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Radio Continental de Argentina, para seguir todo el fútbol con Victor Hugo Morales y su equipo.

"Una de Dos" El Programa de Walter Saavedra, los Sábados de 13 a 16 Hs. y los Domingos de 10 a 22 Hs. todo el Fútbol con "Super Olé"

Click Aquí

 

Fútbol con Humor

Por: FLOPEZ

(Ver Galeria de Comics)

 

 

El coach argentino

César Luis Menotti

y el director de El Potrero

 Enrique Amarante


Rubén Capria (El Mago) junto a Esteban Amarante

 uno de los Directores de 

El Potrero

 (Foto tomada en el Gimnasio Flex Gym  de la ciudad de Necochea, Argentina),

 este lugar es elegido por Equipos 1ra Div.

 A.F.A y nuestra Escuela de Fútbol El Potrero  

Rubén Capria es jugador de la Primera División del 

club Newlls Old Boys de la A.F.A. 

Campeón Torneo Apertura 2004

Este  equipo realizó la pretemporada en la ciudad de Necochea (Argentina)

sede de nuestra escuela de fútbol EL POTRERO


El coach argentino Julio Olarticoechea (El Vasco) y nuestro director Enrique Amarante, durante la realización de la Clínica, training y clases teórico - práctica; llevado a cabo con el equipo de fútbol Las Jerezanas 

(Puerto Rico).

Profesor Carlos Kenny y Enrique Amarante

Prof. Gustavo Arce y Enrique Amarante Director de El Potrero.

 

Programa de Capacitación e Intercambio Profesional, curso realizado sobre "Fútbol Infanto Juvenil"

 

( ampliación de la nota)

 

 

Haciendo la Pausa

Por Sergio Levinsky

Desde España

ver Curriculum del periodista

La tenistización del fútbol europeo

 

Seguramente se trata de un término nuevo pero es que creemos que se aplica perfectamente a estas últimas ediciones de la Champions League: la tenistización de la competencia se debe a que cada vez es más previsible porque son siempre los mismos equipos, o casi, los que llegan a las fases finales
En esta temporada, de los cuatro equipos que han llegado a la semifinal, tres (Manchester United, Chelsea y Barcelona) son los mismos que en la pasada temporada mientras que el restante (Arsenal) reemplaza al Liverpool, que estuvo a punto de pasar luego del soberbio e infartante empate de 4-4 en Stanford Bfridge ante el Chelsea. Es más: si el Manchester United supera al Arsenal (sería lo previsible) y el Chelsea al Barcelona (sería una gran sorpresa), reeditarían aquella durísima final de Moscú de 2008, cuando el capitán de los londinenses y de la selección inglesa, John ferry, falló su penal por haberse resbalado en la definición de los doce pasos luego de terminar empatados en los noventa minutos y en los treinta siguientes de tiempo extra.Aún en el caso de que pasara el Barcelona y le tocara el Manchester, reeditarían la semifinal ajustadísima de la temporada pasada, ganada por los ingleses luego de empatar 0-0 en el Camp Nou e imponerse por un magro 1-0 en el Teatro de los Sueños de Old Trafford.¿Por qué ocurre esto? Porque por un lado, la Premier League inglesa se impone al resto de Europa no sólo (como muchos hacen creer) por la diferencia de valor de la libra esterlina sobre el euro. Esto es, sin dudas, un condicionante, pero hay que rescatar que desde los incidentes lamentables como Heysel (1985) o Hillsborough (1989), el fútbol británico hizo un vuelco total porque tuvo interés en cambiar, hizo un enorme esfuerzo, eliminó a los violentos y generó condiciones para traer a los mejores jugadores, imponiendo incluso la regla de que cada extranjero que llegara tendría que tener al menos siete partidos internacionales con su seleccionado.La excepción de los cuatro vuelve a ser el Barcelona, del que ya hemos abundado pero reiteramos que apostó desde ya varios años al fútbol espectáculo, casi como un teatro (algunos critican por eso al Camp Nou, al que lo tachan de frío), que cuenta con los mejores jugadores del mundo, que lleva tres de los cuatro años entre los cuatro primeros de Europa, y que tan sólo en esta temporada lleva marcados 133 goles, ataca casi con cinco delanteros en la vieja M táctica, ahora en lamentable desuso, y en el final del año futbolístico se encuentra cerca de ganar la liga española, está en la final de la Copa del Rey y en la semifinal de la Champions League, todo al mismo tiempo.-Por todo esto decimos que el fútbol europeo comienza a parecerse al tenis, en el que cada torneo importante profesional casi siempre contempla que los preclasificados lleguen casi a las fases previstas y hasta en el orden de la preclasificación. Por suerte, el fútbol sigue siendo “la dinámica de lo impensado”, como sostuvo el maestro Dante Panzeri, (el 14 pasado se cumplieron treinta y un años de su muerte). Pero lo es en el campo de juego. Fuera de él, todo puede explicarse con mayor claridad.

 

Reuniones, poderes y favores en 

el seleccionado argentino

 

 

El seleccionado argentino continúa su derrotero en esta espinosa eliminatoria para el Mundial de Sudáfrica envuelta, inexplicablemente, en tironeos por el poder, y a esta altura, en busca de un proyecto que ponga fin a la virtual anarquía que lo rodea mientras desde algunos medios importantes comienza a pensarse que es factible que en la última fecha, en Montevideo y ante Uruguay, haya que jugarse todo, o, al menos, el tener que jugar o no el repechaje contra el cuarto equipo del grupo de Concacaf.

Suena increíble pero no lo es. Con un envidiable grupo de jugadores por convocar, el entrenador Diego Maradona parece haberse conformado con lo que tiene o tuvo hasta ahora y hasta ya ha dado indicios de que no generará grandes cambios, al citar en el último paquete de dos partidos que “la mayoría de los que están, irán al Mundial”.

Mientras tanto, y cuando el propio entrenador se queja de que “no tenemos un goleador de área” y apela a los “chiquitos”, muchos se preguntan qué pasará con Diego Milito, de gran presente en el Genoa italiano, con Darío Cvitanich, al que muchos canales reproducen con los continuos goles en el Ajax, o especialmente con Gonzalo Higuaín, que habiendo nacido en Francia, decidió renunciar al seleccionado galo, convocado por su técnico Raymond Doménech, por su ambición de vestir la casaca celeste y blanca.

Higuaín, gran figura de esta temporada en el Real Madrid, y con dos decenas de goles vestido de blanco, no tiene el mínimo lugar en el seleccionado nacional, siendo un jugador de gran porte. Se especula con algunos motivos, como su proscripción por parte de la AFA por haberse negado a jugar el Mundial sub-20 de Canadá en 2007, mientras otros creen que el problema es personal y con Sergio Agüero, el yerno de Maradona, pero todo queda en conjeturas porque la entidad madre del fútbol argentino, y el cuerpo técnico, no saben/no contestan.

Mientras tanto, el presidente de la AFA, Julio Grondona, trata de acercar posiciones que aún así, parecen irreconciliables. Maradona puede reunirse con el director de selecciones nacionales, Carlos Bilardo, pero no cree que éste tenga la injerencia que quisiera tener, en tanto que el primer vicepresidente de la FIFA intenta crear un hueco para su hijo, algo que sigue dando vueltas porque Maradona contrapone la contratación de Oscar Ruggeri como entrenador alterno, algo rotundamente rechazado por la dirigencia, que hasta exige (especialmente Bilardo) la salida de Alejandro Mancuso, que de representante del showbol pasó sin escalas al banco de suplentes. En cambio, nadie parece oponerse al otro ayudante, Miguel Lemme, quien trabajaba con Bilardo en el gobierno de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, y anteriormente había sido jugador del propio Bilardo. Así están las cosas, a falta de seis partidos para determinar si el seleccionado argentino va o no al Mundial.

Se habla, entre tantas cosas, de armar un equipo con futbolistas de la liga local, aparentemente, para generar una “selección fantasma”, como la de 1973 en Bolivia, para ir a jugar a la altura de Quito contra Ecuador, el segundo partido del próximo paquete de junio pero al menos nadie dice nada sobre la estrategia a adoptar dentro del campo de juego, cuando en La Paz, más allá de la altura, se le dejó la pelota a los locales. Juegue quien juegue, ¿a qué jugará, por fin, el seleccionado? Es más, en general, ¿a qué juega el seleccionado? ¿cuál es el verdadero seleccionado, el de Venezuela o el de Bolivia?

Los grandes medios no son tontos y comienzan a hacer cuentas y a vislumbrar que, jugando como se juega, y con los seis partidos que quedan, las chances de que en la última fecha en Montevideo y ante Uruguay haya que jugarse la última carta para no tener que ir a un lamentable repechaje (lamentable por la historia argentina, por los jugadores que tiene, y por todo lo que implica en sufrimiento y pérdida de prestigio) ante el cuarto de la Concacaf (que hoy mismo es México) van en aumento.

Y aquí entran dos posibilidades: que los vecinos orientales tengan chances matemáticas de pasar al equipo argentino en la tabla, ganando su partido, o, más aliviante, que ya no tengan chances o ya estén clasificados. Lo que sorprende, en este último caso, es que al menos uno de los diarios de mayor tirada del país ya haya lanzado la indirecta de pedidos de favores a los celestes, recordando anteriores (y lamentables) supuestas ayudas argentinas,

Esto nos lleva a otra pregunta, a riesgo de caer un tanto pesados, pero solemos ser mal pensados. ¿Los calendarios de eliminatorias se sortean? Y si no se sortean, ¿por qué siempre, siempre, Argentina y Uruguay se enfrentan en la última fecha? Van cuatro eliminatorias en las que esto sucede. Y es más lamentable aún, que deba recordarse a los amigos y vecinos, algo que parece que ocurrió, y peor aún, necesitar la recompensa, y que los medios necesiten solicitarlo.

Pero parece que no hay tiempo para estas reflexiones, en medio de tantos tironeos por el poder, y mientras el tiempo pasa, y los partidos siguientes se acercan.

 

Messi está más cómodo en el Barcelona 

que en la selección

 

Después de observar el partido entre el Barcelona y el Bayern Munich por la ida de los cuartos de final en la Champions League, queda muy poco por decir. Lo que debería hacer cualquier entrenador que tuviera un plantel con buenos jugadores (porque sin ellos, es imposible construir un juego bello, agradable a la vista), es mostrarles este video para que puedan captar cómo se juega al fútbol. Es bastante difícil superar lo que hizo el Barcelona en el primer tiempo, en el que sacó una diferencia de cuatro goles ante un rival con excelentes jugadores (nadie discute la calidad de Luca Toni, Ribéry, Ze Roberto, Schweinsteiger, etc), y que no fueron seis o siete, porque hubo errores en la definición, en el último toque, o pelotas en los palos. Pero incluso en el segundo tiempo, cuando ya la distancia era enorme, parte por caballerosidad con el rival (el Barcelona suele bajar el ritmo cuando establece tanta distancia) y parte por mantenimiento físico, el Barcelona dio cátedra de cómo se retiene la pelota y cómo los minutos pasan sin poderser atacado ni mínimamente. Es fácil y claro, con la sencillez de un deporte al que lo quieren complicar con cientificismos: si la pelota la tenemos nosotros y vamos ganando por cuatro goles, el partido está terminado. Esto mismo se aplica para los saques de arco: si en lugarde tirar un pelotazo a dividir, el arquero decide salir jugando, es como si estuviera decidiendo seguir teniendo la pelota, contra la posibilidad de pasar de tenerla, a dividirla por decisión propia, algo sin sentido.

Justamente si hay algo que tiene el Barcelona, además de la magia y el talento necesario en sus jugadores, asunto básico en un deporte, es sentido común. Parte de la premisa de no compartir la tenencia de la pelota. Luego, administrarla bien, al jugador que está libre, y asegurando el traslado mientras se avanza.

Claro que el Barcelona tiene un genio como Lionel Messi, el mejor jugador del mundo por mucha distancia con los demás, y que es argentino.
Esto nos lleva a la reflexión de por qué a Messi no se lo ve tan cómodo en la selección como lo está en el Barcelona. La respuesta no es muy difícil. El fútbol argentino (lo venimos diciendo hasta el hartazgo en nuestros artículos que ustedes pueden leer en este mismo blog) va perdiendo identidadde manera alarmante porque los cientificistas se apoderaron del discurso dominante, de los espacios de comunicación, y por lógica, de los equipos.

Por ejemplo, ahora en el fútbol argentino y en la propia selección, se juega con el llamado "doble cinco". Una ridiculez por donde se lo mire. Dos jugadores que hacen lo que antes, solo, hacía uno solo, como sigue haciéndolo en uno de los equipos que mejor juegan, Huracán (Bolatti), o lo hace, salvando las distancias de presupuesto y claridad de conceptos, el Barcelona. Antes, los Lazatti, Perucca, Rossi, Rattín, Merlo, Gallego, Marangoni y tantos otros, no necesitaban de un ayudante para su tarea.

Pero además, en el caso de la selección argentina en concreto, si casi nadie la ataca por el temor que genera la camiseta (sí, la camiseta, la historia, los nombres), ¿para qué haría falta una línea de cuatro volantes que no tienen a quién marcar? porque jamás se adelanta a un defensor, eso sería ya un sacrilegio. Cmo siempre, se atrasa un delantero y se pierde una función de ataque. Una más, que se suma a la falta de wines, al final de los especialistas de la punta, los marcadores de punta a la antigua, y no estos "laterales-volantes" que no llegan bien al fondo, y le ganan las espaldas cuando los atacan. Pero eso no es todo: queremos retirar la camiseta 10, cual NBA, y ya se habla de la necesidad del 4-4-2 como se juega en Europa, sin un jugador creativo, el que maneja el equipo. Nos detenemos nuevamente aquí para distinguir eso del enganche. Una muy buena entrevista del diario Perfil con Norberto Alonso y Ricardo Bochini, dos eximios 10 de los años setenta y ochenta, aclara que hoy se le dice "enganche" al que lleva el número 10, cuando "enganche" es el delantero que se retrasa unos metros para asistir a los de punta, lo que hizo Tévez ante Venezuela, por detrás de Messi y Agüero.

¿Qué tiene que ver todo esto con Messi? clarito: que el crack del Barcelona juega en su equipo cerca de otros cracks, de otros creativos. Que el Barcelona ataca con tres delanteros de punta y dos asistidores cerca (Iniesta y Xavi) y un "5" a la antigua (Yaya Touré) y no parece, por caso, que ese juego estuviera perimido. ¿O si? ¿qué opinan los resultadistas?.
En cambio, en la selección argentina que, por si acaso recordamos, es el plantel de jugadores que el entrenador decide convocar sobre todos los jugadoresargentinos del mundo entero, con la riqueza que eso supone, juega cun cuatro volantes, con doble cinco, con laterales volantes y con apenas dos puntas, Messi y uno más, y ambos, sin grandes asistidores atrás, con dos carrileros y dos volantes centrales. Por eso, cuando en Marsella el entrenador argentino dijo en conferencia de prensa que "sería boludo" si cambiara a Messi de la posición que juega en el Barcelona, sorprendió que ningún periodista presnte le recordara a Maradona que en el Barcelona, Messi juega en ese lugar, pero acompañado por cuatro jugadores de ataque, y en la selección, por uno y algún sacrificado que "corra" para ayudar. es decir, Messi juega en el Barcelona inmerso en una filosofía del culto al juego, al espectáculo, y le va fenomenal y se divierte. En Argentina, juega entre computadoras, cálculos y corredores, y se tensa y no le va tan bien. A eso íbamos.

El Maquiavelo del fútbol

Si Maquiavelo pudiera levantarse de su tumba y enterarse de que existe alguien como Julio Grondona, lo más probable es que trataría afanosamente de tener un encuentro con él. Buscaría conocerlo de cualquier manera porque difícilmente podría encontrar alguien que, muy probablemente sin leerlo, lo haya superado con creces en cuanto a la lectura del manejo del poder, aunque no se trate con exactitud del manejo de la "cosa pública" sino que hasta ha logrado eso: que no se sepa bien, a esta altura, si lo que debe administrar es público, semipúblico, autárquico o privado.

 
Pocos imaginaron, acaso tampoco él mismo, que cuando Grondona asumió como presidente de la AFA el 6 de abril de 1979, hace 30 años, sobreviviría a presidentes argentinos ya sea militares, radicales o peronistas. Al fin y al cabo, salvo con algunos detalles, el manejo del fútbol (como de muchas otras cosas) no cambia demasiado.
 
Grondona se dio cuenta de que el poder tiene dos caras, y que podría tener muchas más, si hace falta. Entonces, con el tiempo fue "mister Grondona", cuando debe hospedarse en el lujoso hotel Barolac, en la fría Zurich, cuando maneja las finanzas de la FIFA, el entrañable "Don Julio", cuando hay que mostrar una imagen humilde y su señora Nélida atiende el teléfono entre supuestos materiales en el pequeño comercio de Sarandí, y el dirigente se enfundará un poncho para darle a sus palabras un toque de viejo bonachón y de pueblo. Y cuando lo necesite, será simplemente "Julio"·, con camisa abierta, y sin corbata, en su despacho de la vaciada AFA de la calle Viamonte, cuando por teléfono decidirá vetar un árbitro para un partido del domingo para no molestar a los amigos de tal o cual club, o dará la orden inmediata para "liberar fondos" para alguna entidad grande en graves problemas económicos, a la que dos meses después sugerirá que acepte jugar los viernes para la TV en vez de los domingos.
 
Grondona lo fue aprendiendo sobre la marcha. Relojeando a sus opositores, a los posibles rivales, a los que se dicen amigos, a los que vienen con algún negocio "redondo", a los que le traen ideas de "ingenierías societarias", a los que se dicen "periodistas independientes", a los que lo critican pero no necesitan decirlo, a los que se hacen los progres pero jamás lograrán moverle un pelo, y a los "peligrosos en serio".
 
También consiguió lo que ninguno: vaciar por completo la AFA. Reducirla a un mero edificio para trámites burocráticos, con empleados a su servicio capaces de entorpecer cualquier posibilidad de cambio o de justicia real, por viveza criolla, por entender de qué va el juego o, lo más probable, por su propia incompetencia, algo más que necesario para que cierre el creciente negocio armado con tanta paciencia y tanto sudor en cerradas oficinas en Puerto Madero, o en las mejores habitaciones de vaya a saberse de qué hotel en cualquier lugardel planeta.
 
Cual Maquiavelo del fútbl moderno, nada de lo que sucede alrededor de Grondona es por puro azar. No es por azar que los derechos de la TV más monopólica del mundo duren hasta 2014 y provengan desde 1985, ni que nuestro personaje repita que la AFA "son los clubes" sin que nadie ose siquiera pensar algo diferente, o superador, o que se atreva a decirlo.
 
Tampoco es por azar que los clubes aparezcan tan empobrecidos mientras la entidad madre cada vez es más rica, y los operadores televisivos ganan fortunas que ni en Europa podrían conseguir, mientras buena parte de la población ni siquiera puede ver por TV los partidos de la selección nacional.
Ni siquiera el cambio de eliminatorias al Mundial es azar y el cambio de clasificación por grupos al de "todos contra todos" es obra de Grondona con los socios que supo conseguir, desde su lugarteniente Deluca hasta sus amigos de Brasil o Uruguay. Por eso, tampoco es casual que siempre, siempre, la última fecha toque con los vecinos rioplatenses, no vaya a ser que alguno de los dos necesite un favor. Amigos son los amigos.
 
Tampoco es casual que ningún gobierno de ningún partido intente atacarlo de verdad. Amagan, sí, pero se dan cuenta más temprano que tarde que resultaría una tarea imposible, porque todo está ya atado, y mejor hacer las paces. Por eso, ni siquiera alcanzará con la cantidad de muertos por violencia del mismo fútbol de los últimos 30 años, una cifra que avergonzaría a cualquiera que preside una entidad con tanta simbología popular: 135 casos fatales, según la ONG "Salvemos al Fútbol". Pero Grondona, maestro de maestros del arte de la justificación, el disimulo y el tiempismo, apelará a la cara de la moneda que más le conviene y sabrá, sagaz, que de todos modos "todo pasa", como reza su anillo sincericida. Cuando los dirigentes políticos fueron, él ya dio tres vueltas, desde su entrenamiento para captar quién es quién, y su experiencia de estar atornillado al sillón presidencial, algo en lo que nadie puede competir.
 
Profundo conocedor del manejo de las sociedades, es dificilísimo encontrar una rendija de la que pueda salir eyectado. Todo está perfectamente sellado y acordado, lejos del edificio de Viamonte, en oscuras oficinas. Y como una cosa lleva a la otra, a Don Julio, la misma dinámica lo fue llevando nada menos que a manejar las finanzas de la mismísima FIFA. Y allí, más que nunca, se acordó de sus amigos, de los que lo beneficiaron, de los que supieron callar los secretos, de los que aprendieron que basta con formar parte de esa gran familia que es esta AFA de los últimos 30 años, a hacer la vista gorda, a entender que no se puede tocar a fulano, ni quejarse porque tal árbitro está vetado por aquel club. Todo tiene un por qué, si hasta un guión como "El Padrino" parece quedar chico en la comparación.
 
En estos 30 años de Grondona en la AFA todo valió. Incluso, que su hijo mayor pugne (y con posibilidades) por entrar en el plantel de la selección argentina como entrenador, luego de ser lobbista del Corinthians de Berezovsky y Kía Joorbachián, o director técnico del Talleres de Córdoba de Carlos Ahumada, buscado por la Interpol desde hace tiempo (y sin que la AFA diga ni haga nada). O que su hijo menor aspire, y con buena chance, de quedarse en el sillón de su padre en el futuro, luego de presidir su querido Arsenal, para perpetuar el grondonismo cual monarquía del fútbol argentino privatizado.
 
No hay prensa que valga. Unos pocos locos que se oponen y para los que Grondona pondrá cara de póker casi sin entender tamaña oposición. Para qué oponerse, si la mayoría, empleada del monopolio, dice que todo está bastante bien, que marcha sobre ruedas, que Argentina es una potencia futbolística, si los negocios están a full y no pasa nada. Todo es una exageración de unos pocos opositores que lo tienen de punto.
 
Si la Justicia allana sus oficinas, se trata de un hecho menor. Algunos pocos osados lo contarán, pero usted, lector, no se enterará por ningún diario, ninguna revista, ningún canal de TV. Sólo Radio Continental y pequeños medios independientes se animarán a contarlo mientras el resto calla, obsecuente y cómplice.
 
Pero nada es necesario. Todo pasa, incluso Grondona, aunque creamos muchas veces que no. También Grondona pasará un día. El gran problema es que lo que quede para los amantes del fútbol ya sea migajas, o directamente nada, la fiesta tal vez se haya terminado y hayan logrado matar la gallina de los huevos de oro.
 
Tal vez a algún Maquiavelo del futuro, cuando escriba sobre cómo manejar el poder en estos tiempos, le convenga buscar cintas grabadas de Grondona, escanear textos con sus declaraciones hoy para un lado y mañana para el otro, sus ponchos, anillos y trajes, sus gestos y sus miradas fulminantes o de viejo bonachón, y entienda cómo hay que administrar semejante botín.
 
Grondona promete más piruetas, negocios y frases ingeniosas en el tiempo que le quede, no es cuestión de que otros quieran ocupar lo que es de él. Porque el fútbol argentino le pertenece. ¿O no?

 

No estar a la altura 

 

 

El impacto del 6-1 ante Bolivia, en La Paz, una estrepitosa derrota sólo comparable en la historia con aquel 6-1 ante Checoslovaquia en el Mundial de 1958 o el 0-5 ante Colombia en 1993 por otras eliminatorias para el Mundial, no nos cambian demasiado los conceptos que desde hace ya mucho tiempo venimos esgrimiendo en este blog.
Desde hace muchos días que vemimos insistiendo en la falta de un proyecto concreto desde la AFA, demasiado volcada a los negocios particulares y a los propios intereses como pensar en mejorar al fútbol argentino. Y sólo por eso, por los negocios y por llevar a un coto cerrado lo que debería ser una entidad que representa verdaderamente al fútbol argentino, hoy no está sentado en el banco de suplentes de la selección quien era el candidato de una amplia mayoría, por experiencia, conocimientos, honestidad y éxitos, Carlos Bianchi. Pero no. No sólo no está Bianchi, sino que en una medida intempestiva, basada en los negocios y en el capricho de una familia que cree que la AFA es suya, se apuntó al mejor futbolista de la historia, Diego Maradona, cuando ser un eximio futbolista no significa, de ninguna manera, ser un buen entrenador. No hay, de momento, una correlación entre una cosa y la otra.


Pero en el caso concreto de Maradona, como lo venimos diciendo hasta el cansancio, se suman otros elementos conocidos por la mayoría, desde las primeras dudas en su estabilidad emocional, su inexperiencia como entrenador, sin haber dado los pasos necesarios para llegar a un cargo de esta magnitud, sin la chance de contar con el plantel salvo escasos dos a tres días previos de cada partido importante y sin un plan concreto para llevar a cabo, sumando caprichos y nepotismo.


Pero hay más elementos de fondo. El más importante, en el que hacemos mayor hincapié, es en la pérdida de identidad. El fútbol argentino fue dejando de producir, resignadamente, jugadores en posiciones claves, que eran símbolos del reconocimiento a su rico estilo en todo el mundo. Ya no fabricó más wines ni marcadores de punta, para adaptarse a la locura del discurso funcionalista europeo de los "laterales-volantes". La falta de wines hizo que también se comenzara a copiar el esquema de dos delanteros de punta, y eso hizo perder lentamente los nueve de área. El marcar con tres defensores quitó riqueza y panorama a los dos marcadores centrales de antes, y como si esto fuera poco, lo que antes podía un "centrojás" grandote y pesado, dueño del mediocampo, ahora necesita de dobles cincos que se superponen en la tarea, mientras que si antes todos se peleaban por ponersed la camiseta diez, ahora a algún trasnochado se le ocurre retirarla para luego también quitar el puesto para pasar al insoportable 4-4-2. Todo vale con tal de "modernizarse" y así estamos.


La altura, entonces, es lo de menos. Son apenas tres puntos a lo largo de una extensa eliminatoria, que desde hace ya cuatro que se juegan con el sistema de todos contra todos sólo para favorecer a los seleccionados fuertes como Argentina, Brasil o Uruguay. En otro tiempo, se podía ganar, empatar o perder en la altura de La Paz, porque al menos, ante las dificultades físicas que indudablemente se presentan allí, había contra eso una idea, un plan, un estilo, una tradición. Cuando todo eso desaparece, y tampoco hay un manejo de grupo, un proyecto colectivo, se improvisa y se juega con el apellido ilustre, los resultados suelen acercarse a las catástrofes como ésta del 6-1.


Mientras no haya una autocrítica de cada uno de estos conceptos, ni se empiece a trabajar seriamente en revertirlo con profesionales capaces desde afuera, estos resultados serán posibles, y no sólo estos: aún con los mejores futbolistas del mundo, las chances de no ir al próximo Mundial aparecen como un pesado lastre en las seis fechas que quedan, y no hay que dejarse llevar por vanas euforias como un 4-0 de local ante Venezuela. Esa nunca fue medida. Tanto, que en 1975, con la selección de Santa Fe, se le ganaba a los vinotinto por 11-0. Los tecnicistas dirán que el fútbol se emparejó (será por eso que Polonia le acaba de meter un 10-0 a San Marino, o que casi siempre seclasifican los mismos a los mundiales), pero aún así, sería interesante averiguar qué hizo Argentina mientras los demás crecían. Si tantos argentinos que disfrutaron con el fútbol de otro tiempo supieran que para definir la formación del equipo contra venezuela en Buenos Aires, el técnico esperó a saber lo que haría el rival primero, se revolcarían en sus tumbas o dirían, probablemente, que se trata de una broma de mal gusto.


No valen las excusas. El fútbol argentino no está bien porque el cientificismo y el negocio vencieron al juego. Y cuando no se está a la altura, pasan cosas como las de La Paz. Y no precisamente por falta de oxígeno .....

 

El contrato de la mano de Dios 

 

 

Pasó Venezuela y el 4-0 final en el Monumental implicó un suspiro de alivio. El seleccionado argentino pudo sacarse de encima la mochila de tener que ganar, golear y gustar ante un rival decididamente inferior (tanto, que tuvo pánico y sólo jugó con Giancarlo Maldonado en posición ofensiva, facilmente absorbido por una línea de tres defensores albicelestes), y su director técnico, Diego Maradona, podrá ahora utilizar la situación de no tener siquiera firmado su contrato con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) para presionar sobre muchos temas aprovechando los inesperados vientos a favor, insospechados hace menos de medio año cuando las encuestas para asumir le daban totalmente negativo.


Hace escasas tres semanas, Maradona aparecía entre sus amigos de la TV por cable (que como la mayoría de la prensa nacional lo miran con ojos que entremezclan agradecimiento con idolatría) para decir que había llegado a la conclusión de que si Carlos Bilardo había sido designado manager de los seleccionados nacionales era para estar atento a una caída suya para ocupar su lugar (algo que tiene alterado al entrenador campeón mundial en México 1986, que jura y perjura que en los próximos tiempos demostrará que no es así). También dijo el ex astro futbolístico, que Bilardo hizo más fuerza por colocar en el plantel a Humberto Grondona, ( el hijo del presidente de la AFA de misteriosa trayectoria en el Corinthians de Kía Joorbachián, ligado al magnate ruso Boris Berezovsky, vinculado a la mafia, y luego como entrenador de Talleres de Córdoba, privatizado a Carlos Ahumada, un empresario buscado por la Interpol y huido de México) que a Oscar Ruggeri, vetado por la AFA, en buena parte (algo que no se suele decir, es un tema tabú), por haber encabezado la huelga contra el presidente de Deportivo Español, Francisco Ríos Seoane hace poco más de una década.


Maradona tiene ahora, tres partidos después de su incierto debut como DT argentino, un poder que antes no tenía para negociar, si cabe, la firma de su contrato. Cual Sergei Bubka con sus récords de a un centímetro para cobrar cada uno de los premios, el "diez" va subiendo peldaño a peldaño desde una posición que ni el más optimista esperaba: tres partidos jugados, tres ganados, siete goles a favor, cero en contra, más cerca del líder Paraguay en la clasificación para el Mundial, por arriba de Brasil y con buena sintonía con el público, que sólo en una parte pequeña silbó a Juan Sebastián Verón, o que aceptó resignado la división de la organización del partido ante la "vinotinto" entre las dos barras bravas más fuertes, ubicadas en las dos cabeceras (¿No era que habría derecho de admisión?). Fueron "Los borrachos del tablón" los que dedicaron el triunfo "a Riquelme que lo mira por TV" y fue "La 12" la que con su tachín tachín intentó tapar los cánticos de enfrente.


Este Maradona sin contrato aún con la AFA, puede ahora llegar a pedir mucho más, desde otra suma de dinero mayor a la acordada inicialmente, hasta con más fuerza la incorporación de Ruggeri, con el objeto de frenar un posible avance mafioso, el mismo que busca llevar a sus garras todos los negocios con los que se encuentra por estos días la familia Messi.
De momento, la camiseta número 10 otorgada al ya mejor jugador del mundo implica un reconocimiento que era fundamental para consolidarlo también en el equipo argentino, pero en el campo de juego, el astro del Barcelona sigue jugando por la derecha, como en su equipo, aún cuando ante la falta de Riquelme, el conjunto argentino evidenció la falta de un futbolista clásico que maneje los hilos y conecte al tridente atacante con los cuatro del medio. Difícilmente esa carencia se note mucho ante el débil panorama sudamericano, tal vez ante Paraguay o Uruguay pueda aparecer, pero ni siquiera parece importar ante un rival como este Brasil de Dunga, que dio pena en Quito ante Ecuador y que, todo indica, llegará a Buenos Aires a defenderse.


Sin mucha prensa nacional interesada en mantener una equidistancia del entrenador, la selección argentina sigue siendo un caos organizativo. La AFA informa en su web, el lunes, de la actividad semanal y coloca el jueves a la mañana como día y horario, pero a horas de lo prefijado, decide volver a cambiar la actividad para la tarde, con mucha prensa internacional esperando. Ni qué hablar de la disposición de las vallas tras el partido, y el impedimento de pasar hacia la conferencia de prensa de Maradona, mientras distintos cómicos y personajes de la TV acceden con mayor facilidad a los jugadores que los mismos periodistas.


La sensación que queda es que la AFA sigue siendo, en muchos sentidos, un coto cerrado en el que se toman las deciciones de manera autárquica, vaya a saberse hasta cuándo. Al menos, el Estado presiona con terminar con el monopolio de Torneos y Competencias desde el proyecto de Ley de Radiodifusión. No es sólo Maradona el que puede presionar para firmar su contrato, tal vez con la pluma en la mano de Dios. 

 

Mejor no hablar de ciertas cosas 

 

 

Parece que no perdemos nuestra pequeña capacidad de sorpresa. Encendemos la TV para ver "Fútbol de Primera" por Canal 13, con toda la idea de volver a apreciar, aunque sea compactado, el gran espectáculo dado por la tarde por Huracán, ante Lanús. Un soplo de aire fresco para tanta mediocridad futbolera, para tanto esquema, para tanto grito de locura desenfrenada desde el banco de suplentes reclamando una mano, un "orsay", un penal dudoso, un lateral. Para ver, por fin, aunque sea unos pocos minutos de toque, de juego asociado, de gambeta, de fútbol argentino del viejo, del nuestro que fue asesinado estos años por los destructores de una de las grandes fiestas populares que nos quedaban. Prendimos la TV con el pequeño propósito de divertirnos con el excelente juego del "globito", casi desahuciado hasta hace escasos meses, pero renacido ahora desde las mismas entrañas de apelar al viejo y querido fútbol de nuestro estilo, con tres cracks que están para grandes cosas. Uno de ellos, más conocido porque tiene una trayectoria más dilatada, Mario Bolatti, con un juego muy parecido a aquel del gran Claudio Marangoni, aunque más rápido en su despliegue, y tal vez con algo menos de peso en la marca. Los otros dos, Matías De Federico y Javier Pastore, menos conocidos pero que han cambiado mucho la cara a este equipo que no parece traicionarse, que siempre apela al buen juego, que no descarta nunca atacar y que tiene una premisa demasiado simple pero que también demuestra el pozo conceptual en el que ha caído nuestro fútbol: tratar de asegurar la pelota, de dársela a un compañero que tenga la misma camiseta, de no ponerla cerca de su rival, y luego, apelar al desequilibrio individual cuando las circunstancias así lo indiquen. No tener miedo de gambetear, de eludir, de levantar la cabeza para ver quién se encuentra más libre si juega para el mismo equipo. Todo eso hace ya desde hace varias fechas este Huracán que dirige Angel Cappa, y que apela a la tradición más rica de lo que fue el admirado fútbol argentino que exportó al mundo sus mejores exponentes, y que por todo eso llegó a ser admirado y respetado.


Pero no. Apenas podemos ver algunas imágenes por Canal 13 y se llegan a escuchar, de fondo de la transmisión original, los permanentes halagos del relator, Walter Nelson, y del comentarista, Alejandro Fabbri. Ninguna mención, desde "Fútbol de Primera" a lo ocurrido esa misma tarde en el Palacio Tomás A. Ducó. Nada. Un partido más, casi estadístico. Sí, perdió el puntero, Lanús, y aparece el entrenador, el joven Zubeldía, reconociendo hidalgamente que su equipo fue superado. Luego, sin embargo, aparecerá un abanico de explicaciones del conductor sobre otras cuestiones, y no perderá la oportunidad de preguntarle a Juan Sebastián Verón, si le molestaría que la selección argentina jugara con un esquema 4-4-2 (esto significa sin enganche, sin un número 10, la vieja usanza argentina) y "La Brujita" da muchos rodeos para explicar que si bien en Europa cada vez se juega más con la fórmula propuesta por el conductor televisivo, el fútbol argentino "tiene muchoa riqueza y variantes y se podría utilizar distintas fórmulas de acuerdo con cada caso". No hay lugar para Huracán, sí lo hay para propender al 4-4-2, o tal vez al 3-5-2. o lo que esté de moda en Europa. El programa cerrará, eso sí, también, con media hora destinada a emitir el fantástico triunfo de River Plate, como local y ante San Martín de Tucumán, por 2-1 con un penal en la última jugada del partido, que será festejado con fanatismo por el apasionado relator que cuando los tucumanos marcaron el primer tanto, apaciguará recordando que "falta mucho todavía" o que ante cada ataque de los norteños, gritará "cuidado" al jugarle una mala pasada su inconciente, ni qué hablar cuando ante cada ataque riverplatense pida "bomba, bomba" o "está solo fulano de tal" o "qué tiro libre que tenés, Muñeco!". Todo vale, y si esto ocurre es porque los que participan, saben que no hay, paradójicamente, competencia. Todo lo contrario al nombre del programa.


Por la mañana del domingo, leíamos con atención la publicidad oficial del proyecto de Ley de Radiodifusión y que proponía volver a ver los partidos por TV sin tener que pagar, como en tiempos añorados. Mientras las operadoras se llevan tres mil millones de dólares por año con el fútbol, los clubes, en su totalidad, apenas si se llevan 200 millones....de pesos.
El fútbol televisado pide a gritos su democratización en todos los sentidos. Desde un reparto equitativo de lo que el mismo fútbol produce hacia adentro, como de una necesidad evidente de cambio de discurso desde lo que el poder de los medios nos sigue transmitiendo, mientras lentamente se apaga la fiesta popular, apartándonos de nuestro placer. Huracán es, hoy, un símbolo de resistencia contra este poder. Una nueva Ley de Radiodifusión es mucho más que eso. Es una gran herramienta para defender nuestros derechos y una posibilidad de terminar, por fin, con esa impunidad. 

 

Maradona-Riquelme, la nueva dualidad argentina

 

 

Los argentinos ya hemos encontrado una nueva dualidad con la que sumirnos en una de nuestras tantas miradas al ombligo y al tradicional verbo “dividir” trazando una raya que nos coloque de un lado o de otro entre dos grandes ídolos futboleros de los últimos tiempos y por si esto fuera poco, ex amigos: Diego Armando Maradona y Juan Román Riquelme. Tanto, que si en este párrafo se quitara los apellidos, el común de los lectores sabría a quiénes nos estamos refiriendo.

En este caso, a diferencia de algunas otras dualidades en los distintos ámbitos de la vida, como el literario (Escuela de Florida vs Escuela de Boedo), educacional (Laica vs Libre), político (peronismo vs antiperonismo), tanguero (Gardel vs Julio Sosa) y hasta automovilístico (Fangio vs Gálvez), o boxístico (Prada vs Gatica), no hay que olvidarse de que Maradona, entre todos los jugadores del mundo, decidió darle como herencia su camiseta número 10 al mismo Riquelme en su partido despedida en la Bombonera, allá por noviembre de 2001, con aquella mítica frase de que “la pelota no se mancha” y en su palco nadie osó descolgar aún la foto en la que ambos están abrazados y felices.

Se trata de un estrellato que todo lo complica. De Maradona, no hace falta aclarar lo que significa en el mundo entero, mientras que el propio “Diez” debe reconocer que al menos en la rica historia de Boca Juniors, Riquelme ha hecho muchísimo más que él, por continuidad, y títulos.

Sin embargo, no se trata de un enfrentamiento para saber quién es mejor, sino que se trata, una vez más, de un problema de procedimientos, que repite una vez más lo más preocupante de los argentinos. El instinto de la autodestrucción.

Hace pocos días, un colega europeo decía a este cronista a modo de reflexón que de no ser por los propios argentinos, en fútbol, nadie podría con ellos, pero que por suerte los propios compatriotas somos los encargados de generar climas y decisiones que terminan con nuestras posibilidades.

Lo cierto es que detrás del procedimiento de Maradona “rompiendo códigos” de comentar primero a la prensa el mal momento de Riquelme por el que jugando así “no me sirve para la selección”, todo indica que el volante creativo de Boca intuye, percibe, cree, que esas declaraciones, que no pasan de algo puramente técnico, encierran un deseo de que fuera el propio jugador el que renunciara, para no tener que cargar con el peso político y el antipático hecho de tener que dejar de convocarlo.

Esto lo corrobora la ingenuidad del entrenador de Boca, Carlos Ischia, quien días pasados manifestó que en aquel partido de la primera fecha del actual Torneo Clausura, estaba dispuesto a ceder sin dificultades a Riquelme para la selección, para el partido del 11 de febrero en Marsella ante Francia, si la AFA o Maradona se lo hubieran pedido, pero que al club no llegó ninguna solicitud.

Esto se contrapone con la supuesta amarga queja de Maradona en Marsella, acerca de que la AFA habría puesto trabas a su trabajo al colocar el partido de Gimnasia de Jujuy y Boca a las 19,30 del domingo, cosa de no dar tiempo a Riquelme a viajar e incorporarse a tiempo al seleccionado argentino. Hoy, ese argumento cae por su propio peso.

La otra pregunta que cabe formularse es si Maradona tomó esta decisión, o hizo estas declaraciones que sabía que molestarían a Riquelme, por su propia cuenta y conocimiento, o si fue influído por algunos jugadores que no quieren convivir con el volante de Boca, de supino talento como complicado carácter, y si fue cierto o no aquello de los posteriores llamados de algunos jugadores del plantel argentino para felicitar al inexperto entrenador.

Sea cual fuere la verdad, lo que es claro es que lo que ocurre fuera de los campos de juego con el equipo argentino está lejos de ser lo ideal, algo que muchos argentinos, amantes del fútbol, podían llegar a vislumbrar.

Porque sumado al nuevo culebrón con Riquelme, aparece como indescifrable el rol de Carlos Bilardo en este seleccionado, casi un dirigente, limitado por todos los costados, mientras que tampoco se define el ingreso de Humberto Grondona, quien parece ser moneda de cambio por Oscar Ruggeri en este litigio que Maradona tiene con el presidente de la AFA.

Y si en 2006 la imagen que quedó grabada fue la de un muy joven Lionel Messi en el banco de suplentes ante Alemania, o un genio como Ricardo Bochini casi no participó en Mundiales, o en Suecia 1958 se prescindió nada menos que de Sívori o Di Stéfano, ahora todo indica que vamos camino a que la historia se repita y que sea la Argentina la que le gane una vez más a la Argentina, si no se logra cambiar a tiempo.

 

Los cambios necesarios en el fútbol

 

 

Hace unos años, cuando entrevistábamos al exitoso entrenador argentino Carlos Bianchi y le preguntábamos qué equipo europeo le gustaba, nos sorprendió que como respuesta nos interrogara sobre a qué llamamos nosotros “europeo” y en todo caso, cómo saber qué país europeo tiene mejor juego, cuando todos están plagados de jugadores extranjeros.

Se llegó a tal situación que hay equipos tradicionales, como el Arsenal o el Inter, que han sacado al campo de juego conjuntos de once extranjeros, que en muchos casos ni siquiera captan lo que se grita en las tribunas o que no alcanzan a comprender al aliento de sus propios simpatizantes y de vez en cuando, ni la lengua del país alcanzan a dominar.

El desenlace de aquella Ley Bosman determinó que al poder transitar todo jugador con pasaporte europeo por todo el continente, los principales equipos tomaran la costumbre de fichar sin miramientos hasta armar la mejor estructura posible, pero eso fue desnaturalizando al fútbol. Si sumamos a los europeos con pasaporte, a los extracomunitarios permitidos (por lo general tres en campo y alguno más en el banco de suplentes) y que estos extracomunitarios, con el pase de los años y con residencia legal, se transforman en nuevos comunitarios que abren la puerta a otros extracomunitarios, la situación de hoy es de verdaderos seleccionados mundiales con camisetas de equipos, que hasta supera el límite de lo imaginado por el propio Bianchi cuando nos dijo aquello.

Es por eso que ahora estamos en el escenario de la principal batalla del fútbol europeo, el que propone el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, para al menos imponer la llamada regla del “6+5”. Esto significa propender a que cada equipo europeo tenga que tener, como mínimo, seis jugadores elegibles para los seleccionados nacionales del país de ese equipo, en el campo de juego, y como máximo, cinco jugadores que no puedan ser seleccionados en el país de ese equipo.

La otra condición es que pasados los 21 años de edad, esos seis jugadores como mínimo de cada equipo, no tienen que haber jugado nunca en otro seleccionado que el del país del equipo en el que juegan (por eso no hablan de nacidos en el país, porque pueden ser extranjeros, pero con la condición de que sean seleccionables en el país en el que juegan). De los no seleccionables, si hay alguno en el banco de suplentes, además de los cinco de máxima que podrán ingresar como titulares, esos sustitutos podrán ingresar sólo por otros de la misma condición y no por seleccionables.

Para llegar a esta resolución, que la FIFA está próxima a sacar, ha tenido que consultar técnicamente, entre otros, con miembros del Instituto de Asuntos Europeos (INEA), para que esta reglamentación no entre en colisión directa con la laboral de la Unión Europea (UE), que no pone límites en el tránsito entre sus países miembros a los trabajadores con el pasaporte habilitante, y es lo que podría trabar la medida, más allá de la casi lógica oposición (por intereses) de la UEFA y la Asociación de Clubes Europeos (ECA), que sustituyó al polémico G-14 que representa a los poderosos de Europa.

La situación es clara y ya fue evaluada incluso por el sindicato mundial de futbolistas FIFPRO, que está de acuerdo con los lineamientos de la FIFA.

En los últimos cinco años de disputa de la Champions League europea, apenas el 53 por ciento de los jugadores participantes fueron elegibles para los seleccionados de sus países. Demasiado escaso como representativo de un club.

Si esta evaluación se hace por países participantes en la Champions League, España llegó a utilizar en sus equipos un 35,2 por ciento de “no elegibles” (y no es casualidad entonces que Vicente Del Bosque, el entrenador del seleccionado nacional, disponga de muchos jugadores para citar, en comparación con sus colegas europeos).

Italia, en cambio, utilizó al 38,5 por ciento de “no elegibles”, mientras que asombra Inglaterra (el caso más duro y no por casualidad se queja tanto Fabio Capello, el seleccionador) con la utilización del 65,1 por ciento de “no elegibles”, Portugal ya baja al 57,5 por ciento, Bélgica al 50,3 por ciento, Alemania al 49,9 por ciento y Rusia va subiendo hasta colocarse ya en el 46,7 por ciento.

En cambio, no parece tener posibilidades inmediatas de éxito la implementación de la tarjeta naranja, in intermedio entre la amarilla (amonestación) y la roja (expulsión), que negociaba la chance de una suspensión temporaria de un jugador, del campo de juego, por una acción que se consideraría no tan violenta como para merecer la tarjeta roja, ni tan blanda como para quedarse sólo con la amarilla.

Suena en cambio algo extraño que la Internacional Board (el departamento de FIFA que estudia los cambios reglamentarios) haya aceptado probar en algunas ligas con el agregado de dos asistentes más a los dos que ya existían, porque no parece que eso ayude demasiado. En cambio, se corresponde más con la idea de resistir a pie firme los avances de la tecnología (ya utilizada a full por la gran mayoría de los deportes), y aumentar, en cambio, la cantidad de agentes involucrados en la industria en tremenda expansión en el siglo XXI que es hoy el fútbol.

 

Real Madrid, Barcelona y el sidecar eterno 

del fútbol español

 

Alguien dijo alguna vez que el fútbol es un sidecar. Muy difícil mantener un equilibrio y entonces cuando uno de los dos acérrimos rivales se encuentra en el mejor momento, casi por lógica el otro cae en una profunda depresión, por sí mismo y también, por influencia del otro, de su antítesis.
Esto sucede en la Argentina con River y Boca y desde ya que desde hace añares ocurre en España con el Real Madrid y el Barcelona. No hace falta ir muy lejos para comprobarlo. Hace escasas dos semanas, el propio entrenador de los “merengues” de la capital, Juande Ramos, aún con siete victorias consecutivas en la Liga, luego de un muy mal comienzo del equipo con su antecesor, Bernard Schuster, sostenía que nada se podía hacer para ganar el campeonato si el gran rival, es decir, el Barcelona, continuaba como puntero sin ceder tampoco ningún punto. Ramos reconocía que sólo le quedaba apostar a ganar la Champions League europea, lo que provocaba sorna en los hinchas rivales y en muchos de los propios, visto el caos institucional con la intempestiva renuncia del presidente Ramón Calderón, y el llamado a elecciones para mitad de año, lo que a su vez convertía al propio Ramos en un entrenador nuevo, y al mismo tiempo ya provisorio. Porque la comisión directiva electa seguramente traería a su propio entrenador para renovarlo todo.


El sidecar se completaba con lo opuesto en Cataluña. Un Barcelona arrasador, puntero con doce unidades de ventaja, con un promedio de más detrás goles, un fútbol espectacular que hizo que Ramos mismo lo llamara “el mejor Barcelona de la historia”, y con la mirada sobre las tres competencias al mismo tiempo: Liga, Champions y hasta Copa del Rey, en la que ya tiene casi asegurada la final.


Dos semanas después, apenas, la ventaja entre el Barcelona y el Real Madrid en liga es de siete puntos, cinco menos que antes, con un equipo azulgrana con serios problemas de ataque, jugadores lesionados y nerviosos, con su irascible delantero camerunés Samuel Eto’o amenazando, en el peor momento posible, que al terminar la temporada podría emigrar, y con varios jugadores en el peor momento del año, justo cuando hoy regresa la Champions en octavos de final, y espera el accesible Olympique de Lyon, que ha mejorado en el momento menos indicado en su propia liga. Pero lo más llamativo fue perder, como local, nada menos que ante su rival de la ciudad, el Espanyol, último hasta el domingo, y que hacía 27 años que no triunfaba en el Camp Nou. Allí no sólo se vio la peor versión de un Barcelona por primera vez presionado por tener que responder siempre al buen juego y a no caerse ante la dura persecución de su máximo rival de siempre (que hace dos años, con Fabio Capello, consiguió un título casi imposible que lo va asemejando mucho a lo actual), sino que el propio entrenador, adalid del fútbol ofensivo y lujoso, Josep Guardiola, se vio errático con los cambios y desbordado por la situación de un planteo adversario, a la italiana, que no le dio respiros, le cortó el juego, y se manejó de manera inteligente por parte del argentino Mauricio Pochettino, ex jugador y símbolo del club azul y blanco.


Y como no podía ser de otra manera, si el Barcelona entra en un cono de dudas y miedos, y presiones de su máximo adversario, éste crece como nunca, y va saliendo lentamente de la cueva, con dos goleadores implacables como el incansable Raúl González, y Gonzalo Higuaín (¿hasta cuándo va a esperar Diego Maradona para darle por fin una oportunidad en la selección?), y lo que antes eran victorias aburridas por el eterno 1-0, se transformaron en un 0-4 contra el Sporting en Gijón, y un 6-1 ante el Betis en el Santiago Bernabeu, y no sólo eso, sino que para mañana, el ánimo es el mejor para recibir al Liverpool, al que casualmente le afectará que su mejor jugador, Steven Gerrad, regresa tras tres semanas de ausencia por lesión.


Más que nunca, queda claro que el fútbol forma parte de este sidecar entre grandes rivales y que lo que hace dos semanas era de una forma, hoy es de otra. Si el Barcelona era seguro campeón de liga y acaso de Champions, hoy ya no lo es. Y si el Real Madrid aburría a todos y terminaría una temporada en blanco, ya nadie lo firmaría.


Es esto hermoso que tiene el fútbol y que, entre tantas otras cosas genera tanto magnetismo.

Problemas para el Recreativo: la pericia del TAS valida la firma de Nayar 

 

Finalmente, y como suele suceder en este mundo descarnadamente capitalista que ya se ha metido en el fútbol, parece que pagará el único que pretende dedicarse a jugar. Nos referimos a que luego de dimes y diretes, el TAS, Tribunal Superior de Justicia Deportiva, ha validado la firma de Nayar en el contrato que lo unía profesionalmente a Boca Juniors. Fuentes inobjetables nos revelaron, en una primicia exclusiva, que el perito que puso el TAS afirma de manera categórica que la firma que aparece en el contrato es, indudablemente, de Sebastián Nayar, y por lo tanto no sólo su actual club, el Recreativo de Huelva, deberá buscar la manera de conciliar en la próxima audiencia fijada el 11 de marzo, sino que ahora es el jugador el que se expone a duras sanciones, al haber declarado que Boca había falsificado su firma.


Cabe recordar que Nayar había disputado un solo partido para Boca, proveniendo de sus categorías juveniles. Fue ante Racing Club, y bastó su muy buena actuación en el Clausura 2008, para que apareciera el Recreativo y se lo llevara, aún cuando Boca aducía que el jugador no tenía libertad de acción y se había equivocado al dejarse llevar por los intereses del club español y de los eternos intermediarios que corroen la esencia de este deporte buscando sacar el jugo a los futbolistas cual mercancías.
Si Nayar se expone a sanciones, el Recre también pero en este caso, se suma una muy posible indemnización a Boca por ruptura contractual.
Cabe aclarar algo importante que en su momento, cuando tratamos el caso Nayar, no lo hemos dicho. Este tipo de indemnizaciones, por estar encuadradas en el período protegido, tienen naturaleza punitoria. Es decir que, a diferencia del caso de Andy webster, no se limita a lo que al jugador le quedaba del contrato en Boca sino que toma en cuenta otros factores (oferta de venta del jugador, valor del nuevo contrato, daño deportivo, etc). Esto está especificamente aclarado en el propio caso webster donde dice que por ser posterior al período protegido, en principio la indemnización debe ser solo compensatoria de las pérdidas.


En cuanto a Nayar, ahora se expone a volver a quedar inhabilitado (es decir que habrá ganado dinero, pero el objetivo primario, que se supone que es jugar al fútbol, no se va cumpliendo demasiado por haberse metido en este berenjenal judicial). Esto ocurre porque al conceder la medida cautelar, el TAS expresamente señaló que era revocable si las circunstancias de hecho cambiaban (expresamente mencionó al resultado de la pericia oficial como una de estas circunstancias) y que lo habilitaba otorgándole el beneficio de la duda ante las pericias contradictorias. Ahora que hay una pericia oficial categórica es posible que el TAS revoque su anterior medida y le otorgue la razón a Boca sobre el Recreativo.


Tal vez sea una buena forma de ir parando esta voracidad europea por llevarse jugadores juveniles sudamericanos, que llegó a tal punto, que ya los agentes van a espiar a los menores de 17 años en el próximo torneo de Chile porque ya se considera que los sub-20 que tienen pasta de crack ya casi todos tienen precomntratos o directamente contratos con los principales equipos de Europa. Hasta el propio Michel Platini, presidente de la UEFA, está pensando en limitar la venta de jugadores menores de 20 años para evitar este comercio. 

 

El seleccionado argentino, una paradoja 

del país, pero en caja chica

 

 

“Cada vez se agranda más, nunca vi tanta gente”, nos dice un colega de la prestigiosa revista “L’Equipe” y tiene razón. La delegación argentina que se encuentra concentrada en un lujoso hotel en la playa de Marsella, a la espera del partido de esta noche a las 21 (18 de la Argentina) ante Francia, el subcampeón mundial, creció de manera espectacular, sin entenderse demasiado varias de las funciones que cumplen sus múltiples empleados, pese a lo cual, la tarea de conversar siquiera con algunas de las estrellas que participan en los principales equipos europeos es poco menos que fantasía.

El tercer piso desde la recepción del Pullman Palm Beach Hotel, que paradójicamente corresponde al piso cero, tres más arriba que la planta baja, tiene puesto un vallado en el fondo del salón, y guardias de seguridad privada están atentos a cualquier movimiento de los pocos hinchas (la mayoría, argentinos o residentes en Marsella) que buscan algún autógrafo con escasa dosis de rebeldía y respetando los límites o cualquier indicación, y también a los pocos periodistas que simplemente vienen tratando de conseguir un preciado reportaje.

La tarea resultará poco menos que imposible. Si bien algunos pocos jugadores se encuentran aquí desde el mismo domingo por la noche, y Diego Maradona, el director técnico, desde horas antes al igual que el manager, Carlos Bilardo, el sufriente jefe de Prensa, Andrés Ventura, más conocido como “Coco”, nos resignará a explicarnos que ni soñar con poder conversar con las estrellas en los cuatro días de estadía.

Difícil explicar esto a los colegas extranjeros, poco acostumbrados a los desplantes oficiales. Un caso como éste, en Europa, termina con el departamento de prensa y posiblemente con muchos dirigentes en la calle. Pero estamos hablando de una delegación argentina, y de una federación como la AFA, que es un coto cerrado y donde no sólo esto es posible sino mucho más aún.

A Ventura se le ha sumado ahora la tarea de Fernando Molina, un muchacho educado y que de buenas formas parece hacer todo lo posible por resolver los incontables pedidos de firmas de autógrafos, fotos, entrevistas y lo que se guste solicitar, por parte de su suegro, Diego Maradona, para quien trabaja de vocero. Molina es el novio de Dalma y fue incorporado a la delegación, así como el nuevo cuñado del “diez” y hermano de su novia actual, Verónica Ojeda. Si sumamos que como jugador también es convocado Sergio Agüero, el otro yerno y futuro padre de su nieto, podría decirse que el cuadro de nepotismo aumenta sin pausa.

Molina nunca dice que no. Casi por regla. Pero frases como “lo hacemos hoy, no te preocupes” o “lo hablo con él pero no creo que haya problemas”, con el paso de las horas y la eterna guardia periodística, irá desdibujándose hasta llegar a la nada más absoluta, al desierto informativo y a la impotencia a la hora de traducirse en productividad laboral. Entonces pasamos al “no lo pude hablar” o “no lo encontré” o “parece que mañana, pero hoy no lo creo”, pero nos recuerda aquellos carteles de almacén de hace cuatro décadas: “Hoy no se fía, mañana sí”.


La mañana del martes puede ser lo más explicativo. Varios de los enviados nacionales y extranjeros tenían pautadas entrevistas con varios jugadores (entre ellos, quien esto escribe) cuando llegó la fatal aunque nunca del todo inesperada noticia: en vista de que algunos periodistas habían traspasado la valla de seguridad por alojarse en el mismo hotel que el seleccionado y aprovecharon para tratar de acercarse más al plantel, Maradona se enojó y decidió enviar a todos los jugadores a sus cuartos. Es decir: no hablarán, una vez más. Donde dije “digo”, ahora digo “Diego” y otra vez el desierto, la nada misma.

Nadie pone límites, y aquellos colegas con perfil más conocido por aparecer en la TV apelan a gestos cómplices con algún dirigente, amiguete dentro de la elefantiásica delegación, o a la necesidad o gusto de alguno de los jugadores por figurar y acaso logre “algo” con el correr de los días, mientras que otros optan, por fin, por salir a hacer compras y conocer algo de Marsella, a poco de regresar a su país.

Es allí cuando, Argentina al fin, se nos convoca sorpresivamente a una mini conferencia de prensa con Gabriel Heinze, Lionel Messi y Angel Di María, justo cuando la mayoría de los interesados no está. De nada valen los intentos preocupados de la colega Cristina Cubero, de Mundo Deportivo de Barcelona, por convocar a los amigos argentinos mediante llamadas de celular o a las habitaciones de los hoteles.

El desorden reinante generará que nos arreglemos como podamos y algo que no estaba pactado derivará en que los que hemos sido afortunados, y seguíamos allí, de guardia, nos encontráramos repentinamente con este “regalito” de tener frente a nosotros a tres jugadores importantes, casi a solas.

Fernando Segura Trejo, un destacado sociólogo argentino que se encuentra terminando su doctorado en Sociología del Deporte en París, analiza este fenómeno de la delegación argentina, con características como “desorganización social, clientelismo, amiguismo, puesta en escena, banalidad” pero por otro lado, “toda la mística que genera Maradona, con mil quinientos franceses en un entrenamiento sólo por su presencia” y nos cita como ejemplo una frase de una periodista del canal TF1 de la TV francesa que nos dice que un reportaje sobre la selección argentina aparecerá en el noticiero “a menos que se muera Sarzoky”.

Mientras tanto, se percibe movimiento detrás de las vallas y las luces de los flashes de los fotógrafos nos indican que parte el plantel hacia el entrenamiento en el estadio del Velódromo, donde esta noche será el partido. Además de los jugadores, no paran de aparecer funcionarios, amigos, dirigentes de toda laya, voceros de uno y de otro, un secretario-asistente-todo terreno del propio hombre fuerte de la AFA con su portafolio, miembros de la empresa que organiza el partido discutiendo en qué coche va cada uno, utileros, familiares, jugadores.

El hotel queda vacío de contenido, y nosotros, en el taxi de regreso, nos preguntamos si estamos en Marsella o si en verdad, nunca nos fuimos de la Argentina.

 

¿Podrá el Atlético Madrid volver a ser el tercer equipo de España? 

 

Por estos días, y luego de años de turbulencias que incluyeron dos temporadas en segunda división, el Atlético Madrid debe terminar de cerrar su debate interno sobre si asumirá, por fin, su rol de tercer club de fútbol de España tras el Real Madrid y el Barcelona, como lo fuera durante prácticamente todo el siglo XX. El Atlético Madrid, que durante los años de la guerra llegó a llamarse “Atlético Aviación”, ha llegado incluso a ser campeón intercontinental en 1974, al vencer a Independiente de Argentina, en acaso el momento de mayor poderío futbolístico de los rojiblancos en toda su historia, si bien su último gran éxito ha sido el de la temporada 1995/96, cuando bajo la dirección de Radomir Antic, obtuvo el llamado “doblete” (campeón de la Liga y de la Copa del Rey), con jugadores como Diego Simeone, Kilo, Pantic, López, Santi o Pérez Caminero.
Desde ese momento, mucho ha pasado en el club, que se convirtió en sociedad anónima y que fue generando noticia tras noticia, siempre con convulsiones, complicaciones, o fuertes declaraciones de su presidente, y por momentos al mismo tiempo alcalde de Marbella, el fallecido Manuel Gil y Gil.
Esta política con números confusos de su economía, y extrañas operaciones, derivó en que a fines de los años noventa, el Estado español decidiera meterse e investigar sus cuentas, y todo ese control derivó en el posterior descenso a Segunda división, o “el infierno”, como los propios hinchas del “atleta” llamaron a este inesperado traspié, que duró dos temporadas y que en la primera no le permitió volver a la máxima liga española por apenas un gol a favor.
El fallecimiento de Gil y Gil originó un cambio sustancial en el Atlético Madrid. Su hijo, Manuel Gil Marín, optó siempre por un perfil más bajo, y dejó la presidencia en manos del empresario cinematográfico Enrique Cerezo, quien cultivó la amistad con los dirigentes del resto de los clubes (contrariamente a su antecesor), y apoyado en una figura estelar surgida de las divisiones inferiores, como Fernando Torres, quien debutó en primera división a los 17 años, fue agregando jugadores de valía para iur conformando un equipo que primero se mantuvo en la liga principal, para luego ie ascendiendo posiciones y llegar ahora a la Champions League, donde aún cuenta con chances reales de pasar a cuartos de final si pasa la eliminatoria de octavos ante el Oporto.
La buena situación económica actual se completa con una operación económica que le traerá suculentos beneficios, cuando en dos temporadas deje su actual estadio, el histórico Vicente Calderón (nombre de uno de sus grandes dirigentes), para mudarse a La Peineta, donde el ayuntamiento de Madrid piensa remodelar y ampliar el actual estadio que es utilizado para recitales y actividades menores, con el fin de que sirva para albergar los Juegos Olímpicos de 2016, a los que la capital española se presenta como candidata y con chances concretas de vencer, luego de haber estado a un paso de los de 2012.
Desde ya que por aceptar este traslado (con el objeto de que la zona del Vicente Calderón sea utilizada para mejorar el uso del río Manzanares), y con la recalificación del lugar, el Atlético Madrid cerrará una brillante operación que le permitirá seguramente optar a la contratación de jugadores con los que podrá elevar su categoría y superar, o al menos alcanzar, la línea del Valencia, el Sevilla o futbolísticamente, la del Villarreal.
Por el momento, el Atlético Madrid sigue representando una incógnita. Es conocido y dicho por lo bajo por la mayoría de los protagonistas, que el entrenador mexicano Javier Aguirre no se encuentra a la altura de lo que se pretende para manejar un plantel tan cotizado, que fue convenientemente reforzado en la mayoría de los lugares en los que el equipo flaqueaba (Heitinga y Ujfalusi llegaron para la zona central de la defensa, Coupet es un arquero de categoría, Simao aporta creación y Banega, distribución, así como Luis García es una alternativa en el extremo del ataque).
Más allá de encontrarse en una posición expectante en la tabla de posiciones (sexto, y por el momento, entrando en la Copa UEFA de la temporada que viene), el Atlético Madrid no tiene un juego sólido, ni un estilo, y en cada partido pareciera salir a ver qué pasa o qué hará su rival. Y muchos jugadores, entre ellos sus dos estrellas del ataque, Sergio Agüero y Diego Forlán, se encuentran incómodas y con quejas reiteradas sobre que el equipo necesita un mejor funcionamiento porque si no fuera por alguna jugada individual, casi siempre en lo colectivo termina siendo superado.
Sumado a eso, aparecen los primeros nubarrones en el futuro de Agüero. El yerno de Diego Maradona ha recibido públicamente el consejo de éste de no continuar en el Atlético Madrid y emigrar a un club más conveniente para su juego y su estabilidad, como el Inter italiano, mientras que el propio joven delantero insiste en cada partido en que “hay que trabajar más”, mientras sigue sin arreglar su nuevo contrato, y su cotización sigue estando, todavía, a la altura de muchos clubes poderosos de Europa, que suspiran por llevárselo.
Pero mucho más allá de Agüero, el Atlético tiene que aprovechar este momento, con dirigentes, jugadores y hasta nuevo estadio futuro, para volver a ocupar el lugar que fue perdiendo en estos años por malas decisiones y administraciones.
La experiencia debe servirle esta vez para no repetir aquellos errores.

 

Pep Guardiola siempre gana 

 

Si por alguna razón de rachas, lesiones, ventisca, tormenta o helada, el Barcelona no ganara un solo punto más en lo que va de la temporada, su entrenador, Josep Guardiola ya habrá ganado de todos modos.


Guardiola, un volante central exquisito que fue titular del Barcelona en los tiempos del “Dream Team” de Johan Cruyff, y que ganara la medalla dorada para España en los Juegos Olímpicos de 1992 (no como ahora que España se acostumbró a ganar, sino en tiempos de sequía y derrotismo y sin estilo propio), siempre se destacó por ser distinto a los demás, y eso hizo que tuviera que arrastrar una carga mucho más pesada porque no es fácil para el ambiente del fútbol aceptar que uno de sus jugadores-emblema se la pase leyendo a Rimbaud en las concentraciones antes de los partidos, o no renuncie jamás a un buen pase, o a tratar de ser lo más preciso posible con la pelota. Y no le fue mal. Ya veterano, y con la llegada del mismo Xavi Hernández a quien respalda y le entrega la creatividad desde el mediocampo del hoy mejor equipo del mundo, Guardiola llegó a jugar junto a Roberto Baggio en el Brescia cuando un extraño control antidoping, que no se condice ni con su carrera ni con su coherencia, lo marginó por un tiempo, aunque pudo jugar hasta en el Dorados de Sinaloa, en México, y hasta en la Roma, pasando dos temporadas en el Al Ahly de Qatar.
Con 38 años de edad, muy joven aún y con una buena experiencia en el Barcelona B, al que ascendió de Tercera a Segunda en la temporada pasada, el presidente Joan Laporta decidió darle la responsabilidad del equipo principal en tiempos de crisis, con la ida de Frank Rikjaard, y dos cracks como Ronaldinho y Deco, pero “el noi de Santpedor” (el chico de Santpedor) no sólo no se amilanó, sino que casi sin fichajes, con el mismo plantel, decidió por ir más a fondo, redoblar la característica de ataque, y respaldar a Lionel Messi como líder y mejor jugador del mundo.
Hoy Barcelona maravilla a todos, con un juego notable que persiste con paciencia en agujerear defensas rivales y basta con abrir el marcador para que el partido esté prácticamente liquidado. Pero eso es apenas una parte: el Barcelona juega con extremos o wines, palabra en desuso, por la que casi hay que pedir perdón por su mención, y que sin embargo, parece resultar. Con un juego bien abierto, apelando a un mediocampo muy creativo, con un volante central de gran despliegue, piernas largas y gran técnica como el marfileño Yaya Touré, sus dos acompañantes, el mencionado Xavi y un crack como Andrés Iniesta casi se suman al ataque de Messi, Eto’o y Henry, quienes han totalizado juntos los mismos goles que todo el Real Madrid, el segundo de la liga española a doce puntos de distancia.
El Barcelona, además del soberbio espectáculo de cada partido, lleva convertidos 89 goles (sí, leyeron bien) en lo que vade la temporada (7 en Copa del Rey, 19 en la Champions League y 63 en la liga española), con lo que va camino a batir todos los records, con prácticamente tres goles de promedio por partido (89 en 30), y con 19 remates en los palos en 20 jornadas de liga, es decir que en la liga española, el Barcelona consigue marcar tres goles por partido y un remate en el palo. Cifras que asustan y que demuestran que se puede jugar bien, que atacar sirve, que dar espectáculos no va reñido de obtener buenos resultados, y que salirse de la mediocridad no es malo sino al contrario, le da frescura e interés al fútbol.
En una entrevista concedida al periodista Orfeo Suárez del diario “El Mundo” de Madrid, el entrenador actual del deportivo La Coruña, Miguel Lotina, comentaba que ya en tiempos de jugador, Guardiola era distinto a todos porque era capaz de ir al vestuario rival, al finalizar un partido, a preguntarle, inquieto, al entrenador rival por qué había planteado así el encuentro, o por qué acomodó la marca de tal forma y no de tal otra.
Pero aún así, los méritos de Guardiola no terminan allí. Suele ser una persona medida, que jamás levanta la voz, que no da entrevistas individuales y sólo habla en conferencias de prensa (una sana costumbre que también tenía Marcelo Bielsa en la selección argentina y que debería ser imitada, por democrática hacia los medios de comunicación), que siempre ve la cara positiva de su rival, que siempre es cordial con los adversarios, a los que suele desear suerte, y hasta ha levantado el pie del acelerador en partidos en los que su equipo pudo desquiciar a su rival, como ante el mismo Depor, cuando ya los gallegos perdían 5-0 en el Camp Nou y se habían quedado con diez jugadores por la expulsión de su arquero Aranzubía y un jugador de campo debió reemplazarlo.
Y nada de todo esto impide que en el futuro se hable con admiración y grandes recuerdos de este Barcelona audaz, honesto, ofensivo, goleador, caballeroso, y generoso con el espectáculo. Y por lo que todo indica en proyección, también ganador.
Aunque Guardiola ya ha ganado, pase lo que pase de aquí en más durante esta temporada.

Cuando la prensa deportiva española 

nos genera envidia

 

Y de la sana. Porque la intempestiva salida de la presidencia del Real Madrid por parte de Ramón Calderón, hace una semana, fue motivada por una gran investigación del diario deportivo “Marca”, que demostró, con pelos y señales, cómo el ex mandatario blanco manipuló la última asamblea, ocurrida a fines de 2008, en la que se votó a favor de las cuentas presentadas a los socios, y por una escasísima diferencia.
“Marca”, que pertenece al grupo italiano Rizzoli (que también edita el “Corriere Della Sera”, “La Gaceta dello Sport” y el periódico español “El Mundo”), hacía rato que tenía entre ceja y ceja a un Calderón más cercano a su competencia mediática, el Grupo Prisa, y demostró en su investigación, que no necesitó de muchos días, que en aquella tumultuosa asamblea en la propia sede del Real Madrid, en el estadio Santiago Bernabeu, no sólo habían asistido los barras bravas llamados “Ultrasur”, quienes manifestaron a favor de Calderón, sino que llegaron a votar varios desconocidos que no eran socios de la entidad (incluso alguno, asociado al Atlético Madrid), y todos estaban comandados por un joven que se hizo famoso en todo el país, un tal Mariano Rodríguez de Barrutell, más conocido por su apodo, “Nanín”.


“Nanín”, un joven que resultó ser hijo de un amigo muy cercano a Calderón, terminó siendo una especie de organizador del trabajo sucio a favor del ex presidente, y hasta aparece jugando al fútbol en el propio campo de juego del estadio Santiago Bernabeu junto al propio Calderón, vestido con la segunda equipación de la entidad (la de negro con vivos blancos), y fue quien condujo a sus amigos a la extraña asamblea, en la que un mes después, “Marca” muestra en su propia tapa de quién se trataba en cada uno de los casos de votos ilegales.


Nanín es conocido como uno de los reyes de la noche madrileña, así como otro amigo cercano a Calderón y ex dirigente, Alfonso Carrascosa, también participaba en este tipo de maniobras.


Es claro que luego de conocida parte de la investigación, Calderón apareció dando una conferencia de prensa en la sede del club, en la que sostenía que “por su honor” se investigarían los hechos y que irse sería “de cobardes”. Pero al día siguiente, “Marca” aparecía en su tapa circulando alrededor del rostro de los votantes ilegales en la asamblea demostrando esta cercanía con Calderón y al ex presidente apenas si le quedaron horas para dimitir llorando y apelando al estoicismo de su familia que había tenido que soportar el escarnio y que le pedía que se retirara.
Este hecho, que parece tan normal que no merece agregar comentario alguno, no lo es si tomamos en cuenta el medio argentino, en el que un juzgado nacional decide allanar la propia sede de la AFA y no sale publicado en ningún medio, ni se recuerda jamás que un solo dirigente del fútbol (ni de la Secretaría de deportes estatal) haya tenido jamás que renunciar por alguna investigación realizada por ningún suplemento deportivo, cuando sería innegable que esto que acabamos de relatar del Real Madrid, ocurre (y multiplicado y hasta elevado a la máxima potencia) en la Argentina. Pero nadie sale jamás. Los dirigentes permanecen impunes, en muchos casos, manteniendo una estrecha relación con el periodismo vernáculo, mientras unos pocos (tuertos idolatrados por sus ciegos colegas, que los creen valientes), prefieren hablar de lo que pasa a miles de kilómetros sin meterse demasiado en las narices del poder de casa.


Si un dirigente dejó de tener continuidad en este tiempo, fue el ex presidente de Newells, López, a quien derribó mucho más el accionar de una ONG, “Salvemos al Fútbol”, que un periodismo timorato, si bien el ex mandatario maniataba al escaso periodismo crítico de la ciudad rosarina.


Lo cierto es que lo conseguido por el diario “Marca” nos genera sana envidia, nos hace pensar que en algún lugar del mundo existe un periodismo independiente capaz de cargarse a cualquier dirigente, con el poder que fuere, si hay una decisión valiente de publicar lo investigado, como se hizo desde el Caso Watergate a tantos otros en la historia del periodismo.
Se fue Calderón y fue reemplazado, en una corta transición hasta mediados de año, cuando termine la temporada futbolística europea, por el empresario naviero Vicente Boluda, y tampoco se sabe ahora qué pasará con el nuevo entrenador, Juande Ramos, que lentamente está ordenando el equipo (aunque ayudado el pasado domingo por el absurdo arbitraje de Pérez Burrull, que no pitó dos claros penales para el Osasuna y echó al delantero Juanfran en la segunda acción), pero que sabe que al haber elecciones a más tardar en julio, el nuevo candidato traerá a su director técnico y difícilmente pueda continuar. Tampoco el director deportivo Pedía Mijatovic sabe qué será de su vida aunque lo empieza a tener claro, y sabe que incluso hace tiempo que debió irse, especialmente cuando fichó hace días al delantero Huntelaar y al volante Lasanna Diarra, y se enteró luego de que para la Champions League, que regresa en febrero, sólo podrá contar con uno, al haber jugado ambos en competencia europea en la actual temporada.


Mientras todos estos disparates pasan en la Casa Blanca madrileña, “Marca” y otros medios que se suman, se preguntan qué pasa ahora con el “calderonismo sin Calderón” que continúa en el club, mientras otros ironizan llamándolo “Realín Madridín”…
Nuestra más sincera envidia.

 

Llegó Messi y dejó su fútbol 

en los zapatos del mundo

 

 

El Rey Messi llegó por la destemplada noche de Madrid y depositó su enorme fútbol en los zapatos de los amantes de este deporte que se torna maravilloso cuando aparecen cracks de este calibre, y se fue ovacionado, de pie, por la gran mayoría de hinchas del Atlético Madrid, en el propio estadio Vicente Calderón, que vieron cómo su equipo nada podía hacer ante este tremendo Barcelona, que le ganó con comodidad y simpleza por 1-3 en el partido de ida de octavos de final de la Copa del Rey.

Valió la pena superar la helada, enfundarse por completo y sentarse en la platea del Calderón para presenciar semejante recital de fútbol de todo el Barcelona, hoy por hoy, lejos, el mejor exponente de fútbol de alta clase, y que se da el lujo de rotar a su plantel y dejar sólo cuatro titulares ante un equipo de los más grandes y de mejores jugadores de España, como el Atlético.

Pero si además de contar con jugadores de tamaña jerarquía, y de un andamiaje casi perfecto, con presión sobre el rival hasta el minuto noventa, pase lo que pase con el resultado, se suma a Lionel Messi entre los once, ya la distancia es tan pero tan grande, que los partidos pareciera que se jugaran casi para cumplir con el reglamento.

El Barcelona no necesita ni vestir de azulgrana. De amarillo da lo mismo, y con titulares, o suplentes, o mezcla de ambos, establece un monopolio del balón y un cambio de ritmo que desorienta y desanima al más pintado, y anoche, el recital fue completo con un Messi claramente en posición de mejor jugador del mundo, autor de los tres goles, uno de penal y dos de gran factura, pero nos quedamos con una magnífica apilada que terminó con la pelota en el travesaño y la primera ovación.

Nada menos que con Diego Maradona en la platea, Messi las hizo todas, con la única pena de que en una incomprensible decisión (luego disfrazada en vano de fiebre), el entrenador mexicano del Atlético, Javier Aguirre, a quien el público exigió dimisión durante el partido, dejó afuera del compromiso a Sergio Agüero, cuando si algo le quedaba a este equipo para ganar en la presente temporada era esta Copa del Rey, lejos del Barcelona en la liga (catorce puntos a día de hoy) y con la Champions League como sueño más que como realidad.

Es claro que el Atlético tiene mejor plantel que en otros tiempos, pero también, que hay demasiada diferencia entre su ataque, contundente (especialmente cuando juega el Kun), y el resto de las líneas, sin ideas a la hora de generar juego, y menos, cuando enfrente se encuentra tamaño rival como el Barcelona, acaso el mejor equipo del mundo, con brillantes jugadores, mucha presión, y muy buenas ideas. Allí, los “colchoneros” se vieron en un auténtico laberinto futbolístico.

Ni hablar cuando en el penal que generó a principios del segundo tiempo el 0-2 fue expulsado el defensor central holandés Heitinga. Porque si ya la diferencia era insalvable, si el Barcelona llega a tener un jugador de más, se acaba el partido, que fue lo que ocurrió aunque el checo Ujfalusi encontrara de cabeza el momentáneo 1-2, porque aún se debe jugar la semana próxima la revancha en el Camp Nou, y con tres goles en Madrid, el Barcelona jugará demasiado tranquilo porque hasta un 0-2 lo mete en cuartos.

Da gusto ver a este Messi, que a mitad de temporada se acerca a los veinte goles, lo cual marca en la proyección, una cantidad desmesurada para un joven que no se dedica a concretar goles, sino que llega a ellos porque su talento desborda.

Si Víctor Hugo Morales, en el mejor relato de gol de la historia del fútbol, llegó a preguntarle a Maradona, “¿de qué planeta viniste?” ante Inglaterra en el Mundial de México 1986, en el Calderón se pudo haberle preguntado a Messi “de qué estrella bajó” para regalarnos su enorme fútbol, depositándolo en nuestros zapatos en el día de Reyes.

El mejor jugador del mundo es argentino, pero lo disfruta el mundo. Ojalá lo pueda aprovechar la selección. Maradona lo pudo comprobar in situ y se habrá dado cuenta, esperemos, que no es sólo un “pasador”, sino una superestrella, el fútbol mismo, como bien entendió, desde el primer día que lo dirigió, el muy inteligente técnico del Barcelona, Josep Guardiola.

Manchester United, el campeón de la lógica pura

 

 

Lo dijo el inteligente entrenador argentino de la Liga Deportiva Universitaria de Ecuador, Edgardo Bauzá, y se cumplió, porque aparecía como muy complicada la chance de que el campeón sudamericano, con un presupuesto más de diez veces menor que el del Manchester United, pudiera ganarle una final de un torneo Mundial de Clubes, con todo lo que hay en juego.

Y efectivamente, si bien la Liga hizo en la final de Yokohama mucho más de lo que algún seguidor serio del fútbol pudiera imaginar jamás, tampoco le alcanzó, aún cuando Cristiano Ronaldo no pudo recuperar el nivel perdido al finalizar la pasada temporada, o con un jugador de más por cuarenta minutos por la expulsión de Vidic.

La diferencia es tan grande entre el Manchester United y los demás participantes del Mundial de Clubes que aún cuando por dos veces, el talentoso volante argentino Damián Manso sacó remates de larga distancia con extraordinaria precisión, el muy serio veterano arquero holandés Van der Sar alcanzó a estirarse y rechazar ambas pelotas.

Bauza dijo en los días previos con acierto lo que ya una vez nos dijo hace años su compatriota Carlos Bianchi con cierta preocupación, la misma que llevó ahora a la FIFA, incluso en la misma ciudad de Tokio en una conferencia de prensa paralela al Mundial de Clubes, a intentar implantar en el mundo la regla del “6+5”, es decir, por lo menos seis jugadores nacidos en el país del equipo y no más de cinco extranjeros por equipo, algo complicado.

Bianchi nos decía en uno de los partidos que Boca Juniors disputó en Japón por la antigua Copa Intercontinental que cuando se habla de los grandes equipos europeos “no sabemos bien de qué fútbol nacional hablamos, porque tienen jugadores de tantos países, que ya es difícil catalogarlos”

Y Bauzá también lo predijo, porque cuando se le preguntó por aquel partido que Inglaterra le ganó ajustadamente a Ecuador hace dos años por los octavos de final del Mundial de Alemania 2006, con gol de David Beckham recién en el minuto sesenta, el entrenador argentino dijo con ironía, “ojalá jugáramos contra un equipo inglés, pero el Manchester es mucho más que la selección inglesa, porque en sus filas hay jugadores que son titulares de muchas selecciones nacionales distintas”.

Y esa es una gran verdad, aunque luego la Liga haya sido valiente y le haya complicado mucho el partido al Manchester.

El gran tema sigue siendo, como desde que comenzó el Mundial de Clubes, si con este formato el fútbol no se va convirtiendo en un deporte cada vez más lógico y los que tienen mayor presupuesto, aunque a veces se enfrentan a rivales duros, terminan imponiéndose por la prepotencia del dinero.

Es claro que el Manchester vino a cumplir con el compromiso y la obligación de ganar este torneo porque su plantel es demasiado caro para perderlo y ante el Gamba Osaka, un equipo muy bien trabajado que nos sorprendió por su juego colectivo y sus buenas individualidades, bastó que ante el descuento de los japoneses para el 2-1, los ingleses se enojaran y en menos de diez minutos ya estaban 5-1 arriba tan sólo porque Rooney ingresó.

Entendemos que luego el entrenador del Pachuca mexicano, Enrique Meza, se queje de que al final, en los Mundiales de Clubes, los campeones de Sudamérica y Europa juegan un partido menos que los demás y tienen la ventaja de jugar desde semifinales, pero aún así, si entre Manchester y Gamba, o entre Liga y Pachuca, hubo una diferencia de calidad, qué pensar que sucedería si los dos equipos con mayor tradición, que antes jugaban la Copa Intercontinental, entraran en una fase anterior.

Seria muy aburrido y aún sin este punto, la FIFA debería encontrar una solución para que de ahora en más, que el torneo pasa por dos años a Emiratos Arabes Unidos, se busque mayor competitividad, como por ejemplo, tal vez más representantes decada continente, o que las plazas sean parecidas en cuanto al reparto mundial, a los Mundiales de selecciones nacionales, lo que garantizaría calidad, venta de derechos de transmisión e interés mundial, porque hay que admitir que para Europa, en los países que no tienen un equipo clasificado para el Mundial de Clubes, el torneo no interesa y muchas veces no se televisa.

El otro punto es el de la rotación de países y hasta continentes, para darle un mayor énfasis al disfrute de la pasión popular por el fútbol y mayor emoción a los torneos.

De todos modos, en este torneo que finaliza, han dejado una muy buena impresión equipos como Liga o Gamba Osaka, mientras que puede decirse que lo del Pachuca ha sido un fracaso, después de la estruendosa eliminación en cuartos de final en 2007 ante el Etoile du Sahel de Túnez.

Si bien ahora pasó a semifinales, estuvo 0-2 al finalizar la primera parte ante el Al Ahly de Egipto, y luego cayó de manera inapelable en semifinales contra la Liga.

El Mundial de Clubes sigue ahora por un nuevo camino, otra sede, y deberá ser repensado para recuperar el interés general

 

Los acuerdos espurios entre clubes pueden perjudicar la imagen de España

 

Repentinamente, y cuando el 2008 toca a su fin en lo que parecía un año perfecto para el fútbol español, dos hechos casi consecutivos, que hablan de arreglos entre clubes en temporadas anteriores para beneficiar o perjudicar a otros en definiciones de torneos, han conmovido los cimientos y seguramente pueden perjudicar mucho la imagen del país, que se encuentra disputando la sede olímpica para Madrid en 2016 y el Mundial de 2018.

A principios de la semana pasada, el presidente de la Real Sociedad, un tradicional club de País Vasco, Iñaki Badiola, hizo trascender una grabación, que según él contaba con el consentimiento del jugador Jesuli, en la que dirigente y futbolista dialogan días pasados acerca de lo ocurrido en la definición del ascenso de Segunda a Primera, en la que el jugador acepta haber recibido la suma de 6000 euros, al igual que sus compañeros de entonces, representando al Tenerife, para perder el partido de la última fecha del torneo ante el Málaga, que necesitaba vencer para ser el tercer equipo en ascender y acompañar así al Numancia y al Sporting Gijón.

El partido finalizó 2-1 con el triunfo de Tenerife, que ganaba 2-0 cuando en el último minuto, Wellington, en contra de su propio arco, descontó. De esta manera, el Málaga (supuesto pagador del dinero a los jugadores del Tenerife) logró ascender y perjudicó a la Real Sociedad, que al quedar cuarto en las posiciones finales, debió permanecer otra temporada (la actual) en Segunda.

Jesuli, que se encontraba cedido a préstamo por el Sevilla al Tenerife en la temporada pasada, amenazó con iniciar una demanda a Badiola, al citar que él no prestó acuerdo a esta grabación y que la considera una violación a su privacidad, aunque Badiola insiste en que Jesuli no sólo prestó su conformidad y que incluso ésta se encuentra grabada, aunque esa parte no trascendió a los medios.

También la familia Sanz, quien maneja el Málaga (Lorenzo fue presidente de Real Madrid hasta 2000 y su hijo Fernando, actual presidente, anteriormente fue jugador del equipo, luego de pasar también por el Real Madrid), amenaza con iniciarle una demanda a Badiola.

Cuando parecía que comenzaba a disiparse este tema, el programa “Sport TCV” de la Cadena Popular Televisión de Valencia, emitió una segunda grabación por la que el jugador Iñaki Descarga (actualmente en el Legia de Varsovia), acepta ante el presidente del Levante, Julio Romero, que hace dos temporadas, en la última fecha del torneo de primera división de la Liga de 2006/07, aceptaron una paga para perder ante el Athletic de Bilbao para salvar a este equipo del descenso a Segunda, que finalmente perjudicó al Celta de Vigo.

Descarga, desde Varsovia, desmintió luego la grabación al decir a los hinchas del Levante que “siempre he defendido la camiseta con la mñaxima ilusión, entrega y esfuerzo, al igual que mis compañeros”.

En la grabación dada a conocer por el canal de TV valenciana, se puede escuchar una gravísima mención al propio presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Angel María Villar, uno de los más altos dirigentes del mundo del fútbol y recientemente reelecto en su cargo, en la que se dice que incluso se le notificó a él mismo que el Athletic de Bilbao (club en el que jugó y por el que simpatiza Villar) sería beneficiado por el Levante, que para ese entonces no tenía nada que perder.

Para no ser menos, también se recordó una acusación por la que para la temporada 2003-2004, una llamada del arquero argentino Germán Burgos al delantero uruguayo Regueiro, del Racing de Santander, era para ofrecerle 9000 euros para que cometiera un penal a favor del Celta, aunque al no tener esa grabación una anuencia de Burgos, no se puede constituir como prueba. El ex arquero del Atlético Madrid sólo dijo luego que se trataba “de una broma”.

Se dice que en algunos casos, hay equipos que ya negocian arreglos de partidos para el final de la temporada desde mediados de la misma, con pactos de beneficios mutuos de acuerdo a las necesidades. La creciente versión indica que varios referentes de muchos equipos mantienen para eso un permanente contacto.

Ante esta sucesión de hechos que ensucian al fútbol español y minan su credibilidad, la reacción del gobierno nacional no pudo ser más rápida. El secretario de Deportes, Jaime Lissavetzky, afirmó que el Estado apoyará cualquier investigación que se realice por parte de la Fiscalía o por parte de los órganos deportivos competentes, y que el Gobierno actuará “exactamente igual que si se tratara de un caso de doping”.

Estos hechos caen en el peor momento posible, porque quiebran justo en el final un año espectacular para el fútbol español, con la obtención de la Eurocopa en Austria y Suiza por primera vez fuera de su propio país, y luego de colocar cinco jugadores entre los primeros siete lugares entre los candidatos al Balón de Oro de la temporada, además de hacer pleno con la clasificación a octavos de final de los cuatro equipos representantes en la Champions League.

España, además, podría verse seriamente perjudicada en su imagen luego de haberse presentado como candidata para los Juegos Olímpicos de 2016, y luego de haber pasado el primer corte eliminatorio, cuando la sede se decidirá en octubre de 2009, mientras que también aspira a organizar el Mundial 2018, en el que tiene como principal contrincante a Inglaterra.

Todo indica que desde el Estado (justo cuando el presidente José Luis Rodríguez Zapatero prometió la creación de un Ministerio del Deporte para los próximos años) y desde la Federación de Fútbol deberán arbitrar duras medidas de contol y disciplinarias para que estos hechos no se repitan.

 

Mascherano: 

“La gente nos exige ganar todo, no sólo la Premier” 

 

Repentinamente, hace mucho frío en Madrid. Es el primer día frío de la temporada, y con una lluvia persistente y molesta. Todo eso se acentúa en la zona en la que se encuentra el hotel donde se concentra el Liverpool con miras al partido frente al Atlético Madrid en el estadio Vicente Calderón. Mauricio Pellegrino, ex jugador del Barcelona y Valencia, y actual ayudante de campo del entrenador Rafa Benítez, nos guiña un ojo al pasar, con sus casi dos metros de estatura, y nos dice “con este clima, será como jugar en Londres”, mientras a unos pocos metros, el holandés Kuyt se parte de risa con cuatro amigos y Arbeloa va sacando distintos juegos de camisetas de los “reds” para sus familiares. Javier Mascherano, el gran volante de la selección argentina, acaba de bajar al lobby y nos pide unos minutos, porque, nos cuenta, tienen que salir a caminar. ¿Con un día así? Sí, porque, nos dice “es algo que siempre se hace los días de partido” y no hay por qué cambiar, con 23 partidos invictos.

- Este Liverpool parece aceitado en su funcionamiento.
- Sí, hemos encontrado un sistema de juego favorable a cada uno de nosotros, y que en base a los buenos resultados nos ha dado cada vez mayor confianza y estamos bien, con mucho ánimo, arriba en el grupo de la Champions League y líderes en la Premier League.

- Más allá de que el Liverpool es un club copero, parece que la cuenta pendiente es la Premier League…
- Si y no, porque si bien es cierto que hace mucho que no ganamos una Premier League, la gente acá exige todo, y si ven que descuidamos un torneo para dedicarnos al otro, se nos va a caer el mundo encima. Nosotros somos conscientes de que tenemos que ganar un torneo local pero también del equipo en el que jugamos y su historia.

- Con esta crisis, ¿los jugadores del Liverpool sienten inquietud por lo que pueda pasar en cuanto a lo económico, o se mantienen al margen?
- No, al menos yo, sí que tengo inquietud. Temo que en los próximos años se caigan algunos sponsors y habrá que ver si este sistema estará en condiciones de mantenerse. No por nada hay tantos capitales distintos a los anteriores que van entrando a la Premier League, habrá que estar atentos, aunque creo que eso pasará en todo el mundo, no sólo aquí.

- Usted lleva tiempo compartiendo equipo con el danés Daniel Agger. ¿Cuál es su opinión sobre su juego?
- Creo que será uno de los mejores jugadores del mundo en su posición, uno de los mejores defensores centrales, porque tiene una enorme categoría. Lamentablemente para nosotros pero más que todo para él, se lesionó por mucho tiempo en la temporada pasada y ahora tiene que readaptarse, pero ya va tomando ritmo otra vez.

- ¿Cómo lo definiría técnicamente?

- Yo creo que tiene una salida con el balón que no es normal, porque vi pocos defensores centrales con tantas opciones de salida desde el arco. Puede dar pases a ambos costados o para adelante, o rechazar fuerte, lo tiene todo, es muy completo.

- ¿Recuerda algún partido suyo en especial, en el que se haya destacado?
- Podría citar los dos partidos que jugamos contra el Chelsea por la semifinal de la Champions League de la temporada anterior, cuando los eliminamos por penales, porque hizo dos grandísimos partidos y porque marcó ese gol en Liverpool. En aquella serie anuló a un temible delantero como Didier Drogba, que no es nada fácil, y porque me parece que el tipo de rival amerita citar como mejor ejemplo estos partidos.

- ¿Ustedes son amigos?
- No, no somos amigos, tenemos una relación muy cordial, pero somos distintos. Es muy difícil tener amigos en un plantel tan heterogéneo, apenas con jugadores de tu mismo país, quizá, pero tenemos buena relacón, prácticamente tenemos la misma edad, y noto que es un chico trabajador, serio y muy maduro para su edad. Tenemos, sí, costumbres distintas, que es lógico, pero hasta llegamos a vivir en el mismo edificio cuando yo llegué al Liverpool y llegamos a coincidir a veces y hablamos y nos saludamos.

- ¿Lo ve consolidado en la estructura del Liverpool?
- Sí, completamente, hay que pensar que él ya lleva tres años aquí y ya conoce bien todo. Lo veo absolutamente consolidado, y además tiene una gran personalidad. No le veo ningún problema.

- ¿Y en la cancha, cómo se llevan?
- Bien, desde ya que si hay que gritar nos gritamos o nos damos indicaciones, pero eso es normal, los códigos del fútbol entre los jugadores son los mismos en todos lados.

- Volviendo a usted, ¿cómo ve ahora a la selección argentina, que se quedó sin entrenador? ¿tiene inquietud por no volver a ser convocado?
- Y….a los jugadores nos pasa eso. Aunque creamos que estamos bien, cada entrenador tiene su gusto, y vaya a saber quién viene a dirigir al seleccionado argentino en vez de Alfio Basile. Lo que espero es que podamos estar en el Mundial 2010.

- Sabe que Diego Maradona, que es uno de los candidatos a dirigir el seleccionado, dijo que el equipo argentino “es Mascherano y diez más”.
- Lo sé y es un gran orgullo. Que Maradona diga eso de mí es de lo mejor que me pudo haber pasado en mi carrera de futbolista y me hace sentir muy bien con lo que hice hasta ahora en la selección argentina. 

River, de Aruba a Islas Caimán 

 

 

Escuchar hablar a José María Aguilar puede llegar a ser un buen ejercicio para intentar profundizar el idioma castellano por sus vericuetos más intrincados. Es capaz de estar hablando horas sin decir nada concreto o, inclusive, pintar el mejor de los mundos. "River es Aruba", dijo una vez, en referencia a la placidez con la que supuestamente se vive en el club "ex millonario", al que describe como ni el mejor fanático podría hacerlo, "el mejor club de la Argentina, lejos".


Si el lema de la desencantada mayoría argentina en aquellos días de cacerolazos de 2001 fue el "que se vayan todos", en River es lo que más se ha cantado en los últimos años, cansados como están sus hinchas de soportar esta etapa de dislates y de lograr el milagro (como el de la Argentina) de terminar con lo que anteriormente era una máquina de generar títulos deportivos y dinero.


No parece difícil dirigir a River. Al menos, no lo parecía cuando el club llegó a tener en sus filas a los jugadores más deseados, a los más talentosos, a la gran "Máquina" de los años cuarenta, en la que hasta el gran Alfredo Di Stéfano llegó a ser suplente y cedido a Huracán en 1946 porque no había lugar, ocupado como estaba por Adolfo Pedernera. En los años cincuenta, el club se dio el lujo de cerrar la herradura con el pase de Enrique Omar Sívori, y siempre contó con los mejores cracks y pese a dieciocho increíbles años de sequía, volvió a colocarse en la cima del fútbol argentino desde 1975 con la llegada como DT de una gloria del club, Angel Labruna.


Pero River no fue sólo eso: también se lo destacaba porque formaba parte del modelo del "club con fútbol" y no "de fútbol", con magníficas instalaciones en el barrio porteño de Núñez.


Si bien ya desde hacía años que River era un polvorín, jamás había llegado a la situación en la que está. Y no sólo por pasar de ser un mediocre campeón del Torneo Clausura 2008 tras cuatro años de nueva sequía (aunque esta vez no atribuible a la mala suerte), al lugar del pobre colista del Apertura ahora, o quedar casi en el quinto lugar en los promedios del descenso, cuando nunca había bajado de tercero y casi siempre fue segundo, o que Boca Juniors, su eterno rival, le saque un campeonato de distancia en los últimos seis.


Este River de "Aruba", en el que todo está en orden, cual casa alfonsiniana de Pascuas (cuando Aguilar y sus dirigentes saben bien que la barra brava se está matando entre sus agrupaciones internas dentro de las instalaciones pero fue necesario que un hincha lo grabara desde su teléfono celular para que se difundiera en los medios), ha perdido desde muchas de sus actividades, hasta su patrimonio en jugadores. Muchos fueron entregados en paquete, siendo juveniles o siquiera debutantes, a los socios del capital con sede en Islas Caimán, o en negociados extraños con el Locarno de Suiza. Se las saben todas, estos tipos. Uno los escucha hablar y en el país en el que Friendrich (quien robó una fortuna de un banco en Santa Fe pero nunca cantó) es un ídolo para algunos, ¿cuánto más es Aguilar?, el mismo que llegó jovencito y flaco, y terminó muy gordo y con un inmenso poder, y al lado de Grondona, haciendo carrera.


El mismo que justo estaba veraneando en Punta del Este cuando las distintas facciones de "Los Borrachos del Tablón" se mataron en medio de los quinchos en los que la gente comía asados, y los violentos se disputaban el botín de parte del pase de Gonzalo Higuaín al Real Madrid. O tampoco recuerda haber vosto o conocido a nadie cuando el asesinato de Gonzalo Acro, mientras insiste, con la misma cara, que River "es el club más seguro de la Argentina". Hoy es así, una generación que sabe que miente, pero que no se propone decir la verdad, sino disfrazar la no-verdad (por decirlo con términos cletísticos) de la mejor manera posible, cosa de que todos sabemos que no es verdad, pero queda tacitamente claro que no la escucharemos y que el juego será ver cómo se las arregla Aguilar para mentirnos armoniosamente y zafar otro día más, entre Aruba e Islas Caimán, yendo y viniendo Ortega, cambiando o no de DT, negando que el club esté manejado por violentos con los que negocia, arregla y encubre.


Mientras tanto, los hinchas se desangran, saben bien que este equipo no es el que están acostumbrados a ver y lentamente se van resignando a la espera de que el desgaste sea tan grande cuando lleguen las elecciones, que al menos por una vez el rechoncho dirigente que llegó flaquito, al menos pretenda irse a Zurich cerca de Don Julio, pero abandone la cháchara de la nada, de los Aruba de la teoría, las Islas Caimán de la práctica oscura, y al menos deje que en la desvastada Buenos Aires que queda, alguno pueda intentar recomponer alguna pieza de aquella grandeza, y se acabe la desvergüenza. Y River vuelva a ser lo que antes era.

 

Lo primero es la familia 

 

 

Es la eterna paradoja de la Argentina y hay que buscarlo en la causa primera de todo: la ausencia del Estado en todos los órdenes también se manifiesta en la elección de director técnico por parta de una AFA cada vez más impune y familiar. Como no hay control estatal en el fútbol (aunque el secretario de Deportes de la Nación, Claudio Morresi, haga alguna pantomima de amague de pretender saber los futuros planes de la entidad de Viamonte para no quedar tan mal parado), Don Julio Grondona, quien a esta altura, a pocos meses de cumplir tres décadas al frente de la AFA y cuando vio pasar ya a militares, radicales y peronistas por el poder político, hace lo que se le da la real gana. Bueno, o no tanto: ahora, ya mayorcito, escucha a los dos hijos. Al fin y al cabo, monarquía futbolera al fin, ellos continuarán con el poder cuando se jubile y pase sus próximas décadas más contemplando el paisaje en el lujoso hotel Barolac, en Zurich, que en la locura del tránsito y las manifestaciones de Buenos Aires. ¿Para qué, si Humbertito y Julito Ricardo, me solucionan todo y con una llamada, se arregla?.


A Don Julio, quien considera la AFA como un coto cerrado (y con un Estado argentino que no quiere problemas con el fútbol y no sólo eso, sino que el hijo presidencial, Máximo Kirchner, tiene contactos cercanos con el poder racinguista y necesita quedar bien con quien manda sobre el balompié nacional), se le había ocurrido contratar a Carlos Bianchi, al fin y al cabo, el elegido por la gente, por resultados, profesionalidad, capacidad de trabajo y coherencia y porque no es fácil, ante el mundo, aparecer como que la AFA no contrató nunca para su selección a quien fue cuatro veces a Japón con distintos equipos y es considerado uno de los mejores del mundo en su trabajo. Le costaba mucho esta decisión a Don Julio, porque sabe que es denostado por el "Virrey", que repite siempre que no le gusta cómo se maneja la AFA. Sin embargo, convencido por un amigo que le aconsejó que lo tomara como premio a su carrera, Bianchi iba a sentarse a dialogar y dio todas las señales de que esta vez sí aceptaría. Pero algo pasó a partir de allí, cuando Don Julio regresó de los placeres suizos, en ese fin de semana: sus dos hijos, Humberto (director técnico de Talleres de Córdoba, club manejado por Carlos Ahumada, buscado por la Interpol, y quien está involucrado en turbios negocios de los que ya muchos medios han hecho mención) y Julio Ricardo (presidente del club Arsenal, fundado por los Grondona en los cincuenta), corrieron a encerrarse con él para presionarlo para que cambiara de opinión y fichara nada menos que a Diego Armando Maradona. Y como si se tratara de un reino, en el que el monarca debate con el príncipe sabíendolo, de todos modos, rey del futuro, Grondona cedió.
¿Grondona aceptó fichar a Maradona pese a todo lo que el diez dijo de él en estos años, desde "mafioso" para abajo? sí, porque sus hijos le transmitieron un hecho real y concreto. En este negocio, que hoy más que nunca es el fútbol, la empresa rusa que detenta los derechos de organización de partidos del seleccionado argentino (Renova), y por los que pagó 18 millones de dólares (muy poco, para el cachet de la selección de acuerdo a los jugadores que tiene, si se trata de 24 partidos amistosos), exigió un revulsivo porque con Alfio Basile, la recaudación venía de capa caída ante los magros resultados, y el nulo juego de un equipo que llegó a jugar con triple "cinco", a falta de doble.


Y así surgió el extraño y veloz acuerdo entre Don Julio, Maradona y el inefable Carlos Bilardo, que (una vez más, ¿dónde está el Estado?) renunció como si nada a su cargo como funcionario en la provincia de Buenos Aires, para correr a sumarse al cuerpo técnico como director nacional de selecciones, lo que muestra lo patético de la situación. No necesitamos hablar de los vaivenes emocionales del diez, en estos años, ni de sus escasos (por no decir nulos) antecedentes como entrenador, ni tampoco, de los desequilibrios de un técnico que habrá sido campeón del mundo, pero quien sostiene que "primero está la selección y luego mi familia", ya demuestra que encontrar algo de salud mental en toda esta etapa (aún con lo poco que pueda durar) será complicado.


Y no sólo eso: es muy posible que se reafirme el "sidieguismo", ante quien fuera acaso el mejor jugador de todos los tiempos pero que no amerita eso ser un buen entrenador (Enzo Francéscoli está por cumplir una década sin jugar y aún no se siente capacitado para dirigir, por ejemplo), y tampoco Maradona parece tener en claro a qué quiere jugar pero eso es lo de menos, según parece. Tampoco está claro cómo se revirtió la muy mala relación reciente entre Don Julio y Bilardo, salvo que se haya allanado el camino para que el técnico llegue, por fin, a la presidencia de la AFA cuando Don Julio se "jubile" en la FIFA, y rodeado de los Grondona's boys.
Los primeros movimientos ya denotan lo que vendrá: el ridículo episodio con Sergio Batista y José Luis Brown es un botón de muestra de lo que podemos esperar. Maradona los quiere en su cuerpo técnico pero obedeciendo sus órdenes. Y Batista-Brown han ganado ya, como dupla técnica, una medalla dorada en Pekín, por lo que sólo pedían seguir con los juveniles y desde ya, formar parte así del cuerpo técnico. Pero el diez y Blardo se empeñaron en que esto "es una familia" y que tiene que aceptar que obedecerán órdenes de quien ganó menos que ellos y cuya capacidad no está demostrada aún. Algo así como "el que sabe, sabe, y el que no sabe, es jefe". ¿Les suena?. Y no sólo Batista y Brown se sienten descolocados, sino que ahora son acusados de "desleales".


Al otro día de la presentación en Ezeiza, en la que la mayoría de los periodistas vernáculos gritó por Maradona cual hinchada en los tablones, y no hubo una sola pregunta que molestara a nadie (algo recurrente en tiempos vacuos en los que se destaca algún columnista -tuerto en tierra de ciegos- que desde diarios conservadores se dedica a refritar cables de agencias con lo que pasa a miles de kilómetros y se olvida de los gomías de la secretaría de deportes, que están a pocos metros), siguió el ridículo: los dos nuevos "responsables" de la selección argentina, una de las potencias mundiales de fútbol, pidieron palcos en el estadio Santiago Bernabeu para poder observar el Real Madrid-Juventus, a quince minutos de comenzar el partido, y cuando no había ubicaciones disponibles, lo cual hizo que hubiera que modificar los asientos para que estas dos "personalidades" ocuparan sus lugares. ¿Por qué la AFA no hizo gestiones durante el día con el Real Madrid? ¿Por qué esta llamada, de un allegado a Maradona, no se hizo horas antes? ¿será acaso para seguir midiendo su idolatría y confirmar que también en Madrid, Maradona sólo necesita descolgar un teléfono para ser venerado?


Y queda una última: la versión de que desde 2009, Humberto Grondona se sumará al cuerpo técnico de la selección. Eramos pocos y llegó Humbertito. Dios nos libre. ¿Será casualidad? 


Cuando el Corinthians de Brasil fue administrado por otro personaje de turbios antecedentes, Kía Joorbachián, que poseía cinco pasaportes distintos, en tiempos de Tévez, Mascherano, y la influencia de Boris Berezovsky, el manager fue nada menos que Humbertito. Cuando se le preguntó a los periodistas de San Pablo cuál era el específico rol de Grondona hijo, la respuesta siempre fue "lobbista". El final de la historia es que Corinthians descendió a Segunda división, vaciado. Y Humbertito volvió al país. Y ahora, como premio, a la selección, a la "gran familia del 86", o a la gran familia de los Grondona. ¿O ambas? 


Como diría Minguito, "sé gual", todo siempre "sé gual" en la Argentina que supimos conseguir: mafias, raros acuerdos nuevos, periodismo de claque y supuestos analistas falsos progres que miran para el costado. ¿Y el Estado? bien, gracias.


Lo primero es la familia. La del fútbol, claro, ¿qué se pensaba usted, lector?.

 

Cuando Maradona tenga 48

 

Si los fabulosos Beatles imaginaron cómo sería la vida cuando llegaran a los sesenta y cuatro años, mucho antes, como regalo de sus cuarenta y ocho y tal vez en su mismo día del aniversario, la AFA lo va a confirmar como nuevo director técnico nada menos que de la selección argentina, un cargo que para muchos, es más estressante que el de muchos funcionarios estatales, aunque estará acompañado por Carlos Bilardo, que regresa a los equipos nacionales como manager.

No es una designación esperada, y hasta podría decirse que todo lo contrario y que si no fuera por el propio lobby del propio Maradona y de muy cercanos allegados al propio presidente de la AFA, Julio Grondona, el consenso era total en el sentido de que si bien se trata del mejor jugador de la historia del fútbol (no sólo argentino), una cosa es haber sido un eximio artista de la pelota, y otra muy distinta es dirigir un equipo, y más aún una selección como la albiceleste y en un momento complicado, no sólo por los resultados, sino también por la actualidad de la mayor parte de sus componentes en el fútbol europeo, y cuando en el ciclo anterior, pocas veces alcanzó el nivel esperado para semejantes figuras.

No parece un desafío fácil para Maradona, que apenas reúne dos experiencias lejanas y nada favorables como director técnico, cuando entre 1994 y 1995, debido a la suspensión por doping por parte de la FIFA y siendo aún un jugador en actividad, tuvo a su cargo primero al plantel de Deportivo Mandiyú y posteriormente a Racing Club.

Es cierto que se trataba de otro Maradona, aquel preso de una adicción contra la que luchaba sin poder salir adelante, y éste aparentemente algo más sosegado, dedicado al show-bol, y a pocos meses de ser abuelo por primera vez.

El tema, entonces, no pasa por criticar la situación personal sino que en lo estrictamente futbolístico, la decisión de la AFA aparece cuanto menos como arriesgada. Si en la carrera para dirigir a la selección argentina se encontraba nada menos que Carlos Bianchi, el director técnico más exitoso de las últimas décadas, no parece que Maradona, indiscutible como jugador (insistimos) se encuentra en condiciones de competir con semejante currículo, y hasta diríamos que tampoco contra Miguel Russo y hasta su amigo y ex compañero en el Mundial de México 1986, Sergio Batista.

En todo caso, si bien Grondona venía diciendo que en algún momento le tocaría a Maradona y aún con el resguardo de un Bilardo que aparece como enlace entre el ex supercrack y los dirigentes para anticiparse a cualquier conflicto que pudiera surgir, no parece tampoco que esta designación, en un momento caliente de una clasificación para el Mundial 2010, que no está segura, implique cierta protección para quien siendo un emblema del fútbol argentino, se empecina por saltar pasos para llegar, cortando camino, al máximo lugar sin paradas previas.

¿Qué puede aportar este Maradona a la selección? Seguramente una gran motivación, su sola presencia en un vestuario generará seguramente un clima especial y será el momento de comprobar si sus nociones tácticas tienen la dimensión suficiente para salir adelante ante este particular desafío al que pocos elegido acceden. El otro gran tema será su administración de la relación entre jugadores reconocidos como entre los mejores del mundo, y como tales, con sus celos y sus deseos lógicos de figuración, entre los que, incluso, se cuenta su yerno, Sergio Agüero.

De lo que debe ser conciente Maradona es que de este cargo no se vuelve, y si lo sabrá su antecesor, Alfio Basile. Y el número 48 como testigo, como cuando marcó una etapa en el fútbol local con aquella huelga que terminó con una etapa brillante y el exilio de los grandes cracks en Eldorado colombiano. O como Leonardo Sciascia lo rescata para describir la vida en Italia de la postguerra, los 48 años que cumple Maradona cuando sea investido como director técnico argentino lo encontrarán camino de la madurez, o de la dura crítica de sus más de cuarenta millones de supuestos colegas, los habitantes de este país, todos “grandes dts”, conocedores del mínimo detalle, y los que no mostraron conformidad cuando se barajó su nombre en la danza de los posibles.

Tal vez Maradona sabe que cuando tenga 48 años, como decían Paul, John, George y Ringo, no habrá retorno, y a lo sumo habrá un perdón si las cosas no salen como pensaba, porque la gente no olvida sus alegrías, pero como suele suceder, pedirá que venga otro. Con 48 años y casi abuelo, Diego sabe que como técnico, todo comienza, o puede terminar con este largo y sinuoso camino que le espera.

La difícil carrera por ser entrenador 

de la selección argentina

 

Desde que el pasado 15 de octubre, Alfio Basile vio terminado su sueño de ganar una Copa del Mundo tras vivir aquellos locos días de Estados Unidos 1994, cuando Diego Maradona resultara descalificado por supuesto doping, ahora renunciando por el mal juego y la irregular campaña de la selección argentina, la carrera por su sucesión ha comenzado tan fuerte, que se está semejando como nunca a una carrera electoral cual si lo que estuviera en juego fuera la presidencia de un país.

Apenas habían transcurrido unos pocos días, cuando algunos medios de comunicación de peso en la Argentina daban por seguro que el nuevo entrenador sería Miguel Angel Russo, a quien el público japonés conoció cuando en 2007 llegó al Mundial de Clubes dirigiendo a Boca Juniors, con el que fue campeón de la Copa Libertadores en ese mismo año, aunque luego cambió a San Lorenzo de Almagro y actualmente es el absoluto líder y dominador del Torneo Apertura.

Pero pocos contaban con la impactante noticia de que el entrenador más exitoso de la Argentina de los últimos veinte años, Carlos Bianchi, aparecía como dispuesto a regresar a su trabajo luego de que entrenara por última vez hasta diciembre de 2006, cuando no tuvo demasiada suerte en un Atlético Madrid que poco respondía al tipo de plantel con el que le gusta moverse. “Yo trabajo con el hambre”, suele decir, en referencia a jugadores que necesiten de alguna motivación especial para triunfar.

Bianchi ya pudo ser entrenador de la selección argentina en dos ocasiones anteriores. Cuando el equipo albiceleste quedó eliminado del Mundial de Francia en cuartos de final, dirigido por Daniel Passarella, el presidente de la Federación Argentina (AFA) y hoy vicepresidente primero de la FIFA, Julio Grondona, le ofreció el cargo, pero Bianchi ya había arreglado todo para dirigir a Boca Juniors y no parece haberse equivocado: fue tres veces campeón de América (2000, 2001 y 2003), dos veces campeón Intercontinental (2000 y 2003), y cuatro veces campeón argentino (1998, 1999, 2000 y 2003), además de perder por penales otra Copa Libertadores (2004).

Para 2004, cuando Marcelo Bielsa renunció a su cargo de entrenador de la selección argentina en medio de dos mundiales y una vez que conquistara la medalla dorada olímpica en Atenas (un viejo anhelo del fútbol argentino), nuevamente la AFA sondeó a Bianchi, en ese momento sin club (arreglaría con el Atlético Madrid un poco después) pero se dijo (ambas partes se mantuvieron en riguroso silencio) que el entrenador no comulgaba con la forma en que se manejan los negocios atinentes al equipo nacional dentro de la Federación, motivo por el que se fue incluso quien sí aceptó el cargo hasta el Mundial de Alemania 2006, José Pekerman.

Esta sería, hoy mismo, la principal razón por la que Bianchi podría no aceptar nuevamente una oferta, pese a ser el entrenador que, por lejos, mayor aceptación tiene entre los hinchas argentinos, no sólo luego de su resonante éxito en Boca sino por su anterior etapa no menos importante, cuando con un Vélez que sólo atesoraba un título local (1968) llegó a ganar tres torneos locales (1993, 1995 y 1996), una Copa Libertadores y una Copa Intercontinental (1994) y una Copa Interamericana (1996).

Los rumores indican que esta vez, Grondona, que el lunes regresaría de Zurich, estaria dispuesto a reunirse con Bianchi para tratar de limar asperezas y para tratar de convencerlo de que ningún dirigente ni acuerdo espurio entorpecerá su trabajo y que es tal la confianza que la AFAS tiene en sus conocimientos, que se hará lo que él disponga.

De todos modos, Bianchi no parece muy proclive a trabajar en medio de situaciones confusas, como la enorme cantidad de partidos amistosos que disputa la selección argentina por año, debido a que la AFA, a través de una empresa privada, vendió los derechos de imagen y organización a una extraña empresa rusa, que no tenía antecedentes en el fútbol, y que necesita organizar partidos para recuperar su inversión, mientras que tampoco son claros los arreglos con equipos como el Barcelona o el Atlético Madrid para no forzar el uso de jugadores como Lionel Messi o Sergio Agüero.

Mientras se suceden los rumores sobre la aceptación o no de Bianchi a la propuesta de la AFA, Diego Maradona y Carlos Bilardo se autopostularon también. Maradona no cuenta con la aceptación popular para semejante cargo, en una notable diferenciación de la gente entre el notable crack que fue, y sus escasas dotes de entrenador por su casi nula experiencia con profesionales. Sólo dos veces tuvo a su cargo planteles, en 1995, cuando una sanción de FIFA le impidió jugar y aprovechó para dirigir a Racing Club y a Deportivo Mandiyú, con pobres resultados.

Bilardo, hoy funcionario político como director de Deportes de la extensa provincia de Buenos Aires, y dedicado al periodismo como comentarista de radio y TV, también ahora parece con deseos de regresar a la dirección técnica cuando ya lleva una década sin ejercer y cuando la distancia generacional parece insalvable con los nuevos jugadores.

Sin embargo, tanto Maradona como Bilardo inundaron el país con carteles cual si fuera políticos en campaña, promocionando sus chances de llegar al puesto soñado, y haciendo lobby en los diferentes medios de comunicación afines.

Finalmente aparece Sergio Batista, campeón mundial en México 1986 junto a Diego Maradona y dirigidos ambos por Bilardo, y quien fuera el entrenador que meses pasados ganara la medalla dorada para Argentina por segunda vez en su historia, y a quien se elogia por el buen manejo de las relaciones entre jugadores tan complicados, y quien seguramente será quien dirija el equipo argentino que debe jugar en noviembre un partido amistoso en Glasgow ante Escocia.

En todo caso, Grondona evaluará bien cada uno de los casos antes de tomar la decisión final y haya fumata blanca y celeste, y termine el show mediático, casi una campaña electoral, para definir el nuevo entrenador argentino que acabe con la crisis, aún cuando jugando mal muchas veces y no obteniendo los resultados pretendidos en las eliminatorias, se sigue encontrando en posiciones de clasificación para Sudáfrica 2010.

 

Messi y Agüero, de balones, oros y balanzas 

 

 

El fútbol español tampoco puede abstraerse de la locura general de lo que alguna vez fue un deporte y hoy lo excede por mucho. Y entonces, lo que ayer pasaba casi por el summum de la belleza y la creatividad, hoy navega en una crisis terminal, o aquello que parecía que se derrumbaba completamente, hoy atraviesa por una situación tan paradisíaca, que sus propios protagonistas deben aclarar que no hay que descuidarse y que hay resultados que no se repetirán tan fácilmente. Al fin y al cabo, sólo se trata de fútbol.


La prensa española contextualiza este momento de locura que rodea al fútbol, cuando los principales sponsors podrían apartarse al no poder soportar aquellas cifras que arreglaron hace meses, cuando aún las bolsas (y el sistema en general) no se habían caído estrepitosamente, y cuando al finalizar la temporada pasada ya se resignaba a aceptar que la Premier League los había desbordado, sostenida por una notable organización, una buena selección de jugadores y el fortalecimiento de la libra esterlina-Hoy todo se pone a prueba y reaparece la euforia al comprobar que todos aquellos clubes que le arrebataron a los principales jugadores, en verdad acumulan una deuda tan grande, que ya la Unión Europea de Fútbol (UEFA) se plantea una serie de medidas para que no comience la próxima temporada sin que esto se encauce.


Es natural en este fútbol loco de los millones de euros, que pareciera cotizar en una bolsa propia, con sus propias reglas e intereses, y su propio estado de ánimo. Y en ese contexto, si Messi necesitaba mucha sopa para llegar a ser un Maradona, y la nueva rivalidad de estrellato con su compatriota Sergio Agüero fue explotada hasta la saciedad por los medios españoles que ya olvidaron aquellas diatribas contra su decisión de participar en los Juegos Olímpicos de Pekín, apenas le bastaron algunos pocos minutos en el Camp Nou, el sábado pasado ante un dormido Atlético Madrid, para repuntar camino a ganar el Balón de Oro que lo consagraría definitivamente como supercrack. De repente, también, el Kun Agüero se había apagado al no intervenir demasiado en ese partido en el que su equipo se fue de regreso a Madrid con un lapidario 6-1 en contra y con el entrenador mexicano Javier Aguirre haciéndose cargo, caballerosamente, de lo que poco y nada tiene que ver. Se puede planificar mucho en la semana, pero si tu equipo sale al capo dormido o desconcentrado….


Y también de repente, el mismo Atlético Madrid que pintaba para llegar lejos en la Champions League, luego de tantos años de ausencia que desató un lleno total en su presentación en su estadio Vicente Calderón ante el Olympique Marsella, ahora tiene “una plantilla corta” para afrontar tantos compromisos, así como la mayoría de los hinchas del Real Madrid, coinciden en las encuestas en que el equipo blanco de Bernd Schuster tiene “mejor equipo” que la temporada pasada (en la que fue campeón de la liga) cuando hace escasos dos meses la depresión era manifiesta al no poder conseguir al portugués Cristiano Ronaldo, luego de uno de los mayores tironeos conocidos entre poderosos. Y si Cristiano Ronaldo no se vistió de blanco, fue exclusivamente porque el Manchester United consideró que ya no sólo estaba en juego el jugador, sino las cotizaciones, su nombre en el mercado, y la idea de un cambio de poder al que no estaba dispuesto a aceptar. Y cuando la euforia volvía a los “Red devils” al recuperar a su máximo jugador (con el que ganaron la Premier y la Champions en la pasada temporada), sus vecinos de ciudad, el City, pasaron a menos de los jeques árabes y ahora amenazan con pagar, si los vale, hasta 135 millones de euros por el portugués.


Son los vaivenes del fútbol, por lo mismo que lo que hoy vale una cifra, mañana puede ser todo lo contrario. Y un equipo que está para campeón, mañana puede navegar por una mediocre mitad de tabla, y otro como el Barcelona de Joseph Guardiola, ue comenzó tambaleante y sin ganar ni siquiera de local, ahora con unos treinta minutos para el recuerdo ante el “Aleti” y el 6-1 final, es uno de los “grandes candidatos” a ganar la Liga Española y por qué no, la ansiada tercera Champions League para sus vitrinas. Y si Thierry Henry debía pensar en irse de las tierras catalanas, hoy esa polémica pareciera que fuera parte del pasado remoto, así como si el camerunés Samuel Eto’o debió quedarse o irse. Y todo por un 6-1…
Si en la Argentina nos quejamos por los saltos en los estados de ánimo futboleros, basta con mirar a Europa, detenernos a leer sus diarios deportivos, o lo que opinan algunos columnistas, y pasaremos a sentir una especie de alivio, un súbito ataque de equilibrio.
Al fin y al cabo, no estamos aún tan locos. Ya sea porque estamos lejos, somos más pobres, o porque ya lo tenemos asimilado. 

 

A propósito de Basile y el seleccionado 

 

 

Nos cansamos de escribir que no entendíamos a qué jugaba el seleccionado argentino de fútbol, y el final llegó por su propio peso y es demasiado claro, no queda mucho por decir en cuanto al juego. Basile comenzó mal y terminó igual. Comenzó mal porque como ahora pareciera ser con Miguel Russo, la AFA echó mano de lo primero que tuvo ante sus ojos y convocó al "momentaneamente exitoso" entrenador que en Boca Juniors había ganado cinco títulos en poco tiempo, aunque todavía estaba en juego el Torneo Apertura (que Boca lideraba con holgura y terminó perdiendo en la locura lavolpiana), y aceptando los nuevos requisitos de negocios del organismo futbolero, en donde ya manda absolutamente lo que dicen los empresarios e intermediarios. Así fue que aceptó, sin tiempo de preparación para un seleccionado como el argentino, con su rica historia y tradición, debutar nada menos que ante Brasil en el nuevo estadio Emirates, en Londres. Y así le fue: un 3-0 lapidario, que de alguna manera indicaría el camino hasta hoy, jugando a veces un poco mejor, otras peor, pero sin encontrar jamás un patrón de juego. ¿Este Basile más demacrado, más cabulero, más cerrado con la prensa, más desconfiado, es el mismo Basile aquel de los 33 partidos invicto, del toque y del juego audaz del Mundial 1994? no, no lo es. Y no sólo por el inexorable paso del tiempo, sino que este Basile es distinto porque la AFA también es distinta. Antes, era proclive a los negocios, pero hoy, en este mundo en el que manda el rey dinero, en este fútbol cercado por mercaderes, la AFA es un asunto de negocios puro y duro. Y para ser entrenador del seleccionado nacional hay que aceptar pautas claras desde afuera. Partidos amistosos sin importancia, compromisos para que éste no se entrene con los compañeros, aquél llegue más tarde, éste otro se vaya pronto a Europa con avioneta particular, o fulano de tal sólo juegue partidos importantes y no sea convocado para amistosos. En esta AFA sin programa prioritario para el fútbol (paradojicamente), y mientras el Estado sigue mirando para otro lado sin intervenir (no vaya a ser que papá Blatter se enoje, o que lo haga el presidente del Banco Central, Martín Redrado, socio de la AFA en Puntogol S.A., la empresa ad-hoc del organismo futbolero), se siguen comietiendo innumerables desaguisados.


Basile no le encontró la vuelta, cercado por el negocio, pero tampoco trabajó lo suficiente en tiempos tan distintos en los que a los grandes cracks hay que salir a buscarlos porque muchos están lejos. Y Basile no encontró un patrón de juego, se hizo temeroso, apeló al triple y hasta a veces al ridículo cuádruple cinco en el medio del campo, y a un ataque sin punteros, porque también debe decirse que aunque no haya trabajado bien y haya quedado en deuda futbolística, venimos señalando hace tiempo ue el fútbol argentino tiene (más allá de Basile o de quien venga) un problema estructural: no saca marcadores de punta porque con el verso bilardiano de los "laterales volantes", éstos ni llegan al fondo atacando, ni saben marcar. Luego de Riquelme no tiene más el clásico número diez, el reggista, el que menejaba el equipo, el número al que todos los chicos aspiraban a usar y que casi es retirado por la AFA para recordar a Diego Maradona. Por lo mismo de los "laterales volantes" no aparecen más los wines. Y por si fuera poco, el trabajo que antes realizaba un "cinco" alto y pesado (Rossi, Rattín, Marangoni, Batista y tantos más) hoy lo necesitan hacer dos, o tres, ¡o cuatro! pero siempre quitándole jugadores al ataque, casi nunca a la defensa.


Por todo esto, Basile es sólo parte de un todo estructural, la cara visible de un esquema que no funcionará jamás como corresponde si no setrabaja en un cambio radical. Llegue Miguel Russo y realice un trabajo serio y reencauce al seleccionado en la eliminatoria, o no lo haga. Llegue quien llegue, el cambio viene de arriba hacia abajo, desde una AFA más sana, democrática, que de prioridad al fútbol por sobre los negocios.


La explicación de por qué ni siquiera fueron analizados, para su designación, los nombres de los Ramón Díaz o Carlos Bianchi hay que buscarlos por ahí, sin vueltas. Uno, porque es demasiado ofensivo y crudo al hablar, y el otro, porque no ejerce sin un contexto con el que se ponga de acuerdo en las bases del trabajo y en un contexto de honestidad. ¿Cómo explicar que quien llegó a Japón cuatro veces en una década, con distintos equipos, ni siquiera sea tenido en cuenta? por lo mismo que decimos más arriba, por lo estructural, por los negocios, los acuerdos espurios, la falta de democracia.
Y una aclaración final: decimos siempre "seleccionado" y no "selección" porque tecnicamente, un equipo que aún está en formación, que tiene como objetivo el próximo Mundial, no es una "selección" sino, por ahora, un mero "seleccionado", aunque tampoco seria descartable aceptar que sea, en este momento, apenas un grupo. 

 

Brasileños en Europa: cuando la añoranza es más fuerte que el dinero

 

Las cifras asombran. Brasil no sólo es el sinónimo mundial de la palabra “fútbol” y es el país con más títulos mundiales (cinco) y jugadores que han asombrado al mundo por su brillantez y su improvisación, sino que hoy es el principal aportante de jugadores a la propia Champions League, desde que las puertas de las contrataciones se abrieron de par en par.


Sin embargo, desde aquellos pocos brasileños que cruzaban el océano hace medio siglo hasta los cientos que lo hacen en este tiempo, y que siempre generaron tantas expectativas en los nuevos hinchas, se vienen repitiendo cantidades de historias de frustración que no siempre encuentran explicaciones coherentes. Pero ¿qué es lo que ocurre?, ¿por qué semejantes talentos se diluyen hasta niveles de rendimiento nulo o escaso cuando brillaban en sus equipos originales? Hemos buscado distintas respuestas aunque la primera de ellas, luego de varios días en San Pablo o Río de Janeiro, las principales ciudades del país, puede pasar por la letra de la canción que dio lugar a la mayor movilización musical del país, la Bossa Nova, de la que se festeja actualmente el cincuentenario. Los talentosos Tom Jobim (cuyo nombre se utilizó para bautizar al aeropuerto de Río de Janeiro) y Joao Gilberto compusieron la hermosa “Chega de Saudade” para explicar lo que se siente lejos de los afectos, de lo que un brasileño siente cuando no tiene a mano lo que añora.


“Basta de nostalgia
La realidad
Es que sin ella no hay paz.
No hay belleza,
Sólo hay tristeza
Y melancolía.
Que no sale de mí,
No sale de mí, no sale”.

En Brasil, esta letra representa todo: el carnaval, esa fiesta que es expresión popular al punto de generar muchos conflictos de jugadores que se aferran a formar parte y no logran regresar a tiempo a sus clubes (el mítico cantautor Chico Buarque dice en una de sus canciones que “estoy todo el año esperando que llegue el carnaval”), o la guaraná (una especie de cerveza dulce propia), o la playa, los amigos, el calor. Muchos de los mejores jugadores han sentido la “saudade”, la melancolía, el extrañamiento, la añoranza de su tierra y sus costumbres.


Ya en los años cincuenta, la primera sorpresa fue cuando Waldir Pereira, “Didí”, uno de los grandes jugadores del campeón mundial de 1958, fue contratado por el gran Real Madrid pentacampeón de Europa, y sin embargo pasó por la escudería blanca sin pena ni gloria. Se dijo que el gran crack argentino de entonces, Alfredo Di Stéfano, le había hecho un vacío, pero quedó siempre alrededor del mito, como décadas después se dijo de otros cracks por parte del capitán Raúl González. En Brasil no se habló mucho del tema. Son tantos los jugadores que generan alegría popular que el medio vuelve a acoger pronto a los que fracasan allá lejos y el orgullo de ser “os mais grandes do mundo” no deja mucho espacio para el análisis de lo sucedido. Tal vez por eso mismo, el “doctor Sócrates”, aquel espigado volante que deslumbrara en España 1982 con la vincha contra la violencia, apareció en la época más fuerte de la Florentina, con Daniel Passarella, Daniel Bertoni o Giancarlo Antognoni, y tampoco tuvo suceso. “Es que Sócrates era un artista, no un atleta, y fue siempre un amante del alcohol y la libertad”, nos cuenta uno de los más prestigiosos periodistas del Brasil, Rodrigo Bueno, del diario “Folha de Sao Paulo”, quien también nos recuerda que Renato Gaúcho, un extremo derecho alto y habilidoso, actual entrenador del Fluminense, fue designado en Italia como “Bidone de Oro” (jugadores de broma) por sus actuaciones en la Roma, también en los ochenta, o que un delantero potente como Viola, campeón mundial en 1994 y estrella del Corinthians, haya fracasado en el Valencia “por no acostumbrarse a la comida”.Bueno sostiene que pese a estos ejemplos, “no son tantos mis compatriotas que fracasan, y los que no tienen suceso es porque van a países fríos, con un clima demasiado diferente al nuestro (Rusia, Ucrania) o cuando los idiomas de esos países son complejos (Corea, Japón, China, países árabes, la misma Rusia)”.


Para todos los consultados, el caso más paradigmático de fracaso en estos tiempos, es sin dudas el de Denilson de Oliveira, por el que el Betis del polémico presidente Manuel Ruiz de Lopera llegó a pagar cinco mil millones de las antiguas pesetas (30 millones de euros), la cifra récord para el fútbol español para la temporada 1998/99, al San Pablo. “Denilson, que tiene una gran habilidad, juega pensando que el mundo nace y muere en sus botines, y se olvida del resto de los prójimos”, llegó a sostener el periodista nicaragüense Edgard Tejerino, en una precisa visión. La expectativa por ver a Denilson se diluyó muy pronto, al comenzar a notar la afición que esas hermosas bicicletas y esas condiciones, no parecían adaptarse a lo que se pretendía para una liga exigente y en el Betis se decidió cederlo por unos meses al Flamengo en el 2000 con la idea de que se recuperara anímicamente y regresara con más fuerza. Pero rara vez superó los 2-3 goles por temporada y ya para la temporada 2005/06 fue cedido al Girondins de Burdeos, donde tampoco fue aquel jugador vivaz que conoció el Brasil.

 

En el medio había tenido tres operaciones de rodilla, y sucesivas apariciones en la prensa rosa por su presunto romance con una chica de la farándula, Vicky Martín Brocal. “Seguramente esto hizo que se me vinculara con juergas nocturnas y se me hiciera fama de fiestero”, reconoce hoy Denilson, que entiende que fue “una oportunidad perdida”, si bien llegó a protagonizar anuncios de la Niké por TV, junto a Roberto Carlos, el ejemplo contrario al suyo siendo el extranjero con más partidos en la historia del Real Madrid, luego de una década en el mejor nivel.


Muchos ven en Robinho al correlato de Denilson una década después. Robinho llegó a ser comparado en su Santos original con el mismísimo Pelé, cuando brilló junto a Diego (hoy en el Perder Bremen) y casi ganan la Copa Libertadores de 1993, apenas frenados por la tradición de Boca Juniors. Al poco tiempo engrosaba las filas del Real Madrid, pero aunque tuvo algunos picos de rendimiento en la temporada pasada con Bernd Schuster como entrenador, nunca pudo ser el mismo muchacho feliz y transgresor, con continuidad, como lo fue en Brasil. Si antes de la llegada del alemán, conocedor de códigos de convivencia con jugadores sudamericanos, el director deportivo Pedía Mijatovic había deslizado en un programa radial de la Cadena SER que algunos jugadores ·”huelen a alcohol en los entrenamientos”, ya más asentado, volvió a tener problemas cuando tras un partido de eliminatorias, en el que Brasil goleó sin despeinarse a Ecuador por 5-0, se dijo que organizó una fiesta en la que contrató a decenas de chicas y se encontraron más de cincuenta preservativos en el suelo, demorando su regreso a España. El escándalo en la prensa fue total pero el dividendo se solucionó a los pocos días. Cuando todos pensaban que Robinho sería castigado, volvió y marcó un hat trick que terminó con las dudas. Hoy, Robinho ya manifestó que quiere irse al Chelsea, no por casualidad, sino porque allí el entrenador no es otro que Luiz Felipe Scolari, “Felipao”, reconocido por su gran manejo de vestuario y de trato afectuoso a los jugadores (muchos sostienen que éste fue un factor clave para ganar el Mundial 2002) , así como Julio Baptista quiere emigrar a la Roma, donde se encuentran sus compatriotas Cicinho, Doni, Juan y Rodrigo Taddei, y jamás pudo adaptarse al Real Madrid pese a haber sido siempre un jugador importante en su selección nacional. “Me pidieron muchas veces que hiciera cosas que acepto pero que creo que no voy a rendir así”, sostiene Baptista como explicación, que introduce otro factor, el del propio juego, o los sistemas que se utilizan en Europa. ¿El jugador brasileño es proclive a aceptar jugar distinto a como lo hace en Brasil? “Además de la permanente confusión en la que suelen vivir muchos jugadores brasileños en Europa, como Denilson, Adriano, Djalminha o Robinho, que suelen ser jugadores rebeldes y les gusta la noche, creo que muchos se encuentran con los sistemas de juego con los que se encuentran al llegar a un país desconocido y no todos tienen la mente abierta para adaptarse y no se sienten a gusto en ellos. También pocos les hablan de la situación en la que se encuentra el equipo al que irán, tanto deportiva como socialmente, cómo es su hinchada, su presidente, y especialmente, su entrenador, y luego se encuentran a veces en realidades que no son las que quisieran”, recuerda José Savoia, periodista de “O Globo TV”, la cadena más fuerte de la TV brasileña.


“Los jugadores tienen una tendencia a ser un poco bohemios, en el caso de los solteros, más habitués de la noche y tienen por lo general más dificultades para aceptar la nueva realidad. Algunos de los distintos son Kaká o Julio César, por diferencias de personalidades. La personalidad es importante para determinar actitudes futuras. Están los Romario, Adriano o Ronaldinho, totalmente al revés. Al brasileño por lo general le gusta más la fiesta y tiene entonces una dificultad más seria de adaptación.


La noche, novias, etc, pasan a ser más importantes aún cuando perciben que su cultura es distinta, que están con personas distintas y quieren regresar a una situación abandonada en Brasil. Intentan adaptarse al principio pero la situación es más fuerte que ellos y en un momento, eso explota, aunque en el día a día hacen las cosas bien.
Se puede decir que hay una primera etapa de deslumbre con el nuevo lugar. Mantienen una conducta y acá es fundamental la mujer, porque determina la conducta futura. Si ella es fuerte de carácter, puede conducirlos. La mujer de Julio César (Juventud, Real Madrid), Susana, fue fundamental porque generó equilibrio en el hogar. Un buen criterio en la contratación de jugadores brasileños sería el analizar la situación personal, no como algo definitivo sino para saber cómo obrar. También hay preconcepto sobre que los casados rendirán mejor. En Brasil hay una falta de preparación total para ir a jugar a Europa. Deberíamos tener un servicio de orientación al atleta porque el fútbol de base brasileño lo juegan quienes provienen por lo general de familias en una mala situación económica que busca salidas rápidas y no importa la situación que haya que atravesar para salir. Eso me entristece mucho. Por ejemplo, Kaká proviene de un ambiente familiar muy sólida, pero es una excepción. Lo que puede decirse es que una familia que prioriza la parte económica, en algún momento errará. Pienso y observo que la mayoría de los padres que van con los procuradores, dejan de lado cosas importantes para el joven, para su crecimiento emocional y afectivo: actividades lúdicas, bromas, la amistad y todo eso le faltará en un futuro: se va gestando una persona sola, con propensión a amigos no verdaderos”, sostiene un gran conocedor de los jugadores como Paulo Ribeiro, psicólogo del Flamengo, graduado en 1986 en la universidad Gama Filho de Río de Janeiro y que lleva 22 años trabajando entre el Vasco da Gama (1986-90) y Flamengo (1990 en adelante).


Ribeiro sostiene que se puede decir que un jugador se adapta a Europa “cuando cría hijos en una nueva cultura. Pero al principio, un indicador claro de la necesidad de los jugadores es cuando mandan a buscar feijoada (comida vegetal como lentejas o porotos, con una salsa especial), instalan la TV por cable que tenga programación de su país. Eso es fundamental, porque se prueba que hay una tierra de pertenencia y una raiz”.
Savoia cita como ejemplos claros de adaptación a Kaká o Juninho Pernambucano (ídolo del Olympique de Lyon), o Cafú (capitán de Brasil cuando fue campeón mundial en 2002 y por años, lateral de la Roma y del Milan, además de haber jugado en el fútbol japonés), “con mayor nivel cultural e intelectual”.


En el caso de Kaká, hijo de un ingeniero, nos ha tocado preguntarle en una conferencia de prensa organizada por la indumentaria deportiva que lo sponsoriza, durante el pasado Mundial de Clubes en Japón en 2007, y pensando que le resultaría más fácil el italiano, por jugar en el Milan, le formulamos la pregunta en ese idioma, pero el crack respondió en un fluído inglés. Al día siguiente, durante el entrenamiento del Milan, nos comentó que el motivo de su respuesta en otro idioma había sido “para que todo el público entendiera, porque pocos presentes hablaban italiano” aunque nos explicó que bien pudo hacerlo en ese idioma y hasta en español, si lo necesitáramos.


El propio Scolari, experimentado entrenador brasileño con múltiples títulos en su haber, debió aceptar una guía de recomendaciones que editó la revista brasileña “Placar” para poder adaptarse a la Premier League inglesa y no pasar por algunos inconvenientes en un medio hostil (el portugués José Mourinho afirmó que “sin hablar inglés, vamos a ver cuánto dura acá”). Le recomiendan: 1) No persistir con algunas cuestiones del “antijuego· (simulación de faltas, artimañas que lo hicieron famoso –llegó a patear una pelota hacia dentro del campo de juego para que se superponga con otra-), 2) mejorar la relación con la prensa (en Inglaterra no se acepta que un entrenador no haga declaraciones), 3) Hablar bien de los ídolos locales, 4) Recordar la recomendación de la Federación Inglesa de las actitudes y los buenos ejemplos de comportamiento, 5) Evitar comparaciones, no referenciar mucho a la selección de Portugal ni su origen “gaúcho” en Brasil, 6) Envolverse directamente en los fichajes (en Inglaterra el entrenador se acerca más a la figura de coach que de manager), 7) poner atención a las copas como la de la Federación o la Carling.


Si hay otro ejemplo de jugador conflictivo, aunque no llega a fracaso sino a situación de difícil resolución, es la del “emperador” Adriano Ldeite Ribeiro, gran delantero del Inter, que ahora busca recuperar espacios con la llegada de otro hablante del portugués como José Mourinho. Adriano apareció en el Flamengo en el 2000 como un fenómeno total del fútbol, una potencia descomunal, sumada al muy buen juego y al año, ya estaba en el Inter italiano, fue cedido a la Florentina y al Parma, donde trascendió como goleador y figura internacional que lo proyectó a su selección, y su pico llegó en la Copa América de Perú en 2004, cuando marcó el gol de la final contra Argentina que facilitó la conquista del título, y lo mismo su aparición al año siguiente en la final de la Copa Confederaciones de Alemania, ante el mismo rival. Pero ya en 2007 ni figuraba en los planes del Inter, y su entrenador, Alberto Manzini, ni siquiera lo incluyó en la lista para la Champions League. Se habló de la eterna mala relación de Adriano con los jugadores argentinos (especialmente Juan Sebastián Verón en su momento) y su melancolía por la muerte de su padre, una supuesta adicción y la necesidad de un tratamiento psicológico así que fue cedido por unos meses al San Pablo, hasta que regresó a esta nueva etapa del Inter, aparentemente recuperado. Adriano fue criado en las peores condiciones económicas en Río de Janeiro viviendo en las favelas (villas miserias) y fue tal su caída que hasta hubo una campaña de los aficionados para que no jugara el pasado Mundial 2006, a lo que se sumó su imagen de fiestero nocturno a partir de su noviazgo con Viviane Castro, ganadora de los carnavales de Río de Janeiro y portada de la revista Playboy local en enero de 2008. Precisamente el 3 de enero, Adriano terminó una de sus juergas estrellando su coche contra otros tres justo cuando había aclarado que había superado su adicción al alcohol. En una de las imágenes, aparece rodeado del jugador más conflictivo acaso de la propia historia del fútbol brasileño, que no es otro que Ronaldo Nazario de Lima, recurrente en el cambio de parejas, con salidas problemáticas de sus clubes (el mayor escándalo fue su salida del Barcelona para fichar por el Inter, aunque no menos problemática fue su salida del Real Madrid en 2007, enfrentadísimo con Fabio Capello, para fichar por el Milan), sus excesos de peso, y últimamente, involucrado en la contratación de travestis en Río de Janeiro durante uno de sus tantos tiempos de recuperación de lesiones.


Benno Becker Jr, psicólogo aplicado al deporte brasileño residente en Porto Alegre y considerado eminencia mundial en su especialidad, sostiene que hoy “se trabaja mucho con el físico, la técnica y la táctica, pero no se hace ninguna preparación psicológica. Los agentes que venden derechos de jugadores se concentran puramente en el dinero, pero el tránsito al exterior también marcará la trayectoria de ellos mismos aunque no saben qué hacer. Cuando los jugadores salen al exterior, pierden su cultura. La única ventaja es ir con su familia. Le cuento algo: hice un doctorado en Barcelona junto a 80 personas y siendo yo mismo psicólogo clínico y me pasó que la gente tomaba mucha cerveza y yo tomaba cerveza con ellos, lo que en Brasil llamamos “balada”, porque hay un hueco emocional, y ese hueco también puede dejar lugar a las drogas. Pido a los agentes que sean por favor un poco inteligentes, que hagan algún trabajo psicológico previo. Lo de la formación cultural es relativo, más que todo, creo que depende de su aceptación, la acogida, si están en pareja y pueden ser más o menos contenidos. Yo tengo colegas profesionales que sufrieron por no ver a los hijos y que hasta para regresar tuvieron que realizar trabajos psicológicos, los sueños, hay neurosis severas. Cuando se firman contratos se suelen hacer fiestas, todos contentos, mucho dinero, pero el problema aparece al llegar. Muchos optan por médicos propios, y otros acuden al club, pero el problema puede hacerse crónico. Entonces, ¿hay que adaptarse o volver? Lo mejor, siempre, es el trabajo de adaptación. Viajé ocho veces a Europa solamente en 2007, aunque ahora está el msn, el skype, pero no siempre se puede y quieren la presencia al lado del profesional. Leí un articulo muy interesante del doctor González Ruano en la propia revista de la Fed Española: el club no quiere pagar y paga el propio jugador. ¿Adriano? Parece estar mejor pero es una situación difícil porque estuvo en serios problemas. Puede volver a ser un gran jugador pero cada vez que regrese a Europa estará en peligro porque aparece nuevamente el tema de la pérdida”, sostiene con contundencia.


Por su parte, su colega Ribeiro pone el acento en el futuro y es muy claro con la situación, especialmente aquellos brasileños que se van a rumbos más desconocidos: “lo veo mucho peor por una mayor demanda de dinero, más agresiva, individualista. Hay centenares de casos de jugadores sin información que se van, jugadores perdidos por el mundo, sin prensa ni asistencia.


Está confirmado que los jugadores que se recuperan en su país, lo hacen más rápido que donde juegan. A veces en Europa no entienden que el problema físico no se resuelve exclusivamente con lo médico sino que necesita de un contexto afectivo. Usted puede trabajar con la mejor resonancia magnética, rayos X, trabajar la dolencia, pero no el dolente, aunque tenga equipamiento de última generación”.


No pasa sólo con los varones. También hay muchas futbolistas brasileñas de alto nivel, que sufren en el exterior, como Marta, una de las mejores jugadoras del mundo, o Milene Domínguez, que fuera esposa de Ronaldo y es madre de su hijo Ronald. Cuando nos supo argentinos, su rostro se transformó y comenzó a hablarnos de su idolatría por Carlos Tévez, desde los tiempos del Corinthians (equipo de sus amores), y de cómo seguía los partidos de Brasil por la TV por cable desde Madrid.
Ni qué hablar de los problemas de Rivaldo en sus tiempos del Barcelona, o Ronaldinho o Romario en el mismo club.


Katia Rubio, quien trabaja con futbolistas profesionales desde hace muchos años y pertenece a la Universidad de San Pablo –la más grande del Brasil- sostiene que con el paso de los años, los problemas de adaptación de los futbolistas en el extranjero “se va atenuando” y coincide con el doctor José Luis Runco, el médico de la selección de Brasil y del Flamengo, en la importancia del entorno afectivo para mejorar el rendimiento y la competencia. “Por eso, la idea de superar una lesión junto a la familia, los amigos, los médicos de confianza. Por eso la idea de “competencia” no queda restringida al conjunto de profesionales que atienden al atleta, sino a la coyuntura como un todo y en este sentido, los profesionales brasileños se mostraron muy competentes en comparación con la solución que ofrecen los europeos. En este sentido, el conjunto está completo cuando se suma “profesionales competentes+ambiente acogedor+apoyo social”. La situación de concentración para el juego es absolutamente distinta a la concentración compulsiva en un ambiente social inhóspito. Los jugadores viven la concentración como una parte obligatoria de sus carreras. Ya el aislamiento en un ambiente social hostil es vivido como amenazador y que coloca su existencia en riesgo. Es así como un atleta representa su entorno cuando siente que no es bien recibido en una nueva ciudad o club”, nos indica.


Runco, viejo conocedor de los jugadores brasileños más importantes, que piden por él para ser tratados u operarse y viajan los kilómetros que sean para verlo, nos cuenta que a veces “basta con mirarlos para entender lo que les pasa. Necesitan una palabra de aliento, una frase, algo que les haga bien, a veces sólo escuchar hablar en portugués”.


Todos los científicos acuerdan que se trata de un fenómeno relativamente nuevo, desde que Brasil se sumó al mercado exportador de jugadores en los ochenta, rompiendo una larga tradición de mantener en casa a sus figuras, con muy escasas excepciones. Ni Pelé emigró en su momento, como tampoco lo necesitaron Rivelino, Tostao, Gerson, Clodoaldo y tantos otros.
Ribeiro se anima hasta a sugerirnos un título para el artículo, café mediante: “Retornando en la búsqueda de un abrazo” y nos gusta, porque no deja de ser lo mismo que aquel “Chega de saudade” premonitorio de Tom Jobim y Joao Gilberto, que junto a Vinicius de Moraes fueron los precursores de la Bossa Nova. No parece ser casualidad que el propio Vinicius, considerado el gran poeta del Brasil y autor del ya clásico “Garota de Ipanema”, haya dejado su carrera diplomática en Europa para dedicarse a la composición musical en su amado Río de Janeiro. Al fin de cuentas, es brasileño, como tantos cracks inmensos que sufren de “saudades” cuando están lejos de su país.

 

Paris ahora conoce más sobre violencia 

en el futbol argentino

 

Llevamos ya nueve días en París, esta hermosa ciudad que aunque ya recorrimos varias veces, no nos cansamos de caminar y disfrutar, pero especialmente con la satisfacción de haber contribuido, con nuestro granito de arena, a que buena parte de la sociedad francesa conozca un poco más de la locura que se vive en nuestro país con el fútbol y especialmente, con la violencia organizada.

 


Hemos tenido el privilegio de ser invitados por un sociólogo de excelente presente y gran futuro, como Fernando Segura Trejo, quien termina ya una tesis sobre el rol de inclusión social que tiene el fútbol a partir de la categoría de los "sin techo", que presentará en poco tiempo más ante la FIFA, guiado por el prestigioso Patrick Mignon, de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS).

 


Gracias al enorme trabajo de Fernando, hemos podido dictar conferencias, junto a Monica Nizzardo, de la organización "Salvemos al Fútbol" (http://www.salvemosalfutbol.org
), que lleva adelante con el ex juez Mariano Bergés, en las Casas de Argentina, México y Brasil de la Citté Universitaire, a las que concurrió muchísima gente y muy paricipativa, con un muy buen nivel intelectual, y ávida por conocer lo que ocurre con nuestro fútbol y su amenaza por parte de los violentos que perviven gracias al desinterés y hasta la complicidad estatal, y a la falta de accionar de la justicia, tal como también manifestamos días pasados en un artículo publicado por el Wall Street Jounal Americas y a la revista francesa So-Foot, que se mostró interesada en nuestras participaciones y asistió con un colaborador.


Y también hemos tenido la posibilidad de dictar otra conferencia en la misma sede de la EHESS, una gran experiencia que esperemos se repita.
Es entendible que los franceses, más cercanos a la normalidad que nosotros, vean con asombro cómo la AFA puede mantener 29 años un presidente, que repite como loro que la entidad "son los clubes" como una verdad absoluta, y que no es otra cosa que tapar el cielo con un pañuelo. Si se estudia una Federación como la francesa, que tampoco es la panacea, hay permanentemente discusiones sobre el rol de cada una de las partes, porque la propia FFF es muchísimo más que "los clubes" que la componen. La FFF es una sumatoria de partes, como la liga, o la asociación de clubes que componen la liga. Es decir, como en toda democracia, hay una enorme cantidad de mecanismos y discusiones y alianzas y frentes, porque se intenta la mayor participación posible. Y por ejemplo, ya los principales medios de comunicación (que son independientes, y no monopólicos), ya discuten con los dirigentes la diferencia con la liga pasada, que asiste menos público, y el por qué y todos se muestran preocupados, o tratando de buscar la veracidad de la promesa del presidente de la Liga, Thiriez, acerca de que Francia tratará de llegar al cuarto puesto en el ranking UEFA para no perder posicionamiento en los próximos torneos continentales, cuando muchos medios no sólo descreen de esto, porque en el puesto delantero está nada menos que la federación de Alemania, sino que hasta peligra el quinto con los desempeños de los equipos rusos, que en las últimas tres copas UEFA, ganaron dos. 

 

Todo esto se discute mientras en la Argentina los barras bravas siguen operando como si nada, y hasta se producen hechos de racismo como el episodio entre el árbitro Saúl Laverni y el presidente de Gimnbasia y Esgrima de Jujuy, Ulloa, por el que el primero habría tratado de "bolitas" a los jugadores jujeñós, pero el presidente, en vez de denunciarlo, también aparece diciendo que él o sus jugadores "de ninguna manera somos bolitas", o sea, más de lo mismo.


A cual sociedad, cual resultado, y cual discusión. Nosotros, al menos por un rato, pudimos respirar un poco tomando distancia. Hemos tenido esa suerte, y nada menos que en París.

 

El futbol que le gusta a la gente

 

¿Cuántas veces, en la Argentina, habremos escuchado esta frase de distintas bocas supuestamente progres, ya sea de entrenadores o periodistas? Esta serie de partidos del seleccionado argentino (hago hincapié en la palabra "seleccionado" porque "selección" es un sustantivo utilizado para cuando ya se puede explicitar un plantel sin experimentación, lejos de lo que ocurre en estecaso), sirve mucho para evaluar ciertas frases hechas, muchas veces expresadas sin un claro sentido, o sólo basadas en la eterna e infantil división que el falso progresismo hace de "los buenos y los malos".


Para poder continuar con este artículo, antes conviene volver a discutir qué es el fútbol (además de un deporte, ya lo sabemos). ¿Está más cerca del arte o de la ciencia? porque a partir de esos parámetros cambia el eje de la discusión. Si está, como creemos, más cerca del arte, porque para ver un partido profesional hay que pagar una entrada, o los sponsors pagan por publicitar sus productos, o la TV paga derechos de emisión, es porque hay "algo" que interesa a la gente que va más allá del resultado final. Porque si fuera distinto, bastaría con comprar el periódico al día siguiente, o consultar en internet al instante, o escuchar el resultado en la radio y sería suficiente. Es decir, por la causa que fuera, la gente mira los noventa minutos de un partido, se apasiona, analiza, discute, se alegra, se entristece, castiga, acepta, elogia. Y es porque el fútbol nos atrae por sus riquísimas características.


Pues bien, si el fútbol tiene cierta relación, aunque más no fuere, con el arte, con la creación, aunque no sea sólo eso y se trata desde ya, de un deporte competitivo, y el entrenador del seleccionado nacional (como antes, otro como él, César Luis Menotti), Alfio Basile, dice que él intenta que su equipo practique "el fútbol que le gusta a la gente", analicemos entonces esto mismo sin tomar en cuenta el resultado.


Porque no tiene sentido, aunque ya sean cinco los partidos que el seleccionado argentino no gana en una clasificatoria contra rivales supuestamente más débiles, caer en esta serie de dislates de los grandes medios que cada vez que los malos resultados aparecen, resulta que todos están peleados, nadie sirve, todo es un desastre para pasar a que todo es fantástico y Riquelme automáticamente pasa a ser"Román" cuando se obtienen buenos resultados. Por eso, casi todos estos medios pierden autoridad a la hora del análisis serio.


El tema sigue pasando por saber a qué juega el seleccionado argentino. Y no lo sabemos aún. Insistimos con lo del irritante doble (y a veces hasta triple) cinco. Y también con la comparación con los volantes centrales hasta los ochenta, cuando un Claudio Marangoni o un Sergio Batista (innegables buenos jugadores), siendo más pesados y con menos dinámica que éstos de hoy, no necesitaban al lado a otros que cumplieran su mismo trabajo, y siendo que tenían que marcar a más jugadores de ataque y con mayor técnica. Pero también cabe preguntarse "para marcar a quién" es que Argentina, como local, juega con doble cinco, y con una línea de cuatro que a lo sumo, se permite que Javier Zanetti y sus eternas calesitas se suma al medio pero jamás termine una sola jugada en ataque y le ganen las espaldas dos de cada tres veces.


Tampoco hemos observado ningún razonamiento táctico desde lo que pasa con el fútbol argentino a niveles estructurales. Pero notamos que aquellos puestos iniciales que se perdieron por la sempiterna "europeización", ahora nos pasa factura. No en vano, el fútbol argentino, respetado y hasta temido en todos lados, ha perdido los dos punteros, los dos marcadores de punta, el ocho de complemento de ataque, y ahora va perdiendo los números diez, los nueve cada vez juegan menos y se parecen a los tanques europeos y los mejores jugadores salen tan jóvenes a Europa que regresan disciplinados pero con menos buen pie, acostumbrados al orden y los laboratorios de la mayoría de los entrenadores del Viejo Continente, salvo honrosas excepciones (Wenger, Del Bosque, y alguno más).


Si con todos estos problemas estructurales, además el seleccionado argentino sale a cada partido con siete jugadores en posición defensiva, a veces ocho, y sólo un enganche y dos delanteros, es muy probable que luego, si el técnico no es muy seguro, o no sea muy trabajador, o no tenga ni tiempo ni ganas de encontrarle la vuelta a un panorama complicado y que lo excede, terminemos apelando al talco, cambiando de saco, o jugando al misterio para decirle al ayudante que le diga al ayudante del ayudante, que le diga al preparador físico, que le diga al suplente que se quite el buzo porque va a entrar a los cuarenta minutos del segundo tiempo, y juguemos al misterio.


Porque al fútbol, hace rato que vamos dejando de jugar.

 

La Liga Española promete una 

competencia más abierta

 

 

Comienza una nueva temporada en el fútbol español, aún con la euforia de su reciente triunfo en la Eurocopa de Austria y Suiza que no podía llegar en mejor momento. Justo cuando ya todos comenzaban a aceptar con resignación su segundo lugar en el continente detrás de la Premier League, lo que quedó reforzado con la decisión final de Cristiano Ronaldo de no pasar al Real Madrid y permanecer en el Manchester United.

Sin embargo, el aumento de cotización de los jugadores nacionales y los cambios operados en la mayoría de los equipos que animan el torneo, sumado a la inminencia de la Champions League, genera una enorme expectativa en toda España.

Tal vez la mayor sorpresa, hasta el momento, está del lado del Real Madrid, que podría decirse que luego de rondar tantos nombres conocidos como posibles fichajes, salvo en el caso de Rafael Van der Vart (holandés con raíces españolas por su madre), no ha tenido muchos refuerzos de fuste y hasta ha sufrido algunas pérdidas, como la de Julio Baptista, y la del lesionado Sneijder. A todo esto hay que sumarle la reciente crisis de Robinho, que forzó su salida al Chelsea de su compatriota Luiz Felipe Scolari, pero que ya no parece tener solución.

Sin embargo, durante el verano el Real Madrid parece haber logrado aceitar un funcionamiento de la mano de Bernd Schuster, y marcha sin dudas hacia su tercer título consecutivo.

El caso más enigmático es el del Barcelona, que a diferencia del Real Madrid, comienza un nuevo ciclo, ahora sin tantas estrellas mediáticas, con la salida de Ronaldinho y Deco, y especialmente con un cambio de línea futbolística con la salida del entrenador holandés Frank Rikjaard y su reemplazo por el catalán Joseph Guardiola, un hombre hecho en el club, y que proviene del equipo B, con el que logró ascender de Segunda B a Segunda en la temporada pasada.

En medio de una fuerte crisis institucional (el presidente Joan Laporta tuvo que cambiar a toda su primera junta deportiva al contar con un sesenta por ciento de desaprobación de socios en el último voto de censura), Guardiola y especialmente el director deportivo del club, Txiki Beguiristain, decidieron centrar el nuevo proyecto en la figura del argentino Lionel Messi, dejar permanecer a uno de los jugadores mediáticos a quien se había determinado transferir, el camerunés Samuel Eto’o, y han llegado jugadores muy importantes como refuerzos.

Entre ellos, hay que citar a uno de los mejores laterales del mundo, el brasileño Daniel Alves, que descollara en el Sevilla en las últimas temporadas, lo mismo que el volante Keitá, o el bielorruso Lev, proveniente del Arsenal, o el defensor central uruguayo Martín Cáceres, mientras que del medio para arriba no parece tener muchas dificultades aún con la salida del joven Giovanni, porque cuenta con Henry, Bojan y la ayuda de volantes creativos como Iniesta o Xavi.

Los otros cuatro equipos que podrían amenazar a los dos principales, son Atlético Madrid, Villarreal, Sevilla y Valencia. El Atlético ha crecido, sin dudas, en las últimas temporadas, a partir de sus buenas contrataciones y de una política que se fue ajustando con el correr de los años, hasta dar ahora con la propia Champions League. El interrogante del Atlético pasa por comprobar si podrá hacer frente al mismo tiempo a la liga y a la Champions, el verdadero problema con el que se enfrentan muchos planteles a la hora de determinar prioridades en la temporada.

Algo parecido, aunque con menos incertidumbre, sucede con el Villarreal, que ya ha tenido esta experiencia en el pasado y ha sorteado casi sin problemas este inconveniente y la clave parece estar en un plantel numeroso y de gran calidad, como el que siempre tiene (y va a más) el “submarino amarillo”. La experiencia de su entrenador, el ingeniero chileno Manuel Pellegrini, es determinante en este momento y la confianza absoluta que hay en él, refuerza las chances de este poderoso equipo, que en la pasada temporada desplazó al propio Barcelona de la clasificación directa de la Champions League.

Otro de los equipos llamados a ratificar su condición de candidato es el Sevilla, ahora ya consolidado Manolo Jiménez como entrenador luego de la traumática salida de Juande Ramos al Tottenham. Los andaluces, bicampeones de la Copa UEFA hasta la temporada pasada, también tendrán dos frentes pero mantienen un fuerte plantel con una base ganadora y la aparición, además, de una notable figura juvenil como Diego Capel, apetecido por los mejores clubes de Europa y llamado a ser la nueva estrella de la selección nacional.

Uno de los grandes signos de pregunta, en cambio, es lo que puede llegar a dar este Valencia, que parece ir superando de a poco la gran crisis institucional vivida en los últimos meses. Desde aquel tremendo conflicto con Albelda, Cañizares y Angulo, y el problema de la lucha por las acciones societarias, con altas y bajas permanentes de dirigentes, el Valencia no tuvo paz, y tampoco acertó con los entrenadores. Despedido Quique Sánchez Flores, que estaba realizando una aceptable campaña, la llegada de Ronald Koeman aportó sólo confusión y ahora se abre una nueva esperanza con un entrenador joven y de creciente importancia como Unai Emery.

Del resto de los equipos, ya con menos chances, subsisten algunas incógnitas, como si por ejemplo el Espanyol podrá mantener el alto nivel alcanzado en temporadas pasadas, ahora sin Riera, su mejor jugador, o si por fin el Athletic de Bilbao podrá atravesar esta liga sin sufrir tanto tratando de no descender, o si el Getafe podrá seguir jugando un fútbol colectivo tan aceitado.

Pero lo más importante de esta Liga española, además de la competitividad y la garantía de espectáculos con grandes estrellas, es el refuerzo en la cotización y la consideración de los propios jugadores locales, luego de los éxitos de la selección española. Por fin los extranjeros no son ya vistos como salvadores, sino tan sólo como enriquecedores del torneo. 

 

La Mano de Dios no es sólo argentina

 

Después de ver cómo el Zenit ruso venció sin atenuantes al Manchester United (eso sí, nada menos que sin Cristiano Ronaldo) por la Supercopa Europea en Mónaco, habrá que deducir que Scholes, el colorado y veterano talentoso volante de los "Reds devils", en lugar de llamarse Paul, debería ser Pablo, como con gusto se hizo llamar el genio de Mc Cartney en su gira por España o Argentina.


Es que no puede creerse ya que Scholes sea inglés, luego de haber intentado, sin éxito, ante la impotencia de su equipo para empatar un partido que se le escapaba, convertir un gol con la mano, disimulando para que el árbitro no se percatara. Efectivamente, la pelota ingresó en el arco de los rusos, y hasta el amigo Pablito llegó a tener a un compañero suyo colgado abrazándolo, tratando de que la pericia surtiera el efecto deseado. Pero no. Lamentablemente para él, la mano, utilizada al mejor estilo de remate alto del voleibol, fue claramente divisada por el juez de línea y por el árbitro, y a consecuencia de poseer previamente tarjeta amarilla, Scholes fue irremediablemente expulsado.


Decíamos que descreemos ahora de que Pablito sea inglés. es más, ha vestido, y viste, la casaca de la selección inglesa, y ahora aparece tratando de meter un gol con la mano, es decir, de engañar al árbitro y a los espectadores en un partido que no es otro que la final de la Supercopa europea, el que define al mejor de los dos campeones europeos de la temporada pasada.


Insistimos: no es un partido amistoso, se trata de un jugador que dice ser inglés (nosotros ya dudamos de eso), y que trató de engañarnos a todos, protagonistas, epectadores y críticos, utilizando su mano, igual que Diego Maradona en aquel recordadísimo partido ante Inglaterra en México 1986 y que fue tan protestado, y mucho más, criticado, por los ingleses y especialmente su prensa, por el "vil engaño" al que fue sometida la selección británica por el inescrupuloso argentino.


Desde aquel momento, aunque ya antes con la expulsión de Antonio Rattín en el escandaloso partido de Wembley en el Mundial de 1966 (cuartos de final), los argentinos en Inglaterra han tenido siempre el rótulo de tramposos, contrapuestos a la corrección de los "sportsmen" ingleses.
Bueno, parece que no es así, y que los ingleses también hacen goles con la mano, o lo intentan. Como Scholes ahora. O también los ingleses hacen trampas organizativas, como las que hizo Argentina en 1978. Inglaterra lo hizo en 1966, cuando pergeñó con los alemanes sacarse de encima a los tres equipos sudamericanos "molestos", reventando a patadas a los brasileños en la primera rueda ante la vista gorda de los árbitros, o colocando un árbitro alemán (Kreitlein) para el Inglaterra-Argentina en cuartos, y un inglés (Finney) para el Alemania-Uruguay.


Claro, luego los alemanes, confiados, lo pagaron en la mismísima final, cual cuento de Berthold Brecht, cuya versión futbolera sería "antes sacaron a los brasileños pero no me importó porque no era brasileño, luego a los argentinos, y tampoco, porque no era argentino, tampoco me importaron los uruguayos porque no lo era, luego en la final me tocó a mí, pero ya era demasiado tarde".


Bueno, ahora parece que aquella "Mano de Dios" que tanto molestó en 1986, también apareció por parte de Scholes en un partido trascendente, lo que no quita mérito al excelente juego de Paul (¿o Pablito?) pero indica que en la realidad, los ingleses también son ciudadanos de este mundo, también son de carne y hueso, circula sangre por sus venas (aunque a veces parezca que no), y cuando están desesperados porque pueden perder, también hacen trampas. Sólo que no la saben hacer, y tal vez el genio de Maradona lo hace mejor, o algún juez de línea pícaro, harto de algunas injusticias históricas británicas, decidió hacer la vista gorda. Eso ya es otro tema.


Pero nos resistimos aún así, a creer que Scholes sea inglés, aunque use este apellido very british, aunque sea coloradito y con cara de inglés, y juegue en el Manchester United y siga siendo convocado a la selección inglesa. Porque si intentó convertir un gol con la mano, no puede ser inglés, sino argentino. Ellos, los ingleses, jamás harían algo así. Sí, tal vez, tomar alguna isla ajena porque la situación los conducía, era inevitable. O sostener invasiones de sus amigos americanos, tal vez, por meras cuestiones de geopolítica, pero jamás, jamás, harían un gol con la mano. Eso es trampa, algo que queda para nosotros, los argentinos.
Por eso nos resistimos a llamar a Scholes como Paul. Es Pablito, y debe haber nacido en Villa Forito, y le habrán adulterado el documento los tramposos argentinos de siempre. 

 

No es cuestión de medallas, sino de proyecto 

  

Culmina una nueva edición de los Juegos Olímpios y como calco de tantas otras oportunidades, se vuelve a generar el cada día más falso debate acerca de las medallas que habrán sabido conseguir, o no, nuestros deportistas. En esta oportunidad en la que la Argentina tiene un gobierno que divide más aguas que otros anteriores en fabor o en contra, el falso debate aparece en el sentido de si estas medallas conseguidas representan o no una buena performance, o se compara con países vecinos, o con potencias mundiales deportivas para que nos demos cuenta lo lejos que estamos.

 
Y no se trata de una u otra opción porque como tantos otros debates que nos llevan al viejo terreno de los Boca-River, Peronismo-antiperonismo, Gardel-Julio Sosa o Fangio-Galvez de la dualidad que nos quita amplitud de miras, sino de entender, por una vez en la vida, que sin proyecto es posible que siempre estemos debatiendo en la cancha chiquita de las falsas opciones. Sin proyecto deportivo, sin comprender las bondades que genera la actividad deportiva cotidiana, sin poder aprehender de los valores que transmite el deporte, estaremos siempre igual, o peor, o dependiendo que aparezca una generación milagrosa de atletas para poder vanaglioriarnos de algo que no tiene sentido.


¿De qué nos sirve autoengañarnos con que el fútbol y sus superprofesionales se llevó otra medalla dorada, o que esta generación de basquetbol consiguió otra, o que Las Leonas hayan ganado una tercera, cuando nada de eso tiene relación con una política deportiva nacional? porque no es ni una cosa ni la otra. No es que ahora, desde 2003, no hay una política deportiva nacional, sino que desde hace medio siglo que no la hay, y lo que debe afirmarse es que tampoco ahora existe una, y que con estas o las anteriores autoridades, en ya cinco años, no se ha pensado, siquiera, en algo diferente a lo que había. Eso es lo criticable. Como no cambió por ahora el sistema de adjudicación de medios y la política de comunicación, como tampoco cambió, de fondo, el sistema jubilatorio, que sigue basándose en lo que en su momento generó Domingo Cavallo.
El tema, entonces, no es "este " Gobierno sino el Estado, un Estado que de tanto estar ausente, pasa a ser cómplice de lo que ocurre. Un Estado que no se plantea en qué área debe estar ubicado el deporte. ¿Es resultado o es formación? si es formación, entonces debería depender del Ministerio de Educación, y no del de Salud, como ocurría hasta hace años, y como ya desde los años setenta pregonaba el brillante periodista que fue Dante Panzeri. En todo caso, si el deporte puede generar un seguimiento de cada chico como en los tiempos de Perón en los grandes torneos que se organizaban, los "Evita", o si puede erradicar aunque sea una parte del drama de la drogadicción y el paco, si cada vez más las potencias se llevan a pibes más chicos con todo tipo de trampas, ¿por qué no pensar en un Ministerio de Deportes, que planifique de acuerdo a las propias características y necesidades de la sociedad?


Es que para eso, es necesario, primero que todo, voluntad política, es decir, hablando mal y pronto, en "querer" modificar las estructuras, y segundo, "saber hacerlo", o aceptar la ignorancia supina en el tema, y convocar a los que saben, concursar, ingadar, buscar, pensar, investigar. Claro, eso lleva tiempo, necesita trabajo, no necesita cháchara ni justificaciones. Y el Estado argentino, digámoslo de una vez, no tiene metodólogos que sepan, ni invierte lo suficiente para que su gente mejore sus condiciones de vida, y nombra a funcionarios "gomías" o que generan simpatía por su pasado sufriente, del que nos solidarizamos, pero que no significa que eso amerite su designación. En todo caso, sí, investigar y apelar a la Justicia caso por caso.


Es dificil pensar, por ejemplo, en un cambio sustancial en los negocios del fútbol, si desde el Estado se sabe bien que la AFA tiene un estrechísimo vínculo nada menos que con Martín Redrado, presidente del Banco Central, siendo socios en la empresa Puntogol SA, o si uno de los aliados del segundo hombre de Julio Grondona, Eduardo Deluca, se encuentra ejerciendo altas funciones en la actual Secretaría de Deportes.
¿Cuál es, por ventura, el proyecto nacional de deportes de Claudio Morresi?, ¿Qué opina el secretario de Deportes de la Nación sobre la pirámide tradicional de la planificación deportiva? ¿A qué apunta el Estado para el próximo quinquenio? ¿interesará figurar con más medallas o que haga deporte cada vez más gente? y en ese supuesto caso, ¿qué deportes, cómo, y en dónde?


Y por favor, nos que juegan el Boca-River de cada día, los que siguen en esa infantil manera de analizar los hechos, que no se confundan. Este análisis no pondera tampoco a gobiernos anteriores, a cual peor en estos temas. Ni nos vengan con los "dorados" noventa cuando se recuperaron posiciones en los Panamericanos de Mar del Plata porque allí diremos que nos encantaría que se investigara cómo se administraba el control antidoping del Cenard, entre tantas otras irregularidades.
Lo que importa es que pasan los años, y no hay plan, no hay proyectos, no hay ideas.
No es cuestión de medallas, entonces. 

 

La argentinización del fútbol brasileño

  

Este notable 3-0 que le asestó la selección argentina a la brasileña en los Juegos Olímpicos, pasadas unas horas, no debería confundirnos. Si bien es cierto que el fútbol nacional enciende una luz cada vez más intensa de esperanza por estrellas en ascenso como la indiscutible de Lionel Messi, o el potencial de Sergio Agüero, o la firmeza de Javier Mascherano –que de ganar la final será el único jugador albiceleste con dos medallas doradas y que habrá ganado todos sus partidos en el historial olímpico- y Fernando Gago, y tantos otros jóvenes de gran técnica que participan en los mejores equipos del mundo, habrá que seguir poniendo la lupa en muchos detalles sobre el juego mismo, las tácticas y los recursos utilizados de acuerdo al potencial con que se cuenta.

 
Lo más llamativo del partido, esta vez, no estuvo del lado argentino, sino que la prensa mundial se hizo eco de un hecho notable: la estrepitosa caída de juego en conjunto de una selección de la tradición de la brasileña.
Si en el último medio siglo, Brasil fue sinónimo del fútbol mismo con la aparición de tantos cracks, puede decirse que recién en las dos últimas décadas la táctica fue reemplazando a la técnica. Y lamentablemente para los amantes del fútbol del país vecino, esto no favoreció su juego, que fue desplazándose en busca del negocio.

 
Brasil, en fútbol, nunca había sido un país exportador. Hasta muy veterano, logró mantener incluso a Pelé, y entre los carnavales, las saudades y su muy buen nivel de la liga local, no se había planteado la salida de sus estrellas. Solamente se pueden citar algunos casos concretos como el de Didí –que no funcionó en el Real Madrid pentacampeón de Europa por su mala relación con Alfredo Di Stéfano y compañía-, o José Altafini “Mazzola”, de muy buenas campañas en Italia.


Recién a finales de los años ochenta, con la apertura de los mercados, no sólo comienza a debilitarse su liga con la permanente sangría a la que los argentinos ya estamos acostumbrados, sino que la permanente competencia por los torneos que se inventan para satisfacer a la televisión y una demanda creciente de fútbol, permitió que Brasil volviera a insistir en copiar el modelo que menos debió copiar: el argentino. Es tal su admiración por nuestro fútbol, aún con todos los títulos que posee (justamente el olímpico es el único importante que falta en sus vitrinas), que aún agradando mucho más que el nuestro, fue en busca de nuestras trampas, de nuestros sistemas de marcaje, de nuestras ventajitas, de cada detalle de nuestros avispados protagonistas del teatro mediático que compone hoy cada partido del Apertura o Clausura. Si en 1978 Claudio Coutinho pudo lograr aquel esperpento con jugadores como Zico, Rivelino, Toninho Cerezo, Gil, Reinaldo o Dirceu, más adelante insistieron los Lazaron, Parreira o ahora Dunga, que no hace más que repetir lo que le enseñaron en Estados Unidos 1994.


Resulta triste pensar que tantos jugadores dotados (como ahora mismo lo son Ronaldinho, Pato, Rafael Sobis, Anderson y tantos otros), puedan estar sometidos a las tácticas defensivas, pero es lo que desde hace años ocurre: mientras Brasil, paradójicamente, es el país que más jugadores aporta a la Chanpions League de clubes europeos (Argentina es el tercero), sus marcadores centrales, que nunca habían sido buenos marcando, ahora tampoco saben salir jugando, sus laterales ya no tienen esa potencia en ataque que los caracterizó, sus volantes no disponen de espacios ni de apoyo para la brillantez de otros tiempos, se fue perdiendo el diez clásico sólo porque en Europa no se juega así y se utilizan dos líneas de cuatro, y depende pura y exclusivamente de la aparición de algún rebelde que no acepte someterse a este sistema.


El error estará en creer que por esto el fútbol brasileño se ha terminado. Más bien, los brasileños se están argentinizando. Lo hicieron ya en los años treinta, cuando aquel maravilloso jugador que fue Leónidas Da Silva, el “Diamante Negro”, decía que todo lo que sabía de fútbol lo había aprendido del argentino Sastre, compañero suyo en el San Pablo. Aquello sí que valía la pena, cuando en la primera parte del siglo XX, los dos mejores del mundo eran los rioplatenses y Brasil observaba las finales de lejos. Como en 1958, tras el desastre de Suecia, en vez de mirar a nuestro vecino país del norte, se copió aquí mismo un modelo europeísta que no nos ha beneficiado en absoluto. Brasil lleva años copiando lo que no debe, y así le está yendo. Y el concepto no cambia por los títulos que pueda ganar porque siempre alguna estrella lo podrá salvar. Lo que deberá revisar Brasil es el modelo. Esta película, nosotros ya la vimos muchas veces.

 

La clave de jugar en la posición correcta

  

¿Dónde debe jugar Lionel Messi? ¿Es un extremo derecho, como jugó estos años en el Barcelona, o es un clásico número diez, el mítico número de los argentinos? El propio talentoso jugador, en una entrevista que le hicimos recientemente, nos respondía con claridad que su puesto “es como diez” pero que ya lleva tantos años de extremo derecho “que ya he perdido, en cierto modo, la brújula”.

¿Rinde lo mismo un jugador con tanto talento, si es cambiado de posición? No siempre ocurre, aunque sus condiciones lo pueden ayudar a salir adelante. En el caso de Messi, la prueba es el Mundial sub-20 de Holanda en 2005, cuando fuera elegido mejor jugador del torneo, resultó el máximo goleador, y fue campeón, además, y jugando como él dice que debe jugar, como diez.

En el Barcelona, en cambio, desde su extraordinaria primera temporada siendo muy joven, el entrenador Frank Rikjaard lo ubicó siempre como extremo derecho, debido a que el esquema táctico contemplaba volantes creativos de gran pase, como Deco o Xavi, al punto tal que hasta Ronaldinho fue ubicado del otro extremo, por la izquierda, siendo otro “diez” original.

Messi nos comentaba en la misma entrevista que tiene tanta tendencia a ser diez, que aún como extremo derecho, tendía a bajar unos metros, al vértice del área grande rival, para reenganchar el juego en diagonal al arco, en posición de volante derecho, para tener un mayor panorama, o para irse hacia el medio y reencontrar, de alguna manera, su posición preferida.

Durante la semana, otro argentino que declaró algo semejante a Messi pero que sorprendió porque muchos lo tienen incorporado en su visión como delantero, fue Sergio Agüero, quien dijo simplemente que él no es un centrodelantero goleador (pese a la cantidad de tantos convertidos en el Atlético Madrid en la última temporada) sino otro “número diez” (algo con lo que nosotros coincidimos)..

Agüero sostuvo, contrariamente a la posición que ocupa en el Atlético Madrid, en la Liga Española, que su posición es más atrasada y creativa, la misma que usó en Independiente, cuando deslumbró desde su mismo debut, el más joven de la historia del fútbol argentino, con 15 años y 1 mes de edad, superando el record de su actual suegro, Diego Maradona, que comenzó a jugar con 15 años y 11 meses.

¿Por qué Agüero fue colocado luego más adelante? Por la pérdida del uso de la posición de “diez” en el fútbol mundial. La primera tendencia,. Como suelo ocurrir, provino de Europa, donde los entrenadores fueron volcando el juego hacia el refuerzo de la línea de medios, hasta plantar un esquema con dos laterales y dos centrales, que se dividen la marca según la zona, para colocar luego una dupla ofensiva.

Hay excepciones, claro, como el Barcelona de Rikjaard, que colocaba tres delanteros (Ronaldinho, Eto’o y Messi, o el Manchester United, que cuando Alex Fergusson colocaba a Tévez por la izquierda, por algunos partidos llegó a jugar con Cristiano Ronaldo, Rooney y el argentino. Pero por lo general, en Europa se llegó a jugar sin un “reggista” (como les gusta decir a los italianos, que utilizan el ejemplo de Roberto Baggio), o un “play maker” (en términos basquetbolísticos).

Sudamérica, por lógica, se resistió más tiempo a esta figura, porque su tradición se basa en un fútbol atildado, estético y en el que el diez ocupa un lugar preponderante. Tanto, que en Brasil, Pelé emergió especialmente en el Mundial de México 1970, en el que brilló todo un equipo al compás de “los diez”, como un jovencito Roberto Rivelino, o un veterano como Gerson.

Dieciséis años más tarde, fue Diego Maradona, otro diez genial, el que marcó absolutamente las diferencias, como en los setenta, aparecieron otros grandes cracks locales como Norberto Alonso, Ricardo Bochini, Carlos Bábington u Osvaldo Potente, y posteriormente, en los ochenta, talentos como Claudio Borghi o Néstor Gorosito, así como Brasil fabricó a los Zico, Sócrates o Raí, entre tantos.

Pero la posibilidad de exportar jugadores a Europa y la necesidad de adaptarse al creciente mercado, también hizo mermar a Sudamérica en la generación de los talentos en su puesto preferido.

Así fue como lentamente, los Messi, Ronaldinho, Agüero, fueron desplazados de su lugar natural para ocupar colocaciones que no terminan de sentir, por el bien de los santos esquemas, pero contra sus propios deseos.

A tanto delirio se llegó que por momentos, en los años noventa, algún trasnochado llegó a sugerir en la Argentina, ante el retiro de Maradona, que no se utilizara más la camiseta número diez en su homenaje (algo que la federación nacional llegó a proponer a la FIFA y ésta no aceptó para los grandes torneos), cuando todos los chicos pretenden enfundarse la camiseta con este número.

Aún cuando un entrenador de prestigio como César Luis Menotti llegó a la temeraria comparación de Agüero con un Romario que no sólo es un centrodelantero natural sino que convirtió más de mil goles, aportando mayor confusión, Messi pone las cosas en claro cuando el Barcelona le ofreció, para esta temporada, liderar el nuevo proyecto de equipo de Joseph Guardiola.

Lo primero que pidió el argentino, al conocer esta decisión, fue que le entreguen la camiseta número diez que dejara Ronaldinho.

 

 

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