Tenés razón, pero me parece que fueron
demasiadas ilusiones ópticas.
Febbre rossa
Por Carlos R. Capdevila

Por muy diversas razones, no pude ver por televisión el Gran Premio de Australia de Fórmula Uno con que se inició el campeonato mundial de conductores y constructores de Fórmula Uno 2007, pero --en compensación-- tuve el privilegio de vivir una experiencia digna de mención y comentario. Precisamente, lo que estoy haciendo en este momento para El Potrero. Paso a explicarme:
Me encontraba en Italia (país en el que la televisación del GP de Australia se realizaba en directo a las 4 de la madrugada), más precisamente en la increíblemente bella región de la Toscana. Y pese al interés que despertaba la apertura del calendario, ese domingo había decidido partir a primera hora para hacer en automóvil la conocida como Ruta del Chianti, una experiencia notablemente placentera que consiste en recorrer por caminos secundarios --entre valles, viñedos y suaves montañas-- distintos pueblitos con particulares características y un denominador común: la elaboración de uno de los mejores vinos del mundo. En consecuencia, "pasé de largo" la carrera para recuperar fuerzas durmiendo, contra toda la tradición en mi ya larga vida puesto que desde que comenzaron a transmitirse esas carreras, he sido un fiel televidente.
Tal como sucede también en ocasiones en la Argentina, el incómodo horario impedía que los diarios del domingo insertaran la información respectiva. Así, entonces, y como era de rigor, ni bien puse el automóvil en marcha sintonicé una radio local para ver si me enteraba del resultado del GP en algún informativo deportivo o algo parecido. Ni bien partí de Florencia esa mañana y hasta ya entrada la tarde, al llegar a Siena tras haber atravesado lugares casi mágicos, los locutores apenas se daban descansos de cinco o diez minutos --como máximo-- para habler de otros temas que no se vincularan con la Fórmula Uno.
Kimmi Raikkonen fue la frase escuchada mil doscientas veces. Felipe Massa, mil. Ferrari, dos mil. Se oían informativos, algunos temas musicales y nuevamente a hablar del grandioso triunfo de la Ferrari en Australia. Así --durante todo el día-- escuché hablar del "retorno" de la Casa de Maranello; de que desde Juan Manuel Fangio en la Argentina, hace más de 50 años, no se había producido un debut ferrarista con un triunfo como el del parco pero eximio finlandés. Terminados los elogios a la ya gran figura del Cavallino Rampante, llegó el turno de Felipinho y su gran remontada. El brasileño mereció todas las consideraciones y aún la admisibilidad de que nadie creía antes del GP de Australia que Kimmi sería la estrella. Las apuestas estaban a favor abrumadoramente de quien hace este año su segunda temporada, tras haber secundado en 2006 nada menos que a Michael Schumacher.
La "febbre rossa" era tal que para justificar la reiteración del triunfo de Ferrari en la noticia, se llegó hasta la figura de Alberto Ascari, el último campeón del mundo de nacionalidad italiana (contemporáneo de Fangio). El fervor popular en las calles era consecuente con el de las radios. En cada pueblo en que detenía la marcha, el comentario obligado era la victoria de Ferrari. Y mientras escuchaba extasiado, no pude menos que recordar la sentencia popular que sostiene que los argentinos somos hijos dilectos de los italianos. Igualmente fanáticos para todo, en especial para el "calcio" (fútbol) y las "gare" (carreras de autos).
Ni aún siendo un veterano periodista. como es mi caso, podía dejar de sorprenderme tanta efusividad. Confieso que jamás había escuchado que una emisora radial estuviese todo el día analizando un triunfo, agregándole notas de color, condimentándolo con historias personales y biografías entre las que desfilaron Gilles Villeneuve, Lorenzo Bandini, Mike Hawthorn, Jackie Icx, Nikki Lauda, Clay Regazzoni, Carlos Reutemann y otros calificados conductores que ocuparon cockpits en la marca italianísima. Ni aún en las dos ocasiones en que el seleccionado de fútbol de la Argentina se clasificó campeón mundial, escuché en radios un entusiasmo semejante. No quiero pensar lo que debe suceder cuando Ferrari gana el campeonato del mundo!
Como atenuante, se me ocurre pensar que estábamos a alrededor de 100 kilómetros de distancia de Maranello, es decir casi en el epicentro del fenómeno ferrarista.
A esta altura ya había comenzado a disfrutar por anticipado de los calificativos y títulos ingeniosos con que los matutinos informarían sobre la apertura del campeonato mundial de Fórmula Uno. Y no estuve muy errado. El grueso de la información fue la mención al notable "hat trick" de Raikkonen (pole position, récord de vuelta y victoria final); en un segundo plano --no menos destacado-- se sucedieron las alabanzas a Felipe Massa por haber protagonizado una remontada espectacular. Lectura directa: este año las Ferrari "matan".
Luego apareció la esperada peccata minuta del Gran Prix. Nadie lo dijo pero había una mesurada expectativa favorable en Italia. Se esperaba una buena performance pero no una demostración tan aplastante. El fantasma de Fernando Alonso sobrevolaba y aunque era vox pópuli la poca fiabilidad de los McLaren Mercedes, se temía que las cosas cambiaran este año (como efectivamente sucedió, aunque no alcanzara).
Por supuesto que sin decirlo abiertamente, la ironía circuló por las redacciones al mencionar que el sorprendente Lewis Hamilton "había sido superado" por su compañero de escuadra, el bicampeón Fernando Alonso. Pero no hubo mucho más ese lunes porque la prestación de los Renault (en manos de Fisichella y Kovalainen) dejó mucho que desear. Si se ahondaba en el tema, la deducción sería muy simple: el asturiano tiene cinco kilòmetros más de velocidad en cada mano.
Y quedaba el otro fantasma por ahuyentar: la figura del más grande todos los tiempos hasta ahora: Michael Schumacher. Después de Australia, Ferrari e Italia respiraron aliviados. Hubo fumata bianca y todo indica que hay un sucesor cabal, digno y meritorio: Kimmi Raikkonen, sin dejar de tener en cuenta a Felipinho.
Para finalizar este comentario desde Italia, tengo que decir que es posible que hasta le cambien la cara, el carácter y las reacciones a Kimmi. En el podio se lo vio contento pero hasta ahí nomás. Aún con su parquedad habitual se mostró feliz. Pero dicen las malas lenguas que transcurridos los dos primeros días de su inobjetable victoria, al ver la euforia generalizada y la trascendencia de su tarea, comenzó a ver de cerca de qué se trata la "febbre rossa". Y más todavía, aseguran que muy para sus adentros se preguntó: mamma mia, donde me metí?
Fórmula
Uno Internacional
Fin
de fiesta con el sello de
Flavio Briatore
La Fórmula Uno
Internacional terminó otra temporada dentro del mismo marco
multiestelar que la ha caracterizado en los últimos años,
especialmente con la mira puesta en nuevos mercados emergentes que
puedan proveer cada vez más dólares (mejor euros, por favor),
aunque sin descuidar la competición propiamente dicha. El rumbo
parece ser el adecuado porque –dejando de lado la pecatta
minuta-- los resultados han sido óptimos y cada uno de los
flamantes escenarios que ingresan al tour agregan excelencia por
donde se los mire.
En
estos días, además, están comenzando a confirmarse los
integrantes de cada escudería y mientras en una punta giran
cifras tan elevadas que cuesta entender cómo funciona el sistema,
en la otra se advierte la desazón de quienes quieren ingresar y
no logran hacerlo porque no cuentan con sponsors muy solventes,
aunque condiciones les sobren. Los cambios de equipo de los top
drivers, por otra parte, aportan la cuota de curiosidad y de
renovado interés por comprobar el funcionamiento en pista del
nuevo diagrama.
Qué hará
Fernando Alonso en el cockpit del alicaído McLaren-Mercedes Benz?
Logrará Kimi Raikkonen reemplazar con el paso del tiempo al
carismático Michael Schumacher en el corazón de los tifossi?
Obedecerán rigurosamente los segundos pilotos el orden de
prioridad de cada team? Será finalmente 2007 el año de los
coches y motores japoneses? Se producirá el esperado y casi
necesario resurgimiento de BMW? Cómo será la participación de
un joven talentoso de raza negra en la Fórmula Uno?
La cuestión es
que siempre hay motivos de interés, razones para entusiasmar a
los aficionados a la máxima categoría del automovilismo mundial
y temas para discutir en las mesas de café, frente a las
pantallas de los televisores o en cualquier otro lugar.
Pero hoy quiero
referirme a un personaje a quien no parecen las crónicas periodísticas
darle el crédito que merece su casi silenciosa labor: Flavio
Briatore.
Lo tengo muy
presente porque cuando la casa Benetton decidió lanzarse a la
temeraria aventura de participar en la Fórmula Uno, eligió a
este ejecutivo que se había destacado en el directorio de la
empresa pero no registraba antecedentes en un ambiente tan
competitivo, voraz y exigente. Sin mostrar la menor vacilación,
se sumergió en los pits y en la compleja tarea de coordinar el
funcionamiento de un equipo, mientras “los que sabíamos
mucho” nos preguntábamos con equivocada solvencia: Y éste, qué
se cree?
Eligió para
equipar sus autos los entonces todavía temibles motores Ford
Cosworth y pasó luego a las unidades motrices Renault en 1995. En
esos tiempos escogió a un joven talentoso llamado Michael
Schumacher para conducir sus coloridos y juveniles autos, con los
resultados que ya todos conocemos (dos títulos mundiales
consecutivos) pero que a muchos sorprendieron. Es que a poco de
asumir como “capo-squadra”, Flavio Briatore se destacó como
uno de los más cerebrales e inteligentes.
Nadie puede
negar a esta altura de la historia que el alemancito que llevó al
team Benetton era un superdotado, pero pocos recuerdan hoy que
mucho tuvo que ver el italiano de Benetton en el rápido ascenso
del heptacampeón mundial.
Once años
después, la historia se repite casi en idénticos términos
aunque cambiando el protagonista: Fernando Alonso, joven asturiano
exitoso en España y figura descollante en las categorías que lo
contaron como participante desde el karting (igual que
Schumacher), bajo la tutela de Flavio Briatore (igual que
Schumacher) logró dos campeonatos mundiales seguidos de Fórmula
Uno (igual que Schumacher) y luego partió hacia horizontes más
atractivos para cualquier conductor (igual que Schumacher).
La diferencia
está en que eligieron equipos distintos, pero Alonso fue a un
team que viene padeciendo desde hace algún tiempo la falta de
competitividad y de resultados (igual que Schumacher cuando tomó
el desafío de ir a la entonces desorientada Ferrari).
Un aspecto
formal o tal vez de perfiles éticos divide la actitud de uno y
otro. Schumacher pasó a la casa de Maranello en términos
“normales”, en tiempo y forma; en cambio Alonso anunció su
pase apenas logrado su primer título mundial, lo que produjo una
situación innecesariamente incómoda para todos. De todas maneras
–es justo reconocerlo— bajo tales circunstancias igualmente
logró el nuevo campeonato.
¿Estamos ante
otro Michael Schumacher? ¿Además de ser un conductor
excepcional, tendrá Alonso la capacidad de mejorar un auto indócil
y de resultados desalentadores en los últimos tiempos, tal como
lo hizo Schumacher al pasar a Ferrari?
Seguramente
hay más preguntas flotando en el ambiente; seguramente el interés
crecerá antes de la primera carrera de 2007; seguramente se dará
adecuado colorido a las distintas historias para que la ansiedad
de los aficionados vaya in crescendo, tal como lo sabe hacer tan
bien la categoría; seguramente, los que disfrutamos de este
automovilismo tan especial, viviremos una temporada distinta, con
sus características propias, pero no menos apasionante.
Saber ganar, saber perder
Sucedió
lo que pocos creían que podía suceder. El motor Renault explotó,
literalmente, y Fernando Alonso quedó a un costado de la pista de
Monza. Habíamos hablado en esta misma columna de la encomiable
durabilidad de los impulsores R26 de la marca francesa porque
realmente dejaron una imagen notable, implacable, pocas veces
emulada. El paseo triunfal del 2005 parecía repetirse en este año.
Para colmo, el adversario, Michael Schumacher, había padecido
deserciones o retrasos por distintos motivos, además de
protagonizar una controvertida maniobra en Montecarlo,
circunstancia que derivó en una penalización muy fuerte (al
final de la grilla), además de ácida crítica de casi todos sus
rivales (el que esté libre de culpa…).
Pero volvamos a Monza. El siete
veces campeón del mundo volvió al triunfo mientras Fernando
Alonso desertaba, no sin antes demostrar nuevamente sus
habilidades excepcionales: pese a la leve inferioridad mecánica
que mostró, desde atrás fue avanzando con sagacidad y astucia y
adecuadamente apoyado desde los pits, para encaramarse al tercer
lugar que ocupaba cuando quedó inesperadamente fuera de carrera.
Hasta aquí estaba todo para la
crónica de alabanzas. Pero el diablo metió la cola y se
sucedieron las declaraciones fuera de tono, fuera de lugar y fuera
de lo que aconseja el fair play. Y esta crítica que hoy remarco
se fundamenta muy especialmente en actitudes pasadas porque
quienes hoy se rasgan las vestiduras, en tiempos más felices
también adolecieron de falta de mesura, exceso de soberbia y
aprobación absoluta a medidas que hoy rechazan de plano.
El asturiano hizo declaraciones
que rápidamente recogieron y magnificaron los periodistas españoles,
elevando a Fernando Alonso a la categoría casi de mártir y
blanco de las maldades de la FIA, de Ferrari, de Bridgestone, de
los comisarios deportivos, de los espectadores, de los
“tifosi” y de todo cuanto se les cruzó por delante para
tratar de justificar lo injustificable. O tal vez correspondería
decir de lo normal.
El actual campeón fue sancionado
por molestar en la pista al otro piloto de Maranello, Felipe
Massa. Lo recargaron con unos cuantos puestos en la grilla de
partida. Según el irascible español castigado se trató de una
confabulación, de una conspiración destinada a encumbrar a su
rival. Su falta de tino contrastó con las excusas y culpabilidad
asumida por Schumacher cuando en Monza fue arrancado de la pole
para pasar a la ultima posición de largada, también por una
falta en pista.
Las acusaciones se extendieron
también a la proveedora de neumáticos de Ferrari, Bridgestone,
empleando subterfugios que seguramente no cree seriamente ni la
propia familia de Alonso. Curiosamente,
el asturiano olvidó que en el Gran Premio de Hungría que ganó
en 2004 en una demostración sospechosamente aplastante, se
determinó luego que las gomas que utilizó eran de una anchura
mayor a la permitida. Una vez que volvió a calzar neumáticos
reglamentarios, retornó al segundo pelotón, por cierto.
Fernando Alonso tiene la
particularidad de ensuciar él mismo, sin ayuda, los méritos que
ciertamente posee como conductor. Puede ser que su juventud
(aunque no es tanta) le haga cometer el pecado de soberbia y muy
nociva resulta la actitud de la corte de periodistas españoles
que hacen suyas tan desafortunadas declaraciones.
Entre quienes llevamos muchos años
en este metier (en mi caso 45) crece la sospecha de que los
colegas de la península ibérica, no todos, claro está, cometen
el pecado de “desconocimiento” porque asomaron a la Fórmula
Uno recién hace un par de años. Poco o nada saben de un tal
Marqués de Portago y bien escasa ha sido la cobertura que han
realizado de la carrera del excelente y estoico Pedro de la Rosa.
Tuvo su momento Carlos Sainz, en WRC, aunque reconozco que donde
hacen un muy trabajo es en motociclismo. Pero, por favor les pido,
no se cuelguen de las declaraciones de un impetuoso joven que
parece haber sido arrancado verde de la planta. El campeonato del
mundo bien logrado, por momentos brilla y por momentos se opaca
gracias al mismo protagonista y al eco que producen sus
manifestaciones extemporáneas.
Como argentino, siento que me
asiste todo el derecho a censurar a este talentoso pero bravucón
porque me toca muy de cerca la figura del quíntuple campeón
mundial, Juan Manuel Fangio, quien invariablemente midió sus
palabras. Nunca acusó a sus colegas, nunca se creyó un
superdotado (pese a haberlo sido incuestionablemente), nunca dejó
de esgrimir la modestia auténtica como la mejor arma contra la
envidia, las habladurías y las declaraciones destempladas al
estilo de Alonso. Su figura se agiganta, precisamente, cuando se
empequeñecen las de algunos de los que aspiran a alcanzar su
misma estatura.
"Historias de superdotados y de fanáticos"
Por
Carlos R. Capdevila
La carrera
disputada el 30 de julio de 2006 en Hockenheim me provocó dos
reflexiones profundas, aunque diferentes. La primera --en la
pista-- fue la contundente confirmación de que Michael Schumacher
y Fernando Alonso están separados por una generación (12 años
exactamente) pero unidos por esa poco común condición de
superdotados que ambos poseen. La segunda --en las tribunas-- el
fanatismo de los alemanes por el heptacampeón del mundo, por
sobre cualquier otra consideración de patriotismo en cuanto a la
marca de automóvil, circunstancia que comprobé personalmente
hace siete años en Frankfurt y recordé al advertir el
desenfrenado entusiasmo de los aficionados alemanes tras el
triunfo de su ídolo.
Acerca del
piloto de Ferrari, poco puede agregarse ya que remontó un año
2005 muy malo para la casa de Maranello. No se amilanó, luchó en
los circuitos y también junto a los responsables técnicos del
auto para superar la frustración de un trance adverso. Advirtió
que en Renault se había producido la misma conjunción que el
mismo Schumacher disfrutó en su momento (auto-hombre) y logró
sobreponerse, pelear de igual a igual y aún volver a lograr la
hegemonía que hoy disfruta.
El mérito se
magnifica porque está luchando contra el rival más enconado que
le tocó enfrentar, más aún que las temibles flechas de plata de
Mika Hakkinen y David Coulthard. También porque es un rey
consagrado y en su condición es más que difícil aceptar las
reglas de juego desde un plano secundario y remar con fuerza e
inteligencia para revertir la situación.
Fernando
Alonso, por su parte, está demostrando que tiene las mismas
singulares dotes conductivas e inteligencia que Schumacher. Es
cierto que se apoya en un elemento mecánico excepcional ya que su
motor no defeccionó en ninguna de las carreras disputadas en este
año 2006, pero el asturiano pone mucho de su parte para que los
resultados sean los que lo mantienen al tope del campeonato
mundial de conductores. Lo hace si es el más rápido y también
si –como en Hockenheim— le cabe conducir con desesperación,
lejos de la vanguardia y perdiendo un segundo por vuelta.
Aprovecha todo
lo bueno y se defiende como un león herido si las circunstancias
están lejos de ser las ideales.
Este domingo de
Hockenheim, aunque suene peyorativo para el resto de los pilotos,
volvió a quedar claramente expuesto que Schumacher y Alonso son
dos fuera de serie que, además, van a trascender en el tiempo. No
me quedan dudas, pese a que la experiencia que acumula en su
carrera el alemán puede ser el granito de arena que incline a su
favor el fiel de la balanza, si hilamos muy fino.
Los
alemanes y Schumacher
Corría mayo de
1999 y culminábamos con mi esposa un lindo viaje que nos había
llevado a Viena, Budapest, Praga, Dresde y Berlín, entre otros
lugares. Una mañana de domingo paseábamos distraídamente por
Frankfurt, haciendo tiempo para tomar un vuelo a París por la
tarde, cuando sorpresivamente, en pleno centro comercial de la
ciudad, nos encontramos con un amplio espacio cerrado magníficamente
decorado por el entonces patrocinante del equipo McLaren-Mercedes
Benz.
Hermosas señoritas
atendían el local en el que se destacaban pantallas gigantes,
souvenirs, equipos de competición del color negro y plateado y se
respiraba un entorno inequívocamente de Fórmula Uno. Y si bien
los tiempos de vacaciones alejan al ser humano de sus hábitos y
costumbres, el hallazgo fue más fuerte para un fanático de la Fórmula
Uno y allí recalamos muy contentos.
Llegamos
minutos antes de que se iniciara la carrera de Mónaco de ese año
y para un argentino, compulsivamente patriotero en casi todos los
deportes, la imagen que caía de madura era la de estar en el ámbito
propicio para los fanáticos de la estrella de Stutgart. Nos sentíamos
casi como en el núcleo de los fanáticos de Mercedes Benz.
Tras tomar
ubicación, demandar bebidas y cruzar algunos comentarios, mi
esposa y yo quedamos estupefactos cuando al aparecer Michael
Schumacher en pantalla, sentándose en el cockpit del Ferrari
rojo, los asistentes al local estallaron en gritos y aplausos.
Casi como cualquier barrabrava de estas latitudes, y sin
considerar en absoluto que estaban sentaditos en terrenos del
adversario.
Avanzada la
carrera, como en cualquier lugar del mundo, se iniciaron los
comentarios. Esas inefables expresiones en las que cada uno aporta
su óptica sobre un acontecimiento con lo que la creencia
generalizada es que así “nos enriquecemos” (¿?). De esta
manera comprobé que “toda Alemania” es fanática de
Schumacher.
Nadie tiene en
cuenta las marcas Mercedes Benz y BMW. La sangre puede más y no
importa lo que pueda ocurrir dentro de los equipos de las dos
tradicionales marcas, porque comprobé que Michael Schumacher y
Ferrari son leyenda viviente, indiscutida y nada cambiará ese
estado de cosas.
Quedamos
sorprendidos, realmente, y la conmoción continuó cuando al
regresar el hotel para retirar el equipaje, una algarabía
contrastante con la habitual calma reinaba en el bar del moderno
establecimiento. Los fanáticos alemanes estaban celebrando el
triunfo que Schumacher había enhebrado en el Principado, en
Montecarlo.
Los estudiosos
de la historia, independientemente del devenir, sostienen que son
pocos los elegidos que logran conmover a sus semejantes y
consiguen atraer millones de seguidores en su país y en el mundo
(algo mucho más difícil aún). La polarización se acentúa
cuando el personaje en cuestión aparece en solitario en el
firmamento, sin nadie que amenace con hacerle sombra.
Y aquí se unen
las dos reflexiones de hoy, porque Fernando Alonso parece ser otro
de esos iluminados. Y sin embargo, con alguien capacitado para
desplazarlo, Michael Schumacher sigue brillando con intensidad.
Seguramente
se avecinan tiempos para alquilar balcones en la Fórmula Uno
Internacional. Asistimos a circunstancias excepcionales y eso debe
hacernos sentir como privilegiados a los amantes de la Fórmula
Uno. No se dude.
"El Caso Schumacher y el Caso Dreyfus"
Por
Carlos R. Capdevila
Dejé pasar
unos días antes de escribir este comentario acerca de la carrera
que la Fórmula Uno Internacional disputó el domingo 28 de mayo
en el siempre conflictivo circuito callejero del Principado de Mónaco,
más conocida como Gran Prix de Montecarlo, otrora “propiedad”
de Sir Graham Hill, luego de Ayrton Senna da Silva, múltiples
ganadores de tal desafío.
Como introducción,
creo que todos van a coincidir en que hasta esa competencia la
paridad entre Michael Schumacher y Fernando Alonso --dos grandes
de verdad-- venía transformándose en un duelo algo tedioso ya
que tanto el alemán como el español nos fueron acostumbrando a
no equivocarse casi nunca. Más aún, cualquier aficionado pudo
ver que las últimas carreras se definieron en los pits, tanto sea
por la cantidad de paradas planificadas, por la celeridad en la
recarga de combustible y de neumáticos, o por la cantidad de
giros de más que podía dar cada uno con el tanque casi vacío
para aventajar al rival detenido para repostar.
Hasta entonces,
cualquier futurólogo de la Fórmula Uno podía pensar que el
heptacampeón iría lentamente descontando puntos en cada carrera
hasta igualar al muy esmerado titular de la corona 2005, con lo
que se llegaría a un final de temporada intensamente disputado.
Párrafo aparte
debo hacer aquí para rendir un justo homenaje a la robustez,
velocidad y confiabilidad de los motores Renault. Que Alonso es un
superdotado, nadie lo duda, pero que a todo superdotado debe
acompañarlo un superauto es otra verdad de perogrullo. Los
impulsores de la marca francesa no defeccionaron nunca en el auto
del asturiano en lo que ha transcurrido de 2006, mientras que en
alguna ocasión los Ferrari dejaron a pie al alemán.
Así las cosas,
los aficionados a la Fórmula Uno Internacional nos aprestábamos
a disfrutar en Mónaco de otro duelo similar a los ya mencionados,
aunque con las especiales características del trazado callejero.
Pero no. Algo ocurrió imprevistamente cuando faltaba apenas un
minuto para culminar las pruebas clasificatorias que lideraba
Michael Schumacher. El auto rojo pareció pasarse en una frenada y
se detuvo de frente casi al guard-rail, circunstancia que lógicamente
impidió la “vuelta rápida” final a sus rivales.
Asombro, dudas,
estimaciones, explicaciones en voz alta o mentales, análisis
apresurados de la situación y todo lo que surge de situaciones
sorpresivas como la que se registró el sábado clasificatorio.
Poco después
una sanción extrema contra el piloto de Ferrari: de la “pole
position” a un “pit starting”. Los comentarios ácidos de la
mayoría de los pilotos adversarios de Schumacher, las
especulaciones de la prensa y las opiniones condenatorias
surgieron como hongos después de la lluvia, a caballo de la
decisión de los tres comisarios deportivos (uno de ellos español).
El alemán fue
lapidado y no hubo contemplaciones. Todos –ya se sabe— hacen
leña del árbol caído. Salieron a luz “las malas maniobras”
a lo largo de su exitosa y dilatada campaña, como si a él jamás
le hubiesen jugado una carta con trampa. Y no lo defiendo. Que
tuvo faltas y “calenturas” en pista, las tuvo. Como todos.
Pero, quien esté libre de culpa…
Así que
pretendo –al menos— exponer alguna postura que no leí en ningún
medio especializado ni escuché de boca alguna, más allá de las
defensas hechas públicas por Max Mosley y Jean Todt.
Si la mala
maniobra fue premeditada, como dicen los que le restaron toda
posibilidad y lo condenaron sin piedad, yo me planteo las
siguientes inquietudes:
1.- Qué le
hubiese ocurrido a Schumacher si alguno de los autos que venía
detrás lo chocaba? Quién hubiese perdido más?
2.- Qué
diferencia para Schumacher hubiese habido largando antes o después
de Alonso? Sabido es que la competencia se iba a definir en los
pits, en la planificación de paradas, en la cantidad de
combustible y en la cuestión de mantenerse en la pista cerca de
su rival. Ni más ni menos. Para qué arriesgar tanto, entonces?
3.- Puede un
supercampeón como Schumacher desconocer a priori el daño casi
irreversible que le ocasionaría a su imagen una superchería como
la que según sus detractores cometió adrede?
No seré tan
necio como para afirmar rotundamente que el alemán no actuó con
temeraria picardía. Todo puede ser, ya se sabe. Simplemente
afirmo que me resisto a creerlo. No será la primera vez en la
historia (de cualquier deporte o disciplina) en que todos los
indicios acusan y apuntan a un culpable que es sentenciado a la
horca sin piedad, para luego descubrirse (por casualidad,
generalmente) que el imputado y condenado era inocente. Si aún
estuviese con vida, el militar francés Alfred Dreyfus daría
sobrada fe de lo que aquí sostengo.
Las preguntas
que acabo de formular son sólo algunas de las que me vienen a la
mente tras analizar el cuadro de situación.
El planteo que
me hago es consecuencia –viene al caso comentarlo— del sabio
consejo de un veterano periodista vasco (uno de mis maestros),
quien decía: “si tienes tiempo y no estás urgido por la
entrega inmediata de lo que has redactado, espera, déjalo
enfriar, vuelve a leerlo, corrige y recién entonces despáchalo”.
He tratado de
seguir ese consejo cuando las circunstancias lo han permitido y
casi invariablemente encontré luego razones para modificar lo que
había escrito en caliente y sin tiempo casi para una ética y
esmerada corrección del texto. Eso ocurre en la tarea periodística
y también en la vida.
La reflexión
viene al caso porque advertí que todo el mundo, casi, se abalanzó
como una jauría hambrienta sobre Schumacher, sin reflexionar ni
admitir alguna otra posibilidad, aunque resultare remota. Algo
parecido ocurrió cuando Fernando Alonso, a poco de haber logrado
el campeonato mundial de conductores del año anterior, firmó
contrato con McLaren-Mercedes Benz para el 2007. Tras las salvajes
críticas de rigor, cuando el polvo se disipó, surgieron algunos
indicios que permitieron suponer que hubo justificativos de sobra
para que el español adoptara esa --en apariencia-- antipática
decisión.
Dicho en otras
palabras: no nos apresuremos tanto en juzgar y menos aún en
lapidar. El Caso Schumacher no será el legendario Caso Dreyfus,
pero por las dudas…
"Cuestiones entre
famosos"
Por
Carlos R. Capdevila

A
partir del momento en que la troupe de Fórmula Uno salió del
Viejo Mundo (me refiero a las actuales condiciones y con un
campeonato más amplio), siempre se dijo que cuando los autos se
midieran en circuitos europeos comenzaba realmente el torneo.
No
recuerdo exactamente cuantos años han pasado, tal vez veinte o
treinta, de aquella época en que se iniciaba el certamen de
conductores en la Argentina y luego pasaba a Brasil. Eran las dos
competencias que abrían el año. Tengo grabadas con nitidez las
imágenes de los Ligier-Cosworth arrasando en Buenos Aires y San
Pablo, para luego desaparecer de los primeros lugares de
clasificación al comenzar a competir en su propio continente.
No
hablo, obviamente, de los tiempos heroicos en que se embarcaban
(literalmente, porque no las transportaban en aviones) las
Alfettas, Ferraris, Simca-Gordini y algunas otras marcas que
escapan a mi memoria, para correr en Buenos Aires en cuasi
improvisados circuitos callejeros. Eran las preliminares de lo que
en 1950 se denominaría Campeonato Mundial de Conductores.
Y
la idea de que nada queda establecido hasta que no se corre en
pistas europeas mantuvo su tradición, al menos en las
estimaciones, aunque no siempre los hechos ratificaron la leyenda.
Tal vez por aquello de que siempre es bueno tener a mano un
recurso que calme los ánimos y redoble las esperanzas,
frecuentemente se ha escuchado en boca de diversos pilotos, jefes
de equipos y aún de periodistas especializados que “el
campeonato comienza en Europa”. Pero yo no lo sé, realmente.
Lo
que –en cambio-- me queda muy claro es que la difusión de los
avatares de la exquisita categoría recrudecen y se multiplican al
llegar a ese punto liminar: correr en el Viejo Mundo, casi diríamos
“en casa”. Cualquiera pudo leer las columnas deportivas de los
días previos al aterrizaje en el Grand Prix de San Marino para
comprobar lo que aquí afirmo.
Atrás
quedaron los escenarios asiáticos y las especulaciones ciertas y
las otras, las erróneas, porque recién entonces llega la verdad.
En Europa se sabe quién es quién. Así se cargaron de color las
páginas que hablan otra vez de pases de pilotos famosos entre
escuderías famosas, todo ello sazonado por las declaraciones de
“caposquadras” famosos y patrocinantes famosos de marcas de
automóviles famosas.
Y
muchos me han acompañado en estas reflexiones: Los nombres de los
cambios de equipo se tiran sobre la mesa simplemente para calentar
el ambiente? O es que había algún acuerdo “non sancto” entre
los que dirigen (en distintos niveles) la categoría para crear
mayor expectativa que la habitual?
En
este panorama de noticias cada vez más retumbantes (que
Schumacher pasaría a Renault, por ejemplo, en lugar de ir a
Toyota y en lugar de quedarse quietito en Ferrari, o que otra
estrella de los circuitos vestiría buzo rojo en 2007), es
inevitable hacer comentarios, elucubraciones, planteos. Total, es
todo gratis, y de la fantasía y la ficción ya se sabe que en
ocasiones se nutren historias verdaderas.
Prudente
apareció, en cambio, el joven último campeón mundial, Fernando
Alonso, al bajar el tono de sus generalmente desproporcionadas
declaraciones. Dijo que ganarle nada menos que a Michael
Schumacher era más que un halago un honor, por tratarse de quien
se trataba. Por fortuna parecen haber quedado atrás las
altisonantes y pedantes afirmaciones del año pasado.
Qué
notable! Pese a que cuando escuchamos que Schumacher pasaría a
Renault muchos esbozamos una sonrisa de incredulidad,
inevitablemente surgieron especulaciones que apuntaron a
fundamentar o dar crédito a esa alternativa. Un conspicuo amigo,
conocedor del ambiente automovilístico, copó la parada (como se
dice comúnmente en la Argentina) y suscribió la versión.
Cómo
la fundamentó? Más o menos así: “Flavio Briatore se quedó
con la sangre en el ojo con la inopinada decisión del campeón y
piloto Renault, Fernando Alonso, de irse a Mercedes Benz en 2007
y, como si esto fuera poco, anunciarlo aún antes del comienzo de
la temporada 2006.
“Y
ahora a quién siento en estos autitos tan rendidores y ganadores
que tenemos? Se habrá preguntado. Al mejor de todos, para joderlo
a Alonso, se habrá contestado. Y la ecuación cierra bastante
bien porque viene al caso recordar que Michael Schumacher fue
bicampeón cuando don Flavio regenteaba el team Beneton, con motor
Ford Cosworth en una ocasión y con mecánica Renault en la otra
(al año siguiente)”.
Vuelvo
a la “temporada europea” y si bien
todos esperan que se reiteren los duelos
Renault.Frrari-Mercedes, me permito poner una fichas a los autos
japoneses (tanto Toyota como Honda) y también a los que están
equipados con los renovados Cosworth. Pero ya se sabe… en la
cancha se ven los pingos (*)
(*)
Pingos: argentinismo con que se designa a los caballos.
“Dos
grandes premios que no aclararon
aún el panorama”
Por
Carlos R. Capdevila
En Bahrein y
Malasia se escribieron los dos primeros capítulos del campeonato
mundial de conductores y de marcas 2006 y, si bien nos dejaron
algunos elementos para bosquejar un cuadro de situación inicial,
creo que el resto del año mostrará alternativas diferentes a lo
que hoy amenaza con ser otro año de “dominio Renault”.
La carrera de
apertura exhibió a un rejuvenecido Schumacher y la alegría en su
rostro fue más elocuente que mil palabras y explicaciones. El
retorno ferrarista en Bahrein hizo creer que el gran duelo se iba
a prolongar en Malasia entre las casas francesa e italiana. No
obstante, las curiosas disposiciones reglamentarias dispuestas
para este año enviaron a los autos rojos al final de la grilla
por haber tenido que realizar sendos cambios de motores.
Acerca de la
tarea de comentar el desarrollo de los acontecimientos en la Fórmula
Uno internacional, la idea fue esperar a que se disputaran los dos
primeros grandes premios, antes de aventurar tribulaciones,
reflexiones y estimaciones más o menos temerarias. No obstante,
como ocurrió en muchas anteriores temporadas, las dos carreras de
apertura no marcan definitivamente la tendencia. Algunos podrán
disentir con esta afirmación, pero es casi un hecho histórico
que muchos de los impetuosos a comienzos de temporada, se diluyen
parcialmente cuando el calendario se desplaza por Europa, por
ejemplo.
La escuadra de
Flavio Briatore mostró a los R 26 con aspiraciones intactas de
repetir el gran año 2005 que le deparó el doble título mundial
(de pilotos y constructores). Sólo pareció algo “poco común”
que Giancarlo Fisichella aventajara a su compañero Fernando
Alonso. Para buscar algunas explicaciones, no hay que olvidar que
el asturiano ya firmó para Mc Laren-Mercedes Benz, anticipada
actitud que seguramente le ocasionará problemas porque ni su
propio “patrón” sentirá muchos deseos de ayudarlo a repetir.
A nadie puede gustarle que el piloto-estrella no sólo haya
decidido correr el año próximo con otros colores sino que lo
anunciara un año antes, nada menos. Y en esta tesitura aparece
como razonable que la atención más esmerada sea para el treintañero
conductor romano. Seguramente, en el transcurso del año las
fricciones Alonso-Fisichella y/o Alonso-Briatore van a elevar la
temperatura dentro y fuera de las pistas.
En cuanto a
Ferrari, pese a los comentados retrasos por cambio de motores en
los autos de Schumacher y Felipe Massa, me quedó la sensación de
que volverán a ser competitivos y de que existe una paridad
notable con sus rivales galos. Tal como ocurrió en Bahrein, el
trabajo pulcro y milimétrico en los pits va a definir muchos
grandes premios.
Y en el
terreno de las especulaciones, quienes gustan de hilar muy fino
creyeron advertir situaciones conflictivas que aún no se hicieron
públicas cuando ni Jean Todt ni Ross Brawn ordenaron a Felipe
Massa dejar pasar a Michael Schumacher, habida cuenta de que el
alemán cosechó ocho puntos en Bahrein y aún es candidato firme
a obtener su título número ocho. Seguirá vigente lo de su pase
a Toyota? Mmm…
Del resto, una
vez que se asienten y superen las dificultades que padecieron,
habrá que tener cuidado con Honda, Toyota, BMW y Mercedes. Sus
infortunios técnicos y reglamentarios (discutibles, por cierto)
no impiden que retornen a los puestos de vanguardia. Decepcionaron
parcialmente los Ford Cosworth que ahora equipan a los Williams.
Pensé que la riquísima trayectoria de la marca en la categoría,
con sus interminables triunfos (que la instalan como la más
ganadora) era pergamino suficiente para aspirar a resultados más
honrosos. Habrá que seguir esperando el desarrollo del V8 inglés.
Y sobre el
aspecto reglamentario, 2006 parece ser un año en el que arrecian
los caprichos (más que cambios) en las normas que rigen la
categoría máxima del automovilismo mundial y también otras que
se desenvuelven en países como la Argentina, por caso, donde tras
el sacrosanto objetivo de hacer “más entretenidas las carreras
para el público” ha comenzado a desvirtuarse la esencia misma
del deporte motor. El castigo de hacer retroceder muchas
posiciones a quienes obtienen las mejores posiciones en la carrera
anterior, va en desmedro del esfuerzo de preparadores, sponsors y
pilotos. El automovilismo siempre premió el esfuerzo, el talento,
la inteligencia y –por qué no— la astucia bien entendida (no
la picardía tonta y ventajera).
Se ha dado el
caso en la división TC 2000, muy exitosa y creciente, donde el público
que la sigue de cerca ha caído en la desorientación y la crítica
profunda porque se siente casi frustrado ante las muy discutibles
cosméticas reglamentarias. Estas cuestiones, viene al caso
recordarlo, siempre han atacado al automovilismo con mayor o menor
intensidad, pero tarde o temprano se vuelve a la “normalidad”.
Llegará tal vez el día en que los dirigentes dejen de jugar a
ser dioses.
“Usted
sólo siéntese y conduzca”
Por
Carlos R. Capdevila
Desde 1950, año
en que comenzó formalmente el campeonato mundial de conductores
–categoría conocida como Fórmula Uno Internacional--, la
relación entre conductores y jefes de equipo (incluyendo a los
propietarios) no se caracterizó por ser armoniosa ni mucho menos,
salvo honrosas excepciones como pueden ser las de Michael
Schumacher con Jean Todt, de Jim Clark con Colin Chapman, y de
Jackie Setwart con Ken Tyrrell. También hay otras duplas que
mantienen una buena intercomunicación, es cierto, pero habrá que
convenir que desde los tiempos en que un “patrón” hacía
descender de uno de sus autos a un piloto para que el cockpit
fuese ocupado por otro a quien le asistían mayores chances de
obtener el título, hasta las órdenes impartidas para que el
segundo del team dejara pasar al primero, la historia sigue repitiéndose
con alternativas y paisajes propios de cada escenario.
Recordamos,
por ejemplo, la obediencia de Rubens Barrichello obligado desde
los pits a ceder el liderazgo de una competencia a Michael
Schumacher o, más memorable aún, la desobediencia de Carlos
Reutemann en un Gran Premio de Brasil, al comando de un Brabham
BT42, cuando fingió no advertir las claras señales que
determinaban que debía dejar la punta en manos de su coequiper
Alan Jones. Eso le valió un gran enojo de Frank Williams.
Siempre
existirán argumentos a favor de uno y otro; siempre plantearán
los conductores el fair play por sobre los intereses comerciales
astronómicos de los dueños o directores de equipo, pero nadie
hubiese sospechado –apenas un año atrás— que los ingenieros
responsables de los autos se verían obligados a ocultar sus
trabajos, sus modificaciones en los autos, sus ideas y sus
proyectos a sus propios pilotos. La mención parece surrealista,
por cierto, pero tiene un fondo de verdad que es aterrador.
Los chismes
–para ejemplificar el comentario— aseguran que el tester de
Renault es en este momento Jose María “Pechito” López, un
joven piloto argentino de ascendente trayectoria. El motivo es que
Fernando Alonso, campeón mundial a bordo de un auto de la marca
francesa en 2005, ya firmó contrato con Mercedes Benz para 2007.
Consecuentemente, a nadie le agrada dar a conocer los secretos del
nuevo desarrollo del coche que conducirá una persona que en diez
meses pasará a ser enconado rival en las pistas.
Suena a
verdadero delirio, pero todo indica que las órdenes para el
asturiano serán más o menos así: “Usted sólo siéntese y
conduzca. Nosotros nos encargamos de todo el resto”. Habrá
secretos de alcoba porque por advertido que sea Alonso, no les será
difícil a los ingenieros esconderle alguna partida. En otras
palabras, el desarrollo del coche lo llevará a cabo otra persona
y si el rendimiento mejora, no siempre sabrá el piloto los
motivos aunque los intuya.
Y si nos
aventuramos en la Fórmula Uno-ficción, lo mismo podría pasarle
a Michael Schumacher y Kimmi Raikkonen, si damos crédito a los
comentarios de pasillo que sostienen que el alemán pasará a
Toyota para tratar de darle su primer título mundial a los
japoneses, mientras que el finlandés de Mc Laren-Mercedes Benz
pasaría a Ferrari para ocupar el lugar del heptacampeón en los
rojos autitos de Maranello.
Lo que está
sucediendo parece propio de un guión cinematográfico, pero no
será la primera ocasión en que a los siempre muy despiertos
dirigentes de la Fórmula Uno los sorprende una situación
imprevista o simplemente no contemplada en los planes. La danza de
decenas de millones de euros y la ansiedad de algunos pilotos jóvenes
hicieron su tarea. Cuesta –sin embargo— creer que pilotos tan
profesionales como Schumacher y Raikkonen hayan adelantado su
determinación, especialmente porque el alemán siempre sostuvo
que le agradaría finalizar su carrera en Ferrari. Pero… ya se
sabe, “poderoso caballero es don Dinero”.
Los
años felices de Ferrari (y los otros)
Por
Carlos R. Capdevila
Los pronósticos
–en líneas generales- adjudican buenas posibilidades a Ferrari
para el campeonato mundial 2006 de Fórmula Uno (de conductores y
de marcas) que se iniciará en los próximos días en Bahrein. Es,
ciertamente, junto a Renault, BMW y Mercedes Benz (además de
Honda y Toyota) uno de los grandes candidatos, aunque insisto en
abrir una carta de crédito a Williams, pese a sus nuevas
motorizaciones.
Si se analiza
la historia tan rica en todos los matices que muestra la casa del
cavallino rampante desde el comienzo mismo de la categoría, allá
por los años 50, habrá que convenir que la buena racha que logró
en los últimos tiempos iluminada por la estrella resplandeciente
de Michael Schumacher, es algo tan merecido como lo establecen
esas leyes no escritas pero inmutables que sostienen que muchos años
de desgracias son, inexorablemente, compensados con períodos
mucho más felices.
Cinco
campeonatos mundiales de conductores y seis de constructores
–todos seguidos- marcaron una hegemonía contundente en los
comienzos del siglo XXI, pero convendrá recordar algunos
porcentajes que sin ninguna duda refuerzan esa imagen legendaria
de Ferrari: sobre 56 campeonatos mundiales de conductores
disputados entre 1950 y 2005, se impusieron en 14, es decir un 25
por ciento de efectividad y eso pese a que soportaron a pie firme
una racha adversa de 20 años (desde 1979 con Jody Scheckter hasta
2000 con Michael Schumacher).
El detalle de
campeonatos de conductores ganados es el siguiente:
Michael Schumacher
5
2000/2004
Alberto Ascari
2
1952 y 1953
Niki Lauda
2
1975 y 1977
Mike Hawthorn
1
1958
Phil Hill
1
1961
John Surtees
1
1964
Jody Scheckter
1
1979
Pero no fue
siempre una fiesta la trayectoria de Ferrari ya que más allá de
muertes tan penosas como la del ingeniero Dino Ferrari, el
tempranamente desaparecido hijo del comendattore, numerosos
pilotos de indudable talento perdieron también la vida al comando
de los rojos bólidos de Maranello.
Tal vez el
golpe más tremendo fue padecido por el equipo entre julio de 1958
y enero de 1959, lapso de menos de siete meses en el que
fallecieron tres conductores de la marca: Luigi Musso, Peter
Collins y Mike Hawthorn.
Luigi Musso,
un temperamental romano nacido el 28 de julio de 1924, encontró
la muerte en el circuito francés de Reims el 6 de julio de 1958.
No había transcurrido un mes de esta tragedia, cuando también
pereció el inglés Peter Collins, nacido el 8 de noviembre de
1931 en Kidderminster. Este accidente se registró el 3 de agosto
del mismo año en el circuito de Nurburgring y el piloto falleció
poco después en un sanatorio de Bonn, la entonces capital de
Alemania Occidental.
Y por esas
cosas del destino, el mismo fatídico año vio ganador del
campeonato mundial a bordo del último Ferrari con motor delantero
(Dino 246) a otro corredor ferrarista: Mike Hawthorn, quien
afectado por la muerte de Musso y Collins, anunció y formalizó
su retiro tras obtener la corona, pero quiso el destino que
perdiera la vida en un accidente de tránsito que se produjo el 22
de enero de 1959 cerca de Onslow, en Surrey, apenas seis semanas
después que tomara la decisión de alejarse de las pistas. Había
nacido el 10 de abril de 1929 en Mexborough.
Don Enzo
Ferrari siguió adelante, continuó portando el estandarte de
Italia y contribuyendo a crear esa imagen única. Pero no había
transcurrido demasiado tiempo para cicatrizar las heridas cuando
otro piloto excepcional, Wolfgang Von Trips, encontró la muerte
(y ocasionó también la de 14 espectadores). La catástrofe enlutó
doblemente a Ferrari ya que ocurrió en Monza. Fue el 10 de
septiembre de 1961 y Von Trips había nacido en Colonia el 4 de
mayo de 1928.
Hacemos la
aclaración de que nos hemos referido en esta nota exclusivamente
a miembros de la Fórmula Uno ya que Ferrari también sufrió pérdidas
fatales en otras categorías, como Sport Prototipo, por ejemplo,
de la que recuerdo el penoso accidente de Ignacio Giunti en el autódromo
de Buenos Aires, cuando tras un choque se incendió su auto.
El siguiente
(y último) fue el impetuoso canadiense Gilles Villeneuve (padre
de Jacques), subcampeón de Jody Scheckter en 1979 y poseedor de
un temperamento que –según sostuvieron algunos cronistas de la
época- bien puede decirse que aceleró su muerte por estirar
siempre al máximo el riesgo. Había nacido en Quebec, Canadá, el
18 de enero de 1952 y perdió la vida el 8 de mayo de 1982 en
Zolder, Bélgica. El comendattore lo había comparado con otro
diminuto y vibrante piloto: Tazio Nuvolari. Y tal vez esa idea lo
hizo adoptarlo en Maranello y tolerarle que rompiera una serie más
que numerosa de autos sobre las pistas. Fue ésta la última
muerte de pilotos que padeció Ferrari.
No habrá que
profundizar demasiado para reconocer que la historia de la marca
está jalonada de éxitos pero también cimentada en esfuerzos y
sufrimientos tremendos. Todo fue superado y se redobló siempre el
entusiasmo, pese a esos 20 años seguidos de sinsabores, la presión
exagerada de los fanáticos italianos y el sabor amargo y las
preguntas sin respuestas que devienen de muertes de personas
queridas y respetadas.
Finalmente, es
probable que se me haya quedado algún otro trágico
acontecimiento en el tintero, pero es del caso enfatizar que no
era mi intención confeccionar un listado pormenorizado de pilotos
fallecidos, sino simplemente recordar que la fama merecida de
Ferrari se basa en trabajo, creatividad y templanza, pero también
en sacrificios. Entre 2000 y 2004 atravesó un quinquenio
excepcional, nunca vivido anteriormente por ningún equipo en la Fórmula
Uno, pero para lograrlo debió atravesar por circunstancias como
las descriptas, lo que es no poco.
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