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Ecuador sigue creciendo con la Copa Libertadores de Liga de Quito
El
fútbol ecuatoriano dio un paso fundamental para pasar de ser parte de la
“clase baja sudamericana, para colocarse cada vez más cerca de las
tradicionales potencias continentales como Argentina, Brasil, Uruguay y
Paraguay, con la sorprendente obtención de la primer Copa Libertadores para
el país, ganada por la Liga Deportiva de Quito al vencer en la final nada
menos que al Fluminense de Río de Janeiro en el mítico estadio Maracaná y
ante noventa mil personas.
Si bien no era sindicado como candidato a ganar esta Copa Libertadores (que
nunca había conseguido un equipo ecuatoriano en sus cuarenta y ocho
ediciones anteriores), teniendo participantes como Boca Juniors (el anterior
campeón), River Plate, San Lorenzo, Estudiantes (Argentina), Flamenco,
Fluminense, San Pablo o Santos (Brasil) y hasta Chivas o América (México),
La Liga termina siendo indiscutible vencedor al eliminar sucesivamente en
las fases finales a equipos como Estudiantes (octavos), San Lorenzo
(cuartos), América (semifinales) y Fluminense (final), aunque en éste último
caso haya sido por penales luego de que la serie terminara empatada (4-2 en
Ecuador y 3-1 en Brasil, porque no se cuenta cada gol hecho fuera de su
estadio como doble).
La Liga llegó en silencio a esta Copa Libertadores y tampoco pareció
particularmente destacada en la fase de grupos, pero la primera sorpresa
llegó cuando eliminó, y en La Plata, a Estudiantes, uno de los conjuntos
sindicados como posibles entre los finalistas, y desee ese momento
comenzaron a lucir algunas figuras que terminarían siendo fundamentales,
como el atacante Bolaños, el mediapunta argentino Damián Manso, pero
especialmente su gran estrella, el extremo derecho Joffre Guerrón, un
jugador tremendamente veloz y con una rara (y ciertamente discontinua)
habilidad.
La llegada del veterano arquero José Francisco Cevallos (37 años), ex
integrante de la selección de su país, no sólo le dio una mayor solidez
defensiva sino que terminó siendo decisivo en los penales ante San lorenzo
en cuartos de final, pero más aún en el Maracaná ante Fluminense en la
gran final, cuando detuvo tres de los cuatro penales ejecutados por Darío
Conca, Thiago Neves y Washington.
Pero la Liga fue más aún que esto, con un equipo bien plantado, aunque
armado en cierta forma de manera heterodoxa, de arriba hacia abajo, basado más
en el poderío ofensivo que defensivo, donde aparecieron algunas grietas y
siempre dio algun signo de debilidad (en la propia final, el Fluminense le
marcó un gol de la salida de un lateral con todos los marcadores dormidos).
En lo táctico, el trabajo del entrenador argentino Edgardo Bauzá
(anteriormente dos veces campeón de liga en Ecuador y Perú) fue
fundamental, utilizando un sistema con sólo tres defensas y muchos
volantes, aunque con una capacidad de rápido retorno por parte de sus
laterales en caso de tener que retroceder.
También el aporte de sus cuatro jugadores extranjeros se hizo notar, como
el ya citado Manso como mediapunta, Norberto Araujo como marcador central y
Claudio Bieler como delantero (los tres argentinos) y el volante Enrique
Vera (paraguayo), pero hay que destacar también la personalidad de su capitán,
Patricio Urrutia, o la clase de su lateral izquierdo Paul Ambrosi.
Apenas semanas atrás, y en el propio estadio Monumental de River Plate, y
por las eliminatorias para el Mundial 2010, el seleccionado ecuatoriano había
estado a apenas un minuto de vencer al argentino cuando un tanto de Rodrigo
Palacio en tiempo adicional empató cuando ya el partido se extinguía, y aún
los locales con Messi, Agüero, Riquelme y muchos cracks reconocidos en todo
el mundo.
Ecuador estuvo presente en los últimos dos mundiales, y luego de quedar
eliminado en primera fase en Japón-Corea del Sur en 2002, ya en 2006 pasó
a octavos, y recién allí eliminado por Inglaterra (1-0) en una evidente
prueba de su enorme crecimiento, pero no sólo a partir de una buena
generación de futbolistas, como le había ocurrido a Colombia, su país
vecino, en los años noventa, acaso con futbolistas más brillantes (Rincón,
Valderrama, Asprilla, Valencia, Valenciano, Serna, Córdoba, Bermúdez, Gómez,
Lionel Alvarez).
En el caso de Ecuador, la situación es distinta. Seguramente con menos
brillantez pero con mucha mayor planificación dirigencial y desde sus
estructuras de base, desde la avidez de los periodistas por intercambiar en
contínuos e interesantes seminarios, hasta el mismo afán por parte de los
entrenadores, abiertos a los nuevos avances tácticos y estratégicos, como
nos señalaba el argentino Roberto Rogel, a cargo de la entidad que los
nuclea.
Por eso, ninguno de estos resultados es casual, y tanto esta primera Copa
Libertadores para Ecuador (la cuarta de un equipo de un país de la costa
sudamericana del Océano Pacífico, porque Colombia había ganado dos y
Chile una), como las últimas dos clasificaciones de su selección para los
mundiales, son casuales.
Si la organización del fútbol ecuatoriano sigue con este trabajo, muy
posiblemente nos acostumbremos a verlo ganador con mayor continuidad.
Havelange, el Mundial 78, y las sospechas
La excepcional entrevista al anciano ex presidente de la FIFA, Joao Havelange, por parte del periodista Rodrigo Bueno, del diario “Folha de San Pablo”, Brasil, en la que el dirigente acepta hablar de distintos casos de corrupción en la historia de los mundiales, en la misma semana en la que se cumplieron treinta años del polémico torneo de 1978 ganado por Argentina, vuelven a colocar en los primeros planos la necesidad de que el fútbol gane en honestidad y se investiguen a fondo los temas del pasado.
Consultado Havelange sobre distintos mundiales, a partir de que también en Brasil se cumplen cincuenta años de su primer Mundial ganado en Suecia en 1958, cuando aparecieron nada menos que Pelé y Garrincha, el dirigente brasileño, ya retirado, recuerda que cuando aún presidía la Confederación Brasileña, la selección de su país fue claramente perjudicada en el Mundial de Inglaterra de 1966.
“¿Quién era el presidente de la FIFA en 1966? Stanley Rouss, inglés. ¿Dónde se jugó ese Mundial? En Inglaterra. Y del grupo inicial que le tocó a Brasil, de sus tres partidos jugados, de los nueve jueces que componen la terna arbitral, siete fueron ingleses y dos, alemanes. Pelé fue duramente lesionado y fuimos eliminados en primera fase casi con el mismo equipo con el que éramos bicampeones (1958 y 1962)”, recuerda Havelange con acierto.
Lo que no parece recordar Havelange, en demasía, es que los otros dos seleccionados sudamericanos de ese Mundial, Argentina y Uruguay, habían sido perjudicados de la misma manera. Uruguay, que tenía un gran plantel, había empatado 0-0 con Inglaterra en el grupo inicial, pero ya en cuartos de final tuvo que jugar con Alemania. Argentina, que había empatado en su grupo 0-0 con Alemania, tuvo que medirse ante Inglaterra en Wembley. El partido entre Alemania y Uruguay fue dirigido por el árbitro inglés Finney y el partido entre Inglaterra y Argentina, por el alemán Kreitlen, siguiendo con la misma línea de lo que ocurrió con Brasil.
La selección uruguaya fue notablemente perjudicada ante Alemania, con dos goles anulados de manera insólita y quedando con dos jugadores menos en el campo, mientras que es conocida la historia de la expulsión de Antonio Rattín en Wembley, que demoró tanto en concretarse que para el siguiente Mundial (México 1970) se implementó el sistema de tarjetas amarilla y roja.
Anulados los tres “peligros” para ingleses y alemanes, que dispusieron siempre de árbitros de sus nacionalidades para los tres sudamericanos, llegaron ambos a la recordada final en la que se convalidó un gol de Hurst en el que la pelota no traspasó la línea. Por fin, los alemanes descubrieron que todo aquello por lo que habían contribuido a generar, les venía en contra ahora cuando los intereses eran aún mayores.
Havelange, contrariamente a 1966, no quiere hablar del Mundial de Argentina en 1978, porque aunque Brasil fue perjudicado, él ya era presidente de la FIFA. Y no explica, entonces, por qué hasta el 24 de marzo de 1976 el torneo corría peligro de organizarse en ese país, y después de ese día (cuando los militares dieron un sangriento golpe de estado a la democracia), todo estaba en perfecto orden y el Mundial sería un éxito.
Tampoco Havelange quiere hablar de lo que pasó en la segunda fase de ese torneo, cuando el seleccionado local, en la última jornada, sabía cuántos goles tenía que conseguir ante Perú para avanzar a la final, porque Brasil, con los mismos puntos, ya había jugado antes contra Polonia, cuando las dos selecciones debieron jugar, por ética, a la misma hora para que no hubiera ventaja deportiva.
Al saber la selección argentina que ganando a Perú y convirtiendo cuatro goles iría a la final, contó con una ventaja deportiva que fue avalada por la dirigencia de la FIFA, tanto como irregularidades varias con el comité organizador del Mundial, llamado EAM 78, que fue objeto de disputa por dos sectores de las Fuerzas Armadas argentinas, el Ejército y la Marina, con el triunfo final de ésta en cuanto al poder. La Marina, según la única investigación seria que hubo, tuvo directa relación con el asesinato del general Omar Actis, primer presidente del EAM 78, y que respondía al Ejército.
Con respecto a este Mundial, acaban de aparecer nuevos libros investigando el extraño 6-0 de la selección argentina a la peruana. Uno de ellos, llamado “El hijo del ajedrecista II”, de Fernando Rodríguez Mondragón, en Colombia, cuenta que el día anterior al partido, un miembro del EAM 78 viajó a Colombia a entregar un dinero a un agente intermediario para que éste llegara a la selección de Perú como resarcimiento y también se habla de la inesperada visita en el vestuario peruano, del entonces presidente de facto argentino, Jorge Videla (hoy en prisión domiciliaria acusado de distintas violaciones a los Derechos Humanos), junto al entonces secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger.
Menos que menos, Havelange hace referencia a la extraña final del Mundial de Francia 1998, ganada por el local a Brasil por 3-0, cuando Ronaldo no apareció en el entrenamiento previo de su selección en el campo de juego, y sin embargo formó parte del equipo luego de haber tenido, en la noche anterior, ataques de epilepsia. Tanto lo sucedido con el ex crack del Real Madrid y del Barcelona, como la actitud del equipo en aquel partido decisivo en el Stade de France, y hasta su entrenador, Mario Lobo Zagalo, fueron citados al Parlamento brasileño, pero parece olvidado en la seguramente frágil memoria anciana del ex presidente de la FIFA.
También la prensa inglesa recuerda muy bien lo ocurrido en el Mundial de Argentina, o la “Mano de Dios” de Diego Maradona en aquel partido memorable de cuartos de final del Mundial de 1986 en México, pero la memoria parece nublarse para trasladarse a los lejanísimos tiempos de 1966, cuando las tres potencias sudamericanas quedaron eliminadas de aquel Mundial, pero parece que la mente suele ser demasiado selectiva en algunos casos.
Cuando el fútbol se lo tragó todo
Pasaron ya treinta años de aquel Mundial 1978 que le tocó organizar a la Argentina, y el ejercicio de la memoria para todos aquellos que hemos vivido en el país en esos días negros nos debe permitir reflexionar desde aquel contexto de muerte y censura que nos envolvía, para comprender que acaso junto a los Juegos Olímpicos de 1936, en el Berlín nazi de Adolf Hitler, fue el mayor intento de manipulación social que se conozca a partir de un hecho deportivo.
La dictadura militar que asoló al país entre 1976 y 1983, desde el mismo 24 de marzo del nefasto golpe al gobierno de María Estela Martínez de Perón, supo desde el primer instante que el fútbol ocuparía un lugar fundamental en el devenir de los años con su poder, porque su manipulación la ayudaría a perdurar y para poder cometer la masacre más grande que se recuerde entre argentinos, con un saldo de 30.000 desaparecidos, y 42.000 millones de dólares de una deuda externa que cuando asumió, apenas si estaba en los 8000.
Así fue que en medio de las marchas militares en la cadena nacional, se pudo ver el partido amistoso que la selección argentina jugaría en Chorzow, Polonia, ante el equipo local, por el Canal 7, o que también la primera reunión militar tuvo un duro debate entre la Marina y el Ejército para determinar cuál de las fuerzas se quedaría con el fútbol.
Al cabo, la Marina consolidaría su poder, quedándose con el correr de los meses con el Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78), una vez que fuera asesinado el general (elegido en tiempos democráticos) Omar Actis, cuando el dictador Jorge Rafael Videla intentó desviar como un crimen cometido por los Montoneros cuando está comprobado que fue un hecho provocado por la interna de ambas fuerzas armadas. En el libro que lleva como sugestivo título “Almirante Lacoste, ¿quién mató al general Actis?”, Eugenio Méndez demuestra cómo el procedimiento de ese asesinato no tenía ninguna relación con la guerrilla urbana.
A partir de ese momento, y ya con el ex contraalmirante Lacoste en el poder del EAM 78 como vicepresidente detrás del general Antonio Merlo, comenzó a fraguarse lo más duro de la organización del Mundial 78, y hasta varios testigos indican que la nueva conducción de la AFA, con Alfredo Cantilo como mandatario, fue “sugerida” a punta de pistola, y con todos los dirigentes levantando la mano sin chistar.
Ese Mundial se jugó con tantas irregularidades deportivas y políticas, que este artículo no alcanzaría a contar ni si tuviera el espacio de todo el periódico de hoy, pero de sólo pensar que a escasas cuadras del estadio Monumental, en el que los hinchas argentinos festejaban cada gol de la selección de César Luis Menotti, se torturaba gente en la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) ya eso solo significaba un escándalo internacional, aunque todo estuvo tapado por la censura mediática y los argentinos no tuvieron acceso a la información veraz de lo que ocurría, aunque en el exterior tanto argentinos como extranjeros intentaron organizar distintas acciones que en el país fueron tachadas de “campaña antiargentina”.
Desde jugadores de importantes seleccionados que se negaron a venir al país y los que intentaron acercarse a las Madres de Plaza de Mayo (como el arquero sueco Hellstrom), desde recomendaciones de embajadas en la Argentina para que periodistas de muchos países no asistieran, hasta aquellos cronistas que tenían que escribir sus notas en códigos (por ejemplo, este periodista pudo dialogar en Ámsterdam con un enviado al Mundial que justamente trabajó en Mendoza y que para pasar la censura colocaba nombres de jugadores holandeses para referirse a Videla, Massera, Agosti o Lacoste), hasta rumores de doping y de partidos arreglados, y hasta un atentado en la casa de Juan Alemann, economista conservador, pero crítico de la organización del Mundial, justo con el cuarto gol de Argentina a Perú, todo fue irregular, y todo da para seguir intentando investigar los hechos, no dejarlos pasar.
La aparición de un nuevo libro en Colombia (“El hijo del ajedrecista II”, de Fernando Rodríguez Mondragón), que revela cómo se habría comprado el partido ante Perú por parte de miembros del EAM 78 en una reunión en Colombia, el propio ingreso de Videla al vestuario peruano en Rosario antes de ese partido decisivo, son otros condimentos, como el que una vez contó también a este cronista el notable periodista, ya fallecido, José María Suárez, “Walter Clos”. Un día en la esquina de la AFA, Suárez tomaba café con un ex dirigente de San Lorenzo, y al preguntarle con sorna “para cuándo el monumento a los campeones del mundo”, aquél respondió indignado: “ah, si, ¿y a nosotros, qué? ¿o quiénes cambiaban los frasquitos del antidoping?”.
Pero más allá de preguntas sin respuestas en el terreno deportivo, el Mundial 78 y su enorme manipulación sirvió para que la dictadura continuara, para transmitir al exterior imágenes de un país “alegre” y que nada parecía saber ni ocurrir en cuanto a violaciones de Derechos Humanos. Por ese tiempo, según aquel slogan, fuimos derechos y humanos, mientras, desesperados, cientos de miles de familiares buscaban a sus seres queridos, no sólo sin poder encontrarlos, sino que aquellos que debían darles respuestas eran los mismos que se los habían llevado. Como bien caracterizó Eduardo Luis Duhalde, secretario de Derechos Humanos del actual gobierno, se trató del “Estado terrorista argentino”.
Fue cuando la pelota se lo tragó todo, como dice León Gieco en su sabia canción sobre la memoria.
Pasaron 30 años, y más allá de aquella gran final en la que la selección argentina levantó la Copa del Mundo por primera vez, con los asesinos levantando el pulgar en un palco ensangrentado, y a un muy buen equipo que no por eso dejó de desplegar un gran fútbol, quedan muchísimos temas para seguir reflexionando, analizando e investigando, para que todo lo que allí ocurrió no quede impune.
Eurocopa:
Una primera fase que satisfizo por su nivel

Pasó la primera fase de la Eurocopa y el nivel se presta para ser optimista, con la apreciable aparición de seleccionados que optaron por un juego ofensivo y vistoso, y en las puertas de los cuartos de final, con sus distintos estilos, los equipos de Portugal, Holanda y España aparecen como los más sólidos, pero el continente europeo bien sabe, luego de la experiencia de Grecia en 2004, que siempre hay lugar para alguna sorpresa.
Por fortuna, la primera fase de la Eurocopa nos ha mostrado sistemas tácticos variados, muy ricos para el análisis, y la demostración de que se puede jugar buen fútbol basado en dos atacantes (como España), con un juego más posicional (Holanda), o con la potencia de un delantero, apoyado con un gran mediocampo (Portugal). Todo es válido mientras sirva para construir para llegar al gol.
Portugal aparece como el equipo con mayor riqueza técnica individual, llamado a ratificar y ahondar aquella performance como local en 2004, cuando fue postergado en la final por Grecia, con un Cristiano Ronaldo ya más maduro y convertido sin dudas en el mejor jugador del mundo, y apoyado en volantes dúctiles y algo más retrasados, como Deco, Petit o la sorpresa agradable de Joao Moutinho, y una defensa cuyos integrantes juegan en los mejores equipos del continente.
Sin embargo, el mayor examen del equipo del brasileño Luiz Felipe Scolari lo tendrá en cuartos de final ante una enigmática Alemania, que si bien no termina de consolidarse en el contexto internacional, viene realizando hace ya años un buen trabajo, antes con Jurgen Klinsmann y ahora con su continuador, Joackim Low. Sin figuras descollantes como en su rico pasado, los germanos se apoyan en el intermitente (aunque creciente) talento de Ballack, y la potencia de sus delanteros Lucas Podolski y Miroslav Klose (paradójicamente ambos nacidos en Polonia), y un fútbol dinámico, que le permitió pasar como segundo detrás de Croacia.
Los croatas juegan, acaso el fútbol más sudamericano de los europeos y han dado otra vez la campanada de manos del joven entrenador Slaven Bilis, quien ha basado el andamiaje de su equipo en el juego más técnico de Lucas Modirc o de Niko Kranjcar, aunque deberá sortear ahora a un seleccionado turco que se va pareciendo mucho a lo que fue Grecia en 2004, y aún con mayor potencial.
Turquía, de la mano del experimentado Fatih Terim- quien llegó a dirigir al Milan-, parece ahora dispuesta a revertir cualquier resultado en contra, luego de las épicas remontadas contra Suiza primero, y contra los checos después, ésta última ya con un jugador menos y dos goles abajo a poco del final. Se trata de equipos que crecen tanto anímicamente que luego no tienen límites en su crecida, y que contra Croacia aparece como el partido más parejo e impredecible de todos por la paridad existente, aún con distintos estilos.
España, si bien ha convencido en su juego de toque y posesión de pelota, y con la gran aparición de David Villa como gran goleador, apoyado en el crecimiento internacional de Fernando Torres y de un mediocampo de gran riqueza, especialmente por Xavi e Iniesta, deberá sortear en cuartos de final la sombra de su pasado reciente, cuando siempre aparece como candidato, arrasa en la primera parte de los torneos, pero cuando llegan los fatídicos cuartos de final, detiene su andar, especialmente cuando aparecen en su camino los seleccionados de mayor tradición.
En este caso, sorpresivamente también aparece Italia en su camino. Una Italia recompuesta luego de que Marcello Lippi se alejara tras ganar el Mundial, hace dos años, y dejara su puesto a un joven Roberto Donadoni. Este no pareció encontrar nunca la vuelta al equipo, ya sea en una clasificación que consiguió al final, como en la misma Eurocopa, en la que comenzó con el pie izquierdo con una goleada ante Holanda.
Pero los italianos tienen vasta experiencia en estos torneos, y ya es parte de su lógica comenzar de manera muy floja para ir recuperándose con mayor concentración y hay que destacar que este equipo, con un solo delantero del peso de Luca Toni, juega con líneas mucho más avanzadas que años atrás, incluso durante el Mundial de Alemania 2006, y ha lucido más, estéticamente, que en el pasado y al inicio no había tenido suerte en la definición, pero ya en el último partido de la fase de grupos, ante Francia, se pareció mucho al seguro equipo del pasado.
El duelo entre España e Italia del próximo domingo recuerda mucho al de octavos del Mundial de los rojos ante Francia, cuando llegaban con toda la furia y los galos, apenas arañando el segundo lugar en su grupo, y luego pesó la historia más que el presente. En este caso, si bien Italia juega sin sus dos volantes tradicionales, Gattusso y Pirlo, por suspensiones, seguramente Donadoni optará por la dupla romana (Aquilani-De Rossi), que genera la misma confianza.
Si la goleda ante Holanda fue engañosa, el equipo azul fue creciendo en su rendimiento y si ya estuvo cerca ante Rumania, contra Francia pudo haber ganado por mucha diferencia y con la motivación de haber llegado a cuartos, el panorama cambia radicalmente y se plantea un interesantísimo duelo de estilos. El 4-4-2 de los españoles, con el 4-4-1-1 de los italianos, pero siempre tratándose de dos equipos de ataque y con el antecedente de que España no vence a los italianos desde 1920 en partidos oficiales.
Para completar los cuartos de final, el hasta ahora equipo más dinámico del torneo, Holanda, al que por fin su ex gran goleador Marco Van Basten dotó de un sistema parecido al que revolucionó el fútbol con aquella “Naranja mecánica” de los años setenta, y con una nueva generación a la que acompaña adelante el experimentado Van Nistelrooy, aparece como gran candidato.
No es fácil despachar a los dos finalistas del pasado Mundial con dos goleadas de tres goles de distancia, y con algunos rendimientos superlativos, como el de Engelaar, y con un ataque desvastador tanto por el mencionado Van Nistelrooy como por Van Persia, Kuyt, o Huntelaar, pero pueden llegar desde atrás Snaijder, Robben, Engelaar o Afellay. Lo más destacable es la posición variable de sus jugadores, que pueden aparecer por cualquier zona en cualquier momento, sin perder la técnica.
Holanda aparece como neto favorito ante la sorprendente Rusia, que paradójicamente está siendo dirigida por el experimentado y muy capaz entrenador holandés Guus Hiddink (de gran trabajo ya con Australia en el pasado Mundial, o con Corea en el anterior), y que cuenta con la base de dos equipos que han ganado la Copa UEFA en los últimos años, el CSKA Moscú y el Zenit, aún cuando ha perdido a sus dos delanteros titulares por sendas lesiones.
Rusia, como Italia, comenzó muy mal al perder 1-4 ante España, pero sin que el resultado indicara exactamente lo ocurrido en el campo de juego, y se fue reponiendo, primero venciendo a la floja Grecia, y luego, ya en el final, ganando con claridad a Suecia, a priori la favorita para pasar de grupo junto a España.
El torneo ha dejado también algunas decepciones importantes, especialmente Francia, que como en la primera fase del Mundial, siempre de la mano del polémico Raymond Doménech, no consiguió llegar a posiciones de gol aún con la batuta de su talentoso Ribery, y lo que marca el final de una generación que encumbró al país a los primeros planos, así como República Checa, derrotada en el final por Turquía, y Suecia, la otra gran derrotada, y en la que ni siquiera el genio de Zlatan Ibrahimovic pudo reconducir, como tampoco la experiencia de Henrik Larsson.
Acaso se esperaba más de Polonia, Rumania hizo lo que pudo en un grupo demasiado complicado en el que tuvo sus chances de clasificarse, y los dos locales, Austria y Suiza, tenían muy poco para dar, especialmente los primeros.
Por un periodismo deportivo libre, culto y avanzado
Aprovechando
el feliz quinto aniversario de la aparición de “Jornada”, este escriba
pretende contar su experiencia de un viaje por el continente sudamericano y
España, entrevistando colegas y reuniendo extensa bibliografía sobre la
situación de los medios de comunicación y el deporte para un próximo
libro que aparecerá durante este año. (1)
Recorrer las redacciones en San Pablo, Río de Janeiro, México DF, Buenos
Aires o Montevideo, implica, más allá de las diferencias naturales entre
distintas culturas, comprobar algunas notables similitudes, entre las que
podemos destacar las dos más fuertes: la existencia de monopolios de medios
orales y un decaimiento cultural de los periodistas deportivos en la medida
en que las generaciones son más jóvenes.
Entre los monopolios existentes, los dos casos más graves, aunque muy
distintos entre sí, son los de Uruguay y Argentina. Si bien en ambos se
trata de la conformación paulatina de un Estado dentro de otro Estado, con
la gran mayoría de periodistas orales contratados por la misma empresa mediática
que baja un discurso único, al menos en las formas, en Uruguay el dominio
casi total, abrumador, está en manos de Francisco “Paco” Casal,
empresario también de jugadores y de gran peso en la Asociación Uruguaya
(AUF).
En cambio, en la Argentina, “Torneos y Competencias” (TyC) aparece,
siempre como Estado dentro del Estado, pero al menos con una cara más
empresarial o más general que en Uruguay, donde todo parece de dominio
unipersonal. Sin embargo, la problemática es muy parecida. Ante el público,
sin embargo, al menos en Uruguay es claro que algunos canales que quedaron
fuera del monopolio tienen pocas posibilidades de injerencia en el fenómeno
del fútbol (deporte que nosotros abordamos en el estudio), mientras que en
la Argentina, se disimula una supuesta competencia entre canales que no lo
es tal debido a que a fin de mes, todos los periodistas, o su gran mayoría,
cobran en la misma ventanilla. Incluso ahora se ha sumado Canal 7 estatal,
que transmite los viernes un partido del Torneo Clausura mediante la
producción de TyC.
En México y en Brasil, la situación es algo menos monopólica si bien podría
hablarse de un duopolio como mejor caracterización. Si en México Televisa
aparece como el gran emporio, que ha facilitado no sólo que el país
organizara ya dos mundiales (1970 y 1986) sino también su rápida inserción
en las copas sudamericanas (Libertadores y Sudamericana), al menos comparte
hoy el poder, aunque más no fuera mínimo, con Azteca TV, nacida estatal
como Imevisión.
En Brasil, el gigante de le las telecomunicaciones, O Globo, mantiene su
total dominio pero cede algunos partidos a otros canales, como Bandeirantes,
justamente para que no se la acuse de monopólico, y hasta permite que su
propio periódico acepte duras críticas de algunos de sus columnistas hacia
el poder del fútbol y el propio Ricardo Texeira, presidente de la
Confederación Brasileña (CBF) y yerno del ex mandatario de la FIFA, Joao
Havelange.
Lo que hemos percibido con claridad, es que en los cuatro países
latinoamericanos, los periodistas que intentan tener cierta profundidad en
su análisis o que pretenden tomar con mayor seriedad la profesión, suelen
refugiarse en los medios escritos, especialmente en los diarios (debido a la
crisis que en todos lados sufren las revistas), y en TV, el medio que por
excelencia ha tomado a los más críticos con el poder, ha sido ESPN.
Juca Kfouri, un brillante periodista de San Pablo, también sociólogo,
atribuye esta situación a que posiblemente “siendo la empresa
estadounidense, pueda más la libertad y la distancia ante el poder, que
cualquier otra cosa, y seguramente habrá percibido que es lo que falta en
Latinoamérica al menos en cuanto a fútbol”, pero no es casual que los
periodistas más críticos, y con un alto nivel de popularidad, participen
de esta programación (Víctor Hugo Morales en Argentina, José Trajano o el
propio Kfouri en Brasil, José Ramón Fernández, acaso el más parecido a
Dante Panzeri por la dureza de sus críticas, en México).
En cuanto a los medios escritos, la queja es similar en todos los países:
la generación de menos de 40 años de edad lee poco, es un producto mucho más
de la imagen y los textos cortos de internet, un mayor desconocimiento de la
historia, no sólo general sino deportiva (el ejemplo más alarmante es cómo
los periodistas veteranos de Brasil lamentan que los jóvenes colegas
desconozcan absolutamente datos del seleccionado campeón mundial en Suecia,
ahora que se cumplen cincuenta años del hecho).
Lo que hemos notado también es que Argentina termina siendo una excepción
en cuanto a formación profesional, tomando incluso en cuenta a España. En
los otros países analizados, los periodistas que hacen deportes (nos
resistimos a llamarlos “periodistas deportivos”, porque creemos que se
es periodista primero, luego la especialidad) son, en la mayor parte de los
casos, universitarios. En la Argentina, muchísimos han sido formados en
academias o cursos de tres años, en los que muchas veces imparten clases ex
jugadores o entrenadores antes que los propios periodistas.
España es un tema aparte, tal vez con mayor democracia en cuanto al reparto
de derechos televisivos o la posibilidad de emisión de distintos medios,
pero también creemos que la concepción del fútbol en ellos es mucho más
comercial y basada en el espectáculo (fichajes, protagonistas, escándalos)
y mucho menos en el análisis.
Lo importante de esta comparación en la que hemos trabajado es comprobar
una vez más, que aún queda mucho por hacer, y luchar, en el periodismo
especializado en deportes en el continente y que aún con diferencias, la
problemática general no deja de ser la misma, de fondo.
El dominio inglés en la Champions League
El
sorteo de los cuartos de final de la Champions League arrojó, al menos, un
alivio al presidente de la UEFA, Michel Platini, como a los principales
dirigentes de los clubes del viejo continente, porque al menos ya es seguro
de que la semifinal no parecerá la FA Cup con sólo equipos ingleses,
debido a que Arsenal y Liverpool deberán eliminarse.
El riesgo de que cuatro equipos ingleses llegaran a ocupar los cuatro
primeros lugares de la presente Champions League era claro, especialmente
por la calidad de los planteles del Manchester United, el Chelsea, el
Liverpool y el Arsenal, dominadores también de la Premier League, y lo que
muestra con claridad que la realidad va en sentido contrario de aquellos que
por años pregonaban que el fútbol y el deporte “nada tienen que ver con
la política”.
¿Es posible que una actividad entre seres humanos, que además perciben
dinero para jugar, en clubes que en muchos casos son sociedades anónimas
que cotizan en bolsa, y que suben o bajan sus valores de acuerdo a sus
rendimientos, no tenga relación con la política o con la economía?. No lo
parece y si justo ahora la Premier League se asentó ya como la más
importante de las ligas nacionales de fútbol de todo el mundo, no parece
casual que sea justo en el momento en que la libra esterlina se encuentra en
su valor más alto de cotización en los últimos tiempos, respecto al euro
y al dólar.
Así es que la mueca de los dirigentes de la Roma porque le vuelve a tocar
el mismo Manchester United que le acaba de asestar siete goles en una
cercana noche de Champions en Old Trafford, no pareció muy distinta que la
de los dirigentes del Fenerbahce turco al ver que el rival será el Chelsea,
aún sin José Mourinho como entrenador.
De todos modos, vale aclarar algo sustancial que venimos repitiendo en estas
columnas. Cuando hablamos de la “superioridad inglesa” en Europa, lo
hacemos en cuanto al nivel de su impecable competición interna (ya sea
Premier League, FA Cup, o Carling Cup), y de los excelentes planteles de los
equipos en general y en especial los de vanguardia, pero esto para nada
signifique que haya una superioridad de los futbolistas ingleses sobre el
resto.
Es más, la paradoja está dada en que si bien Inglaterra hizo pleno en los
cuartos de final de la Champions League clasificando a sus cuatro equipos
para esta instancia, ninguno de los seleccionados británicos (Irlanda,
Gales, Escocia e Inglaterra) ha logrado la clasificación para la Eurocopa
de Austria y Suiza de unió próximo.
Lo explica muy bien Platini, el presidente de la UEFA, quien se preguntó
“dónde está el triunfo inglés en la Champions League” al citar que el
país que más aporta a esta competición es nada menos que Brasil, con la
friolera de 94 futbolistas, y seguido por Francia, con 93 y cuando apenas en
toda la competición hay 45 ingleses.
“Creo que la mejor medida para determinar el mejor país europeo en fútbol
lo da la Eurocopa, donde juegan sólo los que nacieron en un país, y no en
equipos, donde está permitido hasta jugar con todos extranjeros, como
sucede en algunos casos”, dijo en la semana de manera contundente Platini,
no por nada, francés de nacimiento.
Y también por esta razón es que la FIFA, a través de su presidente Joseph
Blatter, viene estudiando la posibilidad de implementar el sistema de “6 más
5”, es decir, aceptar como mínimo seis jugadores del país de origen del
equipo, y sólo cinco extranjeros por partido, algo que en estos tiempos de
mercado es difícil de implementar.
Pero tampoco se puede reducir a la fortaleza de la libra el éxito de los
equipos ingleses. También entre las causas está la buena organización de
la Premier League, el alto nivel de exigencia en el fichaje de jugadores con
una cantidad mínima de partidos internacionales con sus selecciones, y al
mismo tiempo, la caída de credibilidad del calcio italiano, que le ha hecho
bajar varios escalones como liga interesante para muchos extranjeros,
quedando España como mayor competencia de la liga inglesa aunque ya
resignada a un segundo lugar.
Incluso para España, el éxito de jugadores propios en Inglaterra como
Fernando Torres en el Liverpool, Cesc en el Arsenal o los entrenadores
Juande Ramos en el Tottenham o Rafa Benítez en el Liverpool, han potenciado
su propio mercado aunque la penetración de la Premier por la TV es cada vez
mayor y amenaza con seguir comiéndose a su principal competidora,
justamente cuando la selección española va encontrando figuras propias en
Gran Bretaña y la selección inglesa no sólo navega en la incertidumbre en
cuanto a resultados sino que recurre al italiano Fabio Capello, a quien el
Real Madrid rescindió el contrato aún siendo campeón de liga, para
reencontrar su estilo.
Por todo esto, parece tener razón Platini: es más un triunfo de los
equipos ingleses que del fútbol inglés en estos años en Europa.
Francesco Totti: “Siento demasiado a la Roma para cambiar de camiseta”
No
es fácil llegar a Trigoria, el predio en el que no sólo se entrena sino
que se concentra la Roma en magníficas instalaciones. Para ello hay que
salir al “Grande Racordo Anullare”, una circunvalación impresionante
que marca con claridad que no es fácil acceder a los jugadores romanos
omnipresentes en la calle, en los medios de comunicación. Ni qué hablar de
Francesco Totti. Basta verlo aparecer en cualquier pantalla en cualquier bar
o restaurante de Roma, para que fluyan canciones como “Un capitano, c’e
solo un capitanono, un capitaaaano, c’e solo un capitano”, con la música
de la clásica “Guantanamera” (“Un capitán, hay sólo un capitán”).
Y aparecerán los otros, los tifosi de la Lazio, que dirán por ejemplo que
Totti “nunca juega bien los partidos importantes”. Pero pocas veces un
jugador ha conseguido reunir en torno a sí mismo a toda Roma, para bien o
para mal.
En cierta forma, Totti podría llegar a ser un “Beckham a la italiana”.
No tanto por su estética sino por su fama, y su enorme popularidad. El
hecho de no haber cambiado nunca de equipo en tiempos de fichajes estrella y
contrataciones permanentes, y su casamiento con la ex modelo y ahora
conductora de la TV, la muy bella Ilary Blasi (televisado a su vez por la
cadena Sky), y su reconversión desde aquellos días del escupitajo a
Poulsen en la Eurocopa 2004, y el título mundial de 2006, lo colocaron
definitivamente en el altar para los romanistas.
Hoy Totti destina buena parte del dinero que percibe por sus múltiples
actividades a entidades de bien público, es embajador de buena voluntad de
la UNICEF, y revirtió su mala imagen social desde aquel día que dijo que
jamás había leído un libro, a la actualidad con cuatro libros escritos,
ironizando sobre sí mismo y recopilando chistes que se han hecho sobre él.
- Cuánto pasó desde aquel escupitajo a Poulsen en la Eurocopa 2004…
- Sí, en cierta forma, tampoco son tantos años, pero en la dinámica de mi
vida, eso es mucho tiempo por todo lo que ocurrió después. Fue un episodio
muy triste de mi carrera y quedé muy afectado y muy dolido, aunque es algo
de lo que no me gusta hablar. Es un episodio terminado y lo más importante
es que pude aprovechar aquello para cambiar y creo que hoy mi presente es
muy diferente.
- ¿Qué recuerda de aquel momento?
- No quiero hablar mucho de eso, sólo sé que me provocaron y que reaccioné,
pero cuando me ví en el video, sinceramente no me reconocí, me quedé
impactado por mi reacción, y recuerdo que dije luego, y creo que la gente
comprendió, que quería que supieran que ese no era Totti, que Totti es
otro. Esos días fueron muy duros, me ayudó mucho mi entorno, mi hermano y
agente Ricardo, mi amigo Vito Scala.
- Fue un partido muy duro…
- Sí, lo recuerdo bien aunque no quisiera. Recuerdo que al final me sacaron
una tarjeta amarilla por una dura falta a un defensor (Henrikssen) al final.
El árbitro era el español Mejuto González. Pero ya pasó. Pedí las
disculpas del caso y me parece un tema cerrado.
- Las disculpas las pidió a Poulsen mismo?
- Las disculpas las pedí en general, como debe ser, por mi actitud y es un
capítulo cerrado en mi vida.
- ¿Qué opinión tiene de Poulsen?
- Como jugador, es muy bueno, no por nada se destaca en la liga española,
pero no quiero meterme en otros terrenos. Ya pasó.
- Pero está de acuerdo con que los jugadores se provoquen en un partido?
- No voy a hablar de eso, sólo recuerdo que en un partido con el Shalke 04
contra el Milan, también tuvo problemas con Gennaro Gatusso…cada uno sabe
lo que hce.
- En cuatro años, usted ha tenido una vida social muy movida, su imagen
cambió mucho desde aquellos días.
- Claro, por suerte fue así. Por suerte, tengo una buena familia con Ilary,
tengo un equipo de bicicletas de carrera, la “Totti Top Sport” y dirijo
una escuela de fútbol para niños llamada “Número 10”, que es el número
que siempre quise usar en la camiseta y con el ue me identifico.
- Y están los libros….
- Sí, en cierta forma reírse de uno mismo es algo que ayuda para
descontracturar. Me cargaron tanto con eso de que nunca leí un libro que
escribir una recopilación de chistes sobre mí mismo generó una ola de
simpatía en la gente. Incluso, hasta muchos jugadores me copiaron el
festejo del gol chipándome el dedo gordo, en homenaje al nacimiento de mi
hijo (risas).
- ¿Cuándo apareció ese festejo?
- Lo recuerdo bien. Fue cuando convertí el gol ante Australia en el último
minuto en el partido por octavos de final del Mundial de Alemania.
- Ese fue un gol clave
- Sí. A la larga, fue el partido más difícil que tuvimos, el que nos
planteó más dificultades hasta la final contra Francia, y ese festejo fue
un desahogo.
- Usted tiene une relación irregular con la selección italiana
- Sí, hasta el Mundial sentía que en cierta forma estaba en deuda con los
italianos, porque si bien en la Eurocopa del 2000 perdimos la final ante
Francia en el último minuto y me eligieron como mejor jugador de ese
partido, yo era muy joven allí, y la presión no estaba sobre mí, la
exigencia no era tan fuerte. Ya dos años después en el Mundial 2002, tuve
aquella expulsión ante Corea en octavos de final, cuando el escándalo del
arbitraje del ecuatoriano Bayron Moreno, y luego llegó en el 2004 aquella
situación desgraciada ante Dinamarca así que toda mi expectativa estaba en
el Mundial 2006, pero sufrí mucho porque casi me quedo afuera por una
rotura de tobillo.
- No jugó el Mundial a su nivel aunque Italia lo ganó.
- Soy consciente de eso, pero no era posible. Yo estaba volviendo de la lesión,
hice un tremendo trabajo de recuperación para llegar bien y llegué mucho
mejor de lo que pensé, pero falto de fútbol y se notó, pero hice mi
aporte y fue la alegría más grande que pude tener en mi carrera.
- En la final, a Zinedine Zidane le pasó algo parecido a lo suyo contra
Poulsen en la Eurocopa 2004. En este caso, con Marco Materazzi. Cómo lo vió
usted?
- Son circunstancias del juego, no se puede hablar de cada caso. Zidane a mí
siempre me encantó y lamento que haya terminado su carrera así, pero la
gente se acodará más de las buenas cosas que hizo, que son muchísimas.
- Usted anunció su retiro de la selección italiana tras el Mundial pero no
cierra la puerta a la Eurocopa 2008.
- No, no la cierro porque hablé mucho con el nuevo entrenador, Roberto
Donadoni. Lo conozco, y me entusiasma mucho su proyecto y a quién no le
gustaría estar en una Eurocopa. Pero mi físico está muy cansado, tengo múltiples
actividades y estoy muy concentrado ahora en llevar a la Roma lo más lejos
posible. Por eso no puedo dar hoy una respuesta. Lo único que puedo decir
es que me encanta jugar en la selección, pero ya soy “un poco viejo”
(risas) y tengo que pensar mucho más cada paso que doy. También vengo de
lesiones pesadas y fíjese que lo raro es que entre mis 19 y 30 años no me
pasó casi nada, y desde los 30 tuve dos lesiones importantes, una muy
grave, la operación del tobillo y la otra fue el golpe en el cuello del
pie, que me dejó mucho afuera de lascanchas.
- Usted siempre estuvo muy comprometido con la Roma, y eso es algo poco común
en tiempos en los que casi desaparecieron los “jugadores-emblema”. Los
Raúl-Real Madrid, Del Piero-Juventus o usted mismo. ¿Cómo se convive
perteneciendo siempre a un mismo club en tiempos de fútbol-mercado y
fichajes permanentes y cambios de equipo como si nada ocurriera?
- No soy tonto y sé que vivimos un tiempo así, pero mi amor por la Roma
viene de muy pequeño. Yo seguía a la Roma en la curva (tribuna) cuando era
adolescente. Pude tener el privilegio de llegar a compartir equipo con mi ídolo
de juventud, Giusepe Giannini, y cuando me destacaba jugando al fútbol
infantil, me vinieron a buscar del Milan para hacerme contrato, en tiempos
de esplendor del Milan, y mis padres se opusieron y yo también, porque
siempre fuimos tifosi de la Roma. Esto se formó desde mi niñez y no me
siento en condiciones de traicionar este sentimiento. No sé lo que hacen
los demás. Tampoco creo casual que admire tanto a Raúl, porque en cierta
forma representa lo mismo que yo, pero en el Real Madrid, y fijese que hasta
tenemos una cantidad parecida de goles.
- El un poco más que usted (risas)
- Cierto, pero él es delantero neto y yo no, yo soy “trecuartista”, un
acompañante del delantero de punta. Aunque puedo jugar en otras posiciones,
de hecho ahora mismo, el técnico Luciano Spalletti quiere que juegue de
punta. Yo lo hago, pero siempre digo acá en Italia a los hinchas que yo no
decido el equipo, que juego donde me ponen y que siempre haré lo mejor para
el equipo, pero prefiero jugar de mediapunta, o “trecuartista”, un poco
más atrasado.
- Y se dijo en Madrid que usted casi juega en el Real Madrid. ¿Hubiera
traicionado a la Roma?
- No, no considero en eso una traición pero es cierto que me subyugó la
posibilidad de jugar en el Real Madrid y la chance fue cierta en 2004,
cuando tras las vacaciones en Formentera, pasamos con mi esposa Ilary por
Madrid y el presidente del club era Florentino Pérez. Allí Jorge Valdano
habló conmigo y me comentó la chance de acompañar a Zidane en el medio
partiendo un poco más desde atrás, pero no se terminó dando. Creo que
hubiera sido la única vez que habría aceptado irme de la Roma.
- Y hubiera compartido cartel con Raúl…
- Hubiera sido un honor. Para mí, que Raúl no tenga el Balón de Oro es
definitivamente escandaloso, con la trayectoria que tiene. Tuve el gusto de
saludarlo ahora cuando nos enfrentamos en octavos de final en la Champions
League.
- Qué impacto que fue el triunfo de la Roma ante el Real Madrid y en los
dos partidos…
- Sí, esta temporada es aún mejor que la anterior para nosotros. Estamos
relativamente a tiro del Inter en la liga, y muy fortalecidos futbolística
y anímicamente en la Champions luego de eliminar a un equipo del calibre
del Real Madrid. Pienso que podemos llegar a luchar hasta el final en los
dos frentes porque creo fervientemente en el equipo. Al ganarle al Real
Madrid de locales y en Madrid demostramos que somos uno de los equipos más
fuertes del continente porque no es nada sencillo ganar a este tipo de
equipos, es una enorme satisfacción.
- Y ahora toca el Manchester United, el mismo que les hizo siete goles
apenas un año atrás…
- Sí, es extraño volverlos a enfrentar en esta instancia tan pronto. También
es poco usual que juegues seis veces en un año contra el mismo equipo
extranjero y por competencias oficiales, pero así se dio. Creo que más allá
del United, que es un poderosísimo equipo y de Cristiano Ronaldo, que es
sin dudas uno de los mejores jugadores del mundo, el tema pasa por no
cometer ninguna distracción. En la Champions League cometés una, y se acabó
todo, posiblemente. Y nos veo concentrados y sabiendo que ahora para ganar
en los dos frentes, liga y Champions, deberemos enfrentarnos a los equipos
de mayor nivel.
- Pero con el antecedente de los siete goles de la Champions pasada, ustedes
querían al Manchester United como rival?
- Sinceramente no, no lo queríamos, debo reconocerlo, pero al menos para
nosotros es un desafío por lo que pasó y nadie cree que vamos a pasar de
rueda y eso puede ser bueno. Nos conocemos de memoria y al menos en la matemática,
tenemos el 50 por ciento de posibilidades de ir a semifinales.
- Se va a enfrentar otra vez a Van der Sar, un arquero que para usted no es
uno más
- Desde ya que no. De hecho, el título de mi libro “Je Mo Faccio Er
Cuchaio”, tiene una historia que lo relaciona mucho y que viene de la
Eurocopa 2000.
- Cuéntela por favor…
- Sucede que llegamos a los penales contra Holanda en semifinales y cuando
llegó el momento de patearlos, se me acerca un compañero, Di Biaggio, y
apuntando a la longitud de Van der sar, me dice “tengo miedo”, y allí
yo le solté la frase que se hizo famosa, pero se la dije en romanesco, un
dialecto romano. Le dije “yo le hago la de la cuchara”, que es un remate
empalando la pelota apenas desde abajo con todo el empeine, haciéndola
elevar lentamente, como si uno levantara la pelota con una cuchara. Di
Biaggio se sorprendió por lo que le dije con seguridad y nuestro capitán,
Paolo Maldini, que escuchó lo que dije. Se me acercó y me dijo “es una
semifinal de Eurocopa”, que estaba loco si lo hacía, pero lo hice…
- Le sorprendió la eliminación del Inter a manos del Liverpool?
- No tanto, en Champions League todo puede ocurrir y el Liverpool des fuerte
también. Sí me sorprendió todo lo que pasó después con Roberto Mancini
y su renuncia que luego revirtió. Pero no me detengo mucho en el Inter.
Nosotros pensamos en la Roma.
- Qué le falta entonces a la Roma para terminar de consolidarse?
- Creo que se hizo un muy buen trabajo de base, con jugadores que ahora
todos quieren, como De Rossi, Aquilani, y eso indica que somos fuertes en
Europa, y se han traído buenos jugadores para reforzar el equipo. Siempre
digo que si queremos llegar más lejos, hay que traer cada vez mejores y no
vender. Es la única forma de crecer. Me decían, por ejemplo, que Didier
Drogba podría venir. Si hay chances de que venga Drogba, yo mismo voy a
buscarlo y a convencerlo de que venga a la Roma!. Necesitamos campeones
porque los campeones siempre tienen esa mentalidad de vencer. Pero como
siempre digo, yo no manejo el club, sólo juego y soy el capitán.
- Y a Zlatan Ibrahimovic, iría a buscarlo?
- También. Son jugadores de carácter y ganadores.
- Le gusta el juego de Ibrahimovic? Qué puntos fuertes y débiles le ve?
- Débiles, pocos. Acaso que alguna vez lo puede traicionar su carácter y
que si está en un mal día, tal vez no le sale nada, pero eso nos pasa a
todos. Pero es un gran jugador técnicamente, con una enorme potencia y una
gran capacidad para generar situaciones de peligro casi de la nada, y está
jugando cada vez mejor en conjunto.
- Qué equipo ha jugado mejor en la Champions para usted?
- A mí me gusta mucho ver al Barcelona, pero me parece más sólido el
Manchester United.
- Y el mejor jugador del mundo?
- Sin dudas, Leo Messi. Y después, Henry. Si tuviéramos a esos dos
jugadores en la Roma, no perderíamos nunca.
- Cuál es el mejor entrenador que tuvo en su carrera?
- Dos, Carlo Mazzone, una especie de segundo padre, y el checo Zdenek Zeman
en el plano técnico, el que me dejó los mejores fundamentos tácticos.
- Y los mejores jugadores que tuvo de compañeros?
- Gabriel Batistuta, Abel Balbo y Marco Delvecchio.
- En el derby contra Lazio en el estadio Olímpico llevó flores a la curva
de los hinchas de Lazio.
- Sí, fue algo que sentí, porque fue en homenaje al chico asesinado por
ser hincha del Lazio, aunque sea el rival de la Roma. Deposité flores
porque sabía que el padre de Gabriele Sandri vendría al estadio y me
pareció que con ese gesto demostraba que el fútbol es sólo un juego, nada
más que eso, y que nadie puede morir por una camiseta.
“Totti tendría poco que hablar con Einstein pero forma parte de la dinastía
de Garrincha, Best, Gascoigne o Cassano, con la ventaja de no ser cojo, ni
alcohólico, ni paranoico”, describe con maestría el periodista español
Enric González, autor del maravilloso libro “Historias del Calcio”, de
la editorial RBA.
Totti, el autor de cuatro libros que nunca leyó ninguno
Francesco Totti se ha convertido en un personaje cada vez más popular desde
que decidió tomarse a broma las cargadas que ha ido recibiendo desde que a
partir de su sinceridad brutal, admitió que jamás en la vida había leído
un libro. Incluso en un derby contra la Lazio, su rival Paolo Negro se mofó
de él en un roce y le espetó “habla italiano”, como si no se le
entendiera lo que dice. Así fue que Totti decidió revertir esta imagen
primero con el libro “Tutte le barzellette su Totti (racconte da me)”
(Todos los chistes sobre Totti recopilados por mí”, y “Le nuove
barzellette su Totti (racconte ancora da me)” (Los nuevos chistes sobre
Totti recopilados por mí), y luego dos más, el más original, “Je Mo
Facio Er Cuchiaio” (“Yo se lo hago de cuchara”), en referencia al
penal ante Van Der Sar en la Eurocopa 2000 que repitió en varios goles más
en su carrera y otra biografia con DVD de sus goles incluídos, que inundan
actualmente los kioscos y librerías.
Es tal el cambio en Totti, que está casado con la ex modelo Ilary Blasi,
quien es conocida en Italia como “La Letterina” por su participación
televisiva como conductora del programa “Pasalapalabra”, sobre libros,
en el que se disfraza de letra.
Sin embargo, Totti sigue recordando que de chico quería ser gasolinero
“por lo bien que huele la nafta”, y se sigue declarando fanático de los
bucattini alla matricana que prepara su madre, Fiorella.
Los libros siguen sin aparecer, salvo los suyos.
Hugo Sánchez y el peligro de la pérdida de imagen
Acaso
haya sido la peor semana de la carrera futbolística y de la imagen de uno
de los máximos ídolos, sino el máximo, del fútbol mexicano, como siempre
lo fue Hugo Sánchez, cuando la Junta de Dueños de la Federación de su país
determinó cesarlo en el cargo de entrenador, apenas promediando el período
entre dos mundiales.
Sánchez, odontólogo de profesión y estrella de los años ochenta en el fútbol
español, primero en el Atlético Madrid y luego y más tiempo, en el Real
Madrid de la llamada “Quinta del Buitre”, con jugadores de la talla de
Butragueño, Sanchís, Martín Vázquez, Michel o Jorge Valdano, acostumbró
al mundo con sus festejos con cabriolas y saltos mortales y espectaculares
chilenas, que pusieron a México en la consideración del fútbol mundial,
si bien como equipo nacional o su propia liga nunca habían alcanzado ese
status.
Por eso, Sánchez acaparó toda la publicidad en sí mismo, incluso llegando
a tapar a su propio fútbol en un tiempo en el que prácticamente ningún
jugador salía al exterior, debido a que la paga en el país siempre fue
fuerte, y a que no había tradición para emigrar. En el caso de Sánchez,
también la suerte jugó un papel en su favor ya que el entonces presidente
del Atlético Madrid, Angel Cabezas, había viajado a México para observar
en acción al jugador Maldonado, del Cruz Azul, pero Sánchez apareció en
una jornada de gloria, marcó goles seguido, y el dirigente optó por
llevarse al delantero de los Pumas de la ciudad de México Distrito Federal,
la capital del país.
Lo extraño de la carrera de Hugo Sánchez, tan brillante en España (aunque
no lo fue su primera temporada, cuando se llegó a plantear ser devuelto a
los Pumas pero él persistió en quedarse hasta triunfar), nunca pudo ser ni
mínimamente equiparable a su trayectoria en el seleccionado “Tricolor”
de su país. Así, participó del rotundo fracaso en el Mundial de Argentina
en 1978, cuando su equipo regresó sin puntos y con una goleada estrepitosa
ante Alemania por 6-0 en la ciudad de Rosario, y tampoco llegó muy lejos en
1986, como local, cuando todos pensaban que sería “el” Mundial de Sánchez.
No sólo no fue así, sino que Hugo falló sobre la hora un penal ante
Roberto “Gato” Fernández de Paraguay, que significaba una nueva
victoria, y su imagen pública quedó desdibujada para muchos.
Sánchez comenzó a tener detractores en la prensa local, la misma que con
los años, y pese a un bicampeonato como entrenador logrado con el equipo de
sus amores, Pumas, se resistió a que llegara a la selección, debido a que
le atribuyen arrogancia, desconocimientos tácticos, y especialmente, una
dura campaña de acoso y derribo a su antecesor en el cargo, el argentino
Ricardo La Volpe, con quien tiene un duro enfrentamiento desde que ambos
eran jugadores y se enfrentaban como delantero y arquero.
Sánchez jamás pudo aceptar que siendo extranjero, La Volpe accediera al
cargo de entrenador del seleccionado mexicano y se mantuviera los cuatro años
entre mundiales y pasara de rueda en el Mundial de Alemania 2006 y una vez
eliminado el “Tri” cargó inmediatamente contra el argentino desde el
lugar de alguien que conoce como nadie al fútbol de su país y la persona
indicada para unir a toda la afición detrás de los colores y la camiseta.
Con sus antecedentes futbolísticos, el bicampeonato con Pumas y el
simbolismo que representaba, Sánchez asumió como entrenador una vez
finalizado el pasado Mundial, pero lo cierto es que nunca supo imprimirle al
equipo una línea de fútbol y en especial, jamás encontró un sistema táctico
favorable.
Sumado a eso, las derrotas en la Copa de Oro ante Estados Unidos, y la
eliminación del Torneo Olímpico en un grupo accesible, generaron una
crisis terminal debido a que ya desde antes, varios integrantes
fundamentales del equipo nunca se sintieron cómodos con su presencia y
respondían mucho más a La Volpe, en el período anterior, lo que fue
generando un plantel dividido, en el que algunos jugadores sólo eran
convocados porque era absolutamente imposible prescindir de ellos, como es
el caso de Rafa Márquez, defensor del Barcelona y capitán del
seleccionado.
La salida de Sánchez como entrenador vuelve a traer a la mesa el debate
sobre el cuidado que deben tener los grandes ídolos del fútbol y lo difícil
que resulta ser entrenador a posteriori, porque ya no se depende de sí
mismo y malos resultados dejan huellas en una imagen que se supo mantener
favorable durante la carrera como jugador y el stress al que se someten
estas personas es mucho más alto que lo normal, debido a que sienten que
como entrenadores deben refrendar lo que han hecho como futbolistas.
Alfredo Di Stéfano o Johan Cruyff, por ejemplo, si bien han tenido una
exitosa carrera aún como entrenadores, debieron alejarse muy jóvenes de
sus cargos debido a la carga nerviosa que les fue dañando físicamente,
mientras que Pelé optó por no sentarse en los bancos de suplentes y Diego
Maradona no encuentra ofertas importantes luego de haber tenido dos
frustrantes experiencias como entrenador mientras duraba la suspensión como
jugador en 1995, pero muchos de sus dirigidos cuentan que pretendía “que
jugáramos como lo hacía él” mientras otros recuerdan que el trato hacia
ellos era igualitario, y no como de entrenador a jugador.
En el caso de Franz Beckenbauer, éste pasó rápidamente del nivel de
entrenador al dirigencial en el Bayern Munich, y el francés Zinedine Zidane
no se ve como entrenador, al igual que su admirado uruguayo Enzo Francéscoli,
hoy magnate de la TV en Miami, Estados Unidos.
Muchos creen que es mejor cuidar la imagen que tanto costó obtener y que,
arriegando, el futuro puede ser como el de Hugo Sánchez, y que en pocos
meses se dilapide una brillante carrera.
Michel:
“Nuestro temor es que Andreas Laudrup se vaya con su padre” (Minuto 90,
Dinamarca)
“Andreas
es un jugador de una gran habilidad, de un gran potencial y de mucho futuro.
Nosotros tratamos de llevarlo de la mejor manera posible, con calma, por
tratarse de un chico de 17 años que tiene mucho talento. Sus características
son las de un 10 retrasado, aunque tiene la posibilidad de jugar tambien por
ambas bandas, y eso le da mayor ductilidad a la hora de colocarlo en el
equipo, pero a esta edad, nunca se sabe cuanto puede evolucionar. Creo que
todavía no termino de desarrollarse físicamente, y tiene que trabajar
mucho la parte de fuerza, potencia y capacidad física, pero tiene lo
principal que es el talento. Es difícil pronosticar qué futuro tiene en el
Madrid, pero de hecho, los que seguimos los juveniles sabemos que hay
jugadores que no tienen mucha proyección y que no llegaran. Es mas fácil
saber quienes no llegaran que los que si, pero en principio, si no hay
accidentes o hechos que tuerzan la vida del jugador, que a esta edad es difícil
saberlo, tiene destino de primera. Por ejemplo, los estudios, los hechos
externos al futbol, y por el otro lado, en el caso de Andreas, esta el tema
de que por ejemplo el esta en el Madrid solamente desde hace medio año,
cuando Michael llego a dirigir al Getafe, pero podría darse el caso de que
Michael emigrara para dirigir a otro equipo y seria normal de esperar que
Andreas se fuera a vivir donde Michael, asi que no se puede decir
fehacientemente que sucederá.
Sabemos que hay padres que presionan mucho para que sus hijos lleguen lejos,
pero nosotros desde el club tenemos una política clara en ese sentido, en
la que colocamos a los padres en su lugar. En cambio, con Michael tenemos un
dialogo habitual, en el que él pregunta sobre su hijo, y nosotros también
le comentamos a el cuando hay algún tipo de información que creemos que
debe saberlo, pero todo con mucha normalidad. Pero en este sentido, nosotros
protegemos mucho a los chicos, y los acompañamos en su crecimiento.
Otra característica importante de Andreas es que hace muy bien las
diagonales, es decir que aprovecha muy bien al campo y tiene muchas
condiciones técnicas pero no es de los que tienen mas potencia.
En Valdebebas, los entrenamientos son 4 veces por semana, mas un quinto de
partido.
Andreas juega en el Juvenil B de Segunda, que es de un alto nivel de
competencia y en el que el Madrid es líder, cuando termino la primera
rueda. Es una competición exigente.
Bayram Tutumlu (agente de Michael): “Conozco bien a Andreas por mi amistad
con Michael y me impresiona mucho. De sus características técnicas, que
son muy buenas, me impresiona su juego con la zurda, pero mas que todo, creo
que tiene algo muy importante a futuro, que es su fuerte carácter. Tanto,
que cuando una vez le pregunte si piensa ser jugador en el futuro, me dijo
que solo hay dos mejores jugadores que Michael: Ronaldinho y el mismo”.
Pero es difícil saber una proyección, es aun muy pequeño y habra que
seguirlo, aunque todo indica que va por muy buen camino.
Thomas
Gravesen en el Real Madrid:
De
Superman a Shrek (Tipsbladet, Dinamarca)
“Pero.....¿están
seguros?”. Todos se miraron por primera y única vez ese mediodía en las
instalaciones del estadio Santiago Bernabeu. Nadie se había cuestionado
nada del fichaje de Thomas Gravesen, del Everton, que iba a ser el primero
que el Real Madrid haría en el mercado invernal en los últimos siete años,
desde que en 1998 lo había hecho otra gestión presidencial, la de Lorenzo
Sanz, con el serbio Perica Ognejovic (que no resultaría nada rentable). Se
intentaba un revulsivo para el equipo, con el mismo efecto conseguido un año
antes por el Barcelona cuando trajo al “pitbul” holandés Edgar Davids.
Y cuando ya tanto el director deportivo, Arrigo Sacchi, el entrenador
brasileño Wanderlei Luxemburgo y el presidente Florentino Pérez habían
conseguido ponerse de acuerdo en el fichaje, y habían cerrado todo luego de
tantas vueltas de números, aparecía nada menos que Edson Arantes no
Nascimento, Pelé, de visita por el club. Y se sorprendía cuando en la
reunión previa, antes de pasar a la sala de conferencias, se enteraba de la
nueva contratación y no dejaba de expresar su desconcierto. “¿Y ustedes
creen que realmente tiene el nivel para un equipo como éste?”. Todos se
miraron, pero nadie osó defender demasiado su posición. Sólo el italiano
Arrigo Sacchi, principal valedor de Gravesen en el club blanco, inició una
leve defensa del danés. “Bueno, estamos buscando un jugador que de alguna
manera traiga la iniciativa de la marca porque tenemos muchos creativos pero
no tanto sacrificio”. Como suele suceder con el ex astro brasileño y su
diplomacia, éste calló y prefirió cambiar de tema, preguntando sobre
lugares para comer en la capital española.
En el Real Madrid estaban todos convencidos, hasta ese momento, que el de
Gravesen sería un “gran fichaje”. Sacchi estaba seguro de que el
problema del Real Madrid consistía en que no ganaba títulos, pese a los
cambios de entrenador desde la errónea salida de Vicente Del Bosque en el
verano de 2003, porque sus jugadores no se implicaban en la marca. E inició
un plan para convencer a sus dos interlocutores, especialmente el entrenador
Luxemburgo, quien había comenzado con todo pero iba perdiendo batería, y
el siempre desconfiado presidente y hombre de empresa, Florentino Pérez,
quien para contratar a Gravesen empleó su táctica habitual: ofrecer al
Everton 3 millones de euros cuando el club pedía el doble para un contrato
de tres temporadas y media. Y cuando esto se encaminó, vinieron las duras
negociaciones con el agente y ex futbolista John Sivebaeck, que se fortaleció
tanto, que llegó a irse de la sede del club cuando el Real madrid no
aceptaba estirarse con los 2,7 millones de euros que pretendía para su
representado, y cuando los dirigentes no se movían de los 2 millones. Pero
Sivebaeck recibió una llamada ablandada, volvió a sentarse en la mesa de
negociaciones y Gravesen terminó ganando y cobrando lo que pretendía.
Lo que parece, así contado, una negociación normal., con tira y afloje de
ambas partes aunque con una en posición de fuerza ante la otra (Gravesen
sobre el Real Madrid), en realidad tuvo más aristas, porque también hubo
nerviosos diálogos entre Sivebaeck y el propio Gravesen, quien debió ser
frenado por el agente más de una vez, al insistirle en que “estás
presionando demasiado al Everton y va a terminar mal”. Gravesen, por esos
días de mini vacaciones, y como suele actuar en estos casos, había llegado
a manifestar que o pasaba al Real Madrid “o “tiro el estadio (del
Everton) abajo”. Esto ocurría cuando Gravesen se irritaba al conocer que
su entrenador en el equipo de Liverpool, David Moyes, era quien se oponía a
su venta, casi la única traba para que el fichaje se concretara. Pero con
los acuerdos entre clubes y con el jugador, y tras pasar la revisión médica
en la clínica La Zarzuela, Gravesen, a los 28 años, se convertía en el
tercer jugador danés de la historia en ponerse la camiseta blanca, luego de
Henning Jensen y Michael Laudrup. El Real Madrid lo presentaría en la misma
conferencia de prensa en la que minutos antes había estado Pelé, paradójicamente,
y a la que este cronista asistió.
Por esos tiempos, aparecía como un hombre simpático, fuerte, decidido
(“inmediatamente me pondré a estudiar español para entender todo
mejor”) y hasta un personaje que venía bien para ser la contracara de
estrellas mediáticas como Zinedine Zidane, Ronaldo, o David Beckham,. Era
claro que el inglés o bien Guti, deberían salir del equipo para que él
pudiera jugar como volante defensivo, último paso antes de llegar a la
defensa, si bien no era donde jugaba en el Everton. Con el tiempo, Gravesen
lo reconocería casi entre risas.”Estoy contento de que se hayan
equivocado al ficharme, porque en verdad debieron hacerlo con Lee Carsley,
quien jugaba en el Everton detrás de mí, en la posición que el Madrid
necesitaba. Por eso hasta que no firmé contrato, no me lo creí, y me pone
feliz por el error que cometieron”. Esto no hace más que darle la razón
a los que se referían a Sacchi hablando de “secretaría técnica”,
entre comillas, con ironía hacia el italiano, que acabó renunciando poco
tiempo después, al igual que Luxemburgo.
Por esos días, Gravesen era uno de los hombres más simpáticos y hasta
parecía un militante de la causa con sus declaraciones: “He venido a un
vestuario en el que no soy el hombre que dirige las charlas. Sería estúpido
llegar aquí haciendo ruido y avasallando”. Nadie podía estar más
contento, incluso se tomaban todos a bien algunas extrañas salidas suyas
para lo que era naturalmente el ambiente del plantel, como cuando en su
debut ante el Zaragoza, por la liga, el 16 de enero de 2005, en un momento,
codeó al lateral Raúl Bravo y con un gesto le preguntó qué era lo que
estaban cantando en la grada los ultras., Estos entonaban en el clásico
minuto 7 de cada partido el “Illa, illa, illa, Juanito maravilla”, en
homenaje al delantero de los años ochenta fallecido en un accidente. Era la
forma en que Gravesen buscaba empaparse lo más rápido posible del
sentimiento madridista, algo que cayó de la mejor forma en el club y la
afición. También pronto se enteró de que en el banco de suplentes, hay
que taparse la boca con la mano para hablar con los compañeros, para que
las cámaras de televisión no puedan enfocar sus labios y transmitir lo que
está diciendo. Gravesen se lo tomaba todo en serio, tanto, que Luxemburgo
llegó a decir que “entre tanto violinista, necesitábamos un duro” o el
propio Florentino Pérez dijo que es “el jugador que nos faltaba”.
Incluso Morten Olsen., el entrenador de la selección danesa, llegó a
elogiarlo publicamente en algunas actuaciones cuando Gravesen comenzó a
flaquear y a no ser ya titular indiscutido, cuando ya sus pases no eran tan
precisos, y el Bernabeu descubió que no se trataba precisamente de un
talento, y que tampoco era tan defensivo como se esperaba. Pero Gravesen
siguió dando pelea. “Ha salido del anonimato y ha dado pruebas
suficientes de que el club lo ha fichado bien, asumiendo con naturalidad el
papel de director del juego del equipo, con disciplina defensiva y
distribuyendo el balón con rapidez”, sostuvo Olsen en una oportunidad.
Esa primavera de 2005 duró bastante poco y ya para mitad de año, la
sensación era otra. Para los referentes del plantel del Real Madrid, con años
de vestuario, la idea era que no habían tenido un compañero tan raro, tan
extraño de carácter, desde los tiempos del francés Nicolás Anelka, pero
con dos agravantes: en aquel tiempo, y por más solitario que era el
delantero galo, se ganaba seguido, y el propio Anelka definió partidos
importantes en Champions League, cosa que no ocurría con Gravesen. A esa
altura, ya estaba en camino a quedar solo y con diálogo unicamente con
jugadores de menor importancia. Si con Anelka, dos rererentes llegaron a
decir “y pensar que a ese lo hicimos campeón de Europa”, con Gravesen
se llegaron a plantear “si no es un marciano” o “qué está haciendo
aquí” porque ya sus encierros fuera de los entrenamientos y las
concentraciones, se habían convertido en un acertijo, y sus gritos de ogro
en las prácticas, dando órdenes a sus compañeros, que al principio
causaban gracia y hasta ilusión, se fueron tornando en una insoportable
expresión de un carácter insufrible y cercano a lo militar. Esa sensaciòn
se fue transformando en bronca al ver que no tenía el menor interés por
compartir nada con el plantel fuera de las actividades formales y que en el
momento de estar juntos, sus gritos iban convirtiéndose en órdenes en el
momento en que le fue tomando la medida a las cosas y fue conociendo más al
club. Pero la llegada del brasileño Robinho en el verano de 2005,
procedente del Santos, iba a ser un antes y un después para Gravesen. Ya su
propia llegada generó que hiciera extrañas declaraciones a los medios, con
los que solía dialogar muy poco. “Robinho tiene que demostrar por qué se
le fichó y juega en el Real Madrid, porque somos profesionales de mucha
trayectoria y hemos formado un bloque sñolido y con mucho espíritu”,
indicaba misteriosamente, como si supiera que el brasileño venía a
engordar las filas de los que “trabajaban poco” en contra de los que,
como él, “transpiraban la camiseta”. Era claro que en los partidos,
Gravesen se hinchaba las venas del cuello a gritos pelados para que los
atacantes bajaran a ayudarlo en la marca (que tampoco él sentía tanto) y
éstos lo miraban con desdén, al no tener la voluntad de hacerlo ni
sentirse afectivamente cerca de quien les inmpartía estas extrañas órdenes.
Hasta que lentamente, para fines de año y luego de que estallara otra
crisis por perder todos los títulos, el vestuario lo terminó de alejar y
el nuevo y joven entrenador, ex jugador del Real Madrid, López Caro. Este
no estaba en condiciones de manejar semejante plantel y se encomendaba a
Dios rezando y haciendo orar a sus jugadores que lo miraban atónitos. Pensó
que acaso apelando nuevamente a Gravesen, solucionaría algunos problemas
disciplinarios dentro del campo de juego, en un equipo que ya estaba
partido. Gravesen contaba por esos últimos días de 2005 con la suerte de
que su contrincante en el puesto, el uruguayo Pablo García, era permanente
baja por lesión o porque tanto él como su compatriota Diogo, no cuajaban
en el equipo por “indisciplina táctica”. Duró poco también, y ya en
plena crisis institucional, con la renuncia de Florentino Pérez, comenzó a
buscársele una salida. Ya sus primeros tiempos de simpatía eran un mero
recuerdo, y hasta se olvidó aquello de la “Gravesinha”, como se le llamó
a aquella jugada ante el Sevilla (4-2 por la jornada 19 de liga) cuando amagó
colocar su rodilla izquierda en tierra para recuperar un balón cedido por
Zidane, y a gran velocidad volvió a ponerse de pie y llevarse sin problemas
el balón. Ya no le festejaban nada y las chances de irse aumentaron
sustancialmente, pero su punto final llegó cuando asumió el italiano Fabio
capello como entrenador en el verano de 2006, ya con la nueva junta
directiva de Ramón Calderón. Casualmente en el primer entrenamiento que
llegaba a ver en la pretemporada en Irdning, Austria, el nuevo director
deportivo, Pedja Mijatovic, Gravesen le entraba fuerte a Robinho, éste le
respondió, y se trompearon de tal modo que Capello los expulsó mandándolos
a los vestuarios, escena que fue vista en todo el mundo. Para Gravesen ese
fue el punto final. No contó más con un entrenador que no soportaba que
otro gritara en los entrenamientos y se lo hizo saber, llamándolo a un
aparte, entre las miradas risueñas y satisfactorias de sus compañeros, que
lo sintieron como una venganza. “Acá el único que grita soy yo, y si no
está de acuerdo, se puede ir ya mismo a las duchas”. “Recuerdo que
agachaba la cabeza en silencio, como los niños cuando son reprendidos por
haber hecho algo malo”, cuenta hoy un referente de aquel plantel. “Eran
unos mierdas que no se sacrificaban por el equipo y se creían todos
superestrellas”, dijo Gravesen, sin dejar nada en el tintero. “Capello
era un arrogante y egoísta, que ni siquiera sabía mi nombre”, dijo
Gravesen una vez que emigró al Celtic de Glasgow. Había pasado a ser
Shrek, el ogro, cuando llegó siendo Superman
El futbol italiano intenta
renacer... en Florencia
Se sabe bien que el fútbol italiano atraviesa, ya desde hace tiempo, una enorme crisis de credibilidad. Se ha probado que hubo irregularidades de todo tipo en partidos de Liga, la Juventus ha pagado caro con un descenso que generó que jugadores campeones del mundo tuvieran que participar en la Serie B tras el llamado “Calciópoli” que personificó en Luciano Moggi, pero que involucró a muchísima gente. Y por si faltaba algo, se produjo el golpe final con la reciente muerte del joven hincha del Lazio, Gabriele Sandri, que motivó una enorme movilización del ámbito del calcio.
Sin embargo, hay algo que nos diferencia desde hace añares con los italianos. Y es que ellos logran, aún, escandalizarse con una muerte. Un muchacho que fallece por ver un partido de fútbol, en las sociedades desarrolladas de Europa occidental, sigue siendo un índice muy fuerte de alarma. No se trata, de ninguna manera, de un hecho normal. Y esto va para aquellos que siguen creyendo que se pueden extrapolar fenómenos como el combate de la violencia de parte de sociedades de determinada característica, hacia otras como la nuestra, en la que la muerte es casi “algo más”. “Me asaltaron, pero mal”, escuchó decir este periodista en su último viaje a Buenos Aires, ya sea en autobuses, metros, en la calle. Es decir, ya el asalto mismo no es novedad. La novedad pasa por el tipo de asalto. Esto habla de una sociedad cada día más indiferente a hechos aberrantes lo cual es sumamente peligroso de cara al futuro.
Los italianos, por cambio, no niegan la gravedad del hecho de una muerte, pero una vez producida, y tratándose de un hecho aislado, para nada habitual, el fútbol se paró, se hicieron todo tipo de investigaciones, jugadores e hinchas de todos los equipos fueron al entierro de Gabriele y manifestaron sus condolencias a su familia, el minuto de silencio en su homenaje en todas las canchas fue absoluto, respetuoso, honesto, doloroso. ¿Algo de esto tiene relación con lo que sucede en el fútbol argentino?
Pero aquí viene lo que nos separa aún más de los italianos (como de tantos otros países con sociedades en mejor estado): por la fecha que acaba de terminar de la liga, los dirigentes de la Fiorentina, que jugaba nada menos que contra el Inter, líder de la tabla, decidieron implementar lo que en el rugby se llama el “Tercer Tiempo”, pero dentro del campo de juego. Es decir, que los jugadores de la Fiorentina, ganen, empaten o pierdan como locales, se colocan en fila haciendo el tradicional pasillo a los jugadores rivales, y no sólo los aplauden por haber participado del partido, sino que saludan uno a uno, porque ya todo terminó y corresponde recordar que el fútbol no es más que un deporte.
Tal brillante idea, proveniente de los hermanos Della Valle, quienes están a cargo de la Fiorentina, comenzó ante el Inter y cuando el local no sólo ha perdido 0-2 el partido, sino que su propio entrenador, Cesare Prandelli, arrastraba el luto por la muerte de su joven esposa durante la semana, lo que, a su vez, generó un minuto de silencio en todos los estadios.
La iniciativa de la familia Della Valle, lejos de quedar aislada, rápidamente fue copiada por los dirigentes de Inter y de Roma, que ya mañana miércoles deben jugar partidos de liga para recuperar una fecha, pero no sólo ellos han decidido sumarse a la Fiorentina, sino que Antonio Matarrese, viejo dirigente de la Federación Italiana de Gioco Calcio (FIGC) ha determinado que a partir de enero de 2008, todos los partidos deberán tener el “Tercer Tiempo”, una excelente medida que demuestra el intento italiano por renovarse, por renacer desde lo humano, luego de la excecrable etapa anterior.
No hay jugador importante que no aproveche la ocasión para tratar de mejorar el ambiente. Kaká, reciente ganador del Balón de Oro de la revista France Football como mejor jugador europeo de 2007, dijo desde París que si bien él no piensa irse de Italia ni del Milan, pretendería que no hubiese hechos violentos que lamentar y que si no cambia la situación, Italia puede seguir perdiendo posiciones en la liga.
Qué lejos que estamos. Leemos sobre el calcio y comentamos “ya ves, ellos están igual” pero no. No están igual. Están mucho mejor. Se autocritican y hacen todo lo posible por cambiar. Nosotros seguimos creyendo que todo pasa, o al menos, no hacemos nada para que las cosas cambien en serio. Y no muere un hincha, mueren cientos.
Incluso en fútbol, el renacimiento italiano vuelve a comenzar en Florencia, como debe ser. ¿Renacerá algún día el fútbol argentino?
España, ni los peores ni campeones del mundo
Finalmente, la selección española ha ganado su grupo eliminatorio para la Eurocopa de Austria y Suiza 2008, y lo ha hecho jugando muy bien al fútbol, especialmente en el partido clave, cuando venció claramente a Suecia por 3-0 en Madrid, y de esta manera logró convencer a la afición de que con un sistema habitual, y apostando a los buenos jugadores, se puede llegar más allá de lo imaginado.
El mayor problema que se cierne ahora sobre las sensaciones en la prensa y en buena parte de los espectadores, porque es lo que generalmente ocurre cuando alguna selección española obtiene un buen resultado. Pocos recuerdan ya que hace apenas unos pocos meses, el veterano entrenador del equipo, Luis Aragonés, se vio obligado a renunciar para cuando termine la participación en la Eurocopa, porque arreciaban los cuestionamientos a su gestión, algunos lógicos (especialmente centrados en su conducta fuera de los campos de juego, y por problemas personales con jugadores clave del plantel). Sin embargo, ya hay un buen sector del periodismo (por ejemplo, el cotidiano deportivo “Marca”, de Madrid, de mucho peso en la opinión pública) que pide que se quede en vez de volver a apostar por otra línea de juego.
Pero la selección española siempre ha tenido muchas idas y vueltas. Los escasos títulos conseguidos a lo largo de su historia (Eurocopa de 1964, medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, el Mundial sub-20 de Nigeria en 1999), pese a tener una de las ligas más fuertes del mundo, aunque apoyada en la contratación de numerosos extranjeros, generaron una desconfianza y hasta cierto aburrimiento cuando tocan partidos deselecciones y se debe parar el campeonato, como si el equipo nacional molestara lo que realmente interesa, que son el Real Madrid, el Atlético Madrid, el Barcelona o el Valencia.
Sumado a todo esto, el aumento de los regionalismos y la aparición de seleccionados como el de Cataluña, Pais Vasco o Valencia o Galicia, sólo generaron más debilidad en la afición con respecto a España, aunque la arriesgada apuesta de Aragonés por los jugadores de mejor condición técnica, como Xavi, Iniesta, Villa, Joaquín, Silva o Fernando Torres, fue generando lentamente una mayor confianza, claro que nunca exenta de polémicas como la extraña exclusión del capitán durante los últimos certámenes, y símbolo del fútbol español, Raúl González.
Una fuerte discusión entre Aragonés y Raúl, durante el frustrado Mundial de Alemania 2006, donde la euforia de la prensa española llevó al mismo “Marca” a titular “España, campeón mundial de la primera fase” -como si eso fuera tan relevante- , terminó con la exclusión de las convocatorias no sólo de éste, sino que terminaron apartándose lentamente los compañeros de su entorno, como Michel Salgado, Helguera, Guti y ahora Morientes.
Aragonés, que llegó a exagerar con que si España no se clasificaba para la Eurocopa –donde evitará ya cruzarse con Alemania o Portugal por haber ganado también sus grupos- , “me tiro desde una torre”, ahora tiene meses para terminar de construir un equipo joven que apuesta por el buen juego, y mantenerse permeable al estado de euforia por el que para algunos, ya se cuenta “con el mejor mediocampo del mundo” o ya hay editoriales que se preguntan “si pudo el básquet, ¿por qué no el futbol?”, cuando se sabe que los procesos no son los mismos, y que el plantel campeón mundial de Pepu Hernández venía desarrollando antes todo un proceso, que al fútbol le falta recorrer.
España está mucho mejor que antes en fútbol. Ha conseguido reunir una buena cantidad de estrellas, que no sólo tienen permanente roce con los mejores del mundo en la liga, sino que ahora exporta cracks (y entrenadores) a la Premier League, y que no desentonan, pero todo esto debe estar acompañado con una coherencia a la hora de diagramar la poítica a seguir en el futuro, como tener una línea de juego permanente. El entrenador argentino César Luis Menotti nos dijo una vez, hace tres años y medio, en Perú, que España “debe definir primero si quiere ser toro o torero” y eso generó malestar en el propio Aragonés.
Pero parece que Menotti tiene razón y al menos la cuestionada Federación Española de Angel María Villar tomó una medida importante de cara al futuro, la contratación como director deportivo de selecciones nacionales de un hombre de gran experiencia en el equipo nacional, ex capitán y gran figura del Real Madrid, como Fernando Hierro.
Hierro se encuentra abocado ahora a la preparación para la Eurocopa de Austria y Suiza de 2008, pero con el alerta de que una vez que finalice este torneo comenzarán las eliminatorias para el Mundial 2010, pero su tarea más importante, diríamos que fundamental, es la de encontrar desde agosto un buen reemplazante para Aragonés, que habrá terminado su trabajo.
Hierro suele decir que lo que busca es un entrenador que no esté trabajando en ningún equipo en la actualidad, que sienta un fútbol de ataque y con buenos jugadores, y que tenga la experiencia para llegar a este cargo. Falta que diga que otro de los requisitos es que su nombre sea Vicente, y su apellido, Del Bosque. ¿Habrá alguien que reúna estas características?
Lo que es claro es que si llega Del Bosque a la selección española, en agosto de 2008, muy probablemente vuelvan jugadores como Morientes, Raúl (esto, casi seguro), o Guti. ¿Volverán entonces las polémicas? La selección española parece tener siempre la garantía de que nada está escrito para siempre, acaso con la escondida idea de extender eternamente la polémica, y vivir de ella…
Gabriel Heinze: Primero hay que saber sufrir
Pudo jugar el Mundial de Alemania cuando parecía que no llegaría a tiempo, y se ha lesionado otra vez en su viaje para participar con la selección argentina en las eliminatorias para el Mundial, pero Heinze, un luchador, pone el pecho a las balas y acepta jugar como defensa central o lateral….y hasta ir al banquillo, si el grupo lo necesita.
“Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir, y al final andar sin pensamiento”, dice la letra de uno de los más famosos tangos argentinos, compuesto por Virgilio y Homero Expósito, y podría ser perfectamente aplicable a la vida deportiva de este luchador que es Gabriel Iván Heinze (19/4/1978, Crespo, provincia de Entre Ríos, Argentina), quien ya sabe demasiado lo que es estar lesionado, sin jugar, a la espera de una oportunidad.
No por nada Heinze recibe como principal apodo el de “Gringo”, por su aspecto físico y su rubia cabellera, pero también reúne elementos de quien fuera criado lejos de la gran urbe, como Buenos Aires y no escatima lo que tiene que decir en cada momento, sin la menor hipocresía.
“No sirvo para mentir, y así como en el fútbol cuando hay que reventar el balón a la calle lo hago, y no me lo cuestiono en lo más mínimo, tampoco pasa eso en la vida y cuando tomo una decisión, no miro más hacia atrás, sigo hacia adelante, firme y seguro”, nos dijo en una oportunidad, justo antes del Mundial de Alemania, cuando ya sabía que llegaría luego de una durísima rotura de ligamentos cruzados de su pierna derecha. Llevaba dos temporadas en el Manchester United, donde era idolatrado por los fanáticos de los “diablos rojos”, pero el cuerpo médico le auguró mal futuro para la máxima instancia internacional. Sin embargo, allí estaba Heinze, de padre alemán y madre italiana que se fueron a probar suerte a la Argentina, en el debú ante Costa de Marfil. Había superado la prueba y recibía el llamado del propio sir Alex Fergusson, felicitándolo por haberse recuperado a tiempo.
Heinze valora mucho todo porque se fue de su país muy joven y siendo absolutamente ignoto para los seguidores del fútbol. Desde la cantera más famosa de su país, la de Newells Old Boys, tras apenas ocho partidos jugados con la camiseta rojinegra, partió hacia el Valladolid, donde ni siquiera jugó un partido para ser cedido al Sporting Lisboa, y recién allí, al regresar a España, encontró sitio y para el 2001, tres años después, ya era titular en el París Saint Germain, que lo proyectó al Manchester United.
Por ese tiempo, Marcelo Bielsa, que lo conocía desde los tiempos de Newells, lo rescató para la selección argentina aunque pocos en su país sabían quién era ni tampoco, pronunciar su apellido.
Pero Heinze tragó y tragó, aguantó el tirón, y en pocos meses se había ganado la titularidad como defensa central, al lado de Roberto Ayala, y terminó jugando la Copa América de Perú, y ganando la medalla dorada en los Juegos de Ate |